viernes, 30 de julio del 2010 Fecha
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Un poco de Física

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Física    ~    Comentarios Comentarios (0)

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Es una auténtica maravilla el ver como la Física nos lleva a los temas más profundos de la Naturaleza del Universo y, de la libertad asintótica del mundo microscópico del núcleo donde residen los Quarks que forman los protones y los neutrones y donde la fuerza de Yang-Mills nos describe esa materia pegajosa acaramelada que son los Gluones que mantienen confinados a los quarks, en ese mundo de lo muy pequeño, podemos contemplar que, las Fuerzas Fundamentales que rigen el Universo, las nucleares fuerte y débil, el electromagnetismo y la fuerza de gravedad, junto con las Constantes Universales, hacen que el mundo en el que vivimos, sea como es, cualquier desviación mínima en cualquiera de éstas constantes, tendría la consecuencia de que en nuestro planeta no pudiera existir la vida tal como la conocemos. Es impensable un mundo como el nuestro si la Constante de Estructura Fina, α =1/137, fuera diferente a la que es.

León Lederman, premio Nobel de Física, decía que, todos los físicos del mundo deberian tener un letrero en el lugar más visible de sus hogares para cuando lo vieran, les recordara lo que no sabemos. En el letrero solo pondría 137.

Resulta que el 137 es un número puro, adimensional, éste sólo número encierra los misterios del electromagnetismo (el electrón, e), de la relatividad (la velocidad de la luz, c) y, de la Mecánica Cuantica (la constante de Planck, h).

Lo más curioso de este notable número es su adimensionalidad. La velocidad de la luz, c, es bien conocida y su valor es de 299.792.458 m/s, la constante de Planck racionalizada es de ħ/2=1,054589×10 J/s, la altura de mi hijo Isat es de 1,77 m., todo tiene sus dimensiones.

Pero resulta que cuando uno combina las magnitudes que componen alfa ¡se borran todas las unidades! el 137 está sólo: se exhibe desnudo a donde va. Esto quiere decir que  científicos del undécimo planeta de una estrella lejana situada en un sistema solar de la Galaxia Andrómeda, aunque utilicen Dios sabe que unidades para la carga del electrón y la velocidad de la luz y que versión puedan tener para la constante de Planck, también les saldrá 137. Es un número puro. No lo inventaron los hombres. Está en la Naturaleza, es una de sus constantes naturales sin dimensiones.

¿Por qué Alfa es igual a 1 partido por 137?  Esperemos que algún día aparezca un genio como Einstein y nos pueda dar la respuesta a éste número y a los misterios que encierra. Ya dijo Heisenberg (el padre del Principio de Incertidumbre e impulsor de la Mecánica Cuántica) que, el día que podamos abrir la puerta cerrada del 137, sabremos la respuesta a muchas preguntas sin contestar.

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¡Aquellos viajeros!

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Rumores del Saber    ~    Comentarios Comentarios (0)

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Los griegos había descubierto el Atlántico en el s. VII a.C., cuando dieron el nombre de columnas de Hércules a la que hoy es el estrecho de Gibraltar.  Según Hecateo, el mundo era básicamente un plato plano y circular, cuyo centro estaba cerca de Troya o de la actual Estambul, y el mar Mediterráneo era una vía de acceso a un océano que circundaba toda la tierra.  A finales del S. VI, en el sur de Italia, un seguidor de Pitágoras propuso la idea de que la tierra era una esfera, una de los diez unidades de ese tipo que giraban alrededor de un fuego ubicado en el centro.  Sócrates y Platón aceptaron la perspectiva pitagórica y el primero llegó a decir que la tierra era plana en apariencia debido a su enorme tamaño.

Los griegos sabían que la tierra firme se extendía desde España hasta la India y había rumores de que incluso más allá.

El primer viajero del que se tiene noticias es Piteas, que vivió en Massalia (la actual Marsella).  Gracias a barqueros que habían recorrido el Ródano y conocido a otros viajeros, los habitantes de Massalia sabían que existía al norte un mar lo suficientemente grande como para contener islas, en las que se producían metales preciosos y una sustancia resinosa de color amarillo oscuro, muy apreciada debido a su belleza, denominada ámbar.  Sin embargo, el Ródano no llegaba hasta este mar y nadie sabía en realidad lo lejos que estaba.

Hacia el año 330 a.C., unos marineros que regresaban tras viajar al Mediterráneo occidental informaron de que, en esta ocasión, las Columnas de Hércules no estaban siendo defendidas.  Era la oportunidad que los mercaderes de Messalia habían estado esperando:

Se escogió a Piteas para realizar este viaje y se le equipó con una embarcación de unos cuarenta metros de largo (más grande de las que emplearía Colón).  Bordeando el continente, Piteas finalmente alcanzó el norte de Francia y luego, en medio de la niebla y la lluvia, pasó entre Inglaterra e Irlanda en dirección norte hasta llegar a las Orcadas y a continuación fue más allá de los Shetland y las Feroe y se encontró con una tierra en la que, durante el primer día del verano, el Sol permanecía durante veinticuatro horas por encima del horizonte.

Piteas denominó a este lugar Tule, y durante siglos Última Tule se consideró el fin del mundo en esta dirección  (es posible que se tratara de Islandia, Noruega o incluso algunas de los Shettand o las Faroe). Piteas regresó por Dinamarca y Suecia y descubrió un gran mar interior, el Báltico, donde comenzó su búsqueda del País del Ámbar.  En su recorrido, descubrió ríos que fluían de sur a norte (como el Oder y el Vistula) y entendió que a través de ellos las noticias sobre el mar del norte habían llegado al Mediterráneo.

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