viernes, 23 de junio del 2017 Fecha
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La ciencia avanza

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Ciencia futura    ~    Comentarios Comments (0)

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Los grandes avances científicos que llegarán en 2017

Ocuparán un lugar central en el mundo de la ciencia el año que viene, según las revistas Science y Nature. Destaca la astronomía, la biomedicina y la física básica y aplicada

 

¿Un nuevo planeta en el Sistema Solar?

 

 

Representación artística del Planeta X, hipotético noveo planeta del Sistema Solar
Representación artística del Planeta X, hipotético noveo planeta del Sistema Solar- NASA
reportaje de  prensa

Según las prestigiosas revistas Science y Nature, 2017 será un año dominado por noticias de ciencia relacionadas con la astronomía, la física y la biomedicina.

Durante este año habrá más oportunidades para detectar por fin al hipotético Planeta X, un firme candidato a convertirse en el noveno planeta del Sistema Solar. Hasta ahora no se ha podido observar directamente a través de un telescopio, pero las evidencias apuntan a que este cuerpo tendría un tamaño parecido al de Neptuno y que estaría en una órbita muy lejana, que recorrería en 20.000 años terrestres.

Imagen relacionada

Su existencia se propuso en 2016 a partir de los efectos gravitacionales detectados sobre los cuerpos del cinturón de Kuiper, una región exterior de nuestro sistema planetario, pero se espera que pueda ser hallado en tres años.

Algunos incluso han sugerido que su presencia explicaría un ligero movimiento del Sistema Solar. También se ha propuesto que su actual posición podría deberse a un empujón gravitacional que le dio Júpiter en el pasado.

Al margen del Planeta X, la NASA lanzará un nuevo e importante satélite para buscar exoplanetas más allá del Sistema Solar, la misión «Transiting Exoplanet Survey Satellite» (TESS).

 

La ciencia que viene

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Así será el mundo en el año 2074: la inteligencia artificial habrá superado a la humana y la muerte será un pequeño problema técnico ya superado

 

Syfy estrena en España la serie «Incorporated» que plasma una sociedad que se mueve sin problema alguno en coches completamente autónomos, donde la biometría es el principal factor de verificación e identificación de las personas y donde los teléfonos inteligentes físicos ya no existen porque han evolucionado a «smartphones» holográficos. ¿Realidad o ficción?

Jose Luis Cordeiro y Javier Sirvent en el estreno de «Incorporated»

 

 

 

Jose Luis Cordeiro y Javier Sirvent en el estreno de «Incorporated» – ÁNGEL DE ANTONIO

 

 

 

El primer gran salto tecnológico debería producirse en 2020. Pero no será el único. En 2045, el mundo no tendrá nada que ver con el que ahora conocemos. Y en 2074, lo que nos parecía pura ciencia ficción de la mejor producción de Hollywood, será realidad. Agárrense porque vienen curvas.

Para hacernos una ligera idea de cómo será el mundo dentro de 57 años basta con ver «Incorporated». La serie, que esta noche estrena Syfy en España, plasma una sociedad que se mueve sin problema alguno en coches completamente autónomos, donde la biometría es el principal factor de verificación e identificación de las personas y donde los teléfonos inteligentes físicos ya no existen porque han evolucionado a «smartphones» holográficos. ¿Realidad o ficción?

«En muchas ocasiones, la ciencia ficción de hoy es la ciencia real de mañana», asegura José Luis Cordeiro, ingeniero y profesor fundador de la Singularity University en Silicon Valley. Se trata de una institución sobre las nuevas tecnologías que -supuestamente- van a cambiar a la humanidad y van a hacer que sea posible el mundo que el telespectador va a ver en «Incorporated».

Al fin y al cabo, muchas de las cosas que hemos visto en al ciencia ficción se han convertido en realidad. Tal y como recuerda Javier Sirvent, Technology Evangelist, Stanley Kubrick mostró en su filme «2001: Odisea en el espacio» (1968) lo que hoy son las tabletas, «gadgets» inimaginables hace 49 años. Y hay más ejemplos.

En «Regreso al Futuro II» (1989), Marty McFly viajaba al 21 de octubre del año 2015 en un monopatín volador que Lexus ya ha convertido en realidad, aunque de momento solo se trate de un prototipo que no se comercializa. Tampoco nadie se imaginaba, ni el mismo Martin Cooper, que el teléfono móvil evolucionaría a lo que hoy son los «smartphones». Por tanto, no parece descabellado pensar que el Hyperloop acabará siendo una realidad, al igual que los coches autónomos o que los cerebros humanos puedan conectarse, fusionar e interactuar con los ordenadores, tal y como pretende Elon Musk con su nueva empresa Neuralink.

Las compañías tecnológicas se están abriendo campo. La inteligencia artificial se ha convertido en la semilla de oro a explotar por parte de los principales gigantes. La integración entre el hombre y la máquina es cada vez mayor y la epigenética es una realidad de la que no se podrá escapar. Y todo con un objetivo: que la tecnología mejore las habilidades de las personas.

Pero el ejemplo más «extremo» está en Alphabet (Google). Una de sus empresas, Calico, se dedica a la investigación sobre la longevidad. «El objetivo de Calico es resolver un pequeño problema técnico llamado muerte», afirma Cordeiro. «Nosotros esperamos detener el proceso de envejecimientoen 20-30 años. Es decir, vamos a ver la muerte de la muerte», asevera el experto. «Esta es la generación más interesante para estar vivo -defiende- porque estamos en la división de la última generación humana mortal y la primera inmortal». Google es quien, de hecho, financia la Singularity University.

«Esto que estamos hablando no es ciencia ficción», apoya Sirvent, a pesar de que en «Incorporated» veamos cómo uno de sus protagonistas es capaz de curarse una herida al momento, que desaparece como por arte de magia, o realizan operaciones de cambio de rostro. «Basta con ver CRISPR, una técnica de manipulación y edición genética de muy bajo coste que va a cambiarlo todo», recuerda.

La supremacía de la inteligencia artificial

 

 

Resultado de imagen de La inteligencia  artificial

 

 

Así pues, según Cordeiro, transhumanista, después de la singularidad tecnológica, se va a trascender la vida humana y vamos a empezar una edad póstuma de humanos super longevos, super inteligentes y aumentados. Hablamos de humanos capaces de comunicarse telepáticamente o que van a poder viajar a otros planetas, como estamos a punto de hacer a Marte. Tras superar la muerte, el objetivo es colonizar el espacio.

«En 2045, la inteligencia artificial va a superar a la humana y es, en ese momento empezará la singularidad tecnológica», explica Codeiro. Por tanto, será la última invección del ser humano no modificado, es decir, tal y como lo conocemos ahora. «Ya no habrá nada que inventar a menos que nos sumemos a la inteligencia artificial». Y en eso se trabaja ya.

En la actualidad ya hay tecnologías que estimulan el cerebro humano. Tal y como recuerda Sirvent, existen ya la estimulación eléctrica cerebral para determinados casos, como en un francotirador.

Hablar es, para los expertos, una tecnología primitiva; la telepatía será el futuro. Nos comunicaremos por banda ancha, como lo hacen los ordenadores. Así que parece que la «locura» última de Elon Musk no es tan descabellada.

Y, para quienes tengan miedo a este futuro que muestra «Incorporated», el profesor de la Singularity University lanza un mensaje tranquilizador: «¿Prefieres ser más inteligente o no? A lo que hay que tener miedo no es a la inteligencia artificial sino a la estupidez humana».

Resultado de imagen de La inteligencia  artificial

Aunque el coste económico pueda ser un factor que intente frenar todos estos avances, Sirvent recuerda que secuenciar un sistema genético costaba mucho dinero al principio. «Hoy por 90 euros se hace así que en cinco años es probable que nuestro teléfono móvil sea capaz, por ejemplo de predecir enfermedades». Al fin y al cabo, ya existen aplicaciones relacionadas con la salud.

«Y las máquinas nos van a ayudar», añade Javier Sirvent justo en un momento en el que la sociedad atraviesa por un momento de crisis ante una pérdida de puesto de trabajos. «La gente en el mundo occidental no comprende por qué los robots son buenos cuando en Oriente sí lo creen», añade Cordeiro. «Son tan buenos en Japón -continúa- que uno de los libros más vendidos es ‘Cómo hacer el amor con un robot’».

Aunque existe también otro inconveniente para que vivamos el mundo de «Incorporated»: «Cuando los americanos encuentran algo con lo que hacen un gran negocio, los chinos lo copian y en Europa nos ponemos a legislarlo», recuerda Javier Sirvent. Veremos sin la legislación es capaz de frenar tales avances.

¿Cómo será esa primera Colonia de Humanos en Marte?

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National Geographic recrea en televisión la primera colonia humana en Marte

 

La serie consta de seis capítulos

Planeta Marte misión espacial NASA.

 

 

El viento ha esculpido las características que llamamos “yardangs”, uno de los muchos en esta escena. | Foto por NASA

Por EFE

Año 2033. La nave espacial Daedalus aterriza en Marte con seis astronautas a bordo. Su misión: instalar la primera colonia permanente en el planeta rojo en la ciudad de Olympus. Una futurista aventura que será relatada por el canal National Geographic en un documental, que se estrenará en otoño.

En él se mezclarán escenas de ficción que recrean la vida de los astronautas en Marte con explicaciones de conocidos científicos sobre la posibilidades reales de llevar a cabo una misión así.

National Geographic recrea en televisión la primera colonia humana en Marte

Bajo la dirección del mexicano Everardo Gout, conocido por su película “Días de Gracia” (2011), la serie de seis capítulos mostrará qué condiciones esperan a los futuros colonizadores del planeta y las posibilidades de que su misión tenga éxito.

Entre los actores que participan en el proyecto están el hispano-argentino Alberto Ammann, que interpreta a un hidrólogo mexicano; la rumana Annamaria Marinca, que da vida a una geóloga rusa, y la francesa Clementine Poidatz, en el papel de una psicóloga.

National Geographic asegura que esta serie es la mayor producción nunca hecha por el canal.

Intercaladas en las escenas dramáticas en las que se muestra cómo sería la vida de los astronautas, distintos expertos explicarán desde un punto de vista científico lo que sucede o podría suceder con los humanos y su misión en Marte.

Los seis pioneros, procedentes según el guión de EEUU, México, Nigeria, Rusia y Francia, tendrán que afrontar a lo largo de la serie problemas como la escasez de alimentos, los peligros de un incendio en su base o una tormenta marciana.

Para rodar las escenas que suceden en el planeta rojo se usaron localizaciones en el desierto en Marruecos, pero también se han grabado en estudios en Budapest y se ha recurrido al uso de imágenes generadas por ordenador.

“Hay mucho CGI” (imagen generada por computadora), explica Russel Dogson, director de efectos especiales de la serie, a un reducido número de medios, entre ellos Efe, durante el rodaje en el estudio Origo de la capital húngara.

Dogson explica que uno de los retos más complicados a los que se han enfrentado es la recreación de una tormenta marciana que se acerca.
“También el aterrizaje de la nave fue sorprendentemente difícil, ya que teníamos que tener en cuenta las diferencias de gravedad y presión, fue muy difícil mostrar eso. En general, la gravedad fue un reto”, añade.

Otra de las complicaciones fue la recreación digital de la enorme cueva donde la tripulación crea la colonia de Olympus, cuenta Dogson.

 

 

Las imágenes recién liberadas por la NASA, fueron tomadas el 18 de diciembre, que era día marciano 1,197a del Curiosity en funcionamiento.

En una de las naves más grandes del estudio se han instalado partes de la ciudad, compuesta de una serie de módulos en forma de burbujas y donde los astronautas pueden sobrevivir mientras buscan soluciones a problemas como extraer agua del hielo marciano.

Todo en la ciudad diseñada para la serie responde al principio de eficacia y sencillez, desde el laboratorio al hospital y el comedor y los espacios comunes.

Uno de los espacios más llamativos es el invernadero, donde no sólo se realizan, según el guión, experimentos, sino que es también importante del punto de vista de la supervivencia y la producción de comida.

En las mesas de la cocina, diseñadas con un estilo retro, se pueden ven los restos del desayuno, cereales y café, que han tomado los astronautas en una de las escenas.

Como toque de humor, en una de las mesas hay un ejemplar del libro “Guía del autoestopista galáctico”, olvidado ahí por uno de los astronautas.

El vestuario es muy sencillo, diseños rectos en colores grises y negros, siguiendo la previsión de que “en el futuro todo será más simple” que defiende la responsable de la ropa, la italiana Daniela Ciancio.

Los actores tienen que llevar el traje espacial con un pesado casco en varias escenas, aunque la diseñadora asegura que ha hecho todo lo posible por “hacer más fácil la vida de los actores”.

La serie será presentada en otoño en 171 países y doblada a 44 idiomas.

Ordenador Cuántico

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NATURE: Crean el primer Ordenador Cuántico que se puede Programar

 

Ciencia ABC Publica el reportaje.

 

Es mucho más versátil que los diseños previos y es un paso adelante en el camino de hacer computadores más rápidos y eficaces.

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Trampa para iones en la que los átomos son controlados a través de láseres para recibir y procesar información cuántica – Emily Edwards

 

 

En las entrañas de los ordenadores, la carga eléctrica que se mueve por los circuitos oscila en torno a unos valores que pueden ser traducidos en forma de ceros y unos. Es el llamado lenguaje binario, el principal responsable de que en los ordenadores se pueda almacenar información y hacer operaciones. De hecho, el mínimo representante de lo que es un ordenador es precisamente una unidad de información llamada bit, y que se caracteriza porque puede adoptar uno de esos dos valores.

Por eso, si se quiere aumentar la potencia de un ordenador basta, entre otras cosas, con aumentar el número de bits con el que puede trabajar. Pero, gracias a las rarezas de la mecánica cuántica, los científicos han creado el bit cuántico, el cubit, una unidad de información que no tiene el valor de 0 y 1, sino que puede tener los dos valores a la vez en ciertas circunstancias. Sus grandes ventajas son que puede hacer más operaciones que un bit normal, y además realizar cálculos de un modo completamente distinto. Gracias a esto, en el futuro en teoría se podrá multiplicar exponencialmente la velocidad de los ordenadores a la hora de hacer algunas operaciones.

Pero aún falta mucho para lograrlo. El problema de trabajar con cubits es que hay que usar átomos en vez de chips, lo que implica necesariamente dominar el complejo y caótico mundo cuántico para conseguir que los cubits hagan correctamente las operaciones que se les piden.

Investigadores de todo el mundo trabajan en lograrlo. Unos recurren a algunos iones cuyos estados cuánticos pueden ser controlados a través de láseres, mientras que otros recurren a las propiedades de los superconductores, por ejemplo. Sea como sea, este miércoles un estudio presentado en «Nature» ha dado un salto adelante en esta carrera al haber logrado fabricar un pequeño ordenador cuántico, constituido por cinco átomos y, por ello, por cinco cubits. Pero su gran novedad es que este ordenador es programable, lo que quiere decir que puede trabajar con varios algoritmos y, por ello, hacer distintas operaciones.

«Hay mucha gente trabajando en líneas de investigación prometedoras, pero nosotros hemos logrado crear el primer procesador cuántico programable, que puede trabajar con varios algoritmos», ha explicado a ABC Shantanu Debnath, el primer autor del estudio e investigador en la Universidad de Maryland, a las órdenes de Christopher Monroe.

Imagen de la trampa para iones
Imagen de la trampa para iones- Shantanu Debnath y Emily Edwards

El ordenador en cuestión, es un pequeño dispositivo en el que están confinados cinco iones cuyos estados cuánticos son manipulados a voluntad de los investigadores, por medio de pulsos de láser muy específicos. Un primer pulso ajusta los iones en el conveniente estado cuántico, y un segundo pulso lee ese estado cuántico al final del proceso. Entre ambos, otro láser contribuye a establecer un sistema de puertas lógicas, gracias al cual el ordenador produce su respuesta.

Gracias a esto, y según han concluido en el estudio, el ordenador es capaz de hacer operaciones básicas con una precisión del 98 por ciento.

¿Los ordenadores del futuro?

 

 

Si poder programar un ordenador es fundamental, también es importante poder aumentar su potencia añadiendo bits de información. «Pensamos que podemos hacerlo, sería cuestión de añadir más y más cubits al sistema», ha explicado Debnath. «Una forma sería añadir más iones en un mismo procesador, o unir varios procesadores a través de fotones», ha añadido. Pero la complejidad de esto es tal, que el investigador cree que habrá que esperar diez o veinte años para ver un ordenador cuántico capaz de hacerlo y con utilidad práctica.

«La primera dificultad tiene que ver con las propiedades de los sistemas cuánticos. Si quieres que funcionen, debes conseguir que conserven sus propiedades cuánticas, coma lo son la coherencia y la superposición», ha dicho el investigador. Pero el entorno conspira para evitarlo. Cualquier electrón o fotón que haya por las inmediaciones puede echarlo todo al traste. «La temperatura y el ruido electrónico alteran las propiedades cuánticas de los sistemas, así que es fundamental mantenerlos aislados».

Shantanu Debnath y Emily Edwards
Resultado de imagen de Ignacio Cirac en el Instituto Max Planck

Tal como ha explicado a ABC Ignacio Cirac, director del Instituto Max Planck de Óptica Cuántica en Munich, hasta el momento se han construido ordenadores de decenas de iones, pero aún sigue siendo un reto poder aumentar su tamaño. «Esta tecnología implica trabajar con partículas muy pequeñas, por lo que es difícil escalarlos (aumentar su tamaño). El problema de crear un ordenador de 1.000 o 10.000 cubits es conseguir mantener el control».

Pero la recompensa de lograrlo es prometedora. Tal como ha añadido Shantanu Debnath, «los ordenadores cuánticos permiten trabajar con grandes números más rápidamente. Te sirven para encriptar y desencriptar la información de forma muy eficaz. Abren todo un nuevo campo y una forma única de procesar la información».

Ese nuevo mundo, en opinión de Cirac, podría aportar una nueva forma de resolver interesantes problemas en el campo de los nuevos materiales o las reacciones químicas más complejas.

La importancia de la Ciencia Ficción para la Ciencia

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Ciencia futura    ~    Comentarios Comments (0)

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Tecnología, un reportaje publicado en el El Español, sobre: Todo lo que los científicos descubrieron viendo películas de cienbcia-ficción.

Expertos en la relación entre el avance de la tecnología y su reflejo en la literatura y el cine reflexionan sobre el futuro al que hemos llegado y el que aún nos espera.

 

 

Tablets en la película 2001: Odisea en el espacio, de Stanley Kubrick.

 

                            Tablets en la película 2001: Odisea en el espacio, de Stanley Kubrick. E.E.

Cuentan que cuando a Heinrich Hertz le preguntaron sobre las posibles aplicaciones de su descubrimiento, que hoy conocemos como ondas de radio, respondió: “No tiene utilidad de ninguna clase”. Los científicos descubren, pero no están necesariamente obligados a adivinar las consecuencias de sus hallazgos; para sacar partido a la ciencia ya están los ingenieros y tecnólogos. Sin embargo, en ocasiones las ideas de éstos se nutren de otro estante de la biblioteca diferente del de las revistas científicas: el de la imaginación humana volcada en forma de profecía tecnológica, o lo que solemos llamar ciencia ficción.

¿Realmente los innovadores se inspiran en la ciencia ficción? “Trabajé en startups de alta tecnología durante diez años antes de escribir mi primera novela; leía sobre todo ciencia ficción y me ayudó a nutrir mi imaginación”, cuenta a EL ESPAÑOL el estadounidense A. G. Riddle, tecnólogo antes de convertirse en uno de los autores de ciencia ficción más pujantes del momento. Su trilogía The Origin Mystery ha vendido más de un millón de copias y actualmente se está llevando al cine, lo mismo que su novela más reciente, Departure.

    El Nautilus de Verne desbocó la imaginación de muchos jóvenes de aquella época

El caso de Riddle no es único; probablemente está en la mente de todos el de Julio Verne, a menudo considerado un profeta de la ciencia y la tecnología. Como se encargó de recordarnos la exposición celebrada este año en Madrid, el Nautilus de 20.000 leguas de viaje submarino sirvió de inspiración a Isaac Peral para crear su prototipo; hasta tal punto que el entonces presidente del Consejo de Ministros, Antonio Cánovas del Castillo, tachó al ingeniero de “Quijote” que había “perdido el seso leyendo la novela de Julio Verne”.

¿Qué ingeniero o tecnólogo no se ha sentido motivado por las historias de grandes clásicos como Verne, H. G. Wells, Ray Bradbury o Arthur C. Clarke, o por las grandes películas y series del género? “Conozco gente que trabaja en robótica que se inspiró leyendo ciencia ficción, y hay gente trabajando en la NASA que se ha inspirado leyendo a Clarke”, apunta a este diario Andy Sawyer, editor, crítico y administrador de la colección de la Fundación de Ciencia Ficción en la biblioteca de la Universidad de Liverpool, la mayor fuente de recursos del género en Reino Unido.

Inventos de papel

 

 

Al Williamson. Flash Gordon

El joven atlético que era el héroe de aventuras fantásticas

 

Juan Miguel Aguilera, uno de los autores más importantes del panorama español de la ciencia ficción, señala a EL ESPAÑOL que la compañía Apple reconoció haberse inspirado en las tabletas de la película 2001: Una odisea del espacio para la creación de su iPad, y que incluso el diseño de los electrodomésticos y automóviles de los años 50 y 60 del siglo pasado debe su estilo a los cómics de Flash Gordon. Los viajes espaciales y los cohetes en las novelas de Wells, el GPS en los relatos de Clarke o la robótica y la inteligencia artificial en Asimov son ejemplos de avances que aparecieron imaginados en las páginas de la literatura antes de nacer en el mundo real, enumera Paul Levy, escritor e investigador de gestión de la innovación en la Universidad de Brighton (Reino Unido). “La mayoría de las grandes innovaciones fueron avanzadas antes por la ciencia ficción”, resume Levy a este diario.

Uno de los ejemplos más citados es el teléfono móvil, cuyos antecedentes se remontan al comunicador de Star Trek, incluso en el diseño de los terminales plegables que comenzó a popularizar Motorola. “Lo vieron en la serie y pensaron que era cool”, dice Sawyer; “aunque los teléfonos moviles en la ciencia ficción aparecieron antes, al menos en los años 50, en los personajes de las novelas para niños de Robert A. Heinlein”, precisa.

                                 El capitán Kirk con un intercomunicador. E.E.

 

Y cómo no, ahí tenemos internet: Levy apunta que su precursor en la ficción fue La máquina se detiene (1909), el único relato de ciencia ficción que escribió el británico E. M. Forster, autor de Pasaje a la India y Una habitación con vistas. Aguilera añade otra anticipación de la red en el cuento Un lógico llamado Joe (1946), de Murray Leinster, mientras Sawyer señala que Neuromante (1984), de William Gibson, fue una guía para la creación del ciberespacio tal como hoy lo conocemos; “mucha gente que trabaja en tecnologías de internet y comunicaciones lo leyó en los 80 y pensó: ¡ESO es lo que queremos!”, dice.

La influencia de la ficción en la innovación no se restringe a la electrónica. La clonación de organismos, la ingeniería genética, la creación de tejidos y órganos o la nanotecnología también saltaron de las páginas y de la pantalla a la realidad. Uno de los ejemplos actuales más curiosos tiene su origen en la novela de Harry Harrison ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio! (1966), que presentaba una Tierra superpoblada cuyos habitantes se alimentaban con un producto compuesto por soja y lentejas llamado Soylent (SOY + LENTtils, o soja y lentejas).

Fotograma de la película Soylent.

Fotograma de la película Soylent. E.E.

 

Basándose en la idea, una compañía de Los Ángeles ha lanzado un Soylent real, un preparado líquido completo, saludable y barato que se presenta como alternativa sana a la llamada comida basura. Claro que en la versión cinematográfica de la novela, Soylent Green (Cuando el destino nos alcance), dirigida en 1973 por Richard Fleischer y protagonizada por Charlton Heston y Edward G. Robinson, el Soylent estaba en realidad fabricado con… restos humanos.

Inspiración mutua

 

Pero pese a todo lo anterior, los expertos advierten de que no siempre la realidad imita a la ciencia ficción, sino que la relación entre ambas es ambivalente. Para Sawyer, “a menudo algo se da a conocer a través de la ciencia ficción, pero sus raíces están en la ciencia y tecnología reales, sólo que el escritor conoce mejor lo que se está haciendo que el público en general”. Por ejemplo y regresando al caso de Verne y sus 20.000 leguas, el escritor, editor y profesor de la Universitat Politècnica de Catalunya Miquel Barceló recuerda que el autor francés se basó a su vez en un submarino creado por el estadounidense Robert Fulton, quien en 1805 presentó su invento a Napoleón Bonaparte. “Para más inri, ese submarino real llevaba el nombre de Nautilus”, cuenta Barceló a EL ESPAÑOL.

Cartel de la película de Disney.
                                                   Cartel de la película de Disney. E.E.

 

Gracias a esa relación mutua entre la ciencia y la ficción, hoy estamos en el camino hacia las cámaras tan finas como una tarjeta de crédito, los motores moleculares, tatuajes adhesivos que vigilan nuestra salud 24 horas al día, miembros biónicos que se controlan con la mente o sistemas que permiten a los ciegos ver mediante sonidos. La realidad virtual ya es realidad real. Imprimimos en 3D. Los coches que se conducen solos ya están rodando por las calles. Existen prototipos que acercan a la realidad el tricorder de Star Trek, un escáner portátil para detectar enfermedades a distancia. Pronto saldrán al mercado dosmodelos de jetpacks, esos motores que se fijan a la espalda para volar como Iron Man. “No nos damos cuenta, pero ya vivimos en el futuro que imaginamos, aunque no llevemos trajes plateados ni tengamos coches voladores”, dice Aguilera.

                                              En la película El quinto elemento

Los coches voladores son precisamente una de las eternas promesas que nunca se cumplen. Aunque varias empresas trabajan en ello, el transporte aéreo personal se enfrenta a serios problemas de regulación, además de los puramente tecnológicos. Pero tal vez sean otras las innovaciones que transformarán nuestras vidas en los próximos años o décadas. Los expertos consultados por este diario destacan las energías renovables y baratas, los robots de ayuda personal, la conexión cerebro-máquina o incluso la clonación humana. Y no podía faltar la inteligencia artificial aplicada a lo cotidiano: “Aprenderá nuestros hábitos, se anticipará a nuestras necesidades, automatizará nuestros hogares y conducirá nuestros coches”, vaticina Riddle. “Guiará nuestra vida diaria”, resume el autor.

Precisamente esta especie de outsourcing de nuestra inteligencia abre uno de los caminos más intrigantes sobre lo nuevo que ha de venir. Más allá de los avances en el hardware, el manejo de los datos mediante algoritmos más avanzados es una de las áreas que revolucionarán la sociedad. El consultor de marketing Emil Kotomin dibuja un futuro en el que Floyd, nombre con el que bautiza a un hipotético robot personal inteligente, gobernará por entero nuestras vidas. Hasta tal punto que la publicidad ya no irá dirigida hacia nosotros, sino hacia Floyd, dado que él tomará las decisiones sobre qué consumimos, una vez que conozca nuestros gustos. Será, augura Kotomin, la nueva era del “marketing de máquina a máquina”.

Uno de los modelos de jet-pack comercializados. Jet Pack Aviation

 

“La creación de una máquina pensadora a la que podamos derivar las tareas más mundanas lleva progresando desde mediados del siglo XIX”, expone Kotomin a EL ESPAÑOL. “Y el big data es el combustible”, añade. El consultor predice que en años venideros el control recaerá en el software en la nube: “los frigoríficos inteligentes buscarán ofertas y concertarán las entregas, con poca o nula intervención humana en ambos lados”. El problema, agrega Kotomin, es que esto no necesariamente hará nuestras vidas más plenas. Lo condensa en un ejemplo anecdótico: “Si todo deja de funcionar, ni siquiera tendremos velas para alumbrarnos, ya que basándose en mi historial de compras, Floyd no las habrá comprado”, escribe.

Sueños y temores

 

Con todo, los expertos advierten de que la imagen popular de la ciencia ficción como pronóstico tecnológico es una deformación; “en realidad esto lo hace bastante mal”, opina Sawyer. Como ejemplo, cita precisamente nuestro aparato de cabecera: “La manera en la que hoy usamos los teléfonos móviles, que son mucho más que dispositivos de comunicación, es algo nuevo que no está en la ficción”. Y es que, como subraya Barceló, lo importante de la ciencia ficción no son los gadgets ”sino cómo los humanos los usamos y reaccionamos ante ellos”. “Somos los seres humanos los que damos sentido a la tecnología”, sentencia.

En resumen, lo que los expertos destacan de la ciencia ficción no es su capacidad de imaginar nuevas tecnologías, sino de explorar el cambio social que propiciarán, tal como ya lo han hecho internet, las redes sociales y las comunicaciones móviles. El problema es que no siempre el resultado de ese análisis es muy halagüeño. Desde Nosotros a Un mundo feliz o 1984, los maestros del género nos han alertado de los riesgos que nos esperan en el camino. La ciencia ficción trata, según Sawyer, sobre cómo pensamos y soñamos el futuro, pero para Aguilera esto incluye también “extrapolar los problemas del presente”. Y en un mundo siempre convulso, esos problemas pueden ahogar todo atisbo de esperanza, como cualquier repaso a la ciencia ficción se encargará de recordarnos.

Tal vez en exceso: en 2011, el escritor Neal Stephenson creó el Proyecto Hieroglyph, una llamada a los autores de ciencia ficción para que abandonen el pesimismo de la distopía y traten de recuperar el espíritu que ha servido de inspiración al progreso, el que Verne cultivó con el entusiasmo de la fe en el porvenir y en el empuje del ser humano. “Tenemos que mirar más allá del mundo en el que vivimos para imaginar el mundo que podría ser, y eso es exactamente lo que hace la ciencia ficción”, dice Riddle.

Para Barceló, este género que mueve legiones puede enseñarnos que “hay otras maneras de vivir, de organizar la política, de relacionarnos unos con otros”. Al fin y al cabo, si algo sabemos con seguridad sobre el mañana es que llegará. Y en palabras de Barceló, “la ciencia ficción es un maravilloso aprendizaje para vivir en el futuro”.