Ago
12
La Vida es frágil… En nuestros primeros años… ¡Nos creemos...
por Emilio Silvera ~
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Sí, la Vida es un Regalo que no sabemos apreciar. ¡Aprovechar esos breves momentos!
Los mejores años de nuestras vidas
La Vida es frágil, unos pocos años y se acabó todo. Nacemos y crecemos y cuando somos jóvenes, nos creemos los dueños del mundo, que somos inmortales, todo son risas y un comportamiento algo atolondrado, juegos y pequeñas aventuras con los amigos. Estudiamos o comenzamos a trabajar, y, poco a poco, nos damos cuenta de que, nada se nos regala, todo hay que ganarlo con el esfuerzo. Tambien, con el paso de los años, caemos en la cuenta de que, cuando pudimos, no hicimos lo que debíamos hacder en aquella ocasión perdida, opo9rtunidad que se fue para siempre. No somos conscientes del valor de las cosas hasta que las perdemos, mientras tanto, todo nos parece lo natural, cuando en realidad es un gran regalo que no sabemos apreciar.

No sabemos valorarla hasta que nos damos cuenta de que se nos va. Los pequeños problemas cotidianos, nos impiden aprecuiart las maravilla que nos rodean por todas partes. Vivimos en una sosobra irracional de situaciones elegidas por nosotros mismos, la gran parte de las veces, no sabemos elegiro lo más conveniente para nuestra felecidad.
Algunos equivocan el sentido natural de las cosas, creen que ella es de su propiedad, que la tendrá siempre, y a partir de ese pensamiento, se comporta como si ella fuera una “cosa” de su propiedad. Olvida que necesita su espacio, que merece comprensión, que hay que escucharla, que como todos, ella necesita que la quieran y se le demuestre en el comportamiento diario, es una persona con sentimientos y, si no se le da nada de todo eso… ¡Se irá para siempre!
¿Cuando le diijistes a tu Ser amado que la/lo querías?

Disfruta del entorno, escucha el silencio (¡Qué nos dice tantas codsas!)
Bueno, todo eso viene a cuento de que somos frágiles y la vida es corta, si no sabemos aprovechar ese Tiempo que se nos da, nunca sabremos lo que la felicudad es, que no siempre se trata de tener cosas, sino de ser persona y tratar a los demás como tales.


Nosotros, los seres humanos, nunca vemos a nuestros semejantes como objetos o cuerpos neutros, sino que los miramos como personas con una riqueza interior que refleja su estado
de ánimo o forma de ser, y de cada uno de ellos nos llegan vibraciones que, sin poderlo evitar, nos transmiten atracción o rechazo, no todos nos sentimos atraídos por todos, hay algo especial que escoge (No, no creo que sea cupido).
Son muchos y diversos los signos sensoriales que, en silencio, nos llegan de los demás y son recogidos por nuestros sensores en una enorme gama de mensajes sensitivos que llamamos indistintamente simpatía, pasión, antipatía, odio, etc.
Está claro que cuando
el sentimiento percibido es positivo, la satisfacción se produce por el mero hecho de estar junto a la persona que nos lo transmite, que con su sola presencia, nos está ofreciendo un regalo, y si apuramos mucho, a veces lo podríamos llamar incluso “alimento del alma”. Estar junto a quien nos agrada es siempre muy reconfortante, y según el grado de afinidad, amistad o amor, el sentimiento alcanzará un nivel de distinto valor.
“Donde tú vayas, iré yo. Donde tú habites, habitaré yo. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Donde tu mueras, moriré yo también
, y allí seré enterrada, y que Dios me castigue si algo que no sea muerte me separa de ti.”
Libro de Rut (Biblia)
C. S. Lewis, en su ensayo de Los cuatro amores, explica cómo el afecto ignora barreras de edad, sexo, inteligencia y barreras sociales. Son muchos los casos que jalonan la historia de parejas que de muy distintas edades han sido muy felices y otras que, siendo de condición muy diferentes, también lo fueron. El Amor (entendido en forma
muy amplia y en distintos contextos) como se suele decir, no tiene barreras.
Si la llama se enciende… ¡Las barreras desaparecen!
Lleva toda la razón; cada
uno de los afectos ubicados en su justo nivel: el banquero todopoderoso irremisiblemente atado al cariño que le uno con su niñera ya anciana; el jefe de gobierno que no puede evitar visitar (en la menor oportunidad) a su compañero de infancia, el zapatero de su pueblo; el rico hacendado, unido a su humilde secretario, 30 años a su lado, con el que comparte sus íntimos problemas; el hombre de 40 años que se ve inevitablemente enamorado de su secretaria de 20 años.
Son fuerzas irresistibles que invaden el interior de los seres humanos de toda edad o condición y les lleva a unir sus sentimientos a otras personas que, en ocasiones, parecen no tener ninguna afinidad con su situación social o cultural, pero así ocurre.
¿Qué no estaríamos dispuesto a sacrificar por ellos? ¿Es la fuerza irresistible del Universo?
El vínculo más fuerte entre
humanos es el de la familia: La madre con los hijos, los hermanos, el padre y los abuelos…Es el único grupo indestructible que hemos sabido crear…hasta el momento. Claro que, ese único grupo y su fortaleza no sería posible sin esa pareja inicial a la que el Amor ha unido, si el sentimiento es de verdad…para la eternidad de sus vidas. ¡Qué bonito!
Nacemos para
amar y ser amados; ¿qué sería de nosotros si no? Todo lo malo que hacen los hombres está basado siempre en la falta de sentimiento. Cuando el amor o el afecto están presentes, nada malo podrá suceder. Por el contrario, el amor nos lleva, sin dudarlo, a sufrir y darlo todo por la persona amada. Ésa es la grandeza del amor verdadero, lo podemos dar todo sin pedir nada. Sin embargo, el mecanismo humano, en esos casos, hace que la persona que recibe tanto amor tenga también la necesidad de darlo.
El primer impacto está aconsejado por la parte física de la persona que nos ha gustado
Más tarde prevalece su manera de ser y su comportamiento, lo que piensa de las cosas
El afecto es la primera forma
, el primer escalón para amar, y la amistad es la segunda, un escalón más arriba. Tenemos muchos ejemplos de autores clásicos que nos hablan de la amistad: Homero, Platón, Aristóteles, Cicerón, Séneca o San Agustín.

Los amores de Paris y Helena, pintado por J.L.David
La primera literatura occidental, desde
que Homero saca a pasear a Ulises por Troya y el Egeo, ya elogia esa relación que se presta entre los seres humanos y que da a sus vidas un colorido especial. La Ilíada y La Odisea, esas maravillas escritas hace casi tres milenios, son un canto a la amistad. Al leer en ellas podemos ver cómo la muerte de Patroclo es profundamente sentida por Aquiles, que gime y exclama:

“¡Oh, Patroclo! Ya que yo he de bajar
después que tú a la tumba, no quiero enterrarte sin haberte traído las armas y la cabeza de Héctor…”
Sigue su bárbara perorata que, en aquellos tiempos y lugares, sólo reflejaban su sentimiento.

Dice Eurípides que cuando Dios da bienes, no hay necesidad de amigos. Pero nadie querría poseer todas las riquezas y estar solo, pues el hombre, como todos sabemos, es eminentemente un animal social, y su naturaleza le exige convivir con los otros seres de su misma condición para compartir con ellos sus logros, sus esperanzas, sus sentimientos y sus penas y alegrías. Así somos los humanos.
El cualquier tratamiento de la amistad aparecen varios rasgos comunes en todos los casos: relación entrañable y libre, recíproca y exigente, desinteresada y benéfica, nacida de una inclinación natural por atracción y simpatía de las partes implicadas y que se alimenta y acreciente del convivir compartiendo. Así, en los malos momentos, nos refugiamos en los amigos que nos ofrecen consuelo y, con ellos, nos gusta compartir también las alegrías. Sí, es una verdadera suerte contar con amigos en los que, de verdad, podamos confiar.
El dolor del Ser amado, es nuestro dolor
No soy masoquista, sin embargo, siento profundamente que, en verdad, sufrir por algo que vale la pena, es una alegría. Si el sufrimiento consigue hacer feliz al Ser amado o situarlo en el lugar de la felicidad.
¿Quién no está dispuesto a sacrificarse por el bien del ser amado?
Es una de las grandezas del ser humano, el amor es el que salva la especie de tantos y tantos defectos como tiene… de momento
.
¿Cómo se puede explicar el amor? El materialismo no puede hacerlo. Ni los átomos, ni las moléculas, ni las células resuelven el problema. ¿Quién está capacitado para
explicar el sentir de las neuronas? ¿Qué mecanismo nos mueve al amor? ¿Cómo es ese vínculo tan fuerte? Creo que la Química nos podría dar algunas respuestas.

Podemos estar en otro mundo sin salir de este
Al igual que la fuerza invisible y poderosa del electromagnetismo y la gravedad, la del amor también está ahí, y cuando es verdadero el sentimiento, la fuerza es mayor que las cuatro fuerzas de la naturaleza juntas. Si estamos dispuestos a entregar la vida, ¿hay algo más fuerte que eso en el universo? Creo que no.
¿Qué caricia explica su turbadora resonancia espiritual? Y, desde
luego… ¡la satisfacción placentera de sentirnos amados!…
¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿No estaba hablando de la fragilidad humana?
Bueno, nuestra mayor debidad está en ellos, en los seres que amamos.
Emilio Silvera V.
















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