lunes, 17 de febrero del 2020 Fecha
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Distancias inalcanzables (en el presente)

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Las distancias en el Espacio    ~    Comentarios Comments (7)

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En el espacio exterior, el cosmos, lo que conocemos por universo, las distancias son tan enormes que se tienen que medir con unidades espaciales como el año luz (distancia que recorre la luz en un año a razón de 299.792.458 metros por segundo). Otra unidad ya mayor es el pársec (pc), unidad básica de distancia estelar correspondiente a una paralaje trigonométrica de un segundo de arco (1”). En otras palabras, es la distancia a la que una Unidad Astronómica (UA = 150.000.000 Km) subtiende un ángulo de un segundo de arco. Un pársec es igual a 3’2616 años luz, o 206.265 Unidades Astronómicas, o 30’857×1012 Km. Para las distancias a escalas galácticas o intergalácticas se emplea una unidad de medida superior al pársec, el kilopársec (Kpc) y el megapársec (Mpc).

Para tener una idea aproximada de estas distancias, pongamos el ejemplo de nuestra galaxia hermana, Andrómeda, situada (según el cuadro anterior a 725 kilopársec de nosotros) en el Grupo local a 2’3 millones de años luz de la Vía Láctea.

¿Nos mareamos un poco?

1 segundo luz 299.792’458 Km
1 minuto luz 18.000.000 Km
1 hora luz 1.080.000.000 Km
1 día luz. 25.920.000.000 Km
1 año luz 9.460.800.000.000 Km
2’3 millones de años luz 21.759.840.000.000.000.000 Km

¡Una barbaridad!

Imagen relacionada

Ahora para tratar de llegar a la galaxia hermana Andrómeda, sólo contamos con naves que podrían alcanzar la velocidad de 60.000 km/h., ¿Cuántos tardaríamos en llegar, si es que llegamos?

Andrómeda, la hermana mayor de la Vía Láctea, situada a 2,3 años-luz  de nosotros, viaja en nuestra dirección a una buena velocidad. Sin embargo, se calcula que nos no llegará hasta nosotros hasta dentro de unos pocos miles de millones de años, casí cuando el Sol esté agotándo su combustible nuclear de fusión para convertirse en una Nebulosa planetaria con una enana blanca en su centro.

Ahí tenemos la imposibilidad física de viajar a otros mundos, y no digamos a otras galaxias. Las velocidades que pueden alcanzar en la actualidad nuestros ingenios espaciales no llegan ni a 50.000 Km/h. ¿Cuánto tardarían en recorrer los 21.759.840.000.000.000.000 Km que nos separa de Andrómeda?

Incluso el desplazarnos hasta la estrella más cercana, Alfa Centauri, resulta una tarea impensable si tenemos en cuenta que la distancia que nos separa es de 4’3 años luz, y un año luz = 9.460.800.000.000 Km. Así que, para llegar a la “cercana” Alfa Centauri tendríamos que multiplicar por 4 esa inmensa distancia. ¿Cuándo llegaríamos allí? ¿Los viajeros que partieron de la Tierra y muchas generaciones siguientes (si todo transcurre con normalidad) serían los que arribarían al destino. Sin embargo, dudo que, cuando llegaran, no hubieran padecido mutaciones por tan larga estancia en el Espacio.

http://s.libertaddigital.com/fotos/noticias/velocidad-luz-warp-190912.jpg

Muchos son los que han querido imaginar como viajar más rápido que la Luz… ¡Sin superar su velocidad! Todos sabemos, como nos enseñó la Relatividad Especial de Einstein que, la luz, nos marca el límite de la velocidad que se puede alcanzar en el Espacio. Nada podrá nunca viajar más rápido que la luz en el vacío, es decir, más rápipdo que 299.792.458 metros cada segundo. Y, se idean otras formas para poder burlar ese límite y llegar antes que la luz a un determinado lugar. Hasta que no se busque la manera de esquivar la barrera de la velocidad de la luz, los viajes a otros mundos están algo complicados para nosotros.

La única ventaja a nuestro favor: ¡EL TIEMPO! Tenemos mucho, mucho tiempo por delante para conseguir descifrar los secretos del hiperespacio que nos mostrará otros caminos para desplazarnos por las estrella que, en definitiva, será el destino de la humanidad.

Nuestro Sol, antes de que pasen 4.000 millones de años, comenzará una transición de fase que, de estrella en la secuencia principal de HP, pasará a su fase terminal convirtiéndose en una Gigante roja que, eyectará sus capas exteriores al espacio interestelar formando una Nebulosa planetaria y, la estrella, exenta de la energía de fusión, quedará a merced de la fuerza de Gravedad que la comprimirá hasta límites de una densidad que sólo podrá ser frenada por la degeneración de los electrones. En ese punto, volverá el equilibrio entre dos fuerzas y el proceso se parará dejando una enana blanca con un radio parecido al de la Tierra y una densidad de 109 Kg m3.

Antes de que todo eso llegue, tenemos que tener en cuenta que habrá que salvar otro gran escollo que se nos viene encima (nunca mejor dicho), ya que, la Galaxia Andrómeda viene hacia La Vía Láctea a razón de 1.000.000 de Km/h y, aproximadamente en unos 3.000 millones de años la tendremos, irremediablemente, colisionando con nuestra Galaxia, con lo cual, las fuerzas de marea que esas enormes masas pueden producir, son de impensable magnitud y, el desenlace tardará varios millones de años en finalizar hasta que de las dos grandes Galaxias del Grupo Local, sólo quede una enorme galaxia elíptica y, en el proceso, habrán nacido un sin fin de nuevas estrellas, otras habrán sido desplazadas de su regiones y lanzadas a distancias enormes, algunas habrán podido colisionar y, en definitiva, lo que allí pueda ocurrir en el futuro lejano, es de incalculable trascendencia para la Humanidad (si aún sigue aquí para ese tiempo).

Sí, existen muchos lugares a los que, cuando llegue el momento podremos viajar. Sin embargo, necesitamos muchos más conocimientos de los que actualmente tenemos para poder realizar esos viajes “imposibles” en las actuales circunstancias. Estamos comenzando, ahora, a poder realizar los primeros intentos de salir al Espacio, y, para cuando realmente podamos efectuar viajes espaciales, habrán pasado muchos, muchos, muchísimos años. No quiero mencionar, lo que podríamos tardar en dominar viajes hiperespaciales a velocidades superlumínicas. Claro que, la imaginación humana es… ¡”infinita”!

Si esto es así (que lo es), tenemos una buena excusa para pensar en posibles modos de escapar hacia otros mundos lejanos en los que poder asentar a la Humanidad lejos de esos acontecimientos de magnitud (para nosotros) infinita y contra los que nada podremos hacer, excepto, si podemos y buscamos el medio… huir a otros lugares más seguros.

Si, las distancias que nos separan de esos otros mundos parece una barrera difícil de franquear, y, sin embargo, tengo una gran esperanza puesta en que, la Humanidad, la inteligencia de los seres que la compone, y, sobre todo su imaginación, con el tiempo por delante tendrá la oportunidad de buscar esas difíciles soluciones que posibiliten nuestro traslado a las estrellas lejanas.

Para lograr eso, con nuestras limitaciones actuales, no tenemos más remedio que valernos de sondas robotizadas y, en el futuro, serán perfectos robots humanoides que, no tendrán ninguna de nuestras barreras para deambular por el cielo y visitar esas regiones lejanas en las que, posiblemente, se encuentren los planetas idóneos para habitats de seres como nosotros.

Esas son, en realidad, las miras que están puestas en todas esas misiones enviadas a las lunas y planetas cercanos para estudiar su entorno, la atmósfera, la superficie y las radiaciones. Se trata de ir conociendo el entorno y, con los adelantos tecnológicos que ahora mismo tenemos, se hace lo que se va pudiendo y, cada día, se avanza un paso más a la búsqueda de esas soluciones que, ese día muy lejano aún, llegará la debacle a la Tierra y, para entonces, no podremos continuar aquí. La única solución: Escapar a otros mundos.

emilio silvera

 

  1. 1
    Emilio Silvera
    el 22 de octubre del 2017 a las 8:58

    Si algún día, lejos aún en el futuro, nuestra especie logra encontrar la manera de viajar a otros mundos y otras galaxias, ese día, amigos míos, nos podremos llamar, con propiedad, Señores del Espacio. Mientras eso llega, nos tendremos que conformar con mirar el Universo a través del Telescopio, o, utilizando los grandes aceleradores, y, los ingenios que captan las ondas gravitatorias que nos cuentan hechos imposibles de localizar de otra manera.

    El tema de los viajes espaciales hacia otros mundos, hace tiempo ya que preocupa a nuestra especie que, de alguna manera, sabe que la Tierra, no podrá ser nuestra “casa” para siempre. El Sol tiene sus días contados y, aunque aún faltan muchos de esos días para que el final llegue… Irremediablemente… ¡Llegará!

    Ahora se están haciendo pruebas con un sistema de iones que parece que, como energía para las naves espaciales, podrían alcanzar una velocidad de cerca de 150.000 Km/h., y, aunque eso es insuficiente para salvar las distancias que nos separan de otros mundos… ¿Un paso hacia adelante es!

    Imaginar ahora un viaje a un mundo situado a 12 años luz de nuestro planeta… ¡Es demencial! ¿Cuándo lo podríamos alcanzar? Si nuestras naves espaciales más rápidas sólo pueden correr a 60.000 Km/h, sería un viaje eterno, las generaciones de los pasajeros se irían muriendo una tras otra, y, en el supuesto caso de que las cosas marcharan bien y sin ningún incidente (cosa poco probable en ese recorrido lleno de imprevistos y situaciones límites), ¿qué clase de Seres llegarían a ese otro mundo? Si tenemos en cuenta que viajar en el Espacio ingrávido durante largos períodos de tiempo, deterioran el esqueleto y eso, sin detenernos a pensar en otros inconvenientes que tendrían que solventar los viajeros.

    Ahí reside el problema de los viajes espaciales: En las distancias inalcanzables. Se me ocurre que, para realizar nuestros sueños, en un primer momento, tendríamos que utilizar a Robots inteligentes que, al no afectarles la radiación, ni la ingravidez, ni tampoco el sueño, ni el hambre… Tendrían alguna posibilidad de llegar.

    De todas las maneras y aunque así fuera, y, suponiendo que llegaran a sus destinos, nos enviarían datos e informes que tardarían… ¡Un Tiempo “infinito” en llegar a nosotros. ¿Para qué entonces tanto esfuerzo?

    La única manera que tiene alguna posibilidad de realizar esos viajes, está en poder descubrir la manera de burlar a la velocidad de la luz, mediante la apertura de agujeros de gusano y viajar por el Hiperespacio acortando las distancias entre nuestro mundo y esos otros que deseamos conocer.

    ¡Un sueño irrealizable!… De momento.

    Responder
  2. 2
    nelson
    el 22 de octubre del 2017 a las 17:46

    Hola muchachada.
    Hola Amigo Emilio.
    Un interesante artículo (ya tiene nueve años) sobre el futuro de nuestras galaxias hermanas y nuestro Sistema Solar.
     https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/futuro/13-2029-2008-10-29.html
    Abrazos.

    Responder
  3. 3
    nelson
    el 22 de octubre del 2017 a las 17:51

    Lo pego literal pues el enlace no “pega”.

    SÁBADO, 25 DE OCTUBRE DE 2008

    Choque de Titanes

     
    Por Mariano Ribas.

    Allí está Andrómeda. Luce calma e inofensiva: es aquel manchón, pálido y difuso, que en esta época, y desde nuestras latitudes, apenas se asoma sobre el horizonte del Norte hacia la medianoche. En las grandes ciudades, sólo podemos verla con la ayuda de unos binoculares. Pero en cielos verdaderamente oscuros y transparentes, es fácil observarla a ojo desnudo, como un suave resplandor ovalado, del tamaño de tres o cuatro lunas en fila.
    Mirar a Andrómeda resulta por demás emocionante: es el objeto más lejano observable a simple vista. Está a una distancia de casi tres millones de años luz. Una fosa de espacio tan profunda que la luz, viajando a 300 mil Km/seg, demora casi tres millones de años en cruzar. Mucho espacio, y mucho tiempo.
    Y eso también es profundamente emocionante: cuando miramos a Andrómeda, en realidad, la vemos como era hace casi tres millones de años. Esa suave luz galáctica que recién ahora pega en nuestras pupilas es muy vieja. Salió de allí cuando en la Tierra aún vivían Lucy y los demás Australopithecus afarensis, aquellas pequeñas criaturas bípedas que iniciaban el camino hacia nosotros.
    Y sin embargo, noche a noche, año tras año, y siglo tras siglo, esa brutal brecha espacial que separa a Andrómeda de nuestra galaxia, la Vía Láctea, se va cerrando. Sin que lo notemos, mañana, ambas estarán un poco más cerca que hoy. Y alguna remotísima vez, dentro de miles de millones de años, estos dos pesos pesado de la fauna galáctica local se encontrarán en un fenomenal abrazo gravitatorio. Un episodio mayúsculo que desatará oleadas masivas de alumbramientos estelares, y finalmente, el nacimiento de toda una nueva galaxia.
    REINAS DEL “GRUPO LOCAL”
    Hasta hace apenas un siglo parecía que nuestra galaxia era todo el universo. Pero no: la Vía Láctea no está sola, sino que forma parte del llamado “Grupo Local”, una familia de unas 50 galaxias, desparramadas en un radio de unos pocos millones de años luz (y que es, apenas, una mota de polvo en un universo de unos 100 mil millones de galaxias, y mayormente vacío, pero esa es otra historia).
    La inmensa mayoría del “Grupo Local” son modestas galaxias “enanas”, formadas por unos pocos miles de millones de estrellas. Otras son un poco más respetables, como las Nube Mayor y la Nube Menor de Magallanes, dos galaxias vecinas que se ven como manchones en nuestros cielos australes. Pero la verdad es que en esta cincuentena de galaxias, sólo hay tres verdaderamente notables.
    La tercera en el podio es M33 (también conocida como “Galaxia del Triángulo”, por la constelación donde se la puede ubicar), una muy bonita galaxia espiral de 50 mil años luz de diámetro. La segunda es la nuestra, una galaxia espiral barrada, de 100 a 120 mil años luz de diámetro, y unos 400 mil millones de estrellas (lo de “barrada” se debe a que su núcleo está, justamente, atravesado por una barra de estrellas y gases).
    Y sí, obviamente, la número 1 es Andrómeda, otra galaxia espiral, quizás un 40 o 50 por ciento más grande que la nuestra, pero con una masa estelar bastante parecida. Este fabuloso carrusel de estrellas –también conocido como M31– es uno de los íconos máximos de la astronomía. No hay libro o revista especializada que no tenga una foto de Andrómeda en sus páginas. Además, es uno de los objetos más notables del firmamento (boreal, especialmente, porque desde el Hemisferio Sur apenas podemos verla sobre el horizonte).
    Indiscutiblemente, y más allá de los parámetros que se tengan en cuenta (parece, por ejemplo, que la nuestra tiene más “materia oscura”), Andrómeda y la Vía Láctea son los dos titanes del Grupo Local. Incluso, cada una de ellas tiene un séquito de varias “galaxitas” satélites, sujetas por sus tremendos tirones gravitatorios. Y bien, parece que las dos reinas locales tienen su suerte echada en el largo plazo. Y alguna vez, las dos serán una sola.
    A TODA VELOCIDAD
    Por empezar, pongamos las cosas a escala, para entenderlo mejor. Actualmente, la distancia entre la Vía Láctea y Andrómeda es de 2,9 millones de años luz. Tomando en cuenta esa brecha y los tamaños de ambas (prescindiendo de ciertas diferencias), podríamos representarlas como dos CD separados por tres metros. No parecen demasiado juntas. El punto es que se están acercando.
    A partir de distintos estudios espectrales de la luz emitida por Andrómeda, queda bien en claro su velocidad radial con respecto a la Tierra -y a toda la Vía Láctea, en realidad- es de unos 140 Km/seg. Es decir, 500 mil Km/hora. En realidad, no es que la Vía Láctea esté quieta y que Andrómeda se nos venga encima, sino que esa es la suma de las velocidades de una con respecto a otra.
    Los dos titanes del “Grupo Local” se están acercando entre sí, ni más ni menos. Están jugando al juego que mejor juegan y que más les gusta: el irresistible juego de la gravedad. A paso firme y sostenido, devorando millones y millones de kilómetros por día (nada a escala intergaláctica), la Vía Láctea y su hermana mayor se verán las caras bien de cerca dentro de 3 mil millones de años. Y entonces comenzará un lento y espectacular drama.
    LA GRAN SIMULACION
    Las colisiones entre galaxias no son fenómenos tan raros en el universo. De hecho, los más grandes telescopios han fotografiado cientos y cientos de casos, algunos verdaderamente impresionantes -tanto en detalle como en espectacularidad- como en el caso de las famosas galaxias “Antenas” (situadas a más de 60 millones de años luz). El estudio de esos choques galácticos ha echado algo de luz sobre la suerte que les espera a la Vía Láctea y Andrómeda.
    Tanto o más importantes han sido las contribuciones de varios modelos teóricos y simulaciones por computadoras, realizadas durante los últimos años. Entre los casos más notables figuran los trabajos publicados en 2000 y 2001 por el astrónomo John Dubinsky (Universidad de Toronto), y más recientemente, en 2007, por un grupo de investigadores encabezados por Thomas Cox y Abraham Loeb (Centro de Astrofísica HarvardSmithsonian, en Massachusetts).
    Y ni hablar de las espectaculares imágenes virtuales generadas por el doctor Frank Summers y sus colegas (Space Telescope Science Institute, en Baltimore, EE.UU.). Generando “Vías Lácteas y Andrómedas virtuales” en súper computadoras, y cargando pilas de datos (como sus masas, diámetros, densidades, orientaciones, distancia y velocidades), fue posible adelantarse en el tiempo, y recrear -aproximadamente, claro está– el encuentro entre las dos galaxias, su evolución, y sus consecuencias. Veamos qué pasará…
    NACIMIENTO DE “VIA ANDROMEDA”
    Nada especialmente significativo ocurrirá hasta dentro de unos 1500 millones de años. A partir de entonces, lentamente (y a medida que Andrómeda vaya apareciendo cada vez más grande y brillante en el cielo), las siluetas de ambas galaxias empezarán a deformarse progresivamente, producto de sus respectivos tironeos gravitatorios.
    Y unos 1000 millones de años después tendrán su primer encuentro, a más 1 millón 500 mil Km/hora. Será un tremendo roce que las deformará completamente, abriendo sus cerrados cuerpos espiralados, hasta formar unas especies de letras “S” muy estiradas. Ambas galaxias, completamente desgarradas, seguirán de largo, alejándose durante unos cientos de millones de años más, para luego frenarse y, entonces sí, caer hacia su abrazo y fusión definitiva.
    Lejos de chocar verdaderamente, tanto en su roce inicial como en su fusión final, Andrómeda y la Vía Láctea se atravesarán, e integrarán sus cuerpos cientos de miles de veces millonarios en estrellas. De hecho, y dados los enormes vacíos interestelares, es tremendamente improbable que alguna de sus estrellas choquen entre sí (para entenderlo un poco mejor, basta con imaginarse a dos granos de arena separados en el volumen de un estadio de fútbol).
    En medio de retorcijones y corrientes alocadas de estrellas, lanzadas en una y otra dirección, ambas galaxias se irán asentando en un cuerpo único de forma aproximadamente ovalada. Habrán pasado unos cuatro mil millones de años desde nuestros días.
    El largo y traumático parto del nuevo monstruo galáctico, que nosotros preferimos llamar “Vía Andrómeda” (aunque en otros sitios la llamen “Milkomeda”), traerá aparejado otro fenómeno nada menor: remolinos y colisiones directas entre las nebulosas que flotan entre las estrellas. Enormes masas de gas y polvo que miden cientos o miles de años luz, y que se verán inevitablemente forzadas a chocar y colapsar, desatando masivas oleadas de nacimientos de estrellas. Nuevos soles que se encenderán por primera vez en la flamante –y aún muy inestable– súper galaxia.
    ¿Y EL SISTEMA SOLAR?
    En los cielos de la Tierra, el espectáculo estará garantizado desde el comienzo. La espiralada silueta de Andrómeda ocupando casi todo el cielo, es algo que eriza la piel de sólo pensarlo. Pero… ¿habrá alguien para verla? Más aún: ¿cuál será la suerte de todo el Sistema Solar en medio de semejante desbarajuste galáctico? Nada podemos saber acerca de la suerte de la humanidad. Tal vez, por aquel lejanísimo entonces, hayamos poblado buena parte de la galaxia, quién sabe con qué forma, y viajando a velocidades sublumínicas. O tal vez hayamos desaparecido muchísimo tiempo antes.
    Lo cierto es que dentro de tres o cuatro mil millones de años, el Sol seguirá vivo. Sí, será una estrella bastante vieja, pero aún le quedará resto para brillar otros dos mil millones de años. Más allá de ciertas diferencias en cuanto a los tiempos y al desarrollo general de la colisión, los modelos de Dubinsky y de Cox/Loeb coinciden en algo: el Sol (arrastrando a todo el Sistema Solar) seguramente saldrá disparado hacia los bordes de la nueva galaxia, quizá quedando a unos 100 mil años luz de su centro (en comparación, actualmente, estamos a 27 mil años luz del núcleo de la Vía Láctea).
    Pero, pase lo que pase, el viejo Sol sabrá defender y retener a su corte de mundos. En medio de la debacle galáctica, la gravedad solar se impondrá a los muy atenuados tirones de otras estrellas, mucho más lejanas, y a la deriva. Y así será hasta el final de sus días. Y cuando el viejo Sol finalmente muera, Vía Andrómeda ya habrá calmado hace rato sus penosas furias de parto. La colosal galaxia elíptica, con casi un millón de millones de estrellas, estará en paz. Y dominará orgullosa este rincón perdido del universo.

    Otro abrazo.

    Responder
  4. 4
    Emilio Silvera
    el 22 de octubre del 2017 a las 21:54

    Amigo Nelson, se agradece el trabajo, ya que, la buena descripción de Don Mariano ilustra de manera magistral lo que, en ese futuro que no estaremos pasará, y, sólo he echado en falta en el relato, señalar que, todo el inmenso remolino/s del inevitable encuentro de las dos galaxias, hará que el viaje del Sol hacia regiones más lejanas del núcleo de la nueva y gigante galaxia, seguramente, aleje a la Tierra de la zona habitable. De todas las maneras, seguramente nosotros, ya no estaremos aquí, pués como bien apunta el señor Ribas, habremos aprendido lo necesario para salvar la especie habitando otros mundos, o, también cabe la posibilidad por él apuntada de que la Humanidad esté extinguida.

    Esperemos que nuestro destino sea el primero y que, los que vengan detrás de nosotros, sepan buscar la manera de burlar la velocidad de la luz, la única manera que tendremos de viajar a otros mundos lejanos.

    Un abrazo amigo.

    Responder
    • 4.1
      nelson
      el 25 de octubre del 2017 a las 0:59

      Querido Amigo.
      Es que si observamos en perspectiva el explosivo desarrollo de la Ciencia y de la Tecnología en breves cien años, en millones de años, son inimaginables los avances portentosos que esta especie logrará, por lo que no sería nada raro que, entre otras maravillas, se pudiera modificar, por ejemplo, la órbita de la Tierra para mantenerla sucesivamente en la Zona Habitable a medida que el Sol se expanda y que se modifique el medio ambiente adecuándolo a las condiciones de la época. Creo que alguna vez leí algo en Ciencia Ficción sobre la utilización del planeta como nave espacial para evitar el cataclismo.
      Retribuyo bien fuerte el abrazo.

      Responder
  5. 5
    kike
    el 23 de octubre del 2017 a las 22:17

      Casi todo el mundo opina que cuando Andromeda choque contra nuestra galaxia no ocurrirá nada de particular, debido principalmente a las grandes distancias entre las estrellas y a que ocurrirá gradualmente, en un plazo muy largo comparado con nuestras vidas.

      Y aunque eso es bastante lógico,  yo particularmente no creo que la cosa sea tan sencilla ni benevolente. Hay que tener en cuenta que Andrómeda cuenta con el doble al menos de estrellas que nuestra galaxia, así como de cumulos globulares y nebulosas.  Solo la presión del gas que ejercerá en su camino influirá sin duda en la creación de multitud de estrellas nuevas y al desorden orbital de millones. Se podrían producir multiples desorganizaciones orbitales de los planetas de gran cantidead de estrellas, pues el empuje hará que modifiquen su rumbo, lo que ocasionaría facilmente igual desorden en las órbitas planetarias. Multitud de grandes estrellas pudieran ver adelantado su fin, que ocasionaría frecuentes explosiones de supernovas, con más materia, gas y empuje para las demás; en realidad la gravedad transformará grandemente a ambas galaxias, pero ya se sabe que el más pequeño sufre más en una colisión, sobre todo si el grande es el que va más rápido.  Aparte de todo eso, por si fuera poco, el espacio se llenará de ondas luminosas nada convenientes con la vida, multitud de rayos X y Gamma viajarán en su tipica forma de rayos cósmicos, pero mucho más potentes, lo que podría destrozar las atmosferas de muchos planetas que la puedan poseer.  Solo pensar en que esas presiones podrían lanzar toda la Nube de Oort hacia el Sol, significaría un verdadero cataclismo, me refiero especialmente a los seres vivos.

     Supongo que a esas alturas el hombre habrá conseguido dominar parte del espacio, pero…habrá podido encontrar un sitio seguro?; porque lo único seguro sería mudarswe a otra galaxia, y eso en principio lo veo bastante complicado…

     Bueno, ya (no) lo veremos….

    Responder
    • 5.1
      Emilio Silvera
      el 24 de octubre del 2017 a las 6:10

      Amigo Kike:

      Además de todo lo que dices que puede pasar y que, de seguro, pasará, y, a pesar de lo que dicen casi todos los expertos, por mi parte creo que, el número de estrellas, de mundos y de otros objetos enormes que pueblan las dos galaxias, en algunos casos, sí que colisionaran y se formaran verdaderas catástrofes en esas regiones con expansión de ondas gravitacionales y cósmicas de consecuencias impredecibles. ¿Te imaginas el encuentro de dos estrellas masivas? La explosión de energía sería inusitada y afectaría a una gran zona de varios años luz con lo que eso supone para los mundos que estén por aquellos lares que, al menos en un principio, se quedarían sin atmósferas y, sus posibles seres vivos pasarían a mejor vida. No, no serán las cosas tan fáciles ni las imágenes tan bonitas como el escenario de las dos galaxias bailando una danza la una alrededor de la otra durante años, sino que, los estragos serán enormes. Sin embargo, al final de todo eso, el orden se restablecerá y las nuevas estrellas y nuevos mundos darán lugar a un nuevo comienzo en el que, nosotros, no estaremos.

      Responder

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