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¿Quién nos observa? Lo cierto es que no podríamos negarlo

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Vida en otros mundos    ~    Comentarios Comments (5)

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Si contáramos una sinapsis cada segundo, tardaríamos 32 millones de años en hacer el recuento. Si consideramos el número posible de circuitos neuronales, tenemos que habérnosla con cifras hiperastronómicas: 10 seguido de al menos un millón de ceros (En comparación con el número de partículas del universo conocido asciende a “tan sólo” 1079 es decir, es el número conocido como NEdd (Número de Eddintong) que es:

15.747.724.136.275.002.577.605.653.961.181.555.468.044.717914.527.116.709.366.231.425.o76185.631.031.296 protones y el mismo número de electrones, fue calculado por Arthur Eddintong allá por la década de 1920. Pues bien, esa descomunal cifra, se queda muy corta si la comparamos con las conexiones de nuestro cerebro. De ahí viene lo que decimos de que, “nuestros cerebros son las máquinas más complejas del Universo”. Y, desde luego, el comentario no está lejos de ser cierto.

 

 

 

Ahora sabemos que el universo tiene que tener miles de millones de años para que haya transcurrido el tiempo necesario par que las moléculas  de la vida pudieran ser fabricadas en las estrellas y la gravitación nos dice que la edad del universo esta directamente ligada con otras propiedades como la densidad, temperatura, y el brillo del cielo.

 

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Arriba, en el título del trabajo, os prguntaba: ¿Quién nos observa? Y, seguidamente os decía que ” No podríamos negar que esté sucediendo”. Lo cierto es que, si hacemos buena la lógica y las estadísticas aplicadas al Universo en el que existen cientos de miles de millones de estrellas como el Sol y, planetas como la Tierra un sin fin que, como el nuestro, estarán situados en la zona habitable— ¿Cómo negar la existencia de otras formas de vida, incluso, inteligentes?

 

 

En galaxias lejanas de cientos de miles de millones de estrellas y en otras de menor volumen pero no por ello menos interesantes, existen extraños mundos que, aunque diferentes al nuestro, también viven y se nutren de la radiación y la luz estelar que les llega. Unos tienen soles azules y otros blancos, también los hay amarillos como el nuestro y muchos de ellos son rojos. Cada una de esas estrellas, configuran el color de sus respectivos mundos y los hace de color mortecino, de un azulado brillante o incluso, en ocasiones, de un color que influye en la atmósfera del planeta hasta hacerlo parecer de sangre. También los hay, como el nuestro, son luminosos y están alumbrados por estrellas blanco-azuladas que le dan un tono de exquisita presencia.

No todos los planetas que alberguen alguna clase de vida, ni en nuestra Galaxia ni en otras lejanas, tienen que ser como la Tierra. Existen planetas en los que se nos encogería el corazón por su aspectos terrorífico y de inabitable naturaleza, mientras que otros, nos parecerían una fantasía sacada de esos cuentos de hadas que de ñinos podíamos leer, tal es su belleza natural. En la Tierra tenemos muchas imágenes de lugares que hacen honor a ese pensamiento.

De la misma manera que existen estrellas de muchos tipos diferentes, así ocurre con los mundos que podemos encontrar repartidos por el universo orbitando estrellas que los configuran de mil diferentes maneras. Si nos fijamos en nuestro planeta que ha hecho posible nuestra presencia aquí, en el que junto a miles de otras especies hemos evolucionado, veremos que se han dado unas condiciones específicas para que todo eso sea posible.

Hemos podido llegar a un estado de evolución “aceptable” y alcanzado un nivel tecnológico que va más allá de lo que, hace sólo 200 años nos pudiéramos haber imaginado. Desde comienzo de la década de 1960, los programas de TV han emitido desde la Tierra hacia el espacio  a un nivel de medio millón de watios. En la actualidad, la energía total emitida por las emisoras de televisión de todo el mundo es muy superior a los mil millones de watios. Durante los últimos quince años, esa cobertura expansiva de las emisoras de televisión, emitiendo desde la Tierra a la velocidad de la luz, ha podido llegar hasta centenares de estrellas y de mundos.

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El observatorio de radio/radar de Arecibo en Puerto Rico. El disco hemisférico reflector está coronado por los brazos de alimentación sostenidos por tres grandes obeliscos, dos de los cuales aparecen deformados en la foto de la izquierda, tomada por Bill Ray con una lente de ojo de pez al nivel de los paneles que forman el disco. (Cedidas por el Centro Nacional de Astronomía y de la Ionosfera, Universidad de Cornell.)

Enormes radares situados por todo el mundo lanzando ondas han podido ser la evidencia inequívoca de que aquí, en la Tierra, existen seres inteligentes que tratan de captar señales venidas del espacio exterior, de vigilar los posibles peligros que nos puedan llegar de mñás allá de los confines del Sistema solar, o, de captar esas señales que denoten la presencia de otros seres inteligentes que, situados en otros mundos lejanos, nos quieren decir alguna cosa o transmitir algún mensaje. Nosotros ya lo hemos intentado y continuamos haciendolo.

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                  ¿Cómo serán ellos? Lo cierto es que cualquier cosa que podamos imaginar podría ser cierta

civilizacion avanzada

                     Cualquier mundo que podamos imaginar… también podría existir lejos del nuestro

Lo cierto es que hemos llegado a comprender que la vida en la Tierra, toda sin excepción está basada en el Carbono y, como también sabemos que las leyes del Universo son las mismas en todas partes, es lógico pensar que lo que pasó aquí habrá podido pasar allí, en cualquier planeta lejano situado en nuestra Galaxia o en cualquiera de la multitud de galaxias que conforman nuestro universo en el que cientos de miles de millones de mundos, no pueden estar vacíos y carentes de vida.

Todas esas señales y las que emitimos con nuestro quehacer diario, hacen que nuestro planeta brille hasta parecer un ascua encendida en la oscuridad . Las frecuencias de televisión y las bandas de FM de las emisoras de radio nos delatan ante posibles inteligencias en otros mundos. Radioastrónomos situados en otros sistemas solares notarán, al enfocar sus antenas en nuestra dirección, una emisión de energía y advertirán que, en esta estrella amararilla, existe una sociedad científicamente avanzada.

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El gráfico de AbstruseGoose  (después del salto) nos muestra lo que las civilizaciones extraterrestres estarían viendo en este momento si pudieran monitorear trasmisiones de televisión de la Tierra, de esas trasmisiones del pasado que ingresaron al espacio y se propagan a la velocidad constante de c (la velocidad de la luz en el vacío).

Claro que nuestras señales televisivas le dicen a los extraterrestres mucho más que todo eso. A partir de sutiles cambios en las frecuencia de las señales provocados por la rotación de la Tierra, podrían deducir la distancia que hay entre la Tierra y el Sol, la probable temperatura de la superficie de nuestro planeta y, a partir de aquí, que clase de vida puede haber en la Tierra. ¡Sabrían de nosotros mucho más que nosotros sabemos de ellos! Bueno, en realidad, de ellos no sabemos nada.

Si los astrónomos extraterrestres de otros sistemas solares han estado haciendo un seguimiento de nuestros progresos, tienen ya prueba de que esta vida ha atravesado ya un importante umbral tecnológico, el umbral de las comunicaciones de radio. Los científicos extraterrestres pueden deducir a partir de su propia experiencia que esa conquista puede verse pronto continuada por un dominio de los viajes por el espacio que es la siguiente escala perseguida. Primero de un planeta a otro cercano. En nuestro caso, digamos a Marte, y, a continuación, y no mucho después. Comenzarán los viajes que nos llevarán a los confines del Sistema Solar en busca de otras fronteras. Sin que nos demos cuenta, ya hemos enviado el mensaje de nuestra presencia que es el precursor de nuestra entrada en la Comunidad Galáctica.

Si realmente existen esos seres que imaginamos en otros mundos y, si como es lógico pensar, al igual que nosotros han podido evolucionar hasta alcanzar aceptables niveles del saber sobre la Naturaleza y los secretos del Universo, también habrán podido alcanzar una avanzada tecnología que, más o menos como la nuestra, les posibilite para enviar señales y hacer viajes espaciales que (no me extrañaría nada) estuvieran ya camino hacia nosotros.

Millones de mundos que, como el nuestro, brillaran en la noche delatando la presencia de Sociedades avanzadas que, situadas en grandes ciudades dejan transcurrir sus vidas mientras, también como nosotros, no dejan de investigar y de hacerse preguntas que, tampoco ellos, saben contestar. El saber del mundo, de los mundos, está repartido por todo el Universo que es, en definitiva, el que tiene todas esas respuestas que buscamos.

Muchas veces me hago esta pregunta: ¿De qué estrella vendrá esa primera señal de inteligencia que esperamos? Las civilizaciones que la envíe ¿a qué distancia estará, cómo será su mundo, cuánto tiempo ha tardado en llegar a nosotros, y, cuando la podamos descifrar, y contestemos, cuánto tardarán en tener la respuesta? Incluso es posible -seguramente lo normal-, que esas señales hayan sido enviadas ya por ambas partes y que, ni ellos ni nosotros, debido a las distancias que nos separan, la hemos podido recibir. ¡Qué frustración, pensar que eso es así y no poder hacer nada por remediarlo!

Ya hablamos el otro día de las estrellas cercanas, las que estaban situadas dentro de un radio de unos doce años-luz y de las posibilidades que podían existir de que, en alguna de ellas (de sus planetas), pudiera existir alguna clase de vida. La presencia de vida inteligente en el inmenso universo,  debe ser una cosa cotidiana, nada excepcional. Sin embargo, tal como están dispuestas las cosas, lo que no parece tan cotidiano es, el hecho de que, entre civilizaciones inteligentes nos podamos encontrar, las inconmensurables distancias que nos pueden separar son… ¡casi inaccesibles! y, el tiempo necesario para recorrerlas, vería pasar ante él a muchas generaciones de individuos antes de que, entre ellos, pudiera darse ese contacto tantas veces imaginado.

Es poco probable que los que, ilusionados, lanzaron la señal hacia otros mundos. El mensaje que les hermanaría gracias a la inteligencia, pudiera ver realizados sus sueños de recibir una respuesta. El Proyecto OZMA y SETI son un buen ejemplo de ello. Y, por otra parte, no todas las estrellas están en disposición de poder dar a sus planetas lo que estos necesitan para albergar la vida. Pensemos que una estrella si es muy joven, digamos de unos cientos de millones de años, radiará en el ultravioleta con tal virulencia que, encontrar vida en sus inmediaciones sería imposible. Si por el contraria es una estrella vieja que, al final de su vida está a punto de explotar como supernova… tampoco parece que su entorno sea el adecuado.

Las estrellas y los mundos que puedan ser idóneas para que la vida esté presente, tendrán que tener esas condiciones mínimos exigidas para que, el agua esté presente, para que una atmósfera aceptablemente importante configure el planeta, que éste tenga una serie de parámetros de magnetismo, tectónica, oceános  y otros que lo haga un planeta vivo, que la luz de la estrella lo caliente sin achicharrarlo… Si todo eso y algunas cosas más están presentes… La vida también lo estará.

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Pero lo cierto es que, aunque la lógica nos dice que están ahí… ¡Seguimos sin recibir señales de que la vida está ahí fuera! El principal problema de que así sea, está en las distancias que nos separan y, simplemente tenemos que pensar que cualquier estrella orbitada por planetas está a muchos años-luz de nosotros y, las que puedan tener alguna posible forma de vida inteligente, no sabemos uán lejos podrán estar situadas y, para llegar a nosotros, esas señales, necesitan recorrer el espacio que nos separa a la máxima velocidad que el universo permite, es decir, la velocidad de la luz de 299.792,458 km/s. Un viaje algo lento para que llegue a nosotros en un tiempo prudencial.

Seguramente, para cuando ese contacto se pueda producir, las civilizaciones que se encuentren, tendrán otros medios más avanzados que el de los viajes clásicos de las naves viajeras tal como las conocemos y, serán otras naves y otros caminos los que serán recorridos para viajar entre las estrellas. El Hiperespacio y los agujeros de gusano son dos buenas opciones pero… ¡habrá tántas!

emilio silvera

 

  1. 1
    emilio silvera
    el 29 de abril del 2016 a las 9:06

    Es cierto que, nuestra especie, no tiene la capacidad tecnológica para poder detectar si alguna inteligencia extraterrestre nos vigila, y, de la misma manera, tampoco la tiene para poder evitar que nos caiga encima un gran meteorito si, el Azar, nos lo trae hacia la Tierra. Está claro que, tanto un suceso como el otro, están dentro de las posibilidades ciertas.
    No pocas veces he dicho aquí que el Universo es igual en todas partes, no importa lo alejadas que las regiones estén, “allí” ocurren las mismas cosas que ocurren “aquí”, es decir, trabajan las mismas fuerzas fundamentales y las mismas constantes universales en aquellas galaxias y aquellas estrellas my aquellos mundos que en el nuestro.
    Simplemente se trata de que, en esos otros mundos, las condiciones sean las adecuadas para albergar la Vida. El hecho de que nosotros pudiéramos estar allío y ellos aquí, simplemente radica en la Tecnología que ambas especies dominen y la manera que tengan de entender el Universo, ya que, las distancias que nos separan son tan inmensas (para nosotros casi infinitas), que de no haber logrado encontrar la manera de burlar la velocidad de la luz (que no vencerla que no se puede, toda vez que es un límite impuesto por la Naturaleza), sino es así, difícilmente podrán visitarnos otros seres inteligentes, o, algún día, hacerlo nosotros a ellos.
    Claro que, nuestra ignorancia es grande y, negar alguna cosa, sería imprudente.
     

    Responder
  2. 2
    Luis Rubiano
    el 29 de abril del 2016 a las 20:26

    Emilio, respecto a que otras civilizaciones que puedan detectar la radiación electromagnética que emitimos debido a los adelantos tecnológicos, sería todavía apresurado decir que nos han visto (detectado), ya que la radio y la invención de la bombilla, el generador, etc no tiene más de 200 años, es decir la probabilidad de vida inteligente en un radio de 200 años luz cual será?

    Responder
    • 2.1
      emilio silvera
      el 30 de abril del 2016 a las 6:03

      Bueno, en esa distancia de 200 años luz, seguramente existirán algunas estrellas con alguna posibilidad de que tengan orbitándola planetas que se sitúen en la zona adecuada. Sin embargo, depende de muchos factores que los posibles habitantes sean inteligentes y que estén adelantados como para poder tener esos medios de detección, ya sabemos lo que costó aquí, en nuestro p`laneta que nuestra especie prosperara hasta el nivel en que se encuentra ahora y, en ese posible mundo exterior que tenga un recorrido similar, dependería de cuando comenzó allí la vida a evolucionar. De todas las maneras, como apuntas, no es fácil que tengamos vecinos tan cercanos.
      Un abrazo.

      Responder
  3. 3
    kike
    el 1 de mayo del 2016 a las 19:16

    Está meridianamente claro que si no se puede viajar por el cosmos eludiendo de alguna manera la velocidad de la luz, el encuentro entre hipotéticas civilizaciones se encontrará reducido al máximo; sería una cuestión sin importancia que existieran esos miles de millones de galaxias que podemos observar con telescopios, pues nunca podríamos alcanzarlas, ni sus supuestos habitantes a nosotros, así que sería lo mismo que si no existieran, pues hasta en nuestra misma galaxia las distancias son inalcanzables.

     Pero como eso sería un desperdicio de materia/espacio/tiempo casi tan grande como el de que no existiera vida en ningún otro sitio aparte de nuestro planeta, no creo que sea un límite infranqueable.

     Estamos viendo como la tecnología no para de romper barreras, y además a un ritmo cada vez más acelerado; hoy en día poseemos sofisticados y avanzados instrumentos de uso generalizado y cotidiano que hace solo unos años era impensable; existen miles de científicos trabajando en las más variadas ramas de la ciencia, vamos, que estoy convencido que pese a que el tema del límite de la luz es un grave problema a resolver, algún día lo conseguiremos. Entonces se abrirá un gran abanico de posibilidades para la raza humana,

     Si por casualidad, tras esa abundancia de avistamientos de ovnis, ninguno demostrado, se llegara a probar fehacientemente algún día su certeza y veracidad, ya tendríamos contestada la pregunta de que el limite de velocidad pueda ser burlado.

     El problema es que nuestras vidas tienen un ciclo temporal muy diferente al del cosmos, pero algún día se sabrá……. 

     Saludos cordiales a todos y en especial a las Madres. 

    Responder
    • 3.1
      Emilio Silvera
      el 2 de mayo del 2016 a las 5:05

      Amigo mío:
      Tus palabras denotan cordura y pones el punto sobre las ies de manera clara y precisa. Ahí radica el problema de “hoy” para nosotros, las distancias a recorrer y las tecnologías aún incipientes para ese cometido de tan enorme envergadura, nada más y nada menos que saber como burlar a la velocidad de la luz en el vacío para alcanzar las estrelllas. Sin embargo, y, como bien dices, nuestras mentes son imaginativas y cada día acumulan más y más conocimientos que, sin dudarlo, en el futuro más o menos cercano, dará con el camino adecuado para lograr ese sueño.

      Al igual que nosotros, muchas otras criaturas estarán elucubrando con el mismo problema de los mundos habitados en nuestra propia Galaxia y en otras y, sus pensamientos, como los nuestros, estarán instalados en esos viajes y en esos contactos que, pasando el Tiempo se darán entre especies y razas diferentes, ya que, los conocimientos, como la evolución de la vida, en nuestro Universo, son imparables.

      Recuerda aquel presidente de una famosa Sociedad científica londinense cuando les dijo a sus socios en el salón de actos: “Nunca podremos saber de qué están hechas las estrellas”. Poco después, llegó Franhoufer y leyendo las líneas espectrales nos dijo a todos los componentes de las estrellas. También podríamos contar aquel otro que dijo: “Nunca nada más pesado que el aire podrá volar”. No mucho más tarde, llegaron los hermanos Wright (allá por el año 1867) y lograron hacer volar el primer avión.

      Es arriesgado negar lo que podamos hacer “mañana”, y, como tú, yo también estoy en el lado de los que creen que algún día sabremos utilizar el Hiperespacio, o, los agujeros de gusano, o, vaya usted a saber qué para llegar a esos otros mundos lejanos que, por ahora, son inalcanzables.

      Un abrazo amigo.

      Responder

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