jueves, 21 de marzo del 2019 Fecha
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Catástrofes naturales

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Un meteorito fragmentado podría haber creado un cambio drástico en el clima hace 12.800 millones de años

Un meteorito fragmentado podría haber creado un cambio drástico en el clima hace 12.800 millones de años – UC SANTA BÁRBARA

Hallan pruebas de que un meteorito provocó un cataclismo en nuestro planeta hace ahora 12.800 años. Un estudio apoya con nuevas pruebas y evidencias claras que un cometa fragmentado se estrelló causando cambios climáticos rápidos, extinciones megafaunales, disminución repentina de la población humana y cambios culturales e incendios forestales generalizados y devastadores.

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La teoría del Dryas Reciente o Joven Dryas (Younger Dryas en inglés) apunta a un repentino enfriamiento del planeta, sobre todo el hemisferio norte, que dio lugar a una especie de cataclismo vegetal, animal y humano hace unos 12.800 años. Algunas teorías sostienen que este cambio se debió a la caída de un meteorito, aunque el problema de esta hipótesis es que los científicos no han podido comprobar que este impacto, cuyos rastros solo han podido ser registrados en Norteamérica, tuviera consecuencias a escala global. Sin embargo, el cráter descubierto en Groenlandia en 2015 volvió a reabrir la idea. Y ahora un nuevo estudio afirma haber encontrado más restos de este supuesto meteorito fragmentado en Chile, lo que podría significar una destrucción masiva en el hemisferio sur de bosques por el fuego, cambio climático, reducción drástica de la población humana y extinción de megafauna en todo el planeta.

El nuevo descubrimiento de pruebas geológicas y palentológicas concluyentes también en el hemisferio sur, descrito en la revista « Nature Scientific Reports», ha correspondido a un equipo liderado por el paleontólogo chileno Mario Pino, con presencia del profesor emérito de la Universidad de California Santa Bárbara James Kenett. «Es mucho más extremo de lo que pensé cuando comencé esta investigación. Cuanto más trabajo hacemos, más intenso parece», afirma Kennet.

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La caída de un fragmento de un cometa puede causar grandes estragos

«Hemos identificado la capa YDB (correspondiente al impacto Younger Dryas) en latitudes altas en el hemisferio sur a cerca de 41 grados al sur, cerca de la punta de América del Sur. La gran mayoría de las pruebas hasta la fecha se han encontrado en el hemisferio norte», apunta el investigador. La investigación comenzó hace varios años cuando un grupo de científicos chilenos que estudian capas de sedimentos en Pilauco Bajo, un sitio paleontológico y arqueológico del Cuaternario muy conocido, reconoció cambios asociados con el evento de impacto. Incluían una capa de «estera negra», de 12.800 años de edad, que coincide con la desaparición de los fósiles de megafauna del Pleistoceno de América del Sur, un cambio abrupto en la vegetación regional y la desaparición de artefactos humanos.

Profundos análisis

 

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Para demostrar que estos rastros estaban relacionados con los eventos descritos en Norteamérica y Europa Occidental, se analizaron análisis profundos del terreno. Así se encontró presencia de esférulas microscópicas interpretadas como formadas por fusión debido a las temperaturas extremadamente altas asociadas con el impacto. La capa que contiene estas esferas también muestra concentraciones máximas de platino y oro, y las partículas de hierro nativo rara vez se encuentran en la naturaleza.

Estudios anteriores ya habían revelado una «interrupción ambiental muy grande a unos 40 grados al sur». Estos incluyeron un gran evento de quema de biomasa evidenciado, entre otras cosas, por micro-carbón y signos de quema en muestras de polen recolectadas en la capa de impacto. «Es, con mucho, el evento de fuego más grande en esta región que vemos en el registro que abarca miles de años», dijo Kennett. Además, continuó, la quema coincide con el calendario de los principales eventos de fuego relacionados con el Joven Dryas en otros continentes.

Norte helado, sur infernal

 

 

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Por otro lado, las capas sedimentarias en Pilauco contienen un valioso registro de polen y semillas que muestran un cambio en el carácter de la vegetación regional, evidencia de un clima cambiante. Sin embargo, al contrario de lo ocurrido en el hemisferio norte donde se dio el frío y las lluvias asolaron el planeta, en el sur ocurrió justo lo contrario: el ambiente se volvió un infierno. «Los conjuntos de plantas indican que hubo un cambio abrupto y mayor en la vegetación de las condiciones húmedas y frías en Pilauco a las condiciones cálidas y secas», afirma Kennett. Según el científico, los cinturones climáticos zonales atmosféricos se movieron «como un balancín», con un mecanismo sinérgico, que trajo el calentamiento al hemisferio sur incluso cuando el hemisferio norte experimentó enfriamiento y expansión del hielo marino.

La distancia de este lugar, a 6.000 kilómetros del sitio más al sur estudiado de Suramérica, y su correlación con los muchos sitios del hemisferio norte «amplían en gran medida la magnitud del evento de impacto de Young Dryas», sentencia Kennett.

Andrómeda y la Vía Láctea… ¿Se casarán?

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Catástrofes Naturales    ~    Comentarios Comments (0)

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Recreación del choque de Andrómeda contra nuestra galaxia, según se creía hasta ahora

Recreación del choque de Andrómeda contra nuestra galaxia, según se creía hasta ahora – NASA, ESA, Z. Levay and R. van der Marel (STScI), T. Hallas, and A. Mellinger

¡Por fín sabemos cuándo Andrómeda chocará con la Vía Láctea. Será 600 Millones de años más tarde de lo que se creía y de refilón

 

 

Los astrónomos sospechan desde hace tiempo que la Vía Láctea, nuestra galaxia, y su vecina más cercana, Andrómeda, chocarán irremediablemente. Una brutal colisión que cambiará para siempre el aspecto del cielo. Pero quizás sea diferente a cómo se creía hasta ahora. A partir de los datos del satélite Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA), los investigadores han llegado a la conclusión de que nuestra vecina nos tocará de refilón en vez de colisionar de frente. Además, esto no sucederá en 3.900 millones de años, como se suponía, sino en 4.500 millones: unos 600 millones de años más tarde de lo previsto. El Universo nos concede algo más de tiempo.

Movimientos estelares en la galaxia de Andrómeda

 

 

 

Movimientos estelares en la galaxia de Andrómeda- ESA / Gaia (movimientos de estrellas); NASA / Galex (imagen de fondo); R. van der Marel, M. Fardal, J. Sahlmann (STScI)

El Grupo Local es un vasto conjunto de galaxias, entre las que se encuentra nuestra Vía Láctea, Andrómeda (M31) y la del Triángulo (M33), que conforman la mayor parte de la masa del grupo. Las dos galaxias espirales, con forma de disco, se hallan a una distancia de nosotros de entre 2,5 y 3 millones de años luz, y se encuentran lo bastante cerca entre sí como para interactuar.

Según explican los investigadores en la revista «The Astrophysical Journal», las órbitas de estas dos galaxias vecinas han ido cambiando a lo largo del tiempo. Había dos posibilidades: o bien la galaxia del Triángulo se encuentra en una órbita increíblemente larga, de 6.000 millones de años, alrededor de Andrómeda, pero ya ha caído en ella en el pasado, o bien esta es la primera vez que lo está haciendo. Cada escenario refleja un trayecto orbital distinto, que implicaría una historia de formación y un futuro diferente para cada galaxia.

El movimiento de las estrellas

 

 

Grupo Local de galaxias

 

Mientras que el telescopio espacial Hubble ha obtenido la vista más nítida jamás lograda de Andrómeda y el Triángulo, Gaia está cumpliendo otra misión: medir la posición individual y el movimiento de muchas de sus estrellas con una precisión inédita.

«Hemos rastreado los datos de Gaia e identificado miles de estrellas en las dos galaxias, para después estudiar su movimiento dentro de estas», apunta Mark Farda, del Instituto de Ciencia sobre Telescopios Espaciales (STScI) de Baltimore (Estados Unidos) y coautor del estudio. «Aunque el principal objetivo de Gaia es estudiar la Vía Láctea, es lo bastante potente como para detectar estrellas especialmente brillantes y masivas en regiones cercanas de formación estelar, incluso en galaxias más allá de la nuestra», añade.

Los movimientos estelares medidos por Gaia no solo muestran el desplazamiento por el espacio de estas galaxias, sino también cómo cada una de ellas rota sobre su propio eje. Hace un siglo, cuando los astrónomos empezaron a comprender la naturaleza de las galaxias, la medición de su rotación era imposible con los telescopios disponibles en aquel momento.

Movimientos futuros de las galaxias Vía Láctea, Andrómeda y Triángulo

 

 

Movimientos futuros de las galaxias Vía Láctea, Andrómeda y Triángulo – E. Patel, G. Besla (Universidad de Arizona), R. van der Marel (STScI); Imágenes: ESA (Vía Láctea); ESA / Gaia / DPAC (M31, M33)

Ahora, por primera vez, los investigadores han podido medir la rotación de M31 y M33 en el firmamento. «Los astrónomos solían ver las galaxias como mundos agrupados que no podían constituir ‘islas’ independientes, pero ahora sabemos que no es así. Hemos necesitado 100 años y contar con Gaia para poder medir la minúscula velocidad de rotación real de nuestra vecina galáctica, M31. Esto nos va a ayudar a conocer mejor la naturaleza de las galaxias», afirma Roeland van der Marel, del Instituto de Ciencia sobre Telescopios Espaciales (STScI) de Baltimore (Estados Unidos), y autor principal del estudio del que se desprende esta información.

La ruta orbital

 

Resultado de imagen de el movimiento de Andrómeda y el Triángulo a través del espacio

 

Al combinar las observaciones existentes con el nuevo lanzamiento de datos de Gaia, los investigadores han podido determinar el movimiento de Andrómeda y el Triángulo a través del espacio, así como calcular la ruta orbital de cada galaxia tanto atrás como adelante en el tiempo durante miles de millones de años.

«Las velocidades encontradas muestran que M33 no puede hallarse en una larga órbita alrededor de M31 -advierte Ekta Patel, de la Universidad de Arizona (Estados Unidos) y coautor del estudio-. Todos nuestros modelos implican que M33 debe de estar empezando a caer en M31».

La vista más nítida de la galaxia del Triángulo

 

 

 

La vista más nítida de la galaxia del Triángulo- NASA, ESA, and M. Durbin, J. Dalcanton, and B. F. Williams (University of Washington)

Por ese motivo, a pesar de que la Vía Láctea y Andrómeda aún están destinadas a colisionar y fusionarse, es probable que tanto el momento como el grado de destrucción de esta interacción sea distinto de lo esperado. El movimiento de Andrómeda difiere en cierta medida de las estimaciones anteriores, así que, según las conclusiones del estudio, es muy posible que esta galaxia toque de refilón a la Vía Láctea, en lugar de chocar de frente. Esto ocurrirá en 4.500 millones de años, unos 600 millones de años más tarde de lo previsto.

Que se nos venga encima está inmensidad, aunque sea de “refilón”…. ¡Es un mal regalo! Algunos creían que sería antes pero, al parecer, el suceso está cercano al momento en el que nuestro Sol se convertirá en enana blanca… ¡Vaya dos acontecimientos!

Timo Prusti, científico del proyecto Gaia de la ESA, cree que este hallazgo es crucial para nuestra comprensión de la evolución e interacción de las galaxias. «Hemos visto fenómenos poco comunes tanto en M31 como en M33, como formas irregulares en flujos y colas de estrellas y gas. Si las galaxias no se han unido hasta ahora, estos fenómenos no pueden deberse a las fuerzas desencadenadas durante una fusión. Quizá se formaran por la interacción con otras galaxias, o mediante dinámicas de gas en el interior de las propias galaxias», señala.

Los investigadores esperan que las observaciones de Gaia ayuden a realizar mediciones cada vez más precisas sobre la estructura y las dinámicas de las galaxias más allá de la nuestra, con lo que podremos saber de algunos secretos profundamente escondidos.

Algún día pasará

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Un asteroide se acerca a la órbita de la Tierra

Un asteroide amenaza con impactar sobre la Tierra el 9 de septiembre

El astro en cuestión mide 40 metros y podría chocar contra la superficie terrestre a una velocidad de 44.000 kilómetros por hora.

Ahora está en manos de las Agencias Espaciales (sobre todo de la NASA) buscar la solución al problema que, de hacerse realidad pasará una factura demasiado grande a la HUmanidad.

 

Algo se destruye y muere para que algo nuevo surja a la vida

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La isla Hunga Tonga-Hunga Ha'apai , en el Pacífico sur, vista desde el aire

La isla Hunga Tonga-Hunga Ha’apai , en el Pacífico sur, vista desde el aire – NASA

Visitan la extraña Isla que la NASA vio surgir de la nada hace cuatro años. La expedición ha descubierto que Hung Tonga-Hunga Ha’apai, en el Pacífico Sur, es diferente a lo que mostraban los satélites.

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Así vieron la erupción desde el Espacio

 

 

 

 

 

 

En diciembre de 2014, un volcán submarino en el Reino de Tonga, en el Pacífico sur, estalló escupiendo al aire una enorme cantidad de rocas, cenizas y vapor. Los satélites captaron una nube de material de 30.000 pies de altitud (9 km) que obligó a desviar el tráfico aéreo en la zona. Unas semanas más tarde, en enero de 2015, esas cenizas se asentaron dando lugar a una nueva isla con una cumbre de 120 metros. La isla nació en medio de otras dos más antiguas y fue bautizada como Hunga Tonga-Hunga Ha’apai por el nombre combinado de sus vecinas. Casi cuatro años después, una expedición científica ha viajado a ese extraño mundo efímero y ha descubierto que es algo diferente a lo que se percibía en las imágenes satelitales.

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La «isla bebé» de Tonga es bastante inusual. Es la tercera originada por erupción en los últimos 150 años que ha sobrevivido a la erosión de las olas del océano más de unos pocos meses. La mayoría desaparecen muy pronto, pero los investigadores creen que esta podrá durar entre seis y 30 años. Además, resulta fascinante porque su formación puede dar pistas sobre cómo los paisajes volcánicos interactuaban con el agua en el antiguo Marte.

La nueva isla volcánica (centro) vista desde un dron

La nueva isla volcánica (centro) vista desde un dron – Woods Hole

Dan Slayback, del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, es uno de los investigadores que ha estado observando la nueva isla desde su nacimiento. Su objetivo es tratar de hacer un modelo 3D de su forma y volumen a medida que cambia con el tiempo para comprender cómo consigue ser tan resistente a la erosión del océano. Pero las imágenes de satélite no podían contarle todo, así que se embarcó en una expedición para ver la isla con sus propios ojos, explican en un blog de la NASA.

A su llegada el pasado octubre el científico se encontró con algo inesperado. La isla resultó ser algo diferente a lo que creía. Las observaciones satelitales parecían mostrar que en su lado sur tenía playas poco profundas donde poder atracar. Sin embargo, las calas resultaron ser demasiado empinadas y las olas demasiado grandes para llegar con facilidad. Por este motivo, el equipo navegó por la costa del norte más tranquila y tomó mediciones GPS de la ubicación y elevación de rocas y otras formaciones erosivas visibles en la imagen del satélite.

Origen desconcertante

 

 

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«Todos parecíamos niños mareados», afirma Slayback sobre su visita. Pronto se dieron cuenta de que el terreno, cubierto por una molesta grava negra que les hacía daño al caminar, no era tan plano como parecía por satélite. También les llamó la atención la arcilla que sale del cono, de color claro y pegajosa. «No sabíamos realmente qué era, y todavía me desconcierta de dónde viene. Porque no es ceniza», señala. Además, los investigadores pudieron observar cómo la vegetación ha comenzado a echar raíces en el istmo que conecta la isla con su vecina, y los parches probablemente sembrados por excrementos de aves en el flanco del cono volcánico. Una lechuza hizo una aparición sorpresa (probablemente llegó de una de las islas más antiguas y con vegetación) y también pudieron verse cientos de charranes que se habían refugiado en los acantilados que rodean el lago del cráter.

Vegetación en el istmo plano de Hunga Tonga-Hunga Ha'apai. El cono volcánico está en el fondo

Vegetación en el istmo plano de Hunga Tonga-Hunga Ha’apai. El cono volcánico está en el fondo – Dan Slayback. Al final de la catástrofe la vida surge imparable.

Toda la isla se derrumba

 

Utilizando una unidad de GPS de alta precisión, los investigadores tomaron alrededor de 150 mediciones para tratar de averiguar cuál es la auténtica elevación de la isla. «Realmente me sorprendió lo valioso que era estar allí en persona para esto», explica Slayback. Una característica que resultó reveladora fueron los profundos barrancos de erosión que corren por el lado del cono volcánico. «La isla se está erosionando por la lluvia mucho más rápido de lo que había imaginado. Nos centramos en la erosión en la costa sur, donde las olas se están derrumbando, lo que está sucediendo. Pero toda la isla está cayendo. Es otro aspecto que queda muy claro cuando estás parado frente a estos enormes barrancos. Bueno, esto no estaba aquí hace tres años, y ahora tiene dos metros de profundidad», señala.

Los acantilados del lago del cráter

Los acantilados del lago del cráter – Dan Slayback

De vuelta en Goddard, los investigadores está procesando los nuevos datos y desarrollando un modelo 3D más realista de la isla, que usarán para averiguar su volumen y la cantidad de ceniza y material volcánico que brotó del respiradero a lo largo del borde de la caldera submarina abajo. Todavía quedan grandes preguntas, por ejemplo, cómo se ve el fondo marino poco profundo alrededor de la isla y si los procesos hidrotérmicos pueden solidificar el material y permitirle resistir la erosión durante las próximas décadas. Slayback espera volver el próximo año para encontrar más respuestas

Dan Slayback, en la playa de Hunga Tonga-Hunga Ha'apai

Dan Slayback, en la playa de Hunga Tonga-Hunga H

Fuera de reportaje habrá que decir que, siempre ha sido de la misma manera: Las erupciones volcánicas han destruído y, al mismo tiempo, han creado cosas y vida nueva.

Fuente: Noticias de la NASA

 

Suceso Inquietante

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Antártida:

 

 

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La NASA descubre un inmenso hueco que crece a un ritmo explosivo en el Glacia Thwaites

 

 

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La enorme cavidad de 350 metros de altura se detectó en el glaciar Thwaites, en el oeste del continente helado. El tamaño del hueco puede tener un papel crucial en la aceleración del aumento del nivel del mar.

El glaciar Thwaites, en el oeste de la Antártica, es considerado uno de los más inestables del continente helado. Foto: NASA vía BBC.

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Los científicos de la agencia estadounidense hallaron una cavidad gigantesca que crece a “un ritmo explosivo” en el fondo del glaciar Thwaites, en el oeste de la Antártica.

El hueco tiene 350 metros de altura, 4 km de ancho y 10 km de longitud, y se estima que contuvo en su interior 14 mil millones de toneladas de hielo.

La enorme fisura es un indicio de que la masa del glaciar se está desintegrando y podría causar un aumento en el nivel del mar más rápido de lo que se esperaba.

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“El tamaño de la cavidad bajo un glaciar juega un papel importante en su derretimiento”, explicó Pietro Millilo, investigador del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA (JPL por sus siglas en inglés).

Cuanto más agua y calor penetren bajo el glaciar, más rápido se derretirá“, agregó Millilo, autor principal del estudio publicado en la revista Science Advances.

Aumento del nivel del mar

 

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El glaciar Thwaites tiene un tamaño similar al estado de Florida (cerca de 170.000 km cuadrados) y es responsable actualmente de cerca del 4% del aumento en el nivel del mar a nivel global.

Si todo el glaciar se derritiera, el nivel del agua aumentaría unos 65 centímetros.

Pero su colapso afectaría a su vez a otros glaciares que, al derretirse por completo, incrementarían el nivel del océano otros 2,4 metros.

Entre los años 1900 y 2016, el nivel del mar ha subido entre 16 y 21 cm.

Como dedos por debajo del glaciar

Thwaites es uno de los glaciares más vulnerables de la Antártica y los científicos buscan comprender los mecanismos que explican sus cambios.

Mapa del glaciar Thwaites

 

 

 

 

La zona en rojo en el centro de la imagen muestra el sitio de la cavidad en el fondo del glaciar. Imagen: P. MILLILO ET AL vía  BBC. 

Un factor clave es determinar la frontera o línea en la que el glaciar deja de estar sobre roca firme y pasa a flotar sobre el océano.

De la misma forma en que un buque encallado puede volver a flotar cuando se retira su carga, un glaciar que pierde hielo puede flotar sobre la roca a la que estaba antes sujeta, explicó la NASA en un comunicado.

 

 

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Entonces la frontera retrocede, exponiendo parte del fondo del glaciar al agua.

“En la parte este del glaciar, esa frontera está compuesta por canales de un km de ancho, que actúan como dedos que se van extendiendo por debajo del glaciar para derretirlo desde el fondo“, señaló Millilo.

Sensores en focas

 

 

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“Sospechábamos desde hace años que el glaciar Thwaites no estaba sujeto firmemente a la roca subyacente”, afirmó Eric Rignot, investigador de la NASA y otro de los autores del estudio.

“Y gracias a una nueva generación de satélites, podemos finalmente ver lo que está ocurriendo en detalle”.

La cavidad fue revelada mediante radares que penetran el hielo con sus señales y son parte de la operación IceBridge (“Puente de Hielo”) de la NASA, que estudia las conexiones entre las regiones polares y el clima global.

Glaciar Thwaites

 

 

 

 

La cavidad en el glaciar Thwaites tiene 350 metros de altura, 4 km de ancho y 10 km de longitud. Foto: NASA vía BBC. 

 

 

 

 

La NASA señaló que el glaciar Thwaites es uno de los lugares más difíciles de alcanzar en la Tierra, el cual desde este año está siendo investigado por científicos de Estados Unidos y Reino Unido.

La iniciativa, denominada Colaboración Internacional del Glaciar Thwaites, durará cinco años y es la mayor misión conjunta entre ambos países en la Antártica en más de 70 años.

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Los científicos usarán vehículos autónomos sumergibles y fijarán sensores en focas para estudiar las condiciones oceánicas cerca del glaciar.

Aceleramiento

 

Resultado de imagen de La Antártica en su conjunto está perdiendo hielo a un ritmo seis veces más rápido que hace cuatro décadasResultado de imagen de La Antártica en su conjunto está perdiendo hielo a un ritmo seis veces más rápido que hace cuatro décadas

 

Inmensos bloques de hielo se desprenden del macizo y terminan diluyéndose en agua

 

La Antártica en su conjunto está perdiendo hielo a un ritmo seis veces más rápido que hace cuatro décadas, según un estudio publicado por la NASA en la revista de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, Proceedings of the National Academy of Sciencies.

El continente helado perdió cerca de 40 mil millones de toneladas de hielo cada año entre 1979 y 1989.

Pero esa cifra subió a cerca de 252 mil millones de toneladas de hielo anuales a partir de 2009, según el estudio.

Nota: Estos sucesos son de una importancia capital y, de seguir por ese camino sin que busquemos algún remedio… ¡Las cosas se podrían poner algo feas!