lunes, 16 de octubre del 2017 Fecha
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¿Otras clases de Vida?

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Otras clases de vida    ~    Comentarios Comments (0)

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ABC -Ciencia

El moho mucilainoso es uno de los organismos más sencillos que tiene la capacidad de aprender.

 

El moho de los fangos es un organismo extraño, amorfo, compuesto de una célula gigante. Ahora, científicos españoles han descubierto que puede «fusionarse» con un compañero para transmitirle sus conocimientos y luego volverse a separar

Un moho de los fangos, Physarum polycephalum

 

 

Un moho de los fangos, Physarum polycephalum – Wikipedia

 

No es un animal, ni una planta, ni un hongo. Elmoho de los fangos (Physarum polycephalum) es un organismo extraño, amorfo, compuesto de una célula gigante. Aunque no tiene cerebro, puede aprender de la experiencia, como han demostrado los biólogos del Centro de Investigación en Cognición Animal (CNRS, Université Toulouse III – Paul Sabatier).

Ahora, el mismo equipo de científicos ha ido un paso más allá, demostrando que un molde de este limo puede transmitir lo que ha aprendido a un molde de limo compañero cuando los dos se combinan. Estos nuevos hallazgos se publican en la edición del 21 de diciembre de 2016 de las Actas de la Royal Society B.

Imagínese que pufiera fusionarse temporalmente con alguien, adquirir el conocimiento de esa persona y luego separarse para convertirse en su yo separado de nuevo. Con los moldes de limo, esto realmente sucede. El moho del fango -Physarum polycephalum para los científicos- es un organismo unicelular cuyo hábitat natural es la basura forestal. Pero también se puede cultivar en una placa de laboratorio.

Audrey Dussutour y David Vogel ya habían adiestrado moldes de limo para mover sustancias repelentes pero inofensivas (por ejemplo, café, quinina o sal) para alcanzar sus alimentos. Ahora revelan que un moho de limo que ha aprendido a ignorar la sal puede transmitir este comportamiento adquirido a otro simplemente fusionándose con él.

Habituados e ingenuos

 

 

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Para lograr esto, los investigadores enseñaron a más de 2.000 mohos de limo que la sal no representaba ninguna amenaza. Para alcanzar su alimento, estos moldes de moho tuvieron que cruzar un puente cubierto con sal. Esta experiencia les hizo ‘habituados’. Mientras tanto, otros 2.000 moldes de moho tuvieron que cruzar un puente desnudo de cualquier sustancia, y se les clasificó como ‘ingenuos’.

Después de este período de entrenamiento, los científicos agruparon los moldes de lodo en pares habituados, ingenuos y mixtos. Los moldes pareados de moho del fango se fundieron juntos donde entraron en contacto. Los nuevos moldes de limo fundido tuvieron entonces que cruzar puentes cubiertos de sal. Para sorpresa de los investigadores, los moldes de moho mezclado se movieron tan rápido como los pares habituados, y mucho más rápido que los ingenuos, lo que sugiere que el conocimiento de la naturaleza inofensiva de la sal había sido compartido. Esto es válido para moldes de limo formados a partir de 3 ó 4 individuos. No importa cuántos se fusionaran: sólo un moho del fango habituado era necesario para transferir la información.

Prueba de aprendizaje

 

 

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Para comprobar que la transferencia había efectivamente tenido lugar, los científicos separaron los moldes del limo 1 hora y 3 horas después de la fusión y repitieron el experimento del puente. Sólo los moldes de limo ingenuos que habían sido fusionados con moldes de limo habituados durante 3 horas ignoraron la sal. Todos los demás fueron repelidos por ella. Esto era prueba de aprendizaje. Al ver los moldes de limo a través de un microscopio, los científicos observaron que, después de 3 horas, se formó una vena en el punto de fusión. Esta vena es indudablemente el canal a través del cual se comparte la información.

Los siguientes desafíos que enfrentan los investigadores son dilucidar la forma que toma esta información y probar si más de un comportamiento puede ser transmitido simultáneamente.

Reportaje de Prensa

La paradoja de Fermi

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Otras clases de vida    ~    Comentarios Comments (0)

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¿Por qué si hay tantos planetas susceptibles de albergar vida inteligente, ninguna civilización extraterrestre se ha puesto en contacto con nosotros?

Si tenemos algún vecino extraterrestre, ¿por qué aún no han contactado con nosotros?
                             Si tenemos algún vecino extraterrestre, ¿por qué aún no han contactado con nosotros?

La conclusión a la que llegó el astrónomo Frank Drake a partir de su propia ecuación -una decena de civilizaciones capaces de comunicarse con nosotros en la Vía Láctea-, hoy, medio siglo después y a la vista de los últimos descubrimientos astronómicos, nos parece excesivamente prudente, y muchos creen que esas civilizaciones galácticas podrían contarse por cientos o miles.

Resultado de imagen de planetas extrasolares o exoplanetas

A pesar de lo difícil que resulta detectar planetas extrasolares, ya se conocen más de tres mil, y algunos astrónomos consideran probable que la mayoría de las estrellas tengan planetas orbitando a su alrededor, lo que significaría que los “ecomundos” (planetas idóneos para albergar vida) se podrían contar por cientos de millones.

Resultado de imagen de Vida extraterrestre en muchos mundos

 

 

Y ahí es donde surge con renovada fuerza la conocida como “paradoja de Fermi”, pues el gran físico italiano, inspirador de la ecuación de Drake, se preguntó a mediados del siglo pasado por qué ninguno de esos supuestos vecinos galácticos se había puesto en contacto con nosotros ni había dejado ninguna huella perceptible de su presencia en el cosmos.

Resultado de imagen de Planetas extrasolares

Una de las posibles explicaciones de esta paradoja es la denominada“hipótesis de la Tierra especial”, según la cual, aunque hubiera muchos planetas similares al nuestro, se requieren tal cantidad de condiciones para que se desarrolle la vida inteligente, que el proceso podría haberse dado en muy pocos planetas, tal vez solo en la Tierra. Pero esta hipótesis parte del supuesto de que la vida inteligente solo puede desarrollarse mediante un proceso análogo al que se ha dado en nuestro planeta, y no tiene por qué ser necesariamente así.

Invito a nuestras/os sagaces lectoras/es a reflexionar sobre la paradoja de Fermi y sus implicaciones. O a seguir reflexionando, mejor dicho, pues ya han empezado hacerlo en los numerosos y muy interesantes comentarios de la semana pasada.

Visitando a nuestros vecinos

 

 

 

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Supongamos que en nuestro entorno galáctico más próximo hay tres planetas habitados por seres inteligentes, a “solo” 10, 20 y 30 años luz de distancia de la Tierra respectivamente. ¿Cuál es la distancia mínima a la que pueden estar dos de esos exoplanetas entre sí? ¿Y la máxima?

Queremos visitar esos tres mundos, uno tras otro, en un solo viaje. ¿Cuál es la disposición espacial que haría que ese viaje fuera mínimo en cuanto a la distancia recorrida por nuestra astronave? ¿Y la disposición que daría lugar al recorrido más largo?

Carlo Frabetti es escritor y matemático, miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York. Ha publicado más de 50 obras de divulgación científica para adultos, niños y jóvenes, entre ellos Maldita físicaMalditas matemáticas o El gran juego. Fue guionista de La bola de cristal.