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Una simple Anécdota

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Carnaval de Matematicas    ~    Comentarios Comments (3)

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El mayor Acelerador de Partículas de EE.UU. describe un círculo de unos seis kilómetros y medio en las praderas de Illinois, cerca de la ciudad de Batavia. En el Fermilab (Fermi National Acelerator Laboratory), haces de protones y antiprotones circulan por el largo tubo de acero inoxidable con velocidades cercanas a c, es decir, la velocidad de la luz. Se apiñan en dos puntos, dentro de unos detectores, de tal manera que las partículas y las antipartículas choquen entre sí, produciendo unas cantidades tremendas de energía. Los físicos examinan las consecuencias de estos choques, cuando por fusión se producen nuevas partículas -algunas nunca vistas en este Universo nuestro desde una fracción de segundos después del supuesto big bang- a partir de las explosiones de energía.

Pero vamos a nuestra historia. Cuando el Acelerador está en parada forzosa por cuestiones de mantenimiento, los guías del Fermilab llevan a grupos de visitantes a través del túnel brillantemente pintado del acelerador. Las visitas guiadas comienzan en el Atrio del Wilson Hall, el Edificio de la Administración, y luego cruzan la carretera para ir al acelerador. En el Atrio del Wilson Hall está también la Cafetería del Laboratorio y, si eres un visitante que vas a desayunar, te encuentras allí con físicos experimentales del Fermilab.

En mi visita (hace ya algunos años), una guía me contó que en una ocasión vio en su grupo de visitantes a un anciano cuya cara no le era desconocida y le resultaba bastante familiar. El hombre estaba fascinado en el Acelerador y, del grupo, era el que más interés mostraba por las explicaciones que se les facilitaba. Aquel hombre, miraba intensamente cada uno de los ingenios que la guía les enseñaba y atendía a sus complejas funciones con interés.

Tras regresar al Wilson, el anciano dio las gracias muy efusivamente a la guía y le comentó que estaba gratamente sorprendido de todo lo que allí había podido ver. La guía, entonces le comentó: “Su cara me es familiar ¿Nos hemos visto antes?. El hombre respondió afirmativamente y le dijo su nombre. Llevaba más de veinte años empleado en el Fermilab. Era un teórico que trabajaba en el Departamento de estudios teóricos en Wilson Hall, a diferencia de los físicos experimentales que trabajan en las salas de control del detector en relación directa con el acelerador, ellos, los teóricos, estaban en despachos entre ordenadores y complejas ecuaciones tratándo de despejar las incognitas surgidas de los experimentos.

Aquel hombre, en 20 maños, nunca había visto el Acelerador. Simplemente se había dedicado a estudiar los resultados de las colisiones. Y, lo gracioso del caso es que, su visita al acelerador había sido un equívoco, ya que, por error cuando salió de la oficina a desayunar, estaba pensativo y elucubrando en su mente sobre los últimos resultados que había analizado, y, sin darse cuenta, en lugar de colocarse en la cola de la Cafetería se colocó en la cola de visitantes del Acelerador y, de esa manera, tras veinte años de trabajar allí, pudo contemplar al fín el ingenio que, bajo Tierra, trataba de descubrir los secretos del Universo.

 

  1. 1
    nelson
    el 22 de diciembre del 2010 a las 17:35

    Hola Amigo Emilio.
     
    Una verdadera parábola sobre las contradicciones y paradojas que nos depara la vida. A veces nos creemos el ombligo del mundo, y no somos más que una minúscula pieza de un inmenso y complejo engranaje. Al mismo tiempo, sin el humilde aporte de cada uno, el engranaje no podría funcionar, y en todo caso, ya no sería el mismo mundo.
     
    Un fuerte abrazo, y el deseo de paz, armonía, y salud para vós y tu familia.

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  2. 2
    emilio silvera
    el 22 de diciembre del 2010 a las 18:29

    De corazón, te deseo lo mismo para tí y para todos los tuyos, estimado amigo Nelson.
    ¡Cuánta razón llevas! Cada uno aporta lo que buenamente puede, y, sin esos “poquitos” nada saldría bien.
     
    Un abrazo amigo.

    Responder
  3. 3
    Fabián
    el 22 de diciembre del 2010 a las 19:39

    Comparto la opinión y el razonamiento de ambos, amigos Nelson y Emilio, los aportes que cada uno pueda brindar, funcionan como pequeñas piezas de un gran rompecabezas que, con el tiempo se irá armando, ¿Cuántas piezas aún quedarán por encontrar?…

    Para Navidad: felicidad, para Año Nuevo: prosperidad, y para siempre: nuestra amistad.
     
    Un gran abrazo!

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