viernes, 25 de septiembre del 2020 Fecha
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¡La Luz! Uno de los grandes misterios del Universo

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Física Cuántica    ~    Comentarios Comments (1)

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Científicos consiguen congelar la luz y hacerla sólida. Al menos así ha sido publicado en distintos medios

Los fotones, las partículas de las que está hecha la luz, no se comportan como muchas otras partículas porque no tienen masa. Esto hace que no interaccionen entre ellas y por tanto no se unan unas a otras para formar elementos mayores y más complejos, como sí hacen otras partículas fundamentales.

Algo sabemos sobre la luz, de qué está conformada y su velocidad en el vacío y otras peculiaridades. Sin embargo, de esas pequeñas y luminosas partículas de la familia de los Bosones… ¡Nos queda mucho que aprender!

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Sin embargo, en los últimos años varios equipos científicos de todo el mundo han logrado jugar con esta característica y, de alguna forma, burlarla, deteniendo la luz y congelándola, convirtiéndola en un sólido. Se trata de un fenómeno que nos recuerda a las películas de ciencia ficción (piensen en los sables láser de La guerra de las galaxias), pero en cuyo conocimiento los investigadores avanzan cada día más. Los últimos, un equipo de la Universidad de Princeton que ha logrado convertir la luz en cristal, según sus conclusiones.

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                                                        Logran almacenar luz en fibra óptica

Nos interesa explorar, y eventualmente controlar y dirigir, los flujos de energía a nivel atómico. Lo han conseguido interconectando fotones, las partículas elementales de la luz, de forma que se quedasen fijos en un lugar como si estuviesen congelados. Los resultados de sus experimentos podrían servir para desarrollar nuevos y exóticos meta-materiales, además de ayudar a avanzar en el conocimiento sobre el estudio fundamental de la materia.

“Es algo que nadie había visto antes, un nuevo comportamiento de la luz”, explica Andrew Houck, profesor asociado de ingeniería eléctrica y uno de los investigadores. “Nos interesa explorar, y eventualmente controlar y dirigir, los flujos de energía a nivel atómico”, dice Hakan Türeci, uno de los miembros del equipo.

Foto de Luz Congelada (15/35)

                                                                          Imagen de la luz congelada

Para lograrlo, construyeron una estructura hecha de materiales superconductores con más de cien mil millones de átomos ensamblados para funcionar como uno solo y la situaron junto a un cable superconductor por el que transitaban fotones. Esos fotones, debido a mecanismos propios de la física cuántica, adoptaron algunas de las propiedades del átomo, como por ejemplo las interacciones entre ellos, algo que normalmente no ocurre con los fotones. Así, el equipo logró que fluyesen como si fuesen parte de un líquido o que se congelasen como si fuesen un cristal sólido.

Los científicos han estudiado el comportamiento de la luz durante años, que a veces corresponde al de una onda y otras al de una partícula. Con este experimento, han podido inventarle uno nuevo. “Hemos provocado una situación en la que la luz se comporta efectivamente como una partícula, en el sentido de que dos fotones pueden interaccionar con fuerza. En un momento oscila de delante hacia atrás como si fuera un líquido, y en otro directamente se congela”, explica Türeci.

Los ordenadores actuales no ‘entienden’ la física cuántica

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Se está muy cerca de poder construir al completo un ordenador cuántico y, nuestro mundo, se verá revolucionado como cuando llegó la relatividad especial de Einstein y el cuanto de acción de Planck

Esta investigación es parte del esfuerzo que científicos de todo el mundo están poniendo para intentar responder algunas preguntas fundamentales del comportamiento de las partículas subatómicas, cuestiones que no es posible contestar ni siquiera utilizando los ordenadores más potentes de los que disponemos hoy en día.

Es como resolver preguntas sobre aerodinámica observando un modelo de aeroplano en un túnel de viento, es decir, a través de una simulación física en vez de con cálculos digitalesLos equipos de computación con los que trabajan los científicos no sirven porque funcionan siguiendo la mecánica tradicional, que describe cómo es el mundo de los objetos cotidianos en una escala muy amplia, desde los planetas hasta los átomos y moléculas. Pero el mundo de los fotones y otras partículas de tamaño inferior al átomo funciona siguiendo las reglas de la mecánica cuántica, que incluye propiedades en apariencia imposibles e incomprensibles, como por ejemplo que varias partículas estén relacionadas en cuanto a su comportamiento a pesar de estar distanciadas por cientos de kilómetros.

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Esa diferencia en cuanto a sus características limita la capacidad de los ordenadores de trabajar con estos componentes subatómicos. Simplemente, no puede calcular qué harán ante unos u otros estímulos. De forma que la comunidad científica lleva tiempo intentando crear un nuevo tipo de ordenador basado en las normas de la física cuántica, con el convencimiento de que así podrán responder a muchas de las preguntas que les intrigan de esta rama del conocimiento. Para crear esa nueva computadora, sin embargo, hace falta tiempo y profundizar en la investigación de estos fenómenos, creándose así un círculo que retrasa las respuestas.

Resultado de imagen de dentro de la que se enmarca el trabajo de los científicos de Princeton, apuesta por dejar de lado los ordenadores y desarrollar nuevas herramientas que imiten el comportamiento de las subpartículas.

Otra corriente dentro del estudio de la física cuántica, dentro de la que se enmarca el trabajo de los científicos de Princeton, apuesta por dejar de lado los ordenadores y desarrollar nuevas herramientas que imiten el comportamiento de las subpartículas. El inconveniente es que estas herramientas tendrán una utilidad más limitada que la de un ordenador cuántico, pero la ventaja está en que en teoría podrán crearse sin necesidad de responder previamente a cuestiones más complejas y avanzadas.

Resultado de imagen de dentro de la que se enmarca el trabajo de los científicos de Princeton, apuesta por dejar de lado los ordenadores y desarrollar nuevas herramientas que imiten el comportamiento de las subpartículas.

“Es como resolver preguntas sobre aerodinámica observando un modelo de aeroplano en un túnel de viento, es decir, a través de una simulación física en vez de con cálculos digitales”, explica una entrada en el blog Scienceblog.

Resultado de imagen de Las maravillas que se puede realizar con la luz y los fotones

              También la luz, está presente en nuestros cerebros

En este caso, la herramienta desarrollada es muy pequeña y sus posibilidades son limitadas, pero los investigadores confían en poder ampliarla, así como aumentar el número de interacciones entre fotones, aumentando su capacidad de simular situaciones complejas. En el futuro esperan poder observar la luz en estados aún más extraños, como por ejemplo un superfluido o un aislante.”

Cuando sepamos lo que es la luz… ¡Sabremos lo que es el Universo… y nosotros!

emilio silvera

¿Tiene algún sentido nuestra presencia en el Universo?

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en El Universo y la Vida    ~    Comentarios Comments (0)

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Universo y la Mente

Está muy claro que, nuestro mundo es como es, debido a una serie de parámetros que, poco a poco, hemos ido identificando y hemos denominado Constantes de la Naturaleza. Esta colección de números misteriosos son los culpables, los responsables, de que nuestro universo sea tal como lo conocemos que, a pesar de la concatenación de movimientos caóticamente impredecibles de los átomos y las moléculas, nuestra experiencia es la de un mundo estable y que posee una profunda consistencia y continuidad.
Sí, nosotros también hemos llegado a saber que con el paso del tiempo, aumenta la entropía y las cosas cambian. Sin embargo, algunas cosas no cambian, continúan siempre igual, sin que nada les afecte. Esas, precisamente, son las constantes de la naturaleza que, desde mediados del siglo XIX, comenzó a llamar la atención de físicos como George Johnstone Stoney (1.826 – 1.911, Irlanda).
Resultado de imagen de Si las constantes de la naturaleza fueran diferentes, la vida no podría existir en el Universo
Parece, según todas las trazas, que el universo, nuestro universo, alberga la vida inteligente porque las constantes de la Naturaleza son las que aquí están presentes, cualquier ligera variación en alguna de estas constantes habría impedido que surgiera la vida en el planeta que habitamos. El universo con las constantes ligeramente diferentes habría nacido muerto, no se hubieran formado las estrellas ni se habrían unido los quarks para construir nucleones (protones y neutrones) que formaran los núcleos que al ser rodeados por los electrones construyeron los átomos que se juntaron para formar las moléculas y células que unidas dieron lugar a la materia. Esos universos con las constantes de la naturaleza dis tintas a las nuestras, estarían privados del potencial y de los elementos necesarios para desarrollar y sostener el tipo de complejidad organizada que nosotros llamamos vida.

  

 

 

 

 

No todos los planetas que alberguen alguna clase de vida, ni en nuestra Galaxia ni en otras lejanas, tienen que ser como la Tierra. Existen planetas en los que se nos encogería el corazón por su aspectos terrorífico y de inhabitable naturaleza, mientras que otros, nos parecerían una fantasía sacada de esos cuentos de hadas que de ñinos podíamos leer, tal es su belleza natural. En la Tierra tenemos muchas imágenes de lugares que hacen honor a ese pensamiento. Nos asombraría poder descubrir que, en lugares que nos parecerían imposibles para la vida… ¡Allí estaría!

 

De la misma manera que existen estrellas de diferentes tipos, así ocurre con los mundos que podemos encontrar repartidos por el universo dando vueltas alrededor de estrellas que los atrapa y de cuya fuerza gravitatoria no pueden escapar. Si nos fijamos en nuestro planeta que ha hecho posible nuestra presencia aquí, en el que junto a miles de otras especies hemos evolucionado, veremos que se han dado unas condiciones específicas para que todo eso sea posible.

Antes en otra entrada que titulé “Observar la Naturaleza… da resultados”, comentaba sobre los grandes números de Dirac y lo que un personaje llamado Dicke pensaba de todo ello y, cómo dedujo que para que pudiera aparecer la biología de la vida en el Universo, había sido necesario que el tiempo de vida de las estrellas fuese el que hemos podido comprobar que es y que, el Universo, también tiene que tener, no ya las condiciones que posee, sino también, la edad que le hemos estimado.

Los filamentos de un remanente de Supernova que, mirándolos y pensando de donde vienen… Te hacen recorrer unos caminos alucinantes que comenzaron con una unmensa aglomeración de gas y polvo que se constituyó en una estrella masiva que, después de vivir millones de alos, dejó, a su muerte, el rastro que arriba podemos contemplar.

Para terminar de repasar la forma de tratar las coincidencias de los Grandes Números por parte de Dicke, sería interesante ojear restrospectivamente un tipo de argumento muy similar propuesto por otro personaje, Alfred Wallace en 1903. Wallace era un gran científico que, como les ha pasado a muchos, hoy recibe menos reconocimiento del que se merece.

Fue él, antes que Charles Darwin, quien primero tuvo la idea de que los organismos vivos evolucionan por un proceso de selección natural. Afortunadamente para Darwin, quien, independientemente de Wallace, había estado reflexionando profundamente y reuniendo pruebas en apoyo de esta idea durante mucho tiempo, Wallace le escribió para contarle sus ideas en lugar de publicarlas directamente en la literatura científica. Pese a todo, hoy “la biología evolucionista” se centra casi porm completo en las contribuciones de Darwin.

Wallace tenía intereses muchos más amplios que Darwin y estaba interesado en muchas áreas de la física, la astronomía y las ciencias de la Tierra. En 1903 publicó un amplio estudio de los factores que hace de la Tierra un lugar habitable y pasó a explorar las conclusiones filosóficas que podrían extraerse del estado del Universo. Su libro llevaba el altisonante título de El lugar del hombre en el Universo.

Wallace propuso en 1889, la hipótesis de que la selección natural podría dar lugar al aislamiento reproductivo de dos variedades al formarse barreras contra la hibridación, lo que podría contribuir al desarrollo de nuevas especies.

Wallace, Alfred Russell (1823-1913), naturalista británico conocido por el desarrollo de una teoría de la evolución basada en la selección natural. Nació en la ciudad de Monmouth (hoy Gwent) y fue contemporáneo del naturalista Charles Darwin. En 1848 realizó una expedición al río Amazonas con el también naturalista de origen británico Henry Walter Bates y, desde 1854 hasta 1862, dirigió la investigación en las islas de Malasia. Durante esta última expedición observó las diferencias zoológicas fundamentales entre las especies de animales de Asia y las de Australia y estableció la línea divisoria zoológica -conocida como línea de Wallace- entre las islas malayas de Borneo y Célebes.

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Durante la investigación Wallace formuló su teoría de la selección natural. Cuando en 1858 comunicó sus ideas a Darwin, se dio la sorprendente coincidencia de que este último tenía manuscrita su propia teoría de la evolución, similar a la del primero. En julio de ese mismo año se divulgaron unos extractos de los manuscritos de ambos científicos en una publicación conjunta, en la que la contribución de Wallace se titulaba: “Sobre la tendencia de las diversidades a alejarse indefinidamente del tipo original”. Su obra incluye El archipiélago Malayo (1869), Contribuciones a la teoría de la selección natural (1870), La distribución geográfica de los animales (1876) y El lugar del hombre en el Universo (1903).

Pero sigamos con nuestro trabajo de hoy. Todo esto era antes del descubrimiento de las teorías de la relatividad, la energía nuclear y el Universo en expansión.  La mayoría de los astrónomos del siglo XIX concebían el Universo como una única isla de materia, que ahora llamaríamos nuestra Vía Láctea. No se había establecido que existieran otras galaxias o cuál era la escala global del Universo. Sólo estaba claro que era grande.

Wallace estaba impresionado por el sencillo modelo cosmológico que lord Kelvin había desarrollado utilizando la ley de gravitación de Newton. Mostraba que si tomábamos una bola muy grande de materia, la acción de la gravedad haría que todo se precipitara hacia su centro. La única manera de evitar ser atraído hacia el centro era describir una órbita alrededor. El universo de Kelvin contenía unos mil millones de estrellas como el Sol para que sus fuerzas gravitatorias contrapesaran los movimientos a las velocidades observadas.

William Thomson (Lord Kelvin)

En el año 1901, Lord Kelvin solucionó cualitativa y cuantitativamente de manera correcta el enigma de la oscuridad de la noche en el caso de un universo transparente, uniforme y estático. Postulando un universo lleno uniformemente de estrellas similares al Sol y suponiendo su extensión finita (Universo estoico), mostró que, aun si las estrellas no se ocultan mutuamente, su contribución a la luminosidad total era finita y muy débil frente a la luminosidad del Sol. El demostró también que la edad finita de las estrellas prohibió la visibilidad de las estrellas lejanas en el caso de un espacio epicúreo infinito o estoico de gran extensión, lo que contestó correctamente al enigma de la oscuridad.

Lo intrigante de la discusión de Wallace sobre este modelo del Universo es que adopta una actitud no copernicana porque ve cómo algunos lugares del Universo son más propicios a la presencia de vida que otros. Como resultado, sólo cabe esperar que nosotros estemos cerca, pero no en el centro de las cosas.

Wallace da un argumento parecido al de Dicke para explicar la gran edad de cualquier universo observado por seres humanos. Por supuesto, en la época de Wallace, mucho antes del descubrimiento de las fuentes de energía nuclear, nadie sabía como se alimentaba el Sol, Kelvin había argumentando a favor de la energía gravitatoria, pero ésta no podía cumplir la tarea.

En la cosmología de Kelvin la Gravedad atraía material hacia las regiones centrales donde estaba situada la Vía Láctea y este material caería en las estrellas que ya estaban allí, generando calor y manteniendo su potencia luminosa durante enormes períodos de tiempo. Aquí Wallace ve una sencilla razón para explicar el vasto tamaño del Universo.

“Entonces, pienso yo que aquí hemos encontrado una explicación adecuada de la capacidad de emisión continuada de calor y luz por parte de nuestro Sol, y probablemente por muchos otros aproximadamente en la misma posición dentro del cúmulo solar. Esto haría que al principio se agregasen poco a poco masas considerables a partir de la materia difusa  en lentos movimientos en las porciones centrales del universo original; pero en un período posterior serían reforzadas por una caída de materia constante y continua desde sus regiones exteriores a velocidades tan altas como para producir y mantener la temperatura requerida de un sol como el nuestro, durante los largos períodos exigidos para el continuo desarrollo de la vida.”

Vallace ve claramente la conexión entre estas inusuales características globales del Universo y las condiciones necesarias para que la vida evolucione y prospere en un planeta como el nuestro alumbrado por una estrella como nuestro Sol. Wallace completaba su visión y análisis de las condiciones cósmicas necesarias para la evolución de la vida dirigiendo su atención a la geología  y la historia de la Tierra. Aquó ve una situación mucho más complicada que la que existe en astronomía. Aprecia el cúmulo de accidentes históricos marcados por la vía evolutiva que ha llegado hasta nosotros, y cree “improbable en grado máximo” que el conjunto completo de características propicias para la evolución de la vida se encuentre en otros lugares. Esto le lleva a especular que el enorme tamaño del Universo podría ser necesario para dar a la vida una oportunidad razonable de desarrollarse en sólo un planeta, como el nuestro, independientemente de cuan propicio pudiera ser su entorno local:

“Un Universo tan vasto y complejo como el que sabemos que existe a nuestro alrededor, quizá haya sido absolutamente necesario … para producir un mundo que se adaptase de forma precisa en todo detalle al desarrollo ordenado de la vida que culmina en el hombre.”

cluster-galaxias

Hoy podríamos hacernos eco de ese sentimiento de Wallace. El gran tamaño del Universo observable, con sus 1080 átomos, permite un enorme número de lugares donde puedan tener lugar las variaciones estadísticas de combinaciones químicas que posibilitan la presencia de vida. Wallace dejaba volar su imaginación que unía a la lógica y, en su tiempo, no se conocían las leyes fundamentales del Universo, que exceptuando la Gravedad de Newton, eran totalmente desconocidas. Así, hoy jugamos con la ventaja de saber que, otros muchos mundos, al igual que la Tierra, pueden albergar la vida gracias a una dinámica igual que es la que, el ritmo del Universo, hace regir en todas sus regiones. No existen lugares privilegiados.

Resultado de imagen de Nuestra presencia en el Universo ¿quçe sentido tendrá?Resultado de imagen de Nuestra presencia en el Universo ¿quçe sentido tendrá?

Siempre hemos tratado de saber, cuál sería nuestro lugar en el Universo, no ya en relación a la situación geográfica, sino referido a esa fascinante historia de la vida que nos atañe a los humanos, la única especie conocida que, consciente de su Ser, libera pensamientos y formula preguntas que, hasta el momento, nadie ha sabido contestar.

emilio silvera

Panspermia ¿Intergaláctica?

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Panspermia    ~    Comentarios Comments (0)

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La teoría de la Panspermia dice que microorganismos o precursores de la vida pueden ser transportados de un sistema estelar a otro

La teoría de la Panspermia dice que microorganismos o precursores de la vida pueden ser transportados de un sistema estelar a otro – NASA

Nuestra Vía Láctea podría ser capaz, incluso, de intercambiar con o las otras galaxias los componentes necesarios para la vida

 

 

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¿Qué traerá ese pedruzco hacia el planeta?

 

Noticias de Prensa

 

 

Desde hace por lo menos dos siglos, los científicos piensan que la vida podría estar distribuyéndose por el espacio, viajando a bordo de cometas, asteroides y otros objetos astronómicos. La teoría, denominada Panspermia, se basa en la idea de que tanto los microorganismos como los precursores químicos de la vida (los llamados “ladrillos de la vida”) son capaces de sobrevivir a las duras condiciones del espacio y ser, de este modo, transportados de un sistema estelar a otro.

Ahora, un equipo de investigadores del Centro Smithsonian de Astrofísica, en la Universidad de Harvard, ha ampliado la teoría con un estudio en el que se considera que la Panspermia podría ser posible, también, en una escala galáctica. Según su modelo, nuestra Vía Láctea podría ser capaz, incluso, de intercambiar con o las otras galaxias los componentes necesarios para la vida.

Resultado de imagen de Panspermia galáctica

Bajo el título de “Panspermia galáctica”, el estudio, ya disponible en ArXiv.org , será publicado próximamente en «Monthly Notices of the Royal Academy Society». En él, Idan Ginsburg, Manasvi Lingam, Abraham Loeb y Frank B. Baird, indican que la mayoría de las investigaciones anteriores sobre la Panspermia se habían centrado en averiguar si la vida podría haberse distribuido a través del Sistema Solar o las estrellas vecinas al Sol. En particular, algunos de esos estudios han abordado la cuestión de si la vida en la Tierra pudo llegar de Marte, a caballo de asteroides y cometas. Pero Ginsburg y sus colegas lanzan sus redes mucho más lejos, fijando su atención en toda la Vía Láctea y más allá.

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En un correo electrónico enviado a la revista Universe Today, Abraham Loeb asegura que la inspiración para emprender este estudio procede del primer visitante interestelar conocido de nuestro sistema solar, el asteroide Oumuamua: “Después de ese descubrimiento, Manasvi Lingam y yo escribimos un documento en el que mostramos que los objetos interestelares como Oumuamua pueden ser capturados por nuestro sistema a través de su interacción gravitacional con Júpiter y el Sol. El Sistema Solar actúa como una red de pesca gravitacional, que en un momento dado puede contener miles de objetos interestelares de ese tamaño. El conjunto de esos objetos interestelares podría, potencialmente, sembrar vida procedente de otro sistema planetario en nuestro propio sistema solar. La efectividad de la red de pesca es mayor para un sistema estelar binario, como el cercano Alpha Centauri A y B , que a lo largo de su existencia podría llegar a capturar objetos tan grandes como la Tierra”.

Resultado de imagen de Alfa Centauri

Ginsburg, por su parte, añade que no todos esos objetos deben por fuerza ser rocosos, sino que podrían ser también de naturaleza cometaria, es decir, hechos principalmente de hielo. “Independientemente de si son rocosos o helados -explica el científico- pueden ser expulsados de su sistema anfitrión y viajar, potencialmente, a miles de años luz de distancia. En particular, el centro de la galaxia puede actuar como un poderoso motor para sembrar toda la Vía Láctea”.

Ya en 2016, Ginsburg, Loeb y Gary Wegner sugirieron que el centro de la Vía Láctea podría ser el instrumento a través del cual las estrellas de hipervelocidad son expulsadas de un sistema binario y luego capturadas por otro sistema. En el presente estudio, los investigadores han ampliado la escala para determinar las probabilidades de que esos objetos puedan intercambiarse también entre sistemas estelares muy distantes, incluso entre diferentes galaxias.

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Un millón de objetos rocosos pueden ser atrapados por la Vía Láctea en un año

Resultado de imagen de Objetos rocosos atrapados por la Vía Lactea

En palabras del propio Loeb, “en el nuevo estudio calculamos cuántos objetos rocosos que se expulsan de un sistema planetario pueden ser atrapados por otro en toda la Vía Láctea. Si suponemos que la vida puede sobrevivir durante un millón de años, debería haber más de un millón de objetos del tamaño de Oumuamua que fueran capturados por otro sistema y pudieran transferir la vida de una estrella a otra. Por lo tanto, la Panspermia no se limita exclusivamente a escalas del tamaño del Sistema Solar, y toda la Vía Láctea podría estar intercambiando componentes bióticos a través de enormes distancias”.

El modelo elaborado por los investigadores calculó que la tasa de captura de objetos portadores de vida en la Vía Láctea depende en gran medida de la velocidad de esos objetos, mientras que su éxito en la “siembra” depende del tiempo que los organismos que viajan en ellos sean capaces de sobrevivir. Según Ginsburg, “Nadie había calculado eso antes, y hacerlo es algo novedoso y emocionante”.

Resultado de imagen de Objetos rocosos atrapados por la Vía Lactea

La inmensa fuerza gravitatoria que genera la Vía Láctea, atrae hacia sí, enormes cuerpos

A partir de ahí, los investigadores hallaron que la posibilidad de Panspermia galáctica se reducía a unas pocas variables. Por un lado, la tasa de captura de objetos expulsados de los sistemas planetarios depende de la dispersión de la velocidad, así como del tamaño del objeto capturado. En segundo lugar, la probabilidad de que la vida pueda distribuirse de un sistema a otro depende en gran medida de la capacidad de supervivencia de los organismos en el espacio.

Al final, Ginsburg y su equipo descubrieron que, incluso en el peor de los escenarios, la Vía Láctea podría estar intercambiando grandes cantidades de componentes bióticos a través de grandes distancias. En otras palabras, descubrieron que la Panspermia es viable a escalas galácticas, e incluso intergalácticas.

Resultado de imagen de La luna Encelado de Saturno

“Los objetos más pequeños son más propensos a ser capturados -explica Ginsburg-. Si consideramos como ejemplo a la luna Encelado de Saturno (que es muy interesante en sí misma), podemos estimar que hasta ¡100 millones! de objetos similares y portadores de vida pueden haber viajado de un sistema estelar a otro. Es importante tener en cuenta que nuestros cálculos se refieren solo a objetos portadores de vida”.

El estudio también refuerza las conclusiones de dos trabajos anteriores llevados a cabo por Loeb y James Guillochon en 2014. En el primero de ellos, ambos investigadores rastrearon la presencia de estrellas de hipervelocidad en procesos de fusión entre galaxias. Los “empujones gravitatorios” que se dan en esta clase de situaciones son capaces, en efecto, de hacer que muchas estrellas sean “expulsadas” de sus galaxias originales a velocidades relativistas: entre una décima y una tercera parte de la velocidad de la luz.

Estrellas de hipervelocidad

 

 

 

 

En el segundo estudio, Guillochon y Loeb determinaron que existen aproximadamente un billón de estrellas de hipervelocidad viajando a través del espacio intergaláctico, y que esas estrellas podrían estar arrastrando consigo a sus sistemas planetarios. Por lo tanto, esos sistemas serían perfectamente capaces de propagar la vida (y no solo la microbiana) de una galaxia a otra.

Resultado de imagen de Agujeros negros masivos y binarios que expulsan estrellas a gran velocidad

“En principio -explica Loeb-, la vida podría incluso ser transferida entre galaxias, ya que algunas estrellas escapan de la Vía Láctea. Hace varios años, mostramos junto a Guillochon que el Universo está lleno de un mar de estrellas que fueron expulsadas de sus galaxias a velocidades de hasta una fracción de la velocidad de la luz debido a la acción de pares de agujeros negros masivos (formados durante las fusiones de galaxias) que actúan a modo de tirachinas. Y estas estrellas hiperveloces pueden, en potencia, transferir la vida a todo el Universo.

Resultado de imagen de Meteoritos procedentes de Marte que llegan a la Tierra

El estudio puede tener enormes implicaciones en nuestra comprensión de la vida tal y como la conocemos. De hecho, en lugar de llegar hasta la Tierra a bordo de un meteorito procedente de Marte o de algún otro rincón del Sistema Solar, los “ladrillos de la vida” podrían haber llegado hasta aquí desde otro sistema solar, o incluso desde otra galaxia diferente.

Puede que algún día logremos encontrar vida más allá de nuestro pequeño grupo de planetas, quizá en un sistema solar similar al nuestro. O puede que incluso lleguemos a encontrarnos con algunas especies avanzadas que resulten ser lejanos, muy lejanos, parientes nuestros, y que podamos reflexionar junto a ellos sobre la procedencia de los ingredientes básicos que nos hicieron posibles.