viernes, 25 de septiembre del 2020 Fecha
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Filósofos naturales, alquimistas, buscadores de la verdad

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Rumores del Saber    ~    Comentarios Comments (3)

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 « principio de exclusión de Pauli?

 

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Los viejos vestigios de lo que fue aún perduran y son la huella de aquel mundo que consiguió una cultura increíble

 

A partir del mundo Clásico

La Ciencia comenzó en la Grecia antigua clásica, y ahí es donde podemos comenzar a seguir de la pista que nos conduce hasta nuestras ideas actuales sobre la energía de la vida. Los griegos fueron unos pensadores asombrosamente creativos. Realmente es casi imposible describir claramente lo que los griegos pensaban sobre cualquier tema, porque siempre pensaban de manera muy diferente sobre la misma cosa, nunca estaban satisfechos y conjeturaban diferentes perspectivas que podrían ser, y sobre las mismas cosas discutían, siendo la mayoría sus posturas contradictorias, todos perseguían la verdad que esconde la Naturaleza y les llamaban filósofos naturales. La diversidad de ideas enriquecía los pensamientos que, en realidad, aunque por separado, todos trataban de llegar a esa verdad desconocida.

No podemos dejarlo así y, antes de seguir, habrá que reconocer que, muchos de los conocimientos que manejaban venían de pueblos y culturas anteriores y lejanas, incluso de los sumerios y babilonios, la China, Egipto, la India, Persia…

Luego, los griegos se equivocaron estrepitosamente en relacion a muchas cosas. Y esto es en si mismo importante, porque durante casi dos mil años después de la caída de Atenas, los herederos intelectuales de Grecia en el mundo romano y el islámico, así como en la Europa Medieval y en la del Renacimiento, creyeron que todo lo que habían pensado los griegos era una verdad incuestionable. Las ideas de los sabios de Grecia sobre Filosofía, Ciencia y Medicina fueron asumidas con la misma admiración  e igual reverencia que las de Moisés, Jesús y Mahoma sobre religión y ética.

Actualmente sabemos que muchas de las “verdades” descubiertas por los griegos son “falsas”, pero la forma de sus ideas, el tipo de preguntas a las que respondían, y el modo en que procedieron para responderlas, han tenido una influencia fundamental en el desarrollo del conocimiento y los conceptos modernos. Si no fuera por el relativamente pequeño de pensadores de la Grecia Antigua y Clásica, la Ciencia, la Filosofía, y la cultura occidental. Tal como la conocemos ahora, no habría existido.

Empédocles (c.490 c.435 a. C.) fue uno de los mayores y mas completos sabios de todos los tiempos, un ejemplo de la enorme diversidad y creatividad de los pensadores de la Grecia Antigua. Nacido en una familia aristocrática de la ciudad-estado de Agrigento, Sicilia, colaboro en un golpe contra la oligarquía que gobernaba la ciudad y le ofrecieron la corona. Tras rehusar, estableció una Democracia y se convirtió el mismo en político. Sin embargo, en su tiempo libro, consiguió llegar a ser también uno de los mayores poetas, científico, filósofos, y médicos de la época. si esto no fuera suficiente, después del destierro y el exilio de su ciudad, se convirtió en profeta. La leyenda cosas increíbles de Empédocles que hoy dia, serian difíciles de admitir como ciertas.

Empédocles desarrollo la teoría de los cuatro elementos. Que ha sido calificada, por su popularidad y larga vigencia, como la teoría científica de más éxito que se ha formulado jamás, aunque, por supuesto, no era correcta pero, sin embargo, denotaba una intuición de lo que podría ser la realidad de la materia. El, hace más de 2000 años, ya nos hablaba de elementos al igual que Demócrito lo hizo de átomos.

La Teoría de Empédocles afirmaba que todo lo que existe en el Universo era una combinación de solo cuatro elementos (el refundió ideas anteriores de otros personajes que, como Tales decía que, el Universo estaba hecho básicamente de agua. Aniximandro nos decía que todo estaba conformado por una sustancia desconocida, Anaximandro decía que era el aire el material principal y Heraclito se refería al fuego como el elemento que todo lo transformaba. Empédocles planteo que no existía en absoluto una sustancia fundamental única, sino cuatro elementos (o “raíces”, como el los llamo): tierra, fuego, aire y agua que, mezclados en la debida proporción, conformaban todas las cosas del mundo. El hecho de tener cuatro elementos en lugar de uno era una ventaja, ya que resultaba obvio para cualquiera que el mundo estaba compuesto por una increíble diversidad de cosas. Y era difícil explicar dicha diversidad si todo estaba hecho de la misma sustancia única. También era difícil explicar como podía cambiar, si todo era, en esencia, lo mismo. Empédocles planteo que cada diferente de cosas tenia proporciones diferentes de los cuatro elementos, y además que cualquier cambio se debía al intercambio de algunos de sus elementos constituyentes. Por ejemplo, dijo que los huesos estaban compuestos de fuego, agua y tierra en la proporción 2:1:1 y la carne estaba compuesta de todos los elementos en proporciones iguales.

Hoy sabemos que todo aquello era una especie de premonición de lo que después seria, y, luego, no tenemos mas remedio que admirar el pensamiento de aquellos hombres sabios que, como Tales supo darse de la importancia que tenia el agua para la vida, de Demócrito que abr del átomo 2.000 años antes de que lo descubriera Rutherfortd y otros, y de los demás pensadores que de una u otra manera, nos dejaron el camino abierto para llegar a la meta del saber.

Sin embargo, la visión que Empédocles tenia del mundo difiere radicalmente de la visión moderna en mucho aspectos: el considero también estas dos fuerzas, el amor y el odio, en un sentido religioso, como una lucha entre el bien y el mal (identificando cada uno de los cuatro elementos con un dios diferente). Sin embargo, la religión es algo que, al tratarse de fe, tomo un camino divergente con el de la Ciencia que solo se puede asentar en la certeza. Y, desde luego, fue el sabio de Gracia Tales de Mileto el que, un dia, dejo de lado la mitología para emplear la lógica en sus postulados.

Los primeros pensadores (como Anaximedes) y los últimos (como Demócrito) adoptaron un punto de vista mas moderno que el de Empédocles, y, según el cual, una sustancia constituida por un amplio numero de pequeñas partículas separadas por el espacio vació, y la conversión de un liquido en gas no se debe a un cambio de elementos, sino que dichos elementos se alejan considerablemente unos de otros. Así, el hielo esta formado por moléculas de agua que se mantienen fuertemente unidad, mientras que el agua liquida esta formada por las mismas moléculas de agua, pero en este caso fluyen unas sobre otras, y el vapor, es decir, el agua totalmente evaporada, esta constituidas por las mismas moléculas de agua, pero muy alejadas entre si. –Leucipo y Demócrito (c.460-370 a.C.)- llevaron esta visión del mundo a su extremo mas materialista, tomando la teoría de Empédocles, despojándola de sus componentes religiosos, y añadiendo el vació.

Así, su punto de vista dejo establecido y consistía en afirmar que no existía nada en el mundo  salvo un gran numero de partículas diminutas (átomos) que se movían a traves del espacio vació y que todo lo conformaban bajo ciertas del estado de densidad y temperaturas dependiendo de las regiones en las que se encontraran, en cada momento, dichas partículas.

   El alquimista de Pietro Longhi

La Alquimia tiende un puente entre, por una parte las enseñanzas de la Grecia Antigua y de Roma, y por otra el nacimiento de la Ciencia Moderna en la Europa del siglo XVII. Aunque la investigación de los alquimistas había comenzado 2000 años antes en Alejandría, China y la India, en 1680 Isaac Newton dedicaba aún la mayor parte de su tiempo a este arte misterioso.

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Claro que, si hablamos de Alquimía habrá que viajar más lejos, hacia atrás en el tiempo. Considerada una pseudo-ciencia, la alquimia se practicó aproximadamente el siglo IV a. C. hasta el surgimiento de la química y las ciencias naturales, a comienzos del XVII. Es cierto que, su época de esplendor se sitúa en la Europa medieval. Sin embargo, la verdadera historia de la Alquimia, nos dice que deberíamos irnos mucho más atrás en el tiempo.

A partir de la etapa final de la Edad Media se escribieron numerosos libros del denominado «Arte Hermético». La palabra alquimia, del árabe al-kimiya, cuyo significado es similar al de química, , sin embargo, una connotación distinta al concepto actual del término, ya que hace referencia a lo trascendental y espiritual.

Tres fueron los objetivos fundamentales perseguidos por los Alquimistas: La transformación de metales como el plomo y el cobre en metales preciosos como el oro y la plata. También perseguían crear sustancias curativas de todas las enfermedades y, no pocos de dicaron su esfuerzo a conseguir lo que llamaron el elixir de la inmortalidad.

              El Cinabrio, la Piedra filosofal o, el secreto de la !vida eterna!

Ya sabeis, la búsqueda de “La Piedra Filosofal”, la única sustancia capaz de conseguir la transmutación.La verdadera Piedra Filosofal es roja y, tenía sus virtudes que sólo eran conocidas por los alquimistas más expertos y que estaban en posesión de los secretos de la materia transmutada.

 

Faltaba mucho tiempo para que llegara la tecnología necesaria que les hiciera saber que la verdadera Alquimia natural se producía en las estrellas situadas en el Espacio Interestelar a muchos años-luz de distancia de la Tierra. Sin embargo, ellos, los alquimistas de épocas muy lejanas, buscaron con denuedo los secretos de la materia y creían, de manera firme en el elixir de la juventud y en la transmutación del plomo en oro.

Ellos no sabían que esa Alquimia soñada sólo podía ser hecha en los hornos nucleares de las estrellas. Allí, sí que se transmutan los elementos y, cuando al final mueren, esas explosiones que llamamos de supernovas, transmutan los materiales en oro y plantino a partir de otros más sencillos y menos valiosos pero, el elixir de la felicidad o la eterna juventud… ¡Qué cosas!

Pero, sabemos ¿cuál es el origen de la Alquimia? Es muy difícil contestar esa pregunta dando una y un lugar concretos; China, Egipto, Grecia y el Oriente Medio pudieran atribuirse, con el mismo derecho, la paternidad de la Alquimia. Así pues, parece aconsejable ceñirce a la tradición y remontar el arte hermético hasta el propio Hermes -quien fue un rey prefaraónico-, puesto que él le dio su nombre. Se le atribuyen varios tratados alquímicos, entre otros, la famosa Tabla esmeraldina, que es, sin duda, el resumen más conciso, si no el más claro, de la Gran Obra.

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                  La Tabla Esmeraldina

“Es verdad, sin mentira, cierto y muy verdadero. Lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, hacer los milagros de una sola cosa. Todas las cosas vinieron y vienen del Uno, y por mediación del Uno, así todas las cosas han nacido de cosa única por la adaptación. El Sol es el padre; la Luna, la madre; el viento la ha llevado en su vientre, la Tierra es su nodriza. El Padre de toda la Perfección de todo el mundo está aquí. Su potencia está entera si se convierte en tierra.

Separarás la tierra del fuego, lo sutil de lo espeso, suavemente, con gran cuidado. Subirá de la Tierra al Cielo y de bajará a la Tierra y recibirá la fuerza de las cosas superiores e inferiores. Por este medio, tendrás la gloria de todo el mundo, y por esto también, toda oscuridad huirá de ti. Es la fuerza de toda fuerza, pues vencerá todo lo sutil y penetrará todo lo sólido. Así se ha creado el mundo.

De ahí saldrán admirables adaptaciones, cuyo medio está aquí. Por eso he sido llamado Hermes Trismegisto, porque poseo las tres partes de la filosofía de todo el mundo. Lo que he dicho aquí de la operación del Sol, está cumplido y acabado.”

Según la leyenda, los soldados de Alejandro Magno encontraron dicho texto en lo más profundo de la gran pirámide de Gizeh, que sería el sepulcro de Hermes. Al parecer, este mismo empleó un diamante puntiagudo para grabar sobre una plaza de esmeralda -de aquí su nombre- las escasas líneas que componen la Tabla y que, arriba quedan reproducidas.

Pero bueno, esa es otra historia que tocara contar en próximo comentario. Por hoy aquí lo dejo.

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Paracelso y, “la ciencia” médica

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Rumores del Saber    ~    Comentarios Comments (0)

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 Leonardo Da Vinci, entre otras muchas cosas, también dijo: “La experiencia nunca se equivoca, es el juicio quien lo hace cuando se promete resultados que no proceden de experimentos.” Precisamente por eso la Ciencia, no confía en hipótesis ni teorías que no sean refrendadas por el experimento una y mil veces, en lugares diferentes, por científicos distintos, de distintas formas y maneras y, una vez que todos los resultados son coincidentes, entonces y sólo entonces, se dará por buena la teoría.

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En la Europa del siglo XVI el sentido común y la sabiduría popular, del mismo modo que antes se había interpuesto entre el hombre y los astros, obstruían la visión que éste tenía de sí mismo y la exploración del cuerpo humano. Sin embargo, a diferencia de la Astronomía, la anatomía humana era una materia en la que resultaba inevitable el conocimiento directo. En Europa, el saber relativo al cuerpo humano había sido codificado y confiado a la custodia de una profesión poderosa, exclusivista y respetada. Dicho saber se recogía en lenguas cultas (griego, latín, árabe y hebreo) y era dominio paticular de unos monopolizadores que se llamaban así mismo doctores en física. El cuerpo, su tratamiento o disección, era un coto que pertenecía a otro grupo más relacionado con los carniceros y cuyos miembros eran llamados en ocasiones cirujanos-barberos.

Los cirujanos-barberos se dedicaba a curar heridas, sacar el pus de los abscesos, realizar sangrías y poner emplastos. Además, claro está, afeitaban con maestría barbas pobladas y cortaban el pelo con destreza. ¡Vamos que servían tanto para un roto como para un descosío! Que nadie se piense que estos “cirujanos” intervenían a aquellos que pertenecían sólo a las clases menos pudientes, había reyes que tenían a su servicio a una pléyade de cirujanos-barberos.

Hasta alrededor del año 1300 no se disecaron cuerpos humanos con el fín de enseñar y aprender anatomía. En aquella época, disecar un cadáver era una tarea especialmente desagradable. Puesto que no existía refrigeración, era necesario disecar las partes más perecederas. Una disección que se conocía como “anatomía”, se desarrollaba de una manera continua y apresurada durante cuatro días y, por lo general, se realizaba al aire libre. En las ilustraciones de los primeros libros de texto de anatomía impresos  aparece un profesor de física, el médico, impecablemente ataviado con sombrero y toga, sentado en un sillón elevado que recuerda un trono, la cátedra, mientras un cirujano-barbero, de pie sobre la hierba se encarga de los distintos órganos de un cuerpo extendido en un banco de madera y un ayudante señalaba con un puntero las partes del cuerpo a los estudiantes o aspirantes a sanadores. El médico lleva en las manos un libro, probablemente de Galeno o Avicena, del que lee a distancia antiséptica.

                          “La lección de anatomía”

Obra pictórica de óleo sobre lienzo perteneciente al arte barroco holandés de principios del siglo XVII en Holanda. Obra de Rembrandt cuyo género es el de retrato grupal, representando a una agrupación de estudiosos anatómicos de la época.

Los doctores en física encerraban sus secretos en lenguas que sus pacientes no comprendían. No es sorprendente que disfrutaran del prestigio de la erudición y del temor a lo oculto. Aristrócatas del mundo académico, guardinaes de los secretos de la vida y de la muerte, eran invulnerables a los ataques de los legos. Antes de pagar sus altos honorarios o de arriesgarse a dolorosos y arriesgados tratamientos, el pueblo prefería consultar al boticario más cercano, que era un poco más que un comerciante en especias o un tendero de comestibles.

El mundo de la medicina era un mundo de separaciones; los libros estaban separados de los cuerpos, el conocimiento de la experiencia y los curanderos eruditos de aquellos que más necesitaban la curación. Sin embargo, eran precisamente esas separaciones las que conferían dignidad a una profesión que inspiraba temor.

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A fines del siglo XV , cualquier médico que hubiese aprendido las lenguas académicas y hubiera sido discípulo de algún eminente profesor de medicina tenía fuertes interese4s creados basados en la sabiduría tradicional y en los viejos dogmas. “Procurad conservar la salud -aconsejó Leonardo da Vinci- y lo conseguireis en la medida en que os aparteis de los médicos, porque sus drogas constituyen un tipo de alquimia que produce menos medicinas que libros hay sobre ella.” Atacar esta ciudadela exigía el deseo de desafiar los cánones de la respetabilidad, de apartarse de la comunidad universitaria y de la comunidad profesional. Tal aventura requería en igual medida pasión y conocimientos, y más atrevimiento que prudencia.

Evidentemente el profesor sumiso de reconocido prestigio no podía abrir la senda que habría de conducir a la medicina moderna. El indicado era un vagabundo y un visionario, un hombre de temeridad mística. El hombre que osara señalar el camino habría de usar lengua vernácula y no hablar sino gritar.

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                                             Paracelso

En su época, Paracelso (1493-1541) fue considerado sospechoso y ya nunca perdió la fama de charlatán. Su fe en Dios le condujo a una nueva visión del hombre y de las artes de la curación. Del mismo modo que la creencia de Kepler en la divina simetría del Universo confirmaba su fe en un sistema copernicano de los cielos, también la fe en el orden divino aplicado al cuerpo humano inspiró a Paracelso.

“Paracelso”, el apodo por el que se le conoce a lo largo de la historia, es en sí un misterio. Quiza significaba que él mismo se identificaba con la gran autoridad médica romana Celso, o quiza simplemente que escribia obras paradójicas en contradicción con las opiniones generalizadas de su profesión. Su nombre verdadero era Teofrasto Felipe Aurelio Bombasto von Hohenheim.

Nació en la zona oriental de Suiza, donde su padre, de origen ilegítimo, ejercía de médico y su madre era fiadora de la Abadía benedictina de Einsiedeln. Cuando tenía nueve años murió su madre, y su padre se trasladó a una aldea minera de Carintia, Austria, donde Paracelso creció.

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Esta ubicada en los Alpes Orientales y es conocida por sus montañas y sus lagos. Los lagos más conocidos son Wörthersee, Ossiacher ve, Faaker ve, Millstätter ve. Para realizar esquí los lugares son Nassfeld/Hermagor, Gerlitzen, así como en Catedral de Gurk, Hochosterwitz castillo, GroBglockner como la montaña más alta de Austria. Tiene un clima continental, con veranos calientes y húmedos y los inviernos son muy áridos. Ahí pasó Pacelso su juventud.

Su educación fue informal e irregular, recibida de su padre o de hombres religiosos versados en la medicina y las ciencias ocultas populares. Es probable que nunca obtuviera el título de doctor en medicina. Jamás se estableció en ningún lugar fijo y durante su vagar trabajó en las minas de Fugger, Tirol, y sirvió como cirujano en la armada veneciana en Dinamarca y Suecia. Llegó incluso hasta la Isla de Rodas y todavía más al este.

Durante cierto tiempo prosperó en Estrasburgo como médico en ejercicio. Luego tuvo la suerte de ser llamado a Basilea para participar en la consulta de la crítica enfermedad del eminente Johann Froben (1460-1527), que había fundado una de las imprentas más influyentes y publiado el primer Nuevo Testamento impreso en griego. La curación de Froben se atribuyó a Paracelso. En aquel momento, el gran Erasmo (1466-1536) vivía con Froben, y también lo trató a él. Ambos quedaron tan impresionados por el buen juicio del joven Paracelso que en 1527 consiguieron que fuera nombrado médico municipal y catedrático de la universidad. Pero los demás profesores lo discriminaron por haberse negado a prestar el juramento hipocrático y no ser siquiera doctor en medicina titulado.

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                  Basilea hoy es una ciudad muy poblada y alejada de aquella que conoció Paracelso

A los treinta y tres años, Paracelso combinaba la arrogancia de un autodidacta con la elocuencia de quien se ha designado así mismo portavoz de Dios. Respaldado por el principal publicista del humanismo, aprovechó la oportunidad que se le presentaba en Baselea para atacar al estamento médico. Al mismo tiempo publicó su propio manifiesto de las artes de la curación, que esperaba llegar a ocupar el lugar del juramento hipocrático.

Del mismo modo que, diez años antes,  Lutero había apelado a la Iglesia primitiva, Paracelso apeló, pasando por encima de los obispos y cardenales de la medicina, a los pristinos principios de la ciencia médica y demostró que hablaba en serio arrojando una copia de la obra de Galeno y del reverenciado Canon de Avicena a una hoguera el día de San Juan de 1527. Así mismo, declaró abietamente que sus clases de medicina se basarían en su propia experiencia con los pacientes.

                                 Paracelso escribe sus notas

Y todavía enfureció más a los profesores cuando, en lugar de utilizarel latin, dio las clases en dialecto local del alemán llamado schweizerdeustsch, con lo cual violaba también el juramento hipocrático, que obligaba al médico digno a guardar su conocimiento profesional, supuestamente para evitar que los legos se convirtieran en incompetentes practicantes de la medicina. “No deis lo santo a los perros -reza la palabra de Dios según San Mateos (7,6)-, ni echeis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen con sus patas, y luego se revuelvan para destrozaros a mordiscos.

 

 

No pocas veces, un torbellino de confusión y no la tranquila seguridad es lo que indica el crecimiento de la mente, y, cuando el polvo de la ignorancia empieza a disiparse, emerge ante nosotros con claridad meridiana, aquellas respuestas que incansables bucábamos sin poder encontrarlas en el Caos de la complejidad que, sin saber cómo, de pronto desaparece para ver ante nosotros el horizonte lejano pero, muy claro, de límpida transparencia, de ese saber que parece ser el único proyecto por el que aquí estamos.

Claro que, Paracelso estaba en el punto de mira de los “sabios doctores” y, en cuanto murió su mayor defensor, Froben, en octubre de 1927, todos sus enemigos, los profesores, los boticarios, a quienes había atacado a causa de sus elevados beneficios y su parco conocimiento, e incluso sus discípulos, que gozaban mofándose de su apasionamiento, se unieron contra él. La fortuna de Parecelso se desvaneció cuando perdió un  juiciom que había puesto para intentar cobrar unos honorarios exorbitante a un eclesiástico de alto rango. El dignatario gravemente enfermo de un desorden abdominal le había prometido una elevada suma si lo curaba. Luego, cuando Paracelso lo curó sólo con unas pocas píldoras de luédano, el sacerdote se negó a pagarle. El Juez dictó Sentencia en contra de Paracelso, y cuando este denunció al Juez, se vio obligado  a marcharse de Basilea. Los dos turbulentos aaños que Paracelso pasó en Basilea fueron los últimos en que trabajó de forma regular. Nunca volviió a relacionarse con Institución alguna. Se convirtió en un pícaro académico, en un don Quijote de la medicina.

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                   Paracelso

En 1529 estuvo en Nuremberg el tiempo necesario para criticar el tratamiento que se hacía de la sífilis administrando dosis venenosas de mercurio y guayacol, una droga que se extraía de un árbol del nuevo mundo; se suponía que Dios había dispuesto que este árbol creciera en el lugar de origen de la enfermedad. Paracelso intimidó al clero local y a la profesión médica, que le negaban el derecho a publicar. A continuación adoptó “el ropaje de los mendigos” para irse a Innsbruck y al Tirol a estudiar las enfermedades de los mineros. En su recorrido pasó por Augsburgo y Ulm, Baviera y Bohemia. En 1538 regresó a Villach, el pueblo donde había muerto su padre años antes.
No era un hombre de establecerse en un lugar por toda la vida por lo que luego de recibirse paso su vida en casi toda Europa. Participó como cirujano en las guerras holandesas. Pasó por Rusia, Lituania, Inglaterra, Escocia, Hungría, e Irlanda. Luego de viajar por 10 años, regresó a Austria en donde descubrió que era famoso por las muchas curas milagrosas que había desarrollado. Se convirtió en El Gran Paracelso a los 33 años y fue designado como el médico del pueblo y conferenciante de la universidad de Basel y estudiantes de toda Europa concurrían a sus conferencias. No sólo invitaba a estudiantes sino a todo aquel al que le interesara el tema. Las autoridades se escandalizaron por su amplia invitación.
En sus últimos años su espíritu viajero lo llevó a Egipto, Arabia, Constantinopla. Por cada lugar que visitaba aprendía algo sobre la alquimia y medicina. Alcanzó la cima de su carrera en Basel. Su fama se difundió por todo el mundo conocido. Escribió acerca del poder para curar de la Naturaleza y como tratar heridas. Decía que si uno prevenía la infección de una herida esta se curaría por sí misma. Atacó severamente muchas de las prácticas médicas erróneas de la época y descalificó a las píldoras, infusiones, bálsamos, soluciones, etc. Como tratamientos médicos.
Con la publicación del Gran Libro De La Cirugía ganó nuevamente la fama perdida y aún más. Se volvió un hombre rico. En 1541 Paracelsomurió a los 48 años de edad en circunstancias misteriosas.
Logros de Paracelso:
Sus descubrimientos médicos fueron muy importantes. En 1530 escribió la mejor descripción clínica de la sífilis de la época aprobando el tratamiento de ésta enfermedad por medio de la ingestión de pequeñas cantidades de mercurio cuidadosamente medidas. Afirmó que la enfermedad de los mineros (Silicosis) era resultado de la inhalación de vapores de los metales y no una venganza de los espíritus de las montañas. Fundó las bases de la homeopatía moderna.
Fue el primero en conectar las paperas con la ingestión de agua con metales (en gral. Plomo). Y realizó numerosos remedios para numerosas enfermedades.
Mucho tendríamos que hablar aquí sobre este singular personaje para llegar a conocerlo mejor y, su vida y sus hechos fueron tantos que, en tan poco espacio es imposible de reflejar. Sin embargo, con la sencilla pincelada que aquí os dejo, al menos podreis tener una idea de lo que fue, de cómo se manejaban en aquella época en el ámbito de la medicina, y, de cómo, este personaje atípico, sabresalió por méritos propios al no doblegarse al sectarismo establecido.
emilio silvera