domingo, 26 de febrero del 2017 Fecha
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El año en que solo progresó el conocimiento

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Noticia comentada    ~    Comentarios Comments (0)

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Resultado de imagen de 2016 grandes adelantos en física y BiologíaResultado de imagen de Ondas gravitacionales

Las Ondas Gravitacionales detectadas y los grandes avances en medicina y tecnología cambiaran el mundo

 

En mitad de la mediocridad política y la inquietud social, 2016 ha producido grandes avances en la física, la biología y la inteligencia artificial

 

 

Revisión del instrumental de LIGO.

 

 

 

                             Revisión del instrumental de LIGO. Caltech/MIT/LIGO Lab

 

Sí, este ha sido el año aciago del Brexit y Donald Trump, el año en que Europa ha consolidado su desprestigio y la población siria ha sido masacrada por su propio Gobierno con la ayuda de otros, en que la xenofobia, el nacionalismo y la miopía se han impuesto sobre la razón práctica, en que el autoritarismo se ha extendido por Hungría y Polonia como una plaga medieval, el año en que el paro y la pobreza se han instalado entre nosotros con la espontaneidad de una catástrofe natural. Y en que las únicas buenas noticias han provenido de la ciencia. En mitad del caos y la desesperanza, el conocimiento ha progresado con más firmeza que nunca. Aferrémonos a eso como a una ascua ardiendo.

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Llevamos décadas oyendo que, si el XX fue el siglo de la física, el XXI lo sería de la biología. Pero lo cierto es que la física goza en nuestros días de mejor salud que nunca. El mayor descubrimiento de 2016, según un consenso difícil de cuestionar, ha sido el de las ondas gravitatorias, una predicción de la relatividad general de Einstein que el propio Einstein consideró imposible de confirmar. Ha hecho falta un siglo, la colisión de dos agujeros negros gigantescos y un sistema de detección (el LIGO) que se cuenta entre las obras más brillantes y refinadas del intelecto humano, pero el fenómeno se ha confirmado por encima de toda duda razonable. La gravedad no es una fuerza instantánea, como pensó Newton, sino que se propaga en forma de ondulaciones del espacio-tiempo que viajan a la velocidad de la luz, como predijo Einstein. Es un paso de gigante en el conocimiento que, como es habitual, abrirá un nuevo continente de exploración y progreso.

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Pero también es cierto que la biología está en un momento espléndido, y sobre todo en dos campos que prometen aplicaciones clínicas a medio plazo: la edición genómica y la reprogramación de células. En el primer caso, la estrella se llama CRISPR, y consiste en un sistema tan simple, eficaz y versátil que ha puesto la modificación del genoma humano (y de cualquier otro) al alcance de cualquier laboratorio de genética del planeta; su primera aplicación, sometida ya a una investigación muy activa, será sin duda la corrección de las mutaciones que causan las enfermedades raras: una forma por fin eficaz de terapia génica. En segundo lugar, la reprogramación de células –retrasar el reloj de una vulgar célula de la piel para convertirla en una célula madre— está logrando progresos espectaculares en la reparación de lesiones y el retraso del envejecimiento.

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              Sí, el Ordenador vence al campeón

Pero este año no se puede hablar solo de física y biología, porque la inteligencia artificial ha irrumpido con poderío en la actualidad científica y tecnológica. Drones, robots y automóviles, por no hablar de teléfonos, relojes y casi cualquier otra cosa, exhiben ya notables habilidades cognitivas: hacen cosas que serían consideradas inteligentes si las hubiera hecho un humano (así definió la inteligencia artificial uno de sus creadores, el gran Marvin Minsky, que murió en enero de este año). Y los ordenadores se han hecho en 2016 con el título mundial de Go, una proeza mucho más espectacular que aquella de ganar a Kaspárov al ajedrez. Las discusiones filosóficas sobre la inteligencia de las máquinas parecen haberse enranciado de forma definitiva.

El conocimiento ha seguido progresando entre la mediocridad política y el malestar social. Naturalmente, esto no tiene por qué seguir siendo así. Ya el Brexit puede constituir un lastre notable para la ciencia británica, y los planes xenófobos de Trump pueden convertirse en un escollo formidable para la norteamericana, pues buena parte de los grandes científicos de ese país son inmigrantes. Pero, de momento, 2016 ha ido bien para la ciencia. Es un consuelo.

¿Vivir en otro mundo?

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Buscamos un Planeta donde poder refugiarnos.

 

El telescopio espacial Kepler ha descubierto 21 astros fuera del Sistema Solar de tamaño y condiciones similares a la Tierra

 

 

Imágenes de exoplanetas proporcionadas por la Nasa.
Imágenes de exoplanetas proporcionadas por la Nasa. REUTERS 

La casualidad ha querido que coincidieran dos noticias que invitan a pensar en el futuro. Mientras la NASA daba cuenta ayer de la existencia confirmada de 1.284 nuevos planetas de tamaño, posición y condiciones idóneas para albergar vida fuera del Sistema Solar, un estudio científico certificaba la desaparición de cinco islas del Océano Pacífico y la pérdida de más del 20% de la superficie de otras seis a causa de la erosión y el aumento del nivel del mar. ¿Podrá algún día llegar a establecerse una relación entre ambas? No lo sabemos. La ciencia ficción explota desde hace tiempo el filón de una Tierra catastróficamente destruida y el éxodo forzoso de la humanidad en busca de condiciones de supervivencia en el espacio. De momento, lo que tenemos son datos inquietantes respecto del cambio climático, y datos poco esperanzadores sobre la posibilidad de encontrar una alternativa habitable fuera del Sistema Solar.

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El nivel del mar ha subido 15 centímetros entre 1994 y 2014 en el archipiélago de las Islas Salomón, lo que ha obligado a reasentar por primera vez pequeños núcleos habitados. El problema no es solo que suba el nivel del agua, sino que el cambio climático está produciendo una intensificación de los vientos que erosionan las frágiles superficies de esas islas. El panel de Naciones Unidas sobre cambio climático prevé que el calentamiento continúe elevando el nivel de las aguas. Todos los grandes fenómenos comienzan con un pequeño movimiento. Y pueden tener una evolución muy rápida. La búsqueda de vida fuera de la Tierra se mueve, en cambio, en otra escala. Cualquier posibilidad está a una distancia de años luz. Y cualquier cambio favorable en un planeta próximo, como Marte, requeriría miles de años.

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Los científicos de la Nasa han querido hacer inventario de los exoplanetas descubiertos por el telescopio espacial Kepler antes de que llegue al término de su vida activa. Desde su lanzamiento en 2009 ha estado buscando planetas que, por su composición, tamaño y posición pudieran tener condiciones de vida parecidas a las de la Tierra. Solo en la zona observada de la Vía Láctea ha encontrado 1.284 nuevos astros. De ellos, 550 son rocosos y nueve tienen un tamaño y una posición orbital parecidos a la Tierra. Con esta nueva remesa, son 21 los que podrían tener agua. Eso significa que si pudiéramos explorar otras galaxias del universo, podríamos encontrar millones de planetas muy parecidos al nuestro.

¿Y? Pues es muy interesante pero, de momento, poco podemos esperar de tales hallazgos, pues el más cercano se encuentra a 11 años luz. Es muy estimulante que en octubre pasado pudiéramos observar por primera vez la muerte de un planeta por extinción de su estrella, y que poco después lográramos ver cómo se formaba otro en otra estrella naciente. Pero la escala a la que ocurren estos fenómenos solo puede llevarnos a una conclusión: hay que seguir buscando planetas susceptibles de albergar vida, por supuesto, pero mientras tanto, más vale que cuidemos aquel del que ya estamos seguros de que puede seguir albergándola durante millones de años. El nuestro.

Europa clava su bandera en ‘Marte’

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Un equipo europeo ensaya la conquista del planeta rojo en Riotinto (Huelva)

                                       Un astronauta pasea por Riotinto

Un astronauta ha clavado la bandera europea en un paraje rojizo y ocre que parece Marte, pero es tan terrícola que aquí es donde nació el fútbol en España. Es la comarca de Riotinto (Huelva), un lugar preñado de metales que en 1873 fue vendido a los ingleses por el Gobierno español. Los mineros británicos sacaron el cobre y el hierro y, en sus ratos libres, crearon el Río Tinto Foot-Ball Club para practicar el deporte que se acababa de inventar en su país. Sus lesionados disfrutaron de las mejores tecnologías médicas llevadas desde Londres a Huelva. Hasta el neurocientífico Santiago Ramón y Cajal, único premio Nobel español, acudió en 1906 al hospital de la región para ver con sus propios ojos la primera máquina de rayos X de España.

Hoy, la comarca de Riotinto, bañada por el río Tinto, ha vuelto a ser pionera. Hasta el 30 de abril acoge el proyecto europeo Moonwalk, la simulación de una aventura tripulada al planeta rojo. “Estamos convencidos de que esta misión sería capaz de encontrar rastros de vida en Marte, si los hay”, afirma Víctor Parro, coordinador de la campaña en el Centro de Astrobiología, asociado a la NASA y con sede en Torrejón de Ardoz (Madrid).

 

 

 

 

                              Módulo ‘espacial’ en Riotinto. RAÚL PÉREZ

 

 

 

Cuentan los veteranos de la investigación en Riotinto, como el microbiólogo Ricardo Amils, que cuando el director de la NASA visitó por primera vez la antigua mina onubense, en 1999, echó la bronca a sus propios científicos por no haberse interesado antes por un análogo terrestre de Marte tan sobrecogedor. Riotinto es lo más parecido al planeta rojo que hay en la Tierra. Su suelo está protagonizado por compuestos de hierro, como la jarosita y los hematites, minerales que también se han hallado en Marte. Y, en el laboratorio, las bacterias de la comarca minera, que sacan su energía del hierro, han demostrado que podrían sobrevivir en las implacables condiciones marcianas, siempre que una capa milimétrica de suelo las protegiera de la radiación ultravioleta y las altas temperaturas.

La simulación de la misión es muy realista. Los asistentes, de siete organizaciones científicas europeas, sienten que están en la superficie de Marte hasta que un rebaño de cabras entra por sorpresa en el paraje. Entre los investigadores hay carcajadas y optimismo. “El tiempo de la exploración robótica de Marte ha llegado a su fin. El robot Curiosity [que recorre el planeta desde 2012] es de lo mejor que se puede enviar. Ahora, si queremos ser más inteligentes, hay que mandar astronautas, acompañados por amigos robots que mejoren sus capacidades”, afirma el ingeniero aeronáutico Javier Gómez Elvira, antiguo director del Centro de Astrobiología.

Uno de los principales objetivos de la misión es poner a prueba, por primera vez, la comunicación por gestos entre un astronauta y un robot, el pequeño rover de exploración YEMO, dotado con aspas en lugar de ruedas para poder trepar por las rampas marcianas. Avanzando en pareja y compenetrados por Riotinto, humano y máquina parecen Tintín y su perro Milú en la Luna.

 

 

 

Cuando el director de la NASA visitó por primera vez la antigua mina onubense, en 1999, echó la bronca a sus propios científicos por no haberse interesado antes por un análogo terrestre de Marte tan sobrecogedor

La operación también ensaya dos instrumentos científicos desarrollados en el Centro de Astrobiología, destinados a encontrar rastros de vida en Marte. El Espectrómetro Láser Raman analiza pigmentos y minerales, mientras que el SOLID hace honor a sus siglas en inglés (Signs Of Life Detector, detector de indicios de vida) y es capaz de captar moléculas generadas por microbios.

Río Tinto presenta colores rojizos y amarillentos debido a la elevada presencia de compuestos de hierro y azufre.

El ingeniero electrónico Diego Urbina, de nacionalidades colombiana e italiana, es uno de los astronautas del proyecto Moonwalk. Al igual que el coordinador de la simulación, está convencido de que la bandera europea ondeará algún día sobre la superficie marciana, posiblemente acompañada de la de EE UU. Hace cinco años, Urbina, de la Agencia Espacial Europea, estuvo aislado del exterior 520 días en Moscú con otros cinco astronautas en un simulacro de un viaje a Marte. Todavía da un paso al frente para ir al planeta rojo, una misión que EE UU anuncia para el año 2037. Los responsables del proyecto Moonwalk han lanzado un concurso para que niños de todo el mundo propongan las primeras palabras del primer humano que pise Marte. Y ha ganado esta frase en inglés: “Today Mars, tomorrow the stars” (Hoy, Marte; mañana, las estrellas).

Posibles mundos habitables

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Descubren tres nuevos planetas cercanos a la Tierra y potencialmente habitables

Entusiasmo en el mundo astronómico

Están a 40 años luz de la Tierra. Un grupo de científicos internacionales hizo el hallazgo desde un telescopio ubicado en el Observatorio La Silla, en Chile.

Ilustración de la estrella enana ultrafría TRAPPIST-1 y de sus tres planetas. (ESO)

                       Ilustración de la estrella enana ultrafría TRAPPIST-1 y de sus tres planetas. (ESO)

Tres planetas potencialmente habitables que orbitan alrededor de una estrella enana ultrafría, a tan sólo 40 años luz de la Tierra, fueron descubiertos por un un equipo internacional de astrónomos desde el Observatorio La Silla, 470 kilómetros al norte de Santiago de Chile.

El hallazgo se hizo con el telescopio Trappist, aparato robótico belga de 0,6 metros operado desde la Universidad de Lieja y basado en el Observatorio La Silla, donde dedican gran parte de su tiempo al seguimiento de la luz de unas 60 estrellas enanas ultrafrías. Estas estrellas tienen tamaños y temperaturas similares a las de Venus y la Tierra, y son los mejores objetivos encontrados hasta ahora para la búsqueda de vida fuera del Sistema Solar.

El equipo de astrónomos observó que esta estrella se desvanecía ligeramente por intervalos de tiempo, lo que indicó que varios objetos pasaban entre ella y la Tierra. Un análisis detallado confirmó luego la presencia de tres planetas con tamaños similares al de la Tierra.

TRAPPIST-1 Un grupo internacional de científicos ha descubierto tres planetas de tamaños y temperaturas similares a los de la Tierra que orbitan alrededor de una estrella enana ultrafría a tan solo 40 años luz de la Tierra. (AFP)

  La estrella enana ultrafría TRAPPIST-1 en la constelación de Acuario.

Mirá también: Estudiarán 20.000 estrellas en busca de vida extraterrestre

“Realmente se trata de un cambio de paradigma con respecto a qué camino seguir en nuestra búsqueda de planetas y de vida en el universo. Hasta ahora, la existencia de estos mundos rojos orbitando alrededor de estrellas enanas ultra frías era puramente teórica, pero ahora tenemos, no un solitario planeta alrededor de una estrella roja débil, ¡sino un sistema completo de tres planetas!”, expresó Emmanuël Jehin, coautor del nuevo estudio.

TRAPPIST-1 Un grupo internacional de científicos ha descubierto tres planetas de tamaños y temperaturas similares a los de la Tierra que orbitan alrededor de una estrella enana ultrafría a tan solo 40 años luz de la Tierra. (AFP)

Ilustración de la estrella enana ultrafría TRAPPIST-1 desde la superficie de uno de sus planetas

Michaël Gillon, autor principal del artículo que presenta hoy el descubrimiento en la revista Nature, explicó: “Por qué estamos tratando de detectar planetas como la Tierra alrededor de estrellas más pequeñas y más frías en las vecindades del Sistema Solar? La razón es simple: con la tecnología actual, los sistemas alrededor de estas pequeñas estrellas son los únicos lugares donde podemos detectar vida en un exoplaneta del tamaño de la Tierra. Así que, si queremos encontrar vida en otros lugares del universo, ahí es donde debemos comenzar a buscar”.

Mirá también: Europa se lanza a buscar vida en Marte

“Gracias a varios telescopios gigantes actualmente en construcción, pronto seremos capaces de estudiar la composición de la atmósfera de estos planetas y explorarlas, primero en busca de agua y, luego, en busca de trazas de actividad biológica. Es un paso de gigante en la búsqueda de vida en el universo”, complementó Julien de Wit, coautor del MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts) en Estados Unidos.

Para el mundo de la astronomía, este estudio abre una nueva vía para la caza de exoplanetas y también pone de manifiesto que la búsqueda ha entrado en el reino de los “primos” potencialmente habitables de la Tierra.

Fuente: NASA

¿Existen otros universos?

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La formación de Cosmos diferentes surge como predicción de Teorías Físicas. Expertos internacionales discuten en Madrid cómo serían o si colisionarían entre ellos.

Madrid 10 OCT 2014 (El Pais)

 

 

Los físicos que abordan el multiverso coinciden en que sería imposible visitar los universos vecinos, pero pueden estar ahí. / The Washington Post (Washington Post)

Nuestro universo, con lo inmenso que es, con centenares de miles de millones de galaxias visibles y tantos millones de estrellas en cada una de ellas, puede que no sea el único que exista. Tal vez hay otros universos, distintos del que conocemos, y alguno parecido… ¿Sería posible visitarlos? ¿Echarles un vistazo? ¿Comprobar siquiera si efectivamente están por ahí como burbujas aisladas… a no ser que entren algunas en colisión? Medio centenar de expertos estadounidenses, europeos y españoles se han reunido esta semana en un encuentro científico de alto nivel celebrado en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) para discutir precisamente los multiversos y las teorías en las que emerge su existencia.

“Un pez en el océano, puede pensar que todo lo que existe es agua”, empieza por explicar Raphael Bouso, físico teórico de la Universidad de Berkeley (EE UU), abordando el multiverso con una metáfora. “Pero unos peces inteligentes empiezan a investigar y a hacer experimentos con los átomos que tienen alrededor y se dan cuenta de que esos átomos se pueden unir de otra manera y formar otras cosas, como aire, tierra… es decir, que en el universo puede haber regiones completamente diferentes de la que uno vive”. Así, esos experimentos y esas conducen a teorías científicas que pueden hacer predicciones. “Investigamos si puede haber otros universos sin tener necesariamente que visitarlos o verlos”, continúa Bouso, pero advierte: “La teoría no es suficiente, es importante pero no suficiente… hay que probarla”. Con toda la cautela, este científico es optimista y considera que en algún momento la ciencia logrará confirmar o descartar si hay más universos o si nuestro cosmos es único.

“Sí, creo que pueden existir, ¿por qué no? Pero no sé si se van a encontrar pruebas”, señala Lisa Randall, física de la Universidad de Harvard, algo más cautelosa.

Entre el medio centenar de especialistas participantes en el encuentro, organizado por el Instituto de Física Teórica IFT (UAM-CSIC), los hay que ponen más pegas y otros más favorables a la idea o, tratándose de ciencia, a las teorías que cuentan con el multiverso y los fiables que son.

“Soy físico, no puedo asegurar la existencia de un multiverso con total certeza” advierte Luis Ibáñez, catedrático de Física Teórica de la UAM y uno de los organizadores del encuentro. El núcleo de la cuestión por la que estos especialistas se afanan para dilucidar si puede haber o no cosmos vecinos son las denominadas teorías de supercuerdas, un marco físico-matemático en el cual las partículas elementales que forman todo lo que existe no son sino efectos de las diferentes vibraciones de una especie de filamentos subatómicos. Su belleza matemática atrae a miles de físicos, frente al escepticismo de otros muchos científicos dada la dificultad de demostrar si dicha teoría es correcta o no. El atractivo de las supercuerdas es que permiten integrar de forma natural la mecánica cuántica que tan exitosamente describe el microcosmos, con la no menos notable Relatividad General de Einstein que rige el cosmos a gran escala y que las teorías estándar verificadas no logran unificar. “La teoría de supercuerdas parece poseer un inimaginable número de soluciones que corresponderían a universos posibles pero con distintas propiedades”, señalan los expertos como punto de partida.

Pero, además, el multiverso es una consecuencia de otra teoría, la de la Inflación Cósmica, que cuenta con un crecimiento descomunal y rapidísimo del universo en el primer instante del Big Bang. “Si la inflación es cierta, aparece de forma natural el multiverso”, apunta Ibáñez.

Así que se pudieron formar muchos universos a la vez, como burbujas independientes, una de las cuales sería nuestro universo que, recalcan los científicos, crece a partir de ese momento, según describe con éxito la teoría clásica del Big Bang. Esas burbujas “se formarían en el pasado, pero se siguen formando constantemente, pueden estar surgiendo ahora”, explica Ibáñez.

“Si, hay muchos modelos que permiten que haya otros universos, puede que existan, pero no es obligatorio”, alerta Tom Banks, físico de la Universidad de California en Santa Cruz, quizás un poco más escéptico que otros colegas, o menos entusiasta de la idea. “Y no tendremos nunca la oportunidad de explorarlos, de visitarlos”, advierte.

“Hay teorías físicas especulativas que predicen la existencia del multiverso y en ese sentido son imaginables”, apunta Enrique Álvarez, catedrático de Física Teórica de la UAM. “Sin embargo, no existe ninguna evidencia que apoye esta hipótesis”, advierte, situándose con su postura más cerca de Banks que de colegas más convencidos.

El fenómeno que ofrece casi la única posibilidad de comprobar observacionalmente si existen o no cosmos vecinos sería que el nuestro chocara con otro, y las probabilidades son escasas. “Si se hubiese producido un choque así se debería de poder observar en el cielo, en la radiación de fondo de microondas, un patrón característico”, explica Bouso. “Es poco probable, no hay que preocuparse”, apunta Banks. “En la medida en que se pudiera tener información observacional sobre ellos, yo preferiría pensar que esos otros universos son parte del nuestro propio”, añade Álvarez.

Pero, al menos, los modelos teóricos darán pistas de cómo serían esos otros universos. “Serían, la mayoría, muy aburridos, poco interesantes, prácticamente vacíos, con escasa materia o muy diluida… muy distintos del nuestro, que puede ser muy poco corriente, pero es muy complejo, con muchos átomos, mucha material. En los universos vacíos pasan pocas cosas”, responde Bouso. En esto esta de acuerdo Banks: “Tendrían valores diferentes de parámetros fundamentes, como la Constante de Hubble, no habría organismos vivos, tal vez contendrían algunos agujeros negros… pero serían universos poco interesantes”. Y los habría de tamaños muy diferentes, apunta Ibáñez.

“Otros universos no tienen por qué ser como el nuestro, podrían ser completamente extraños, con otro tipo de elementos químicos, sin la materia habitual nuestra, sin vida, o con una vida diferente”, dice Ibáñez.

En la opción de visitas de un cosmos a otro las respuestas coinciden. “No, absolutamente no”, dice Banks. “No, no podríamos ir, ni verlos tampoco”, señala Randall. “No imposible”, añade Ibáñez.

Tal veces los peces oceánicos que Bouso sacó a relucir al principio nunca puedan ver la tierra firme, ni las montañas, ni las nubes del cielo, pero el saber que existen, el comprender como con las cosas, ya es muy importante. “La teoría que predice los multiversos es interesante porque explica cosas que otras no hacen, como por qué el vacío tiene tan poca energía…”, dice Bouso. “Lo que queremos es una teoría que explique nuestro universo, no necesitamos otros, pero la verdad es que muchos de estos modelos con los que trabajamos permiten el multiverso, aunque yo diría que la mayoría de los físicos teóricos no están trabajando en estas cosas”, matiza Banks.

Alan Guth, uno de los padres de la teoría de la inflación cósmica, que ha participado en el encuentro de Madrid, concluyó su charla inaugural con una irónica y original muestra de posturas de grandes físicos acerca de los cosmos múltiples: “Martn Rees, Astrónomo Real Británico, dice que tiene suficiente confianza en la existencia del multiverso como para apostar la vida de su perro; Andrei Linde, profesor de la Universidad de Stanford, apuesta su vida a favor y Steven Weinberg, Premio Nobel de Física en 1979, afirma que tiene suficiente confianza en los multiversos como para apostar las dos vidas: la de Linde y la del perro de Rees”.

Hasta aquí el artículo publicaso por el Pais.

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No en pocas ocasiones, en trabajos diversos, aquí mismo en este blog hemos tocado el tema de los multiversos o universos paralelos, en los que unos podrían estar “vivos” como el nuestro y otros, haber nacidos “muertos”, carente de vida y en el que, la materia tal como la conocemos no existiría y las constantes universales darían lugar a otra física que la que conocemos en el nuestro.

Lo cierto es, amigos míos, que leyendo la discusión y las distintas ideas de los científicos presentes en la reunión de Madrid para hablar sobre el posible Multiverso, la única conclusión a la que podemos llegar es la de que, ellos, los científicos, están tan perdidos como lo estamos nosotros y, hablan y comentan sobre lo que no saben. Así que todo son especulaciones y teorías de lo que podría ser.

La carga que llevamos a cuesta sobre nuestros débiles hombros… ¡Se llama ignorancia! Tendrán que pasar muchos, muchos, muchos años para que, cuestiones como esa de los multiversos, agujeros negros, teoría de cuerdas  y gravedad cuántica, sean comentadas con algo de rigor científico, y, mientras tanto… ¡A especular!

Publica: emilio silvera