miércoles, 18 de octubre del 2017 Fecha
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El saber del mundo

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Rumores del Saber    ~    Comentarios Comments (0)

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         No intentes ver la verdad sin conocer la mentira.

     No sabrás lo que es la luz sin conocer las tinieblas.

         Si no sabes de donde vienes no sabrás nunca quien eres.

Lo sé por experiencia, la dificultad, agudiza el ingenio… ¡La crisis también!

Mi padre me dijo una vez que,  el respeto por la verdad es el fundamento de la moral.

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Nada puede surgir de la “nada”, si surgió…, ¡es porque había!

A la edad de quince años, había aprendido a oír el silencio. En cualquier sitio, aunque no lo parezca, podemos “oir” lo que la Naturaleza nos dice. No es poco lo que nos perdemos por no saber observar lo que nos rodea. ¡Hay que prestar atenciòn!

La vida no es gratis, se nos da para pagarla. ¡De tantas maneras! Todos tenemos que llevar nuestra “carreta” para llegar al destino propuesto. Cualquier cosa que podamos alcanzar requiere de un precio, un esfuerzo y, si estamos dispuesto a pagarlo… ¡la tendremos!

          Más vale un… por si acaso, que un… yo creí.

¿Cuántas estrellas hay en el universo?

No debemos olvidar que el Universo, sí tiene memoria. Cada objeto que lo puebla nos habla de su pasado. En la Nebulosa de arriba está escrita una gran explosión Supernova que eyectó las capas exteriores de una estrella masiva al Espacio Interestelar creando una nebulosa de años luz de diámetro, y, con el tiempo, de esos remanentes nacieron nuevas estrellas y nuevos mundos.

¡Qué vida ésta!

En el Universo puede haber miles de millones de planetas. Si están habitados ¡Cuánto dolor y amargagura! Y, si no lo están… ¡Que desperdicio de mundos!

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En verdad, los seres humanos… ¡Son muy complejos! Y, hasta tal punto es así que, ni nosotros mismos llegaremos nunca a conocernos.

Siempre me ha llamado la atención el hecho de que, a lo largo de la historia, en cualquier parte del mundo, sin importar su condición u origen, de vez en cuando, surgieron personajes que, con sus hechos, dejaron señalado un camino que muchos siguieron y, de esa manera, ha ido caminando la Humanidad a lo largo de la Historia, influída por esas mentes que, en uno u otro ámbito del saber humano, abrieron los caminos a seguir. Muchos serían los ejemplos que podríamos poner aquí pero, hoy, dejaré una simple reseña de uno de ellos.

Pitágoras de Samos.  569 a.C. (Samos).475 a.C. (Tarento).

Pitágoras era hijo de un comerciante griego, por lo que viajó mucho de niño, acompañando a su padre.  No se conocen muchos detalles de su infancia, pero es seguro que recibió buena educación.  En Mileto, Tales y Anaximandro lo introdujeron en el mundo de las Matemáticas y le recomendaron ir a Egipto para profundizar en su estudio, lo que hizo en el 535 a.C. Estudió en el templo de Dióspolis.

Allí fue hecho prisionero hacia el 525 a.C. y llevado a Babilonia, de donde regresaría a Samos hacia el 520 a.C.  Al regreso, fundó una escuela que llamó El Semicírculo.  Al cabo de dos años se trasladó a Cretona, en el sur de Italia, donde fundó una escuela filosófica y religiosa que tuvo muchos seguidores.

Las enseñanzas principales decían que la realidad era matemática y que el estudio puede llevar a la purificación espiritual y la unión con la divino.

Creían que todo lo que existe son números y todas las relaciones podían reducirse a relaciones numéricas.  Además, atribuían a cada número una propia personalidad (masculina o femenina, perfecta o incompleta, bella o fea).

Por ejemplo, el 10 era el número perfecto, pues contenía en sí mismo los cuatro primeros enteros (1 + 2 + 3 + 4 = 10).

Escuela de Pitágoras, imagen perteneciente al libro “The story of greek people”, Eva March Tappan, Houghton Mifflin, 1909.

La escuela exigía a sus miembros estricta lealtad y secretismo por lo que los conocimientos en Matemáticas producidos por ellos eran siempre atribuidos a Pitágoras, y no podemos saber qué descubrió él personalmente y qué se le atribuyó.  Sin ir más lejos, el conocido teorema de Pitágoras (del que antes di un ejemplo) no lo descubrió él, sino que ya era conocido por los babilonios mil años antes, aunque puede que él fuese el primero en demostrarlo.

El objeto de estudio de esta escuela no eran las Matemáticas tal como las pensamos hoy, sino desde una perspectiva más filosófica.  Se preocupaban de los principios en que se basan las Matemáticas, el significado de los conceptos número o círculo, así como qué ha de entenderse por demostración (de un teorema por ejemplo).

Son varios los teoremas debidos a Pitágoras o, más genéricamente, a los pitagóricos: el que afirma que la suma de los ángulos de un triángulo es igual a dos ángulos rectos, o el teorema de Pitágoras, esto es, que un triángulo rectángulo, el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos.

También descubrieron los números irracionales –que no se pueden expresar como el cociente de dos enteros- y los cinco sólidos regulares: el tetraedro, el hexaedro o cubo, el octaedro, el dodecaedro y el icosaedro.

Aunque Pitágoras es uno de los matemáticos griegos más conocidos, a mí, no se porqué, me gusta más Euclides.  Claro que a cada acontecimiento o a cada personaje, hay que valorarlo dentro del contexto de su obra en su época, en su “tiempo”.

El lenguaje, las matemáticas, la escritura,… son las cosas que nos hicieron distintos, partiendo siempre de la base de que teníamos los sentidos y la mente que requerían aquellos logros que nos separaron de los demás animales.

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La lengua o el lenguaje, cuyos comienzos se limitan a sonidos guturales y sin sentido de aquellos primeros homínidos que, caminando ya erguidos, vivían más o menos en comunidad y, ello, les llevó, a inventarse un sistema arbitrario de signos que los miembros de una comunidad establecían por convención, con el fin de comunicarse, así fueron los principios del lenguaje que, en cada caso, en cada lugar, está relacionado con la psicología y antropología específica de los distintos pueblos, lo que llevó a que el lenguaje, tomado en su conjunto, sea multiforme y heteróclito, y conectado con lo físico-fisiológico-psíquico y dentro de un dominio individual y a la vez social.

El lenguaje hablado se quiso expresar mediante escritura, y, el comienzo, fueron dibujos, signos, jeroglíficos, etc., hasta alcanzar un alto nivel mediante las reglas inventadas para la escritura.

La importancia del lenguaje y la escritura para la humanidad no está bien valorada, pocos piensan en lo importante que fue el hecho ocurrido hace ya muchos miles de años, cuando aquel ser primitivo, pintó un animal en la pared de su cueva, allí, en aquel lugar, se dio el primer paso.

Mediante un conjunto de sonidos articulados podemos manifestar lo que pensamos y comunicarnos con los demás y, cada pueblo, tiene su propio lenguaje.  Este hecho, el de distintas lenguas para cada región del mundo, expresa en realidad nuestro retraso en la evolución del lenguaje y en la de otros aspectos más generales que, algún día lejos aún en el futuro, nos llevarán a la unificación de todos y de todo en este planeta que pasará a ser una sola entidad ante el resto de civilizaciones que vendrán desde otros mundos pero, para que eso llegue…falta mucho.

(Sólo como aclaración tengo que dejar el apunte de que, los clásicos griegos bebieron de la fuente del saber egipcio, persa, hindú y otros.)

emilio silvera

¡Aquellos tiempos pasados! El presente y el futuro

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Rumores del Saber    ~    Comentarios Comments (0)

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Existió un tiempo en el que, el lenguaje, era un simple balbuceo, sonidos guturales que pretendían iniciar una comunicación, dejar patente un instante de ira o temor, y, la mayor de las veces, un grito espeluznante ante situaciones de peligros que, en aquellos primeros tiempos en los que el hombre estaba asentado sobre la Tierra, era el pan de cada día. Los grupos tendían a reunirse, la intuición primitiva les decía que la seguridad sería mayor en la lucha porm la supervivencia.
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La evolución de las sociedades humanas es un largo proceso que ocupó millones de años. En distintos lugares de la tierra los grupos de cazadores recolectores debieron conocer el ambiente en el cual vivían para poder adaptarse a los recursos de la naturaleza y así sobrevivir.

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Por lo tanto pasaron miles de años probando e inventando estrategias de supervivencia. En una primera etapa que denominamos Era Paleolítica, los grupos eran cazadores, recolectores y pescadores, es decir que su subsistencia dependía de los animales que podían cazar o pescar y de los vegetales que podían recoger.

Los hombres del Paleolítico no sabían como conservar los alimentos, por lo tanto, cada día debían proveerse de su comida. Como no sabían como producir alimentos, tomaban aquello que la naturaleza les ofrecía y por eso se los llama “depredadores”. Consumían lo que encontraban, y cuando los recursos se les terminaban debían trasladarse a otro lugar, por lo general siguiendo el trayecto de las manadas. Buscaban refugio generalmente en las cuevas y se ausentaban allí durante un tiempo hasta que los recursos volvían a terminarse, generalmente cuando finalizaba cada estación del año, y entonces se desplazaban nuevamente a otro lugar. Eran, por lo tanto, “nómadas”.

Vivían en grupos que compartían las actividades cotidianas que se repartían, como las tareas de caza, de recolección de frutos silvestres y de elaboración de utensilios. Reconocían al mejor cazador como jefe. Esta forma de organización se llama “horda”.

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Ilustración que representa mujeres trabajando en la agricultura

Se considera que los comienzos de la agricultura fueron alrededor del 10.000 a.C. En ese momento, se estaba produciendo un gran cambio climático en la Tierra. Era el fin de la glaciación: retirada de los hielos, aumento de la temperatura y subida del nivel de mares y océanos.

El período histórico que se asocia con las primeras sociedades de agricultores es el “Neolítico”. Este período comienza alrededor de 8.000 a.C. y se extiende hasta el año 3.000 a.C (cuando se considera que termina la prehistoria).

Mucho más tarde, surgieron los primeros y auténticos grupos Sociales cultos, las primeras Civilizaciones que, dejaron la huella de las primeras ciudades y los primeros vestigios de una cultura más avanzada.

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                                                          El yacimiento de Eridú, Irak,

El término “Sumerio”  (Habitantes de Sumer)  es el nombre común dado a los antiguos habitantes del sur de la Mesopotamia por sus sucesores, los acadios. “Shumeru”. Los sumerios se llamaban a sí mismos sag-giga, que significa literalmente “El pueblo de cabezas negras”.

Resultado de imagen de Los sumeriosImagen relacionadaResultado de imagen de Estandarte de Ur, Museo Británico

                            Una joven mira el estandarte de Ur (la primera ciudad del mundo) de origen sumerio

Estandarte de Ur, Museo Británico. El Origen de los Sumerios es una incógnita. Via Asia Central-sur del Mar Caspio. Para los defensores de esta teoría, todas las evidencias sugieren que una raza de gentes dolicocéfalas, hablando idiomas aglutinantes, descendieron sobre Irán, Mesopotamia y las orillas del Golfo Pérsico, probablemente desde la entonces fértiles llanuras de Asia central, antes de 5000 a.C.

De esta raza, los sumerios que ocuparon la parte alta de los ríos Tigris y Éufrates fueron, con mucho, los más activos, y sus ciudades más antiguas fueron las primeras construidas a las orillas del Tigris y el Eufrates, y sus canales los primeros que se construyeron en época aún prehistórica. Mucho después, cuando sus reinos o Ciudades-Estado independientes pasaron a mejor vida y tuvieron que vivir bajo el imperio de una dinastía semita en Isin y el reino de Larsa, sus sabios inventaron un sistema de cronología que se extendia desde el Diluvio a sus propios tiempos, y sus poetas escribieron las leyendas de la Creación, el principio de su civilización y el mito del Paraíso. A partir de estas listas se pueden reconstruir parcialmente las épocas más arcaicas, aunque bien es cierto que no puede ser utilizado para la historia hasta que sus fechas llegan a un período en el que sus reyes pueden ser conocidos por las inscripciones.

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La siguiente dinastía gobernó en Erech y pertenece al sur. Esto se pone de manifiesto no sólo por la situación de su capital, también por el carácter sumerio de los nombres.  La Lista Real principal dice que fueron cinco diferentes las dinastías que gobernaron en Erech, y 22 los reyes. . La suma total de los años de estos cinco reinos de Erech es de 4980 años, 6 meses y 14 días.  Meskingasher, hijo de Utu, el sol-dios, reinó 325 años en E-anna, que es normalmente el nombre del templo de Anu e Ishtar en Erech.  Su hijo Enmerkar construyó la ciudad de Erech y gobernó 420 años. Then follow three kings all of whom become prominent in later Sumerian and Babylonian religion, Lugal-banda, Tammuz, and Gilgamesh. Luego siguen tres reyes, los cuales más tarde se convertirían en prominentes figuras de la religión sumeria y babilónica: Lugalbanda, Tammuz, y Gilgamesh.  Los tres recibirán el título de deidad en la lista. . Lugalbanda ocupa una posición prominente en la religión de Sumer y Erech como hijo de Enlil, dios de la tierra de Nippur, y consorte de la diosa madre Nin-Sun, madre de Gilgamesh.  La Lista le  asigna 1200 años a su reinado y le da el título de “pastor”

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El héroe Gilgamesh fue señor de Kullab, un barrio de Erech. Este semi-humano semi-divino hijo de la diosa madre Nin-Sun gobernó 126 años y se convirtió en el héroe de la épica Sumeria, y más tarde de la gran epopeya semita de Gilgamesh, en 12 tablillas de arcilla, la obra maestra de la literatura babilónica. El poema lo describe como un rey de Erech, que oprimió a su pueblo, tanto que  la diosa madre Aruru creó a Enkidu para oprimirle a él, pero los dos se convirtieron en grandes e inseparables amigos y juntos hicieron la guerra contra el gigante Kumbaba en las montañas de cedros del Líbano.

La primera tablilla de arcilla de los hallazgos de Kuyunjik relata que el héroe victorioso Gilgamesh construyó una muralla alrededor de Uruk. Leemos que el “dios del cielo” vivió en una majestuosa casa que contenía graneros y que los guardias se colocaron en la muralla. Leemos que Gilgamesh era una mezcla de “dios” y hombre – dos tercios dios y un tercio hombre. Los peregrinos que llegaban a Uzuk lo miraban con temor.

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                             Impresión de un cilindro-sello mesopotámico.

Una tradición de Nippur acredita a  Gilgamesh como constructor de templo de Enlil, y su hijo también mostró preocupación por la ciudad sagrada. De donde se puede creer que estas dos semi-míticas dinastías de Kish y Erech fueron realmente contemporáneas.

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La siguiente dinastía tiene su sede aún más al sur del Eufrates, en Ur, y es totalmente sumeria. Llegamos a la parte de la Lista en que los reinos son todo lo normal que puede asumirse.  Mesannipadda gobernó 80 años y su hijo Meskenagnunna 30 años.  Luego sigue Elulu con 25 años y Balulu con 36 años: estos cuatro reyes de Ur abarcaron un período de 171 años. . La siguiente dinastía gobernó en Awan (más tarde conocido como Awak en Kazallu) una ciudad de lugar desconocido, pero probablemente al este del Tigris, y  no muy lejos de Susa.

 

“Friso de los Inmortales”, en el Palacio de Susa (Artajerjes I) , s. V a. Cto. Representa a la guardia persa a la forma mesopotámica. En filas, de perfil con el cuerpo de frente. Se conoce también como “Friso de los Arqueros”. Es de ladrillo esmaltado y formando franjas horizontales, al igual que los relieves egipcios, sumerios, acadios, asirios y babilónicos. Utiliza colores oscuros contrastando con colores vivos como el rojo y el naranja. Muestra también animales fantásticos. Los relieves que no llevan cerámica vidriada son posteriores, de un pequeño palacete construido tras el incendio para cobijar a la familia real hasta la reconstrucción.

       
       Esfinges del Palacio de Susa
“El León Alado”, también en el Palacio de Susa, realizado en ladrillo esmaltado.
“Toro alado del Palacio de Persépolis”, del que ya hablamos al referirnos al Palacio de Persépolis.

 

Relieves del Palacio de Persépolis, utiliza alto-medio y bajorrelieve, al estilo ático de los griegos. Es de tipo ceremonial, por el carácter festivo del palacio, pero su finalidad es también la de subrayar la sumisión de los pueblos al poder de Darío I; a pesar de todo el conjunto da sensación de monotonía. Los griegos influyen también en la forma de hacer los ropajes, pero el estilo sigue siendo de influencia mesopotámica. Se estructura en registros o franjas horizontales, sin ambientación ni perspectiva, con los personajes de perfil y los ojos de frente.

Uno de los motivos presenta a un león atacando a un toro, pero frente a la brutalidad del mundo asirio, esta escena es suave y muestra el triunfo del bien sobre el mal. Algunas escenas están delimitadas por franjas decorativas de influencia mesopotámica.

Otras escenas del Palacio de Persépolis importantes son: “Cortejo de los babilónios”, “Cortejo Sirio” y la “Guardia persa y meda”.

  

En la “Puerta de Tripilom” hay una representación de Darío I y otra de Gerges y sobre ellos aparece el “Aura Megola” o dios del sol alado.

En la “Sala de las 100 Columnas” o “Salón del Trono” aparece una representación de “Darío ante los pirios” (altares de fuego), en ella aparecen también una serie de agoreros que asesoran al rey.

                                        Otra representación es la del “Héroe real combatiendo contra un león”.

Mirando todos estos tesoros de la antigüedad nos podemos hacer una idea muy exacta y cercana a lo que allí pasaba, su forma de vida, la gente, la Sociedad, sus afanes, como miraban la vida, sus inquietudes y deseos. Y, todo ello,  desde el principio en aquellas imágenes en las que ibámos medio desnudos y cubiertos de pieles, hasta esta otra más avanzada, son simplemente etapas de nuestras propia existencia que, evolucionada, ha ido conquistando estadios de saber y construido nuevos modelos de vida.

Biblioteca de Alejandría

                     El el recuerdo nos queda, el Faro y la Biblioteca de Alejandria

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Las Pirámides que nos hablan del esfuerzo y de la maravilla de construir inmensos monumentos a los muertos que, eran auténticas cuevas de Aladino con sus tesoros y riquezas para que los reyes no llegaran al más allá sin susn posesiones.
Grandes vestigios en forma de monumentos han quedado en pie, testigos de aquella Grecia Antigua que se refiere al periodo de la historia de Grecia que abarca desde la Edad Oscura de Grecia ca. 1100 a. C. y la invasión dórica, hasta el año 146 a. C. y la conquista romana de Grecia tras la batalla de Corinto. Se considera generalmente como la cultura seminal que sirvió de base a la civilización occidental. La cultura de Grecia tuvo una poderosa influencia sobre el Imperio romano, el cual la difundió a través de muchos de sus territorios de Europa. La civilización de los antiguos griegos ha sido enormemente influyente para la lengua, la política, los sistemas educativos, la filosofía, la ciencia y las artes, dando origen a la corriente renacentista de los siglos XV y XVI en Europa Occidental, y resurgiendo también durante los movimientos neoclásicos de los siglos XVIII y XIX en Europa y América.
La civilización griega fue básicamente marítima, comercial y expansiva. Una realidad histórica en la que el componente geográfico jugó un papel crucial en la medida en que las características físicas del sur de la península de los Balcanes, por su accidentado relieve, dificultaban la actividad agrícola y las comunicaciones internas, y por su dilatada longitud de costas, favorecieron su expansión hacia ultramar. Un fenómeno sobre el que incidirían también de forma sustancial la presión demográfica originada por las sucesivas oleadas de pueblos (entre ellos aqueos, jonios y dorios) a lo largo del III y II milenios a. C. Tras las civilizaciones minoica y micénica, en los siglos oscuros (entre el XIII y el XII a. C.) la fragmentación existente en la Hélade constituirá el marco en el que se desarrollarán pequeños núcleos políticos organizados en ciudades, las poleis.
Demos un gran salto y pasemos al Renacimiento. Podríamos escoger como símbolo la ciudad más bella de Italia y es que Florencia alberga en su interior uno de los mejores tesoros del arte Renacentista. Es la ciudad del arte por excelencia, rica en monumentos, edificios históricos, galerías y museos fue elegida por muchos artistas como Botticelli, Michelangelo o Donatello como la capital artística del mundo y dejaron en ella su arte.
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El monumento más característico de la ciudad es el Duomo (o catedral) donde destaca sobre todo su fachada decorada con mármoles de color verde, rosa y blanco así como su gran cúpula y su bonito campanario.
Otros de los lugares impresionantes es el Palacio Pitti que alberga obras de Rafael, Rubens y Tiziano pero sin lugar a dudas es la Galería de los Uffizzi la que acoge la mayor colección de arte italiano del mundo.

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Florencia no es una ciudad muy grande a pesar de ser la capital de la toscana italiana, eso sí recibe multitud de visitantes durante todo el año. Es una ciudad que todavía se recoge hoy alrededor del Puente Viejo donde se encuentran numerosas tiendas de orfebres florentinos. Pero, sin embargo, lo importante de todo esto son los personajes que habitaron estos grandes palacios y las cosas qu hicieron.

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Todas esas escenas constrasta con esta otra en la que, en el año 1884, se construía la Estatua de la Libertad en Paris. El símbolo orgullo de América que tiene su origen en el viejo Continente.

Plaza central de Montevideo

                                                                                           Plaza central de Montevideo en Uruguay

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                                                                                                                           Las Cibeles en Madrid

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<p><center></center><center></center><center></center><center></center><center></center><center></center><center>Nos trasladamos a Nueva York y, aunque no podemos negar su grandiosidad, me quedo con aquellos edificios más clásicos de la Vieja Europa y Sur América.</center></p>
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Así que, habiendo surgido en un Planeta situado en la zona habitable, con los elementos necesarios y el agua suficiente, la luz y el calor de una estrella situada a la distancia adecuada  para la aparición de la vida, hemos evolucionado saliendo de las aguas a la tierra firme, y, durante muchos miles de años hicimos un recorrido que, al mirar hacia atrás en el tiempo, nos puede parecer imposible. Sin embargo, aquí estamos. Desde la copa de los árboles hasta los pensamientos complejos llenos de imaginación y, para demostrarlo, ahí están el…
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Los veinte años del lanzamiento del Telescopio Espacial Hubble. que ha revolucionado la astronomía y nos ha ayudado a entender mejor el Universo gracias a imágenes que nunca antes habíamos visto.

El Hubble fue lanzado el 24 de abril de 1990, amarrado al transbordador espacial estadounidense Discovery, que lo colocó en órbita a 600 km de altitud. Sin embargo, el telescopio, fruto de una colaboración entre la Nasa y la agencia espacial europea, tuvo que esperar tres años para empezar a funcionar, pues su lente debió ser remplazada debido a un defecto de concavidad.

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                          Hemos puesto una Estación Espacial fuera de la Tierra y, desde ella, se hacen experimentos en el Espacio vacío

 

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La NASA consiguió un gran triunfo con el lanzamiento y los resultados de la nave espacial Cassini-Huygens. Los datos, imágenes y descubrimientos que ha aportado esta sonda han revolucionado nuestro conocimiento tanto de Saturno como de sus lunas.

Resultado de imagen de El Genoma humano magen: U.S. Department of Energy Human Genome Program

                                                                 Imagen: U.S. Department of Energy Human Genome Programa

Sí, es cierto. Hemos hecho un largo recorrido y, la obra hecha por los Humanos es de tanta importancia que nos sitúa en un lugar muy alto en la escala del mundo donde reina eso que conocemos como vida. Como decía antes, es cierto que, desde la copa de los árboles hemos llegado a los más sofisticados pensamientos que nos han permitido construir ingenios que llegan hasta donde nosotros no podemos.

Hemos indagado y hemos profundizado en lomás recondito de los misterios de las distintas Ciencias que nos acercan, de manera muy real, al conociomientom de la naturaleza misma y, por ello, de nosotros mismos que, como tantas veces hemos dicho aquí, quizá seámos el problema más complejo que el Universo nos ha dado para que lo podamos desvelar.

¿Hasta donde podremos llegar? ¿Qué futuro construiremos?

                                   Por lo menos a mí, me da algo de miedo pensarlo.

Con los cambios tecnológicos que nos toco vivir, me imagino como será el mundo si los robots y humanos conviven en paz y armonia, en la imagen nos podemos hacer esta pregunta:

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Algunas de estas escenas del futuro que nos podemos imaginar, si las comparamos con esas otras de arriba que nos dejaron nuestros antepasado, serían tan distantes que, parecerían de otro mundo y, en realidad, así sucederá, en nuestro futuro habrá desaparecido el mundo del pasado y también el del presente y, escenas cotidianas que se podrán ver, estarán tan alejadas de las que hoy tenemos en nuestras vidas que, se podría decir que las distancias son abismales. Todo cambia y evoluciona y, nuestra especie también. Estamos haciendo todo lo posible por transformar el mundo que conocieron nuestros antepasados y lo estamos cambiando hasta hacerlo irreconocible para aquellos que, en otros tiempos, eran los innovadores. lo cotidiano.

Sin embargo, todo ese mundo futuro que se vislumbra en el horizonte, es intranquilizador. al menos produce un escalofrío y, a mí, me produce miedo.

emilio silvera

Rumores del pasado

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Rumores del Saber    ~    Comentarios Comments (0)

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Porträtt av Tycho Brahe - Skoklosters slott - 90153.tifJohannes Kepler 1610.jpg

Tycho Brahe y Retrato de Kepler, obra de un artista desconocido (ca. 1610)

Tycho Brahe (1546 – 1601) y Johannes Kepler (1571 – 1630).

Tycho era noble, rico y poderoso, y no seguía las ideas copérnicas. Kepler era de origen humilde, ferviente copérnico, siempre buscando (no con demasiado éxito) el amparo de reyes y aristócratas, no ya para poder trabajar en la ciencia que amaba, sino para simplemente vivir, alimentarse él y su familia, y sin embargo, a los ojos de la historia ambos constituyen un dúo inamovible. No fue porque compartiesen logros científicos, sino porque Brahe hubiera sido, acaso, mucho menos conocido para la posteridad de no haber sido por la relación, breve pero intensa, que mantuvo con Kepler, y porque éste seguramente no habría podido producir lo que fueron sus joyas científicas más preciosas sin acceder a los datos de las observaciones (en especial las de la trayectoria de Marte) de Brahe, el observador astronómico más importante en la era anterior a la invención del telescopio.

Brahe, con la ayuda del rey Federico II, construyó un centro astronómico: uraninburgo, en la isla Hveen de Dinamarca. Le sucedió al frente del mismo su ayudante en Praga J. Kepler que pronto, haciendo uso del material acumulado y sus propias investigaciones, publicó Astronomia Nova en el año 1609, donde presentaba sus dos primeras leyes del movimiento planetario. En 1619 publicó Harmonices Mundi y su tercera ley.

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Galileo por Justus Sustermans (1636).

Y así llegamos a Galileo Galilei (1564 – 1642); la antítesis, en cuanto a estilo literario y método científico, de Kepler. Si este es, cuando se lee, la oscuridad, Galileo es la luz. Con él la fuerza de las ideas copérnicas se hizo tan patente que terminaría desencadenando acontecimientos sociales que arrastrarían con ellos al propio físico de Pisa.

Sus observaciones sacaron a la luz las deficiencias del universo aristotélico-ptolemaico. El que Galileo realizara tales observaciones resulta, en principio, sorprendente, ya que era un físico y su preocupación estaba centrada en el estudio del movimiento, por encontrar las leyes que regían fenómenos como la caída de un cuerpo esférico por un plano inclinado o el tiempo que tarda un péndulo en batir, y no un astrónomo. Sin embargo, todo cambió, su vida y a la postre, en más de un sentido, el mundo, cuando conoció la existencia de lentes (telescopios) que agrandaban las imágenes de objetos lejanos.

Construyó su propio telescopio que enfocó hacia la Luna y descubrió todas sus irregularidades con sus montañas y abismos, lo que describió en su libro Siderus Nuncius (1610). Ese mismo año estudió Júpiter y detectó 4 satélites y otras muchas cosas. Galilio adquirió una importante notoriedad.

En 1632 se convirtió en una leyenda con la publicación de su obra inmortal, Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, ptolemaico y coperniano, una obra maestra de la literatura científica. Escribió otros grandes libros y, en controversia con la Iglesia, finalizó sus días en arresto domiciliario, ya que la Iglesia negaba el movimiento del mundo alrededor del Sol.

                                                      Juicio de la Iglesia a Galileo

Cuando antes me refería de pasada a mis lecturas, nombré a René Descartes (1596 – 1650), una de las grandes figuras del pensamiento de todos los tiempos. Casi todos le conocen por su condición de filósofo, pero se olvidan de que también contribuyó con su talento en el campo de las matemáticas, fisiología y física (especialmente en la dinámica, óptica, meteorología y astronomía), formando parte de la historia de esas disciplinas.

Según sus propias palabras, purificó el alberga, “desembarazándola” de “los múltiples números e inexplicables figuras que la abruman”. Sin duda, la aplicación más conocida de este enfoque fue en la geometría, con las coordenadas cartesianas, o geometría analítica, que presentó en La Géométrie, que apareció – junto a La Dioptrique y Les Météores – como uno de los apéndices de su obra más conocida, Discours de la Méthode (1637).

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René Descartes en 1649

Descartes, podemos decir sin ningún temor a equivocarnos que es merecedor de toda nuestra admiración, y con él (como con otros muchos) siempre estaremos en deuda.

Me he podido adaptar (mentalmente) en todas mis lecturas a la época del autor, en el tiempo en el que escribió el texto que ahora, muchos años después, podemos leer. Así, se puede comprender mejor lo que estamos leyendo, y sobre todo, resulta más fácil la simbiosis con el autor; lo que nos dice fluye dentro de nuestra mente con diáfana sencillez.

Es curioso observar la evolución de nuestros pensamientos, que a medida que adquirimos conocimientos, se van asentando en niveles superiores capaces de procesar en cada momento aquello que necesitamos, y para ello, obtiene múltiples y diversos datos que reúne en un todo para que exprese aquello que deseamos decir.

Llegará un día (si antes no metemos la patita), en que la evolución nos llevará a convertirnos en pura energía pensante, seremos todo luz que, confundidos con el universo del que formamos parte, habremos completado el ciclo. Sabemos que nuestro origen está en las estrellas; allí nacieron los componentes de nuestros cuerpos, elementos complejos creados a partir de explosiones de supernovas. Desde allí hemos realizado un recorrido largo hasta llegar a ese punto del camino en el que fuimos conscientes de nuestro SER. Ahora continuamos (en un período joven aún) evolucionando para que, en algunos eones, podamos alcanzar la meta que nos aguarda.

Parece mentira que para algunos de nosotros, el tiempo que estamos aquí (lo que duran nuestras vidas) resulte largo o corto en función de la forma de pensar y de ver la vida.

Algunos, con 50 años ya están pensando en jubilarse (son viejos prematuros); se mira el recorrido de lo que han hecho durante toda su existencia y, desde luego, hay poco que contar. Sin embargo, otros de distinto carácter y forma de enfocar su tiempo, ni piensan en ese final o retirada del trabajo; son gente muy activa y creadora. Su recorrido está plagado de actividad y proyectos. Son incansables y, por supuesto, le sacan un buen provecho a sus vidas.

Tengo conocidos que están en los dos niveles, y al observar sus comportamientos me doy cuenta de la diversidad existente entre nosotros mismos que, de morfología y conformación física común y general, estamos divididos en entes muy distintos o dispares a niveles superiores a los de nuestro cuerpo.

Hay pensamientos íntimos que guardamos para nosotros y que, en contadas ocasiones, podemos expresar. En mi caso particular, me ocurre en esos momentos en los que, inmerso en el estudio de las maravillas de la física y del universo en general, siento, literalmente, cómo mi alma está fundida con aquello que, a distintos niveles, llamamos materia y fuerzas fundamentales; paso a formar parte integrante de todo ello y, confundido así con el universo mismo, lo puedo comprender mejor.

los humanos

Podemos alcanzar estadios de inspiración o de espiritualidad que ya nos anuncia lo que será el futuro, cuando evoluciones. Con increíble claridad he podido ver en otros la bondad del SER bueno y puro. Con mucha más frecuencia veo cada día la fealdad maligna de muchos que disfrazan su verdadera condición con falsas sonrisas y actitudes engañosas que sólo buscan confundirnos, ahí agazapados, esperando nuestra distracción y falta de desconfianza para lanzar el zarpazo. Así es, de momento, la condición humana, desgraciadamente en un 90 por ciento.

Es tan grande el poder de nuestra mente que nada hay tan distante que no pueda traerse ante nosotros. Somos capaces ya de escrutar el espacio y vislumbrar los confines del universo en edades muy cercanas a su nacimiento y, merced a los microscopios, nos acercamos al universo atómico para explorar los componentes de la materia. Parece que nada podrá (con el tiempo) escapar a nuestro control, con lo que todo nuevo “mundo” se revelará a nuestro entendimiento.

Nunca estamos satisfechos de los logros alcanzados y siempre surgirán seres especiales (Copérnico, Kepler, Galileo, Hooke, Newton…) que nos guiarán por el camino iluminado de su genio para mostrarnos la auténtica sabiduría mediante un pensamiento evolutivo que siempre dará un paso adelante, superando así el pensamiento nuevo al anterior.

La prueba de ello la podemos encontrar en Newton y Einstein. ¿Quién puede dudar de la grandeza de Newton? La pregunta está contestada de antemano. Sin embargo, los ejemplos de la historia son muy elocuentes: Newton con su física, Leibniz con su metafísica, con sus principios filosóficos como el de la razón suficiente. Y la física ganó a la metafísica; Newton a Leibniz.

Durante mucho tiempo, espacio y tiempo se entendieron como entes absolutos, hasta que llegó Einstein con sus dos teorías de la relatividad, la especial y la general, y aunque los caminos que siguió para conseguirlos no fueron metafísicos, no podemos negar la intervención de un genio de inspiración superior que, a veces, nos puede llevar a pensar que, en algún sentido, finalmente Leibniz había sido en más acertado, ya que las teorías einstenianas pueden ser clasificadas dentro de un orden del pensamiento superior.

Así, la evolución continuó su camino imparable y el espacio y el tiempo absolutos de Newton, resultaron ser menos absolutos de lo que se pensaba; eran relativos y, además, eran una misma cosa, que a partir de ahí pasó a llamarse espacio-tiempo unidos y no separados. Así fue deducido por Minkouski al leer la teoría de Einstein.

Quiero mencionar en este punto a dos grandes newtonianos: Lagrange y Laplace.

La obra de Newton, como todas las grandes obras, fue discutida y sometida a estudios rigurosos, analizada y removida. La ciencia del genio, claro, permaneció al margen de todas las críticas para dejar de ser discutida y pasar a ser desarrollada.

Recordemos en este sentido la cumbre de la física y de las matemáticas del siglo XVIII que es la Méchanique analytique (Chez la Veuve Desaint, París 1788), de Joseph-Louis Lagrange (1736 – 1813), un íntimo amigo de d’Alembert, en la que la mecánica de Newton alcanzó un nuevo nivel de pureza al reducir el sistema a un conjunto de fórmulas generales de las que se podían deducir todas las expresiones necesarias para resolver un problema. O los cinco tomos del Traité de mécanique céleste (Crapelet para J. B. M. Duprat, París 1799 – 1827) de Pierre-Simón Laplace (1749 – 1827), en los que se erradican numerosas anomalías de las explicaciones originales de Newton sobre los movimientos de los cuerpos celestes.

El testo de Laplace, al igual que el de Lagrange, era de difícil lectura para legos en las ciencias matemáticas, y tal complejidad dio lugar a versiones posteriores más sencillas para el entendimiento general, que finalmente hizo posible divulgar los enormes conocimientos alcanzados a partir de Newton, gracias a estos dos genios.

Un respiro en el camino:

  • El ignorante, teme o adora lo que no comprende.
  • Los ingratos acaban por disuadir a los virtuosos de poner en prácticas sus bondades.
  • Amigo leal y franco, mirlo blanco.

Esto me recuerda aquella aseveración atribuida indistintamente a Séneca y Aristóteles:

“¡Oh, amigos míos, no hay ningún amigo!”

Hay otra que nos da a entender que los amigos egoístas y poco dispuestos a prestarnos su ayuda, en momentos necesarios son inútiles y no importa, pues, prescindir de ellos:

“Amigo que no presta y cuchillo que no corta,

que se pierdan poco importa.”

¡Esto de los amigos! Hay otra que dice:

“El que tiene un amigo, tiene un tesoro.

El que tiene un tesoro, tiene muchos ‘amigos’.”

“Si un amigo se comporta como la sombra que,

cuando no luce el Sol nos abandona, no era un amigo.”

 

Pero volvamos al trabajo y continuemos repasando cosas interesantes y viajemos hasta el siglo XIX, que fue vital para la ciencia. Aunque la ciencia ya había mostrado para entonces su capacidad única para estudiar qué sucede en la Naturaleza y qué principio (o leyes) la gobiernan, y contaba por entonces con una larga lista de teorías, datos y héroes científicos, no se había convertido todavía en una gran empresa, en la “profesión” que terminaría siendo.

Pero esa historia se contará en el futuro por venir

emilio silvera

Rumores del saber del mundo

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La “profesionalización” e “institución” de la ciencia, entendiendo por tal que la práctica de la investigación científica se convirtiese en una profesión cada vez más abierta a personas sin medios económicos propios, que se ganaban la vida a través de la ciencia y que llegasen a atraer la atención de gobiernos e industrias, tuvo su explosión a lo largo de 1.800, y muy especialmente gracias al desarrollo de dos disciplinas, la química orgánica y el electromagnetismo. Estas disciplinas, junto a las matemáticas, la biología y las ciencias naturales (sin las cuales sería una necedad pretender que se entiende la naturaleza, pero con menos repercusiones socio-económicas), experimentaron un gran desarrollo entonces, tanto en nuevas ideas como en el número de científicos importantes: Faraday, Maxwell, Lyell, Darwin y Pasteur, son un ejemplo. Sin olvidar a otros como Mendel, Helmholtz, Koch, Virchow, Lister o Kelvin, o la matemática de Cauchy, de Gauss, Galois, Fourier, Lobachevski, Riemann, Klein, Cantor, Russell, Hilbert o Poincaré. Pero vamos a pararnos un momento en Faraday y Maxwell.

Para la electricidad, magnetismo y óptica, fenómenos conocidos desde la antigüedad, no hubo mejor época que el siglo XIX. El núcleo principal de los avances que se produjeron en esa rama de la física (de los que tanto se benefició la sociedad -comunicaciones telegráficas, iluminación, tranvías y metros, etc.-) se encuentra en que, frente a lo que se suponía con anterioridad, se descubrió que la electricidad y el magnetismo no eran fenómenos separados.

El punto de partida para llegar a este resultado crucial fue el descubrimiento realizado en 1.820 por el danés Hans Christian Oersted (1777 – 1851) de que la electricidad produce efectos magnéticos: observó que una corriente eléctrica desvía una aguja imanada. La noticia del hallazgo del profesor danés se difundió rápidamente, y en París André-Marie Ampère (1775 – 1836) demostró experimentalmente que dos hilos paralelos por los que circulan corrientes eléctricas de igual sentido, se atraen, repeliéndose en el caso de que los sentidos sean opuestos.

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André-Marie Ampère

Poco después, Ampère avanzaba la expresión matemática que representaba aquellas fuerzas. Su propósito era dar una teoría de la electricidad sin más que introducir esa fuerza (para él “a distancia”).

Pero el mundo de la electricidad y el magnetismo resultó ser demasiado complejo como para que se pudiera simplificar en un gráfico sencillo, como se encargó de demostrar uno de los grandes nombres de la historia de la ciencia: Michael Faraday (1791 – 1867), un aprendiz de encuadernador que ascendió de ayudante de Humphry Davy (1778 – 1829) en la Royal Intitution londinense.

En 1.821, poco después de saber de los trabajos de Oersted, Faraday, que también dejó su impronta en la química, demostró que un hilo por el que pasaba una corriente eléctrica podía girar de manera continua alrededor de un imán, con lo que vio que era posible obtener efectos mecánicos (movimiento) de una corriente que interacciona con un imán. Sin pretenderlo, había sentado el principio del motor eléctrico, cuyo primer prototipo sería construido en 1.831 por el físico estadounidense Joseph Henry (1797 – 1878).

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Michael Faraday

Lo que le interesaba a Faraday no eran necesariamente las aplicaciones prácticas, sino principalmente los principios que gobiernan el comportamiento de la naturaleza, y en particular las relaciones mutuas entre fuerzas, de entrada, diferentes. En este sentido, dio otro paso importante al descubrir, en 1.831, la inducción electromagnética, un fenómeno que liga en general los movimientos mecánicos y el magnetismo con la producción de corriente eléctrica.

Este fenómeno, que llevaría a la dinamo, representaba el efecto recíproco al descubierto por Oersted; ahora el magnetismo producía electricidad , lo que reforzó la idea de que un lugar de hablar de electricidad y magnetismo como entes separados, sería más preciso referirse al electromagnetismo.

La intuición natural y la habilidad experimental de Faraday hicieron avanzar enormemente el estudio de todos los fenómenos electromagnéticos. De él es, precisamente, el concepto de campo que tanto juego ha dado a la física.

Sin embargo, para desarrollar una teoría consistente del electromagnetismo se necesitaba un científico distinto: Faraday era hábil experimentador con enorme intuición, pero no sabía expresar matemáticamente lo que descubría, y se limitaba a contarlo. No hubo que esperar mucho, ni salir de Gran Bretaña para que un científico adecuado, un escocés de nombre James Clerk Maxwell (1831 – 1879), hiciera acto de presencia.

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Maxwell desarrolló las matemáticas para expresar una teoría del magnetismo-electricidad (o al revés) que sentó las bases físicas de aquel fenómeno y contestaba a todas las preguntas de los dos aspectos de aquella misma cosa, el electromagnetismo. En sus ecuaciones vectoriales estaban todos los experimentos de Faraday, que le escribió una carta pidiéndole que le explicara, con palabras sencillas, aquellos números y letras que no podía entender.

Pero además, Maxwell también contribuyó a la física estadística y fue el primer director del Laboratorio Cavendish, unido de manera indisoluble a la física de los siglos XIX y XX (y también al de biología molecular) con sede en Cambridge.

Su conjunto de ecuaciones de, o en, derivadas parciales rigen el comportamiento de un medio (el campo electromagnético) que él supuso “transportaba” las fuerzas eléctricas y magnéticas; ecuaciones que hoy se denominan “de Maxwell”. Con su teoría de campo electromagnético, o electrodinámica, Maxwell logró, además, unir electricidad, magnetismo y óptica. Las dos primeras, como manifestaciones de un mismo substrato físico, electromagnético, que se comporta como una onda, y la luz, que es ella misma, una onda electromagnética, lo que, en su tiempo, resultó sorprendente.

Más de ciento treinta años después, todavía se podía o se puede apreciar la excitación que sintió Maxwell cuando escribió en el artículo Sobre las líneas físicas de la fuerza, 1861 – 62, en el que presentó esta idea: “Difícilmente podemos evitar la inferencia de que la luz consiste de ondulaciones transversales del mismo medio que es la causa de los fenómenos eléctricos y magnéticos.”

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Todo aquello fue posible gracias a las bases sentadas por otros y a los trabajos de Faraday como experimentador infatigable, que publicaba sus resultados en artículos y los divulgaba en conferencias en la sede de la Royal Institution londinense. Todos estos artículos y conferencias fueron finalmente publicados en el libro que llamaron Philosophical transactions de la Royal Society, y Experimental researches in chemistry and physics (Richard Taylor y William Francis, Londres, 1859; dos grandes científicos unidos por la historia de la ciencia que nos abrieron puertas cerradas que nos dejaron entrar al futuro).

No quiero seguir por este camino de personajes y sus obras ya que están enmarcados y recogidos en mi anterior libreta (primera parte de personajes), así que desviaré mis pensamientos hacia otras diversas cuestiones de mi interés, y espero que también del vuestro.

Antes dejaba la reseña de algún refrán o pensamiento sobre la amistad, y en realidad también podemos ver la cara amable de esta forma de sentimiento-aprecio-amor que llamamos amistad.

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Nosotros, los seres humanos, nunca vemos a nuestros semejantes como objetos o cuerpos neutros, sino que los miramos como personas con una riqueza interior que refleja su estado de ánimo o forma de ser, y de cada uno de ellos nos llegan vibraciones que, sin poderlo evitar, nos transmiten atracción o rechazo (nos caen bien o nos caen mal).

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Son muchos y diversos los signos sensoriales que, en silencio, nos llegan de los demás y son recogidos por nuestros sensores en una enorme gama de mensajes sensitivos que llamamos indistintamente simpatía, pasión, antipatía, odio, etc.

Está claro que cuando el sentimiento percibido es positivo, la satisfacción se produce por el mero hecho de estar junto a la persona que nos lo transmite, que con su sola presencia, nos está ofreciendo un regalo, y si apuramos mucho, a veces lo podríamos llamar incluso “alimento del alma”. Estar junto a quien nos agrada es siempre muy reconfortante, y según el grado de afinidad, amistad o amor, el sentimiento alcanzará un nivel de distinto valor.

“Donde tú vayas, iré yo. Donde tú habites, habitaré yo. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Donde tu mueras, moriré yo también, y allí seré enterrada, y que Dios me castigue si algo que no sea muerte me separa de ti.”

Libro de Rut (Biblia)

C. S. Lewis, en su ensayo de Los cuatro amores, explica cómo el afecto ignora barreras de edad, sexo, inteligencia y barreras sociales.

Lleva toda la razón; cada uno de los afectos ubicados en su justo nivel: el banquero todopoderoso irremisiblemente atado al cariño que le une con su niñera ya anciana; el jefe de gobierno que no puede evitar visitar (en la menor oportunidad) a su compañero de infancia, el zapatero de su pueblo; el rico hacendado, unido a su humilde secretario, 30 años a su lado, con el que comparte sus íntimos problemas; el hombre de 40 años que se ve inevitablemente enamorado de su secretaria de 20 años.

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Son fuerzas irresistibles que invaden el interior de los seres humanos de toda edad o condición y les lleva a unir sus sentimientos a otras personas que, en ocasiones, parecen no tener ninguna afinidad con su situación social o cultural, pero así ocurre.

Nacemos para amar y ser amados; ¿qué sería de nosotros si no? Todo lo malo que hacen los hombres está basado siempre en la falta de sentimiento. Cuando el amor o el afecto están presentes, nada malo podrá suceder. Por el contrario, el amor nos lleva, sin dudarlo, a sufrir y darlo todo por la persona amada. Ésa es la grandeza del amor verdadero, lo podemos dar todo sin pedir nada. Sin embargo, el mecanismo humano, en esos casos, hace que la persona que recibe tanto amor tenga también la necesidad de darlo.

El afecto es la primera forma, el primer escalón para amar, y la amistad es la segunda, un escalón más arriba. Tenemos muchos ejemplos de autores clásicos que nos hablan de la amistad: Homero, Platón, Aristóteles, Cicerón, Séneca o San Agustín.

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La primera literatura occidental, desde que Homero saca a pasear a Ulises por Troya y el Egeo, ya elogia esa relación que se presta entre los seres humanos y que da a sus vidas un colorido especial. La Ilíada y La Odisea, esas maravillas escritas hace casi tres milenios, son un canto a la amistad. Al leer en ellas podemos ver cómo la muerte de Patroclo es profundamente sentida por Aquiles, que gime y exclama:

“¡Oh, Patroclo! Ya que yo he de bajar después que tú a la tumba, no quiero enterrarte sin haberte traído las armas y la cabeza de Héctor…”

 

Sigue su bárbara perorata que, en aquellos tiempos y lugares, sólo reflejaban su sentimiento.

Dice Eurípides que cuando Dios da bienes, no hay necesidad de amigos. Pero nadie querría poseer todas las riquezas y estar solo, pues el hombre, como todos sabemos, es eminentemente un animal social, y su naturaleza le exige convivir con los otros seres de su misma condición para compartir con ellos sus logros, sus esperanzas, sus sentimientos y sus penas y alegrías. Así somos los humanos.

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En cada época sentimos de manera diferente y, nuestros sentimientos también, tienen significados distintos.

El cualquier tratamiento de la amistad aparecen varios rasgos comunes en todos los casos: relación entrañable y libre, recíproca y exigente, desinteresada y benéfica, nacida de una inclinación natural por atracción y simpatía de las partes implicadas y que se alimenta y acreciente del convivir compartiendo. Así, en los malos momentos, nos refugiamos en los amigos que nos ofrecen consuelo y, con ellos, nos gusta compartir también las alegrías. Sí, es una verdadera suerte contar con amigos en los que, de verdad, podamos confiar.

No soy masoquista, sin embargo, siento profundamente que, en verdad, sufrir por algo que vale la pena, es una alegría.

¿Quién no está dispuesto a sacrificarse por el bien del ser amado?

Pero… ¿Cómo he terminado así el trabajo?

emilio silvera

Rumores del saber del mundo

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En la serie rumores del saber del mundo, hemos ido dejando aquí, de manera esporádica, algunos retazos de ese saber que por el mundo, a lo largo y a lo ancho del discurrir del tiempo, han ido dejando los pueblos y civilizaciones que nos precedieron. Ellos sentaron las bases de lo que hoy somos. Hemos hablado aquí de los sumerios, egipcios, hindúes, chinos y de otras civilizaciones también misteriosas. Hemos dedicado algún tiempo al surgir de la escritura y de los números, sin dejar de lado a los grandes filósofos naturales que estudiaban la Naturaleza para tratar de desvelar sus secretos.

                        Tiempos de Oráculos y Deidades

Sin embargo, en Alejandría, las matemáticas o, al menos, los números tuvieron otro aspecto muy importante, y también muy diferente. Se trata de los denominados “misterios órficos” y su énfasis místico.

Según Marsilio Ficino, autor del siglo XV d.C., hay seis grandes teólogos de la antigüedad que forman una linea sucesoria. Zoroastro fue “el principal referente de los Magos”; el segundo era Hermes Trismegisto, el líder de los sacerdotes egipcios; Orfeo fue el sucesor de Trismegisto y a él le siguió Aglaofemo, que fue el encargado de iniciar a Pitágoras en los secretos, quien a su vez los confió a Platón. En Alejandría, Platón fue desarrollado por clemente y Filón, para crear lo que se conocería como neoplatonismo.

Comienza Rumores del saber del mundo  XIV

Tres ideas conforman los cimientos de los misterios órficos. Una es el poder místico de los números. La existencia de los números, su cualidad abstracta y su comportamiento, tan vinculado como el del Universo, ejercieron una permanente fascinación sobre los antiguos, que veían en ellos la explicación de lo que percibían como armonía celestial.


“El número once y su par, 11:11, engloban un código sincromístico, relacionado para muchas personas con la comunicación de una inteligencia cósmica que busca abrir un portal en la conciencia y en la genética humana. Aparte de ésto, esta cifra tiene una resonancia y una simbología profunda que hace reparar en este código, más allá de cultos y creencias, como un atisbo de la naturaleza matemática que subyace, como código de programación, el mundo en el que vivimos.

 

 

La naturaleza abstracta de los números contribuyó a reforzar la idea de un alma abstracta, en la que estaba implícita la idea (trascendental en este contexto) de la salvación: la creencia de que habrá un futuro estado de éxtasis, al que es posible llegar a través de la trasmigración o reencarnación.

Por último, estaba el principio de emanación, esto es, que existe un bien eterno, una unidad o “monada”, de la que brotaba toda la creación. Como el número, esta era considerada una entidad básicamente abstracta. El alma ocupada una posición intermedia entre la monada y el mundo material, entre la mente, abstracta en su totalidad, y los sentidos.

Según los órficos, la monada enviaba (“emanaba”) proyecciones de sí misma al mundo material y la tarea del alma era aprender usando los sentidos. De esta forma, a través de sucesivas reencarnaciones, el alma evolucionaba hasta el punto en el que ya no eran necesarias más reencarnaciones y se alcanzaba el momento de profunda iluminación que daba lugar a una forma conocida como gnosis, allí la mente esta fundida con lo que percibe. Es posible reconocer que esta idea, original de Zoroastro, subyace en muchas de las regiones principales del mundo, con distintas variantes o matices que, en esencia, viene a ser los mismos.

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Pitágoras, en particular, creía que el estudio de los números y la armonía conducían a la gnosis. Para los pitagóricos, el número uno no era un número en realidad, sino la “esencia” del número, de la cual surge todo el sistema numérico. Su división en dos creaba un triángulo, una trinidad, la forma armónica más básica, idea de la que encontramos ecos en santísimas religiones.

Platón, en su versión más mítica, estaba convencido de que existía un “alma mundial”, también fundada en la armonía y el número, y de la cual brotaba toda la creación. Pero añadió un importante refinamiento al considerar que la dialéctica, el examen crítico de las opiniones era el método para acceder a la gnosis.

La tradición sostiene que el cristianismo llegó a Alejandría a mediados del siglo I d.C., cuando Marcos el evangelista llegó a la ciudad para predicar la nueva religión.

Las similitudes espirituales entre el platonismo y el cristianismo fueron advertidas de forma muy clara por Clemente de Alejandría (150-215 d.C.), pero fue Filón el indio quien primero desarrolló esta nueva fusión. En Alejandría habían existido escuelas pitagóricas y platónicas desde hacía un largo tiempo, y los judíos cultos conocían los paralelos entre las ideas judías y las tradiciones Geténicas, hasta el punto de que para muchos de ellos el orfismo no era otra cosa que “una emanación de la Torá de la que no había quedado constancia”.

Filón era el típico alejandrino que “nunca confiaba en el sentido literal de las cosas y siempre estaba a la búsqueda de interpretaciones músticas y alegóricas”. Pensaba que podía “conectar” con Dios a través de ideas divinas, que las ideas eran “los pensamientos de Dios” porque ponían orden a la “materia informe”. Al igual que Platón, tenía una noción dualista de la Humanidad:

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“De las almas puras que habitan el espacio etéreo, aquellas más cercanas a la tierra resultan atraídas por los seres sensibles y descienden a sus cuerpos”.

 

Las almas son el lado divino del hombre.

Es interesante reparar los hechos pasados y la evolución del pensamiento humano que, en distintos lugares del mundo y bajo distintas formas, todos iban en realidad a desembocar en el mismo mar del pensamiento.

La naturaleza humana y el orden universal, el primero unido a un alto concepto cuasi divino, el Alma, el segundo regido por la energía cósmica de las fuerzas naturales creadoras de la materia y, todo esto, desarrollado de una u otra manera por los grandes pensadores de todos los tiempos que hicieron posible la evolución del saber para tomar posesión de profundos conocimiento que, en un futuro, nos podrán permitir alcanzar metas, que aún hoy, serían negadas por muchos.

                  No deberíamos perder de vista la Historia de la Humanidad

Para mí, el mirar los hechos pasados y estudiar los logros alcanzados en todos los campos del saber, es una auténtica aventura que profundiza y lleva al conocimiento del ser humano que, según la historia, es capaz de lo mejor y de lo pero, sin embargo, nadie podrá negarle grandeza ni imaginación.

Los pensadores del Renacimiento creían que todo el Universo era un modelo de la idea divina y que el hombre era “un creador que venía después del creador divino”. Esta concepción era el concepto de belleza, una forma de armonía que reflejaba las intenciones de la divinidad.

Lo que era placentero para los ojos, el oído y la mente era bueno, moralmente valioso en sí mismo. Más aún: revelaba parte del plan divino para la Humanidad, pues evidenciaba la relación de las partes con el todo.

Este ideal renacentista de belleza respaldaba la noción de que esta tenía dos funciones, noción aplicable a todas las disciplinas. En un nivel, la arquitectura, las artes visuales, la música y los aspectos formales de las artes literarias y dramáticas informaban a la mente; en segundo nivel, la complacían mediante el decoro, el estilo y la simetría. De esta forma se estableció una asociación entre belleza e ilustración. También esto era lo que entonces significaba la sabiduría.

                                                           Algunos quisieron abarcarlo todo

El fin perseguido era el deseo de universalidad personal, la consecución de conocimientos universales, la conjunción de disciplinas diferentes como ramas del todo, del saber profundo que abarcaba desde el núcleo las distintas esferas del conocimiento universales, la conjunción de disciplinas diferentes como ramas del todo, del saber profundo que abarcaba desde el núcleo las distintas esferas del conocimiento como partes de ese todo.

El reconocimiento de la belleza se funda en los dones divinos del intelecto humano. Durante el Renacimiento se escribieron unos cuarenta y tres tratados sobre la belleza. La idea de hombre universal es una idea común a casi todos ellos.

emilio silvera

Fuente: Ideas de Peter Watson

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