miércoles, 11 de diciembre del 2019 Fecha
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El árbol de la Vida

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en El Universo y la Vida    ~    Comentarios Comments (0)

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La química de la vida es la química del carbono, actuando el agua como disolvente capaz de transportar moléculas de un lugar a otro. Los elementos químicos más utilizados por los organismos biológicos son Carbono, Oxígeno, Nitrógeno e Hidrógeno que se combinan entre sí junto con algunos pocos elementos más para formar moléculas orgánicas básicas (como aminoácidos y azúcares que pueden encontrarse en algunos cometas y pueden formarse libremente en el frío espacio) y luego estructuras mucho más complejas como proteínas y enzimas capaces de desarrollar una química compleja capaz incluso de permitir que algunas moléculas se repliquen. Aunque la ciencia ficción ha tratado otras posibles formas de vida basadas en elementos químicos distintos, los biólogos y los químicos no parecen estar de acuerdo argumentando a favor de las propiedades únicas de los átomos de carbono y las moléculas de agua.

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La Nebulosa de Orión, también conocida como M42, es una de las nebulosas más brillantes y más famosos en el cielo. La formación de estrellas brillantes, nubes de gas y una región de estrellas jóvenes y calientes están en la foto izquierda en este mosaico marco de fuerte colorido, que incluye a la nebulosa M43 cerca del centro de la polvorienta y azulada nebulosa de reflexión NGC 1977. Situado en el borde de una gigantesca e invisible nube molecular compleja, los astrónomos han identificado lo que parecen ser numerosos sistemas solares en el inicio de su formación.

La química de la vida y la nucleosíntesis estelar

El estudio de la vida en el Universo se ha extendido en las últimas décadas en un campo científico interdisciplinar entre la astrofísica y la biología que ha acuñado el término de astrobiologíay se ocupa de cuestiones muy diversas que van desde la definición de qué es la vida a el origen de la vida en la Tierra o las posibilidades de su desarrollo en otros mundos.

En el árbol de la vida, construido a partir de comparaciones entre secuencias de nucleótidos de genes de diversos organismos, las plantas y los anumales quedan reducidos a brotes en la punta de una sóla de las ramas. La mayor diversidad de la vida y, por extensión, la mayor parte de su historia, es microbiana. Antes de explorar las rocas precámbricas en busca de rastros de las formas primeras de vida, conviene conocer algunas cosas acerca de las bacterias y las arqueas, los diminutos arquitectos de los ecosistemas terrestres.

Los investigadores, historiadores y otros estudiosos de las cosas que han pasado en el mundo, desde la vida, hasta las civilizaciones y los comportamientos de la sociedades de seres de toda índole, a menudo, tienen que habérselas con datos y documentos sesgados e incompletos e incluso, con datos contradictorios. Sin embargo, y a pesar de dichas limitaciones impuestos por relatos individuales a lo largo del tiempo, los estudiosos pueden llegar a formarse una visión equilibrada del pasado mediante la compulsa minuciosa de distintos documentos y diversas pruebas y fósiles de los quem entresacan aquellos datos que llevan al buen camino, al de la verdad de lo que pasó y que pueden mirar desde la perspectiva de la lejanía en el tiempo que va, siempre acompañada, de profundos estudios de toda índole.


En cualquier sitio de la Tierra, en el lugar más inesperado, podemos encontrar huellas de la vida pasada, mil formas diferentes en las que se configuró la vida para estar presente en este mundo y, no pudiendo adaptarse a él, sucumbrieron y quedaron sepultadas como reliquias del pasado que ahora, los científicos, buscan afanosamente para saber lo que pudo pasar y, sobre todo, algo más sobre nosotros mismos.

Algunos de los mejores biólogos de nuestro mundo, nos dicen que la historia evolutiva está presente en los genes de los organismos actuales, ahí está, el relato completo de su historia evolutiva. De ser así, se trataría de relatos limitados a los vencedores de la vida. Sólo los paleontólogos nos pueden hablar de los Tribobites, los Dinosaurios y otras maravillas biológicas que dejaron de adornar la faz de la Tierra.

Para comprender la Historia de la Vida, tenemos que urdir en una misma tela los descubrimientos de la geología y de la biología comparativa, utilizando los organismos vivos para reanimar a los fósiles y a los fósiles para averiguar cómo ha llegado a formarse la diversidad de nuestra propia era.

A pesar de su abrumadora diversidad de formas y funciones, todas las células comporten un conjunto común de características moleculares, en el que se incluye el ATP (la principal moneda de intercambio de energía de la vida), el ADN, el ARN, un código genético común (con unas pocas excepciones) la maquinaria molecular para las transcripción de la información genética del ADN  al ARN, y más maquinaria para la traducción de los mensajes de ARN a las proteínas estructurales y reguladoras de la función celular. La observación recíproca es igualmente sorprende.

A pesar de su fundamental unidad de estructura molecular, los organismos presentan una extraordinaria variación de tamaño, forma, fisiología y comportamiento. La unidad y la diversidad de la vida son ambas excepcionales a su manera, y constituyen conjuntamente los dos grandes temas de estudio de la Biología comparativa.

Aun el observador más superficial percibe que la diversidad biológica de la Tierra se manifiesta de acuerdo con un patrón de similitud jerarquizada. Los chimpancés y los Humanos son claramente distintos, pero comporten muchos rasgos de su anatomía y fisiología, lo que nos lleva a pensar que, un antecesor común que no era ni homo ni pan, fue el ancestro de ambas especies que, en un momento dado, divergieron.

El registro fósil de la ascendencia humana es notablemente incompleto, pero os restos de esquletos hallados en Áfricva y Asia confirman esta predicción. (Nótese que no cabe esperar que los miembros sucesivamente más antiguos de nuestro linaje se asemejen cada vez más a la morfología de los chimpances. Los humanos, como antes he señalado, no descienden de los Chimpancés, sino que ambos, humanos y chimpancés, divergieron a partir de un antepasado común que no era (como decimos) ni Homo ni Pan.

Claro que, es posible que, cuando oimos alguna vez hablar del “hombre mono”, se pueda referir al hecho cierto de que, en los primeros tiempos de nuestra presencia en la Tierra, nuestros antepasados no andaran tan erguidos como lo hacemos nosotros ahora y, aquella reminiscencia, quedó como “sanbenito” de una descendencia que nunca fue.

Puesto que somos grandes  animales, se nos puede perdonar que tengamos una visión del mundo que tiende a celebrar lo nuestro, pero la realidad es que nuestra perspectiva es errónea. Somos nosotros quiénes hemos evoluciuonado para encajar en el mundo microbiano, y no al revés. Que esto sea así se debe, en parte, a una cuestión histórica, pero también tiene una explicación en términos de diversidad y funcionamiento del ecosistema.

Si los animales son la guinda de la Evolución, las Bacterias son el Pastel. Nadie presta la debida atención a lo importante que son estos “bichitos” para el Planeta y para nosotros que, sin ellos, no podríamos estar aquí. Si nos metemos en las profundidades de “sus mundos” quedaríamos fascinados por las maravillas que, tan minúsculos “seres” pueden llegar a conseguir en ámbitos extremos e increíblemente difíciles de imaginar.

Podríamos estar hablando de este tema un siglo y, cuanto más profundicemos en el tema, más asombrados y maravillados estaremos de lo mucho que, esos “animalitos” han hecho por nosotros y por la atmósfera del planeta.

Nosotros, para no ir más lejos, nuestros cuerpos en seco, tienen un dieza por ciento de su masa de bacterias y, no digamos de las funciones que en nosotros desarrollan las mitocondrias que, nos dan la energía que necesitamos y, sobre todo, en el cerebro.

emilio silvera

 


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