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Los problemas del “Tiempo” que vivimos

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Qué es el coronavirus Covid-19 o neumonía de Wuhan y cómo se contagiaCoronavirus China: análisis de la censura a los medios

La Pandemia que nos invade lo ha trastocado todo, y, de alguna manera, incide en la normalidad cotidiana de nuestras vidas y del día a día. Tampoco éste lugar ha sido ajeno al momento y, durante unos días, hemos estado fuera de onda, el suministro de la Base de Internet (que tenemos que abonar todos los años), dejó de asistirnos por no poder hacer el ingreso de su compra a tiempo.

Una vez restablecido el Servicio, sólo nos queda pedir disculpas al visitante habitual.

Gracias.

 

Y surgió el Sistema Solar

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Hace 4600 millones de años…

Tenemos que remontarnos a hace aproximadamente 4600 millones de años cuando a partir de una nube molecular de gas y polvo se empezó a formar lo que hoy conocemos como Sistema Solar. El detonante que hizo que la nube molecular colapsara dando origen a nuestro Sistema Solar pudo ser producido por la explosión de una supernova cercana que envió una onda expansiva de gases calientes que se topó con la nube provocando su colapso. Sería una explicación del colapso que fue necesario para la formación del sistema Solar, pero solo es una hipótesis y actualmente se sigue investigando en ello.

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En el caso de nuestro Sistema Solar las inestabilidades gravitacionales provocaron el colapso de la nube molecular y comenzó la formación del Sistema Solar actual. La mayor parte del momento angular estaba en la zona periférica al centro de la nube lo que evitó el colapso sobre el protosol que estaba en su centro, en los alrededores del Sol la materia giraría más deprisa que al principio del colapso. La zona central tenía una enorme temperatura, mucha densidad y además se producían procesos muy intensos como, turbulencias o colisiones. Estos procesos tan intensos provocaron que los elementos pesados estuvieran más presentes en el centro de la nube y los elementos más ligeros más alejados del centro. Por tanto en la zona cercana al protosol se formarían los planetas rocosos. A partir de unos 20 UA[1] la presencia de elementos ligeros sería más abundante lo que permitiría la formación de los planetas gaseosos y helados.

El proceso de formación de los planetas se debió a procesos de acreción de material, lo que se denomina acrecimiento. Debido a la inestabilidad gravitacional de la nube se formarían aglomeraciones de materia de forma aleatoria y asimétrica, esto instaría a colapsos de trozos de la nube. Los trozos más grandes tendrían la masa suficiente para empezar a retener material, este material serían pequeños granos de polvo o hielo que colisionando a baja gravedad irían formando trozos más grandes, y formando finalmente planetesimales. Los trozos más pequeños que los planetesimales no ejercen suficiente atracción gravitatoria como para agregar otras partículas se agregarían entonces a partir de fuerzas intermoleculares del tipo Van der Valls.

Además se produce lo que se denomina un movimiento browniano, este movimiento browniano es un movimiento aleatorio que se produce cuando las pequeñas superficies son bombardeadas por partículas del fluido sometidas a una alta agitación térmica.

Las perturbaciones entre los protoplanetas y Júpiter, dieron lugar a colisiones y a la excitación dinámica de poblaciones de pequeños cuerpos que aún no habían sido acretados por los protoplanetas. Esta excitación provocó que los asteroides localizados cerca de Júpiter sufrieran un aumento de sus velocidades orbitales relativas, llevando a la fragmentación de los mismos cuando se producía una colisión y evitando la aglomeración en objetos de mayor tamaño. Así se formó el actual Cinturón principal de asteroides entre Marte y Júpiter.

Después de 600 millones de años tras la formación inicial del sistema solar Júpiter y Saturno entraron en resonancia 2:1 en ese momento se produjo una situación de desestabilización que provocó que fueran afectadas las órbitas de Urano y Neptuno, que llegarían incluso a intercambiar sus posiciones respecto al sol, es lo que determina el Modelo de Niza.

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Esas interacciones gravitatorias provocaron un barrido de la población externa de planetesimales helados, que se quedarían en la zona que actualmente llamamos cinturón de Kuiper o región de objetos Trans-Neptunianos (TNOs). Provocando además mezclas de cuerpos con diferentes composiciones entre la zona externa del CP y entre los asteroides Troyanos de Júpiter.

Una parte de los planetesimales que sobrevivieron a estas colisiones a lo largo de la formación del sistema solar los encontramos hoy en día orbitando en torno al Sol, son los asteroides y los cometas, por tanto son Reliquias de la formación del Sistema Solar.

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Todo un conjunto de billones de objetos que hacen de nuestro Sistema Solar un sistema muy complejo y sobretodo… fascinante

Seguimos avanzando

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El Moho del Limo Ayuda a Mapear la Materia Oscura que Mantiene Unido el Universo

12/3/2020
El Moho del Limo Ayuda a Mapear la Materia Oscura que Mantiene Unido el Universo
Los astrónomos se han vuelto creativos al tratar de rastrear la elusiva red cósmica, la columna vertebral a gran escala del cosmos. Los investigadores recurrieron al moho del limo, un organismo unicelular que se encuentra en la Tierra, para ayudarlos a construir un mapa de los filamentos en el universo local (a menos de 500 millones de años luz de la Tierra) y encontrar el gas dentro de ellos. Image Credit: NASA, ESA, y J. Burchett and O. Elek (UC Santa Cruz)
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El comportamiento de una de las criaturas más humildes de la naturaleza está ayudando a los astrónomos a explorar las estructuras más grandes del universo.

El organismo unicelular, conocido como moho del limo (Physarum polycephalum), construye redes filamentosas complejas en busca de alimento, encontrando vías casi óptimas para conectar diferentes ubicaciones. Al dar forma al universo, la gravedad construye una vasta estructura de telarañas de filamentos que unen galaxias y cúmulos de galaxias a lo largo de puentes débiles de cientos de millones de años luz. Hay una extraña semejanza entre las dos redes: una creada por la evolución biológica y la otra por la fuerza de gravedad primordial.

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La red cósmica es la columna vertebral a gran escala del cosmos, que consiste principalmente en la misteriosa sustancia conocida como materia oscura y unida con gas, sobre la cual se construyen las galaxias. La materia oscura no se puede ver, pero constituye la mayor parte del material del universo. La existencia de una estructura similar a una red en el universo se insinuó por primera vez en la Encuesta Redshift de 1985 realizada en el Centro Harvard-Smithsoniano de Astrofísica. Desde esos estudios, la gran escala de esta estructura filamentosa ha crecido en estudios posteriores del cielo. Los filamentos forman los límites entre grandes vacíos en el universo.

Resultado de imagen de La red cósmica

Pero los astrónomos han tenido dificultades para encontrar estos escurridizos hilos, porque el gas es tan oscuro que es difícil de detectar. Ahora, un equipo de investigadores ha recurrido al moho del limo para ayudarlos a construir un mapa de los filamentos en el universo local (a menos de 500 millones de años luz de la Tierra) y encontrar el gas dentro de ellos.

Diseñaron un algoritmo informático, inspirado en el comportamiento del moho del limo, y lo probaron contra una simulación por ordenador del crecimiento de filamentos de materia oscura en el universo. Un algoritmo de ordenador es similar a una receta que le dice al ordenador exactamente qué pasos tomar para resolver un problema.

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Luego, los investigadores aplicaron el algoritmo del molde de limo a los datos que contienen las ubicaciones de 37.000 galaxias mapeadas por el Sloan Digital Sky Survey a distancias correspondientes a 300 millones de años luz. El algoritmo produjo un mapa tridimensional de la estructura cósmica subyacente.

Luego analizaron la luz ultravioleta de 350 quásares (a distancias mucho más lejanas, de miles de millones de años luz) catalogada en el Archivo del Legado Espectroscópico del Hubble, que contiene los datos de los espectrógrafos del Telescopio Espacial Hubble de la NASA. Estas lejanas linternas cósmicas son los brillantes núcleos de galaxias activas alimentadas por agujeros negros, cuya luz brilla a través del espacio y a través de la red cósmica en primer plano. Impresa en esa luz estaba la firma reveladora de la absorción de gas de hidrógeno no detectado de otra manera que el equipo analizó en puntos específicos a lo largo de los filamentos. Estas ubicaciones objetivo están lejos de las galaxias, lo que permitió al equipo de investigación vincular el gas a la estructura a gran escala del universo.

Resultado de imagen de El Moho del LimoResultado de imagen de El Moho del Limo

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“Es realmente fascinante que una de las formas de vida más simples realmente permita conocer las estructuras de mayor escala en el universo”, dijo el investigador principal Joseph Burchett, de la Universidad de California (UC), Santa Cruz. “Al utilizar la simulación del molde de limo para encontrar la ubicación de los filamentos de la red cósmica, incluidos los que están lejos de las galaxias, podríamos utilizar los datos de archivo del Telescopio Espacial Hubble para detectar y determinar la densidad del gas frío en las afueras de esos filamentos invisibles. Los científicos han detectado firmas de este gas durante varias décadas, y hemos demostrado la expectativa teórica de que este gas comprende la red cósmica”.

Actualizado: 12/3/2020

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DESI: la máquina de 5.000 ojos que mapeará el universo y la materia oscura

SERVIMEDIA

  • El telescopio pesa 260 toneladas y su espejo principal tiene cuatro metros de diámetro.
  • Permitirá medir 5.000 galaxias cada 20 minutos.

 

Vista del plano focal de DESI, donde se aprecian los 5.000 posicionadores robóticos
Vista del plano de DESI, donde se ven los 5.000 posicionadores robóticos
DESI Collaboration

El Dark Energy Spectroscopic Instrument (DESI), un nuevo instrumento diseñado para cartografiar con precisión el universo, empieza su etapa final de pruebas. En él participan varias organizaciones españolas, como el Institut de Física d’Altes Energies, el Instituto de Ciencias del Espacio, el Institut d’Estudis Espacials de Catalunya, el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat) y el Instituto de Física Teórica.

Según subraya el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en una nota, este nuevo instrumento instalado en un telescopio en Arizona (Estados Unidos) y que observará una cifra récord de galaxias y cuásares, hizo su primera observación de luz al apuntar sus 5.000 ‘ojos’ de fibra óptica hacia el cosmos la noche del 23 al 24 de octubre de 2019 para poner a prueba su visión única del universo.

El instrumento está diseñado para explorar el misterio de la energía oscura, que constituye aproximadamente el 68% del universo y que es responsable de su expansión acelerada. Para ello, DESI observará durante cinco años un tercio del cielo con el objetivo de mapear la distancia entre la Tierra y 35 millones de galaxias, más otros 2,4 millones de cuásares. El instrumento iniciará las observaciones científicas a principios de 2020.

Como si fuera una poderosa máquina del tiempo, DESI indagará en la infancia del universo y su evolución temprana (hace unos 11 mil millones de años) para crear el mapa tridimensional más detallado del universo hecho hasta la fecha.

Mapear el tiempo

DESI también proporcionará medidas de la velocidad de expansión del universo y de cómo ésta ha variado en el tiempo. La gravedad ralentizaba esta expansión en el universo primitivo pero, desde entonces, la acción de la energía oscura ha sido responsable de acelerar su expansión.

DESI está diseñado para apuntar automáticamente a conjuntos de galaxias preseleccionados y recolectar su luz para luego dispersarla en bandas estrechas de color. Esto permitirá determinar con gran precisión la velocidad con la que las galaxias se alejan de nosotros, conocer su distancia a la Tierra y medir cuánto se expandió el universo a medida que esta luz viajaba hasta nosotros. En condiciones ideales, DESI puede medir un nuevo conjunto de 5.000 galaxias cada 20 minutos.

La colaboración DESI cuenta con la participación de unos 500 investigadores de 75 instituciones en 13 países. En los últimos 18 meses, los componentes del instrumento se enviaron desde estas instituciones, repartidas por todo el mundo, al telescopio Nicholas U. Mayall, del Kitt Peak National Observatory en Tucson, Arizona, donde se han instalado.

Características del instrumento

El espejo primario del instrumento, de cuatro metros de diámetro, y el conjunto de lentes correctoras, de cerca de un metro de diámetro cada una, proporcionan a DESI un gran campo de visión. El plano focal del instrumento está compuesto por 10 pétalos en forma de cuña, cada uno de los cuales contiene 500 posicionadores robóticos y una pequeña cámara que permite enfocar, alinear y apuntar el telescopio para recoger la luz de las galaxias de forma óptima. Los pequeños robots posicionadores, que sostienen cada una de las fibras ópticas que recogen la luz, sirven como los ojos de DESI.

DESI es capaz, en tan solo 10 segundos, de reposicionar automáticamente todas las fibras ópticas y enfocar un nuevo conjunto de galaxias. Gracias a esta velocidad podrá mapear más de 20 veces más objetos cósmicos que cualquier instrumento anterior.

“DESI no solamente contribuirá a mejorar de manera sustancial nuestro entendimiento de la energía oscura, sino que también supondrá nuevo conocimiento acerca de los neutrinos, las partículas más esquivas conocidas, porque es capaz de medir su influencia en la evolución del universo”, matiza Eusebio Sánchez, el investigador principal de DESI en el Ciemat.

Entre los últimos componentes instalados está el conjunto de espectrógrafos que permiten que los ojos robóticos de DESI “vean” incluso galaxias lejanas y débiles. “La posibilidad de poder observar tantas galaxias simultáneamente y medir su distancia obteniendo su espectro, ha necesitado de un desarrollo tecnológico para poder producir un instrumento de tan alta precisión”, añadió Francisco Castander, como investigador principal del ICE.

Participación española

La contribución instrumental a DESI del Barcelona-Madrid Regional Participation Group, formado por investigadores del IFAE, el ICE-CSIC, el IEEC, el Ciemat y el IFT-UAM, ha sido el diseño, la construcción y la instalación del sistema completo de guiado, enfoque y alineamiento del telescopio (GFA, por Guiding, Focusing and Alignment system). El ICE y el IEEC han liderado la producción del software para poder apuntar todo el instrumento adecuadamente.

“Poder apuntar un telescopio que pesa 260 toneladas con una precisión de micras, con nuestras cámaras y el software que hemos desarrollado supone una inmensa satisfacción”, concluye Santiago Serrano, ingeniero del ICE y el IEEC.

Es nuestro destino: Siempre buscando respuestas

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 En busca del primer hijo entre neandertales y sapiens.

 

Un cráneo humano hallado en Israel demuestra que ambas especies vivían a apenas 40 kilómetros y compartieron la misma zona durante milenios.

 

            El cráneo humano de hace 55.000 años hallado en la cueva de Manot (Israel) / Nature

La evolución humana es como una película censurada: alguien parece haber cortado los mejores trozos. En uno de ellos, nuestra especie tiene hijos con otra. Se trataba de los neandertales y, decenas de miles de años después, seguimos sin conocer todos los detalles de lo que pasó.

Ahora, un nuevo fósil hallado en la cueva de Manot, al norte de en Israel, permite rescatar unos cuantos fotogramas perdidos de esa película que cuenta quiénes somos. Se trata de la parte superior de un cráneo y las imágenes que se desprenden de su estudio muestran que ambas especies vivieron como cazadores nómadas muy cerca los unos de los otros posiblemente durante milenios. Aunque el fósil no aporta datos concluyentes, sus descubridores creen que este enclave bien pudo ser el escenario del cruce entre ambas especies e incluso especulan con que aquel individuo era uno de los primeros hijos entre sapiens y neandertales.

El profesor Hershkowitz muestra el cráneo de 55.000 años encontrado en una …

“Lo más excitante de este hallazgo es que se trata del primero y único humano moderno datado entre 60.000 y 50.000 años que se encuentra fuera de África”, explica a Materia el antropólogo Israel Hershkovitz, coautor del hallazgo. “Este es justo el tiempo en el que los modelos genéticos y arqueológicos dicen que surgieron los humanos modernos, los primeros antepasados de todas las poblaciones vivas actuales”, resalta. También es el periodo en el que, según los análisis genéticos, los sapiens africanos tuvieron hijos con los neandertales.

La cueva de Manot está a apenas 40 kilómetros de la cueva de Amud y a 54 kilómetros de la de Kebara, ambas habitadas por los neandertales en aquella época, resalta Hershkovitz. La calavera de Manot tiene unos 55.000 años con lo que “probablemente coincidieron en esta zona durante miles de años”, comenta el investigador.

Resultado de imagen de La cueva de Manos está a apenas 40 kilómetros de la cueva de Amud y a 54 kilómetros de la de Kebara,Resultado de imagen de La cueva de Manos está a apenas 40 kilómetros de la cueva de Amud y a 54 kilómetros de la de Kebara,

A partir de aquí, la película vuelve a cortarse. Hace 50.000 años, los neandertales de la zona desaparecen mientras los sapiens llegados de África seguían allí. Unos 5.000 años después estos comenzaron a moverse hacia Europa mientras la otra especie se precipitaba hacia la extinción completa, sin que se conozcan las causas.

¿Es este el cráneo de uno de los primeros híbridos neandertales y sapiens? Es una posibilidad, según el estudio firmado por Hershkovitz en Nature junto a otros 23 investigadores de Israel, EE UU, Alemania y Austria. La calavera presenta una morfología muy parecida a la de africanos actuales y también a la de restos fósiles de humanos modernos encontrados posteriormente en Europa. Esto refuerza la teoría de que ese individuo era descendiente de una oleada sapiens que salió del continente africano hace unos 70.000 años para asentarse por todo el mundo. El hecho de que sea más evolucionado que otros sapiens más primitivos hallados hace unos 100.000 años en la misma zona refuerza la teoría.

Guerras y ADN

Sin embargo, los investigadores advierten de que es imposible saber si estamos ante uno de los primeros hijos entre ambas especies analizando solo la forma del cráneo. La única forma de asegurarlo es analizando su ADN, algo que ya se han propuesto hacer, aunque no será tarea fácil debido a que el clima de esta zona bien ha podido destrozar todo el material genético. Los autores del estudio albergan algo de esperanza porque la entrada principal a la cueva quedó bloqueada hace 30.000 años y desde entonces ha sido como una “cápsula del tiempo” no perturbada por la presencia humana.

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El genetista español Carles Lalueza-Fox ofrece una opinión independiente del hallazgo. Este humano “podría ser un representante de la población que saliendo de África se hibridó con los neandertales, pero no un descendiente de dicho acontecimiento, ya que no muestra señales evidentes de neandertal”, opina.

Ahora, el problema del ADN amenaza con mantener la otra parte de esta y otras secuencias jugosas en negro durante mucho tiempo, según el experto. “Es una lastima que las condiciones térmicas de Oriente próximo no favorezcan la conservación del material genético porque hay diversos acontecimientos evolutivos en nuestra especie, como la salida de África, la hibridación con neandertales y el surgimiento de la agricultura que tienen lugar en esta zona geográfica”, explica Lalueza-Fox. Tampoco ayuda que las guerras estén devastando otros escenarios claves de la evolución humana como Siria o Irak.

Fuente: El Pais.