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Recordando algunos hechos

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Es bueno recordar lo que pasó    ~    Comentarios Comments (4)

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La Ciencia avanza sin cesar

El triángulo de verano sobre Cataluña

La madre Naturaleza que, si da un suspiro a destiempo, nos podría alejar de la faz de la Tierra para siempre y, ahí se acabó nuestro histórico recorrido por el este Valle de Lágrimas que, aunque nos ha dado la posibilidad de conocer la Belleza, algo de Felicidad, el Amor y el placer de Descubrir para saber…no nos ha entretgado un Certificado de Garantías de nuestra permanencia para siempre en este bello planeta que, no siempre hemos sabido tratar como se merece.

En el siglo XX hemos podido ser testigos de múltiples y maravillosos descubrimientos científicos que han cambiado la concepción que del mundo podíamos tener: La teoría de Planck del cuanto que nos llevó directamente a la Mecánica Cuántica, el Relatividad de Einstein que nos lleva a un espacio-tiempo de cuatro dimensiones, nos dijo que la luz marcaba el límite de transmitir la información y, nos dijo que la masa y la energía eran una misma cosa, así como que, el Tiempo, era relativo y no absoluto. Más tarde, en su ampliación de la teoría en 1916, nos dijo que la presencia de grandes masas distorsionaba el espacio-tiempo.

Estos dos claros exponentes de aquella revolución científica nos abrieron los ojos y la mente a un Universo distinto que ahora, después de dichas teorías, tenía más sentido.

Otro de aquellos descubrimientos explosivos, fue la teoría cosmológica del big bang, que surgió como combinación de ambas, y, justo es que, se digan quienes fueron sus protagonistas que, no por sabido, estará demás dejar aquí un pequeño homenaje.

Cuando Einstein publicó en 1916 la teoría de la relatividad general era consciente de que ésta modificaría la ley de la gravedad universal de Newton: la solución a sus ecuaciones no sólo sustituyo el planteamiento dinámico de fuerza de atracción por otro geométrico de deformación del espacio-tiempo, sino que permitía explicar el universo en su conjunto.

Fue él el primer sorprendido al encontrar que dicha solución global traía como consecuencia un mundo cambiante, un universo que inicialmente estimó en contracción. Como esto no le cabía en la cabeza introdujo un término en las ecuaciones que contrarrestara el efecto gravitatorio: una fuerza repulsiva, a la que llamó constante cosmológica (Λ) Esta constante dotaba al espacio vacío de una presión que mantenía separados a los astros, logrando así un mundo acorde a sus pensamientos: estático, finito, homogéneo e isótropo.

El cúmulo abierto NGC 290: un joyero estelar

El Universo se expande

Años más tarde, Einstein comentaría que la introducción de esta constante, había sido el mayor error de su vida, porque (con una mejor estimación de la densidad) podía haber predicho la expansión del universo antes de que fuera observada experimentalmente. Claro que, su excusa era admisible, cuando el introdujo la constante cosmológica, nadie sabía que el universo estaba en expansión.

Albert Einstein

Con todo y a pesar de su enorme importancia, la teoría de la relatividad no llegó a tener verdadera importancia hasta que, en 1919, Arthur Eddintong confirmó la predicción del físico alemán con respecto a la curvatura de la luz, aprovechó el eclipse solar de Sol de ese año. De la noche a la mañana, Einstein se convirtió en el físico más popular del mundo al predecir con su ingenio y con su enorme intuición fenómenos que eran reales antes de que éstos fueran comprobados. Así, con carácter desenfado, expresándose en términos sencillos y muy distintos (menos estirados) que los de sus colegas, había dado respuesta a preguntas que habían sido formuladas pero, que nadie hasta entonces, había sabido contestar.

Entre tanto, el astrónomo holandés Willem de Sitter obtuvo en 1917 una solución a las ecuaciones del sabio alemán, sugiriendo la posibilidad de que el universo fuera infinito, aparentemente estático y de densidad prácticamente nula en el que tan solo había energía. Por otro lado, el matemático ruso Alexander Friedmann consiguió en 1922 varias soluciones a las ecuaciones proponiendo universos que se contraían o que se expandían, según los valores que tomara la constante cosmológica. Cuando su trabajo se publicó en Alemania, Einstein respondió con una nota en la misma revista presumiendo un error matemático. El error resultó finalmente inexistente, pero Einstein tardó en rectificar, por lo que la respuesta de Friedmann quedó en un segundo plano.

 Alexander Friedman

Los dos grandes retos que los Astrónomos habían tenido desde siempre habían sido medir las distancias a las estrellas y averiguar su composición. Como sabéis, el primero de los problemas se solucionó al utilizar las Cefeidas, estrellas de brillo variable, como estándares. Estas estrellas habían sido estudiadas por la astrónoma americana Henrietta Leavitt, y en 1912 había conseguido relacionar la magnitud absoluta (brillo intrínseco de una estrella) con el período de su oscilación luminosa.

Teniendo en cuenta esta Ley, Edwin Hubble había detectado en 1925 en el Mount Wilson Observatory doce cefeidas en la “Nebulosa” de Andrómeda que las situaban a una distancia mayor que el tamaño de nuestra Galaxia. Esto rompía todas las expectativas, ya que en ese momento se pensaba que todo el Universo estaba contenido en la Vía Láctea.

Clark dome.jpg

Lowell Observatory de Flagstaff

El segundo reto había llevado a los astrónomos a estudiar el espectro de la luz que emiten las estrellas. Aunque en esa época la técnica espectroscópica era muy rudimentaria, comenzó a dar sus frutos. Uno de ellos vino de la mano de Vesto Slipher, quien en la conferencia que impartió en el Lowell Observatory de Flagstaff (Arizona), en junio de 1925, anunció que el espectro de la luz que había recogido en la mayor parte de las galaxias estaba desplazado hacia el rojo. No se sabía a ciencia cierta lo que esto podía significar, pero Harlow Shapley, apoyado en el Efecto Doppler, consideró que e4se corrimiento hacia el rojo era consecuencia de que las galaxias se desplazaban.

Un Universo eterno en evolución

Georges Lamaìtre irrumpió en ese escenario tímidamente, como un estudiante de postgrado. Había nacido a finales del siglo XIX en el sur de Bélgica. Era el mayor de cuatro hermanos. Su padre había estudiado Derecho en la Universidad de Louvain y tenía una fábrica de vidrio. Georges comenzó la carrera de Ingeniero de Minas en Lovaina, pero sus estudios se vieron interrumpidos al estallar la Primera Guerra Mundial, en la que participó como artillero. Al acabar el conflicto bélico, regreso a las Aulas, pero no para continuar sus estudios de Ingeniería, sino que, se matriculó de en el segundo ciclo de Física y Matemáticas. A su término, ingresó en el Seminario de Malinas y en 1923 recibió las Órdenes sagradas.

Lemaitre.jpg

Georges Lemaître en 1933, durante una de sus exposiciones.

Su condición de sacerdote no le impidió continuar en su carrera científica y pidió ser admitido como estudiante investigador de Astronomía en el Royal Observatory de Greenwich para el curso 1923-24. Allí fue alumno de Eddintong, que le enseñó a conjugar la Astronomía con la Teoría de la Relatividad. No dejó de estar al día con todos y cada uno de los adelantos y experimentos que se realizaban en aquel campo de la Astronomía Cosmológica.

En 1926, el Jurado de su Doctorado le comunicó que su tesis contenían todos y cada uno de los requisitos exigidos para su admisión y, resaltaban su grado de madurez matemática. En 1927, publicó un trabajo en el que presentaba una solución a las ecuaciones de la Relatividad general y que explicaba el Universo en su Conjunto.

Cuando escribió el trabajo no tenía noticias de trabajos previos de Friedmann, pues estaban escritos en ruso o alemán, y ninguno de los modelos ni soluciones que conocía hasta entonces le convencían: el de Einstein contenía materia, pero era estático; el de De Sitter ajustando la constante cosmológica: un universo de simetría esférica era dinámico pero carecía de materia. Al considerar que la densidad de materia podía variar en el tiempo, Lamaítre propuso una solución intermedia entre la de Einstein y la de De Sitter ajustando la constante cosmológica: un universo de simetría esférica, eterno y en evolución. Con ese modelo no sólo buscaba una solución matemática correcta, sino que fuera compatible con la Física, al dar explicación a las observaciones astronómicas.

Edwin Hubble

Años más tarde, Hubble hizo la misma propuesta que hoy conocemos con Constante de Hubble. Así que, el trabajo de Lamaítre pasó muy desapercibido y ello, le obligó a darlo a conocer para que, al menos, se le diera el mérito a que era acreedor por justicia. Lamaítre consideró que el universo estaba en expansión exponencial con un pasado infinito, donde su tamaño, era casi constante en un primer momento, para luego crecer rápidamente.

La celebración del V Congreso Solvay de Física, que tuvo lugar en Octubre de 1927 en Bruselas, le facilitó a Lemaítre la oportunidad de reivindicarse. Acudió y al término de una de ellas, se entrevistó con Einstein, que le comentó: “He leído su artículo. Sus cálculos son correctos, pero su física es abominable”. A pesar de todo, Lemaítre no se desanimó y esperó otra oportunidad. Esta se presentó en Enero de 1930, con motivo de la Reunión habitual de la Royal Astronomical Society. En ella, DE Sitter mostró sus dudas sobre el modelo estático de Einstein, opinión que era compartida por Eddintong. Cuando Lemaítre leyó las Actas de la reunión, volvió a escribir a Eddintong, su antiguo profesor para recordarle que hacía tiempo que había propuesto una solución a ese problema. Su Profesor cayó en la cuenta del “olvido” y rectificó dando una conferencia titulada “La inestabilidad del universo esférico de Einstein”, en la que aplicó la solución de Lemaítre.

Allí quedó reconocido el mérito debido al primero que expuso un universo en expansión que, por motivos misteriosos de la historia, se llevó Hubble. De la misma manera, Copérnico se adjudicó lo que propuso, muchos años antes, Aristarco de Samos.

¡Qué cosas!


  1. ¡Aquellos grandes Físicos! : Blog de Emilio Silvera V., el 20 de diciembre del 2013 a las 9:31

    [...] por Emilio Silvera    ~    Clasificado en Física    ~    Comments (0) « Recordando algunos hechos [...]

 

  1. 1
    emilio silvera
    el 8 de abril del 2012 a las 9:58

    Sí, es bueno recordar. Si recordamos el pasado, sabremos dónde se equivocaron nuestros ancestros y, sus errores, nos servirán a nosotros para esquivarlos en el futuro. También es bueno recordar (diría que inprescindible), todo aquello que esos mismos ancestros lograron para posibilitar que ahora nosotros, estemos aquí con la abundancia de conocimientos que poseemos en las distintas ramas del saber humano.
    Recordar y no olvidar, esa es la intención de la Historia para con nosotros.
    Es bueno y de justicia que se reconozcan los méritos de los que, con su ingenio, nos abrieron los caminos hacia el saber del “mundo”: Física, matemáticas, astronomía, química, biología y, tántas otras disciplinas científicas que hoy, podemos decir con cierto orgullo que, alcanzamos un estadio ideal como para poder señalar una línea de salida llevando todas las garantías del triunfo en nuestras pequeñas mochilas del saber que, con seguirodad, nos llevarían hasta el fuituro.
    ¡Ya veremos!

    Responder
    • 1.1
      kike
      el 8 de abril del 2012 a las 18:18

      Hace poco leí un pensamiento vertido en estas páginas por algún comentarista que ahora no recuerdo, que decía más o menos: “Los vencedores escriben la historia, los perdedores escriben la verdad”.

       Aunque sea un poco exagerado (en cuanto a los perdedores, ya que la verdad es un animal de muchas patas), creo que es cierto que muchas veces la persona que tiene acceso a ciertos ambientes dominantes o se encuentra bien relacionado, consigue mucho más que otros que dan palos en el agua intentado que se reconozca sus descubrimientos (o méritos de cualquier tipo); como pueda ser el caso de Lamaitre.

       Ante este hecho bien comprobado, existe un refrán castizo (sabio como casi todos), que dice: “Mas vale caer en gracia que ser gracioso”.

       Ya le puedes dar vueltas al asunto, que no tiene remedio; la persona más relacionada, más “simpática”, más entroncada en la sociedad, o en fin la persona con más capacidad de comunicación, siempre tiene muchas más oportunidades que otra que base sus espectativas en la “simple realidad”; ya que esa realidad es a veces irreconocible por muchos, esquiva para otros y falsificada por otros muchos.

       No obstante, lo bueno de la ciencia en general es que, aun pasándo por encima a buenos científicos sin otorgarles el merecido reconocimiento de sus méritos, camina siempre hacia adelante aunque de a veces pasos atrás, que en definitiva son solo para reafirmarse en el sentido de su marcha.

       Saludos cordiales Maese.

      Responder
      • 1.1.1
        emilio silvera
        el 9 de abril del 2012 a las 5:43

        Hola, estimado amigo:
        ¡Cuánta razón llevas! Más vale nacer con estrella que estrellado. Así es la cruda realidad, y, conozco muchos casos en los que, el que ha “triunfado” ha sido a base de fullerías e imposturas, aprovechando el talento de otros que, con menos personalidad, se han dejado manipular y han quedado relegados mientras que, el sabihondo cjarlatán y mejor relaciones públicas, ha escalado nivel social a costa de los otros.
        Pero si miramos la historia, ha así ha sido siempre y lo seguirá siendo. El carácter de cada persona lo trae gravado y, por mucho que quieran, siempre saldrá a flote lo que realmente son. El bonachón y apacible, el “Juan calzones”, el de sangre caliente que se pelea si le dices buenos días, el que se encierra en sí mismo y, huraño, vive consigo mismo, el alegre que todo lo ve color de rosa, el estudioso, el vago…¡La Humanidad!
        Un abrazo querido amigo.

        Responder

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