Mar
22
Mantenimiento
por Emilio Silvera ~
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Así ha sido la operación de limpieza del telescopio Euclid a 1,5 millones de kilómetros
La operación de limpieza del telescopio Euclid está en el aire a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. Los telescopios que han sido enviados al espacio para poder descubrir más de una galaxia que hasta la fecha no se veía o simplemente saber un poco más de nuestro planeta son una realidad.
Por lo que deben estar perfectamente conectados con nuestro planeta, además de estar listos para poder mostrar las mejores imágenes posibles, sin importar la distancia con el planeta. Euclid es uno de los telescopios enviados desde la Tierra que estaba empezando a registrar algunos problemas.
La operación de limpieza del telescopio Euclid
La realidad de este telescopio es que aún no ha podido limpiarse, o, al menos, no se sabe con total seguridad si este telescopio está en perfectas condiciones o no. En esencia estamos ante una posible suposición que podría permitir que desde la Tierra se pueda apreciar con mayor claridad lo que llega desde este elemento que está lejos, muy lejos.
La importancia de mirar al cielo es enorme, ya que, gracias a él, podremos descubrir qué es lo que está detrás de una serie de elementos que son fundamentales y que podrían dejarnos algunas novedades importantes. Seguro que podremos descubrir un poco mejor qué es lo que nos depara este telescopio.
No es fácil enviar esta tecnología a un espacio lejano que debe proporcionar unas buenas vistas de un universo que se presume que es infinito.
La realidad es que estos elementos se envían desde la Tierra con sumo cuidado, no excepto de problemas. Durante el viaje y especialmente a la salida de la atmosfera terrestre se pueden producir algunos daños importantes que podrían causar más de un problema a esta tecnología que requiere una gran precisión.
Euclid empezó a fallar nada más recibir sus primeras transmisiones. Se podía apreciar un 10% menos de precisión en estas imágenes que en la de sus predecesores o de los otros telescopios que podían apuntar a las mismas zonas. Por lo que se determinó que algo no funcionaba bien. El problema de la llegada de algunos puntos con hielo a este lugar del telescopio ha podido ser el que ha generado esta falta de visión. Algo que se podría solucionar con la ayuda de un elemento que sea capaz de eliminar el hielo.
Esta es la operación de limpieza a 1,5 millones de kilómetros
Para limpiar el telescopio Euclid desde la Tierra a 1’5 millones de kilómetros se ha optado por encender unos calefactores que podrían acabar con ese hielo. Partiendo de la base de que es una suposición. No se tiene el telescopio delante, por lo que no se sabe realmente si se está quedando limpio o no este elemento.
Cada experimento que se realiza con este tipo de elementos puede acabar dando lugar a una novedad importante. Por lo que saber cómo reparar a esa distancia un elemento tan delicado podría sentar un precedente.
Desde la Tierra y según los expertos: “»La descongelación debería restaurar y preservar la capacidad de Euclid para recoger la luz de estas antiguas galaxias, pero es la primera vez que realizamos este procedimiento. Tenemos muy buenas conjeturas sobre a qué superficie se adhiere el hielo, pero no estaremos seguros hasta que lo hagamos».
Una vez se ponga en práctica esta teoría, se deberá comprobar con otras imágenes de otro telescopio para saber si estamos ante un elemento que acabará siendo el que marque un precedente en la reparación de algo tan delicado como un telescopio a distancia.
Este procedimiento se llevará a cabo en mayo, si no se soluciona durante estas semanas por sí solo. Es decir, se consigue eliminar este hielo que ha llegado como consecuencia del agua de la atmosfera que se ha colado en un sistema tan delicado como este.
Por lo que al final de este preoceso lo que se pretende es que en verano ya se puedan recibir imágenes que estén bien enfocadas y posicionadas de este satélite. Algo que no debe ser nada fácil, pero con un poco de esfuerzo se conseguirá. El papel de los científicos desde la Tierra es estar muy pendientes de lo que pasa tan lejos.
Controlar a distancia determinadas herramientas no es nada fácil, como tampoco le es hacerlo con la ayuda de unos sistemas que apenas permiten interactuar con ellos. Además de que tampoco se puede enviar ningún tipo de artilugio que pueda limpiar este telescopio.
Queda mucho que aprender sobre la exploración espacial y todo lo que conlleva. No es nada fácil determinar qué elementos son imprescindibles y qué no, así como, la forma de conseguir mantener la integridad de los objetos enviados al espacio desde un planeta Tierra que queda muy lejos.

Mar
21
¿Habrá que ponerlo en cuarentena?
por Emilio Silvera ~
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El video podría haber sido algo más profesional, y, comentarios como: “… del Universo y sus alrededores…” no avalan su calidad (no en cuanto a la noticia), ya que, las cosas hay que exponerlas con más seriedad y facilitando datos fiables y que reflejen la realidad del tema que se trata.
De todas las maneras, vayamos a las cercanías de Próxima b, alumbrada por la estrella Próxima Centauri, situada a 4,2 años luz del Sol, es la estrella más cercana a nosotros, y, con la tecnología actual de nuestro mundo en lo que a viajes espaciales se refiere, podríamos tardar algunos miles de años en llegar a ese mundo.
De todas las maneras, ese detalle de que “una ciudad alumbrada con luz eléctrica” ha sido detectada por el Telescopio… Aunque negarlo rotundamente no podamos, si fuese cierto, nos dice que aquellos seres inteligentes no están muy adelantados, ya que, de estarlo, el Proyecto SETI habría captado señales de sus actividades que a la velocidad de la luz, habrían tardado 2,3 años luz en llegar a nuestro mundo y la respuesta habría llegado a e ellos en el mismo tiempo, con lo cual, se habría entablado una relación Inter-espacial entre sistemas planetarios.
En fin, esperemos que las investigaciones sigan y aumente el conocimiento de la certeza de todo esto.
Mar
21
Noticias del Boletín de Física
por Emilio Silvera ~
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Publicada la transcripción de noticias del Boletín por el miembro honorario de la Real Sociedad Española de Física Emilio Silvera Vázquez, adscrito a los Grupos Especializados de Física Teórica y Astrofísica.
Mar
20
Predicar con el buen ejemplo
por Emilio Silvera ~
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Si todos hiciéramos lo mismo… ¡El Mundo sería mucho mejor!
Que mayor satisfacción que ayudar al que no tiene. No pocas criaturas, por una u otra causa, se ven en situaciones de precariedad que no deberíamos consentir, y, con que cada uno pongamos un granito de arena en esa desgracia, la podremos erradicar.
El Mundo está muy deteriorado, y vemos a gobernantes que se aprovechan de situaciones de precariedad de su pueblo para llenarse los bolsillos. No podemos consentir que esta gentuza dirija nuestras vidas.
A los que entran en el Gobierno habría que hacerle alguna prueba que probara su honradez.
Recuerdo aquel Rey que tenía que nombrar a un tesorero y, el consejo de ancianos les propuso a tres aspirantes:
- Los convocó a la misma hora y, uno a uno les hacía pasar por un túnel que estaba lleno de sacas de monedas de oro y joyas preciosas.
- A l final del túnel les hacía bailar.
- Solo uno lo hizo y fue nombrado Tesorero del Rey.
- Los otros dos, por temor a que se le salieran las monedas y sonaran al bailar se negaron, por lo que, una ves registrados y comprobado su robo, fueron a la cárcel.
- Aquí habría que hacer lo mismo y, más de medio Parlamento estaría preso.
Emilio Silvera V.
Mar
20
Desde los átomos hasta las estrellas: Un largo viaje
por Emilio Silvera ~
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“Pues yo he sido a veces un muchacho y una chica,
Un matorral y un pájaro y un pez en las olas saladas.”

Esto nos decía Empédocles, el padre de aquellos primitivos elementos formados por Agua, tierra, aire y fuego que, mezclados en la debida proporción, formaban todas las cosas que podemos ver a nuestro alrededor. Claro que, él no podía llegar a imaginar hasta donde pudimos llegar después en la comprensión de la materia a partir del descubrimiento de las partículas “elementales” que formaban el átomo. Pero sí, con sus palabras, nos quería decir que, la materia, una veces está conformando mundos y, en otras, estrellas y galaxias.

Sí, hay cosas malas y buenas pero todas deben ser conocidas para poder, en el primer caso aprovecharlas, y en el segundo, prevenirlas.
Pero demos un salto en el tiempo y viajemos hasta los albores del siglo XX cuando se hacía cada vez más evidente que alguna clase de energía atómica era responsable de la potencia del Sol y del resto de las estrellas que más lejos, brillaban en la noche oscura. Ya en 1898, sólo dos años más tarde del descubrimiento de la radiactividad por Becquerel, el geólogo americano Thomas Chrowder Chamberlin especulaba que los átomos eran “complejas organizaciones y centros de enormes energías”, y que “las extraordinarias condiciones que hay en el centro del Sol pueden…liberar una parte de su energía”. Claro que, por aquel entonces, nadie sabía cual era el mecanismo y cómo podía operar, hasta que no llegamos a saber mucho más sobre los átomos y las estrellas.

Conseguimos tener los átomos en nuestras manos
El intento de lograr tal comprensión exigió una colaboración cada vez mayor entre los astrónomos y los físicos nucleares. Su trabajo llevaría, no sólo a resolver la cuestión de la energía estelar, sino también al descubrimiento de una trenza dorada en la que la evolución cósmica se entrelaza en la historia atómica y la estelar.
La Clave: Fue comprender la estructura del átomo. Que el átomo tenía una estructura interna podía inferirse de varias líneas de investigación, entre ellas, el estudio de la radiactividad: para que los átomos emitiesen partículas, como se había hallado que lo hacían en los laboratorios de Becquerel y los Curie, y para que esas emisiones los transformasen de unos elementos en otros, como habían demostrado Rutherford y el químico inglés Frederick Soddy, los átomos debían ser algo más que simples unidades indivisibles, como implicaba su nombre (de la voz griega que significa “imposible de cortar”).
El átomo de Demócrito era mucho más de lo que él, en un principio intuyó que sería. Hoy sabemos que está conformado por diversas partículas de familias diferentes: unas son bariones que en el seno del átomo llamamos nucleones, otras son leptones que giran alrededor del núcleo para darle estabilidad de cargas, y, otras, de la familia de los Quarks, construyen los bariones del núcleo y, todo ello, está, además, vigilado por otras partículas llamadas bosones intermedios de la fuerza nuclear fuerte, los Gluones que, procuran mantener confinados a los Quarks.


Pero no corramos tanto, la física atómica aún debería recorrer un largo camino para llegar a comprender la estructura que acabamos de reseñar. De los trs principales componentes del átomo -el protón, el neutrón y el electrón-, sólo el electrón había sido identificado (por J.J. Thomson, en los últimos años del siglo XIX). Nadie hablaba de energía “nuclear” pues ni siquiera se había demostrado la existencia de un núcleo atómico, y mucho menos de sus partículas constituyentes, el protón y el neutrón, que serían identificados, respectivamente, por Thomson en 1913 y James Chawick en 1932.

De importancia capital resultó conocer la existencia del núcleo y que éste, era 1/100.000 del total del átomo, es decir, casi todo el átomo estaba compuesto de espacios “vacíos” y, la materia así considerada, era una fracción inifintesimal del total atómico.
Rutherford, Hans Geiger y Ernest Marsden se encontraban entre los Estrabones y Tolomeos de la cartografía atómica, en Manchester , de 1909 a 1911, sonderaron el átomo lanzando corrientes de “partículas alfa” subatómicas -núcleos de helio- contra delgadas laminillas de oro, plata, estaño y otros metales. La mayoría de partículas Alfa se escapaban a través de las laminillas, pero, para sombro de los experimentadores, algunas rebotaban hacia atrás. Rutherford pensó durante largo tiempo e intensamente en este extraño resultado; era tan sorprendente, señalaba, como si una bala rebotase sobre un pañuelo de papel. Finalmente, en una cena en su casa en 1911, anunció a unos pocos amigos que había dado con una explicación: que la mayoría de la masa de un átomo reside en un diminuto núcleo masivo. Ruthertford pudo calcular la carga y el diámetro máximo del núcleo atómico. Así se supo que los elementos pesados eran más pesados que los elementos ligeros porque los núcleos de sus átomos tienen mayor masa.

Todos sabemos ahora, la función que desarrollan los electrones en el átomo. Pero el ámbito de los electrones para poder llegar a la comprensión completa, tuvo que ser explorado, entre otros, por el físico danés Niels Bohr, quien demostró que ocupaban órbitas, o capas, discretas que rodean al núcleo. (Durante un tiempo Bohr consideró el átomo como un diminuto sistema solar, pero ese análisis, pronto demostró ser inadecuado; el átomo no está rígido por la mecánica newtoniana sino por la mecánica cuántica.)
Entre sus muchos otros éxitos, el modelo de Bohr revelaba la base física de la espectroscopia. El número de electrones de un átomo está determinado por la carga eléctrica del núcleo, la que a su vez se debe al número de protones del núcleo, que es la clave de la identidad química del átomo. Cuando un electróncae de una órbita externa a una órbita interior emite un fotón. La longitud de onda de este fotón está determinada por las órbitas particulares entre las que el electrón efectúa la transición. E esta es la razón de que un espectro que registra las longitudes de onda de los fotones, revele los elementos químicos que forman las estrellas u otros objetos que sean estudiados por el espectroscopista. En palabras de Max Planck, el fundador de la física cuántica, el modelo de Bohr del átomo nos proporciona “la llave largamente buscada de la puerta de entrada al maravilloso mundo de la espectroscopia, que desde el descubrimiento del análisis espectral (por Fraunhoufer) había desafiado obstinadamente todos los intentos de conocerlo”.
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El Cinturón de Orión formado por las trs estrellas: Alnitak, Alnilam y Mintaka
Es curioso que, mirando en la oscura noche como brillan las estrellas del cielo, nos atrae su titilar engañoso (es la atmósfera terrestre la que hace que lo parezca) y su brillo, Sin embargo, pocos llegan a pensar en lo que verdaderamente está allí ocurriendo. Las transformaciones de fase por fusión no cesan. Esta transformación de materia en energía es consecuencia de la equivalencia materia-energía, enunciada por Albert Einstein en su famosa fórmula E=mc2; donde E es la energía resultante, m es la masa transformada en energía, y c es la velocidad de la luz (300 000 kilómetros por segundo). La cantidad de energía que se libera en los procesos de fusión termonuclear es fabulosa. Un gramo de materia transformado íntegramente en energía bastaría para satisfacer los requerimientos energéticos de una familia mediana durante miles de años.
Es un gran triunfo del ingenio humano el saber de qué, están confomadas las estrellas, de qué materiales están hechas. Recuerdo aquí a aquel Presidente de la Real Society de Londres que, en una reunión multitudinaria, llegó a decir: “Una cosa está clara, nunca podremos saber de qué están hechas las estrellas”. El hombre se vistió de gloria con la, desde entonces, famosa frase. Creo que nada, con tiempo por delante, será imposible para nosotros.
Pero, por maravilloso que nos pueda parecer el haber llegado a la comprensión de que los espectros revelan saltos y tumbos de los electrones en sus órbitas de Bohr, aún nadie podía hallar en los espectros de las estrellas las claves significativas sobre lo que las hace brillar. En ausencia de una teoría convincente, se abandonó este campo a los taxonomistas, a los que seguían obstinadamente registrando y catalogando espectros de estrellas, aunque no sabían hacia donde los conduciría esto.
En el Laboratorio de la Universidad de Harvard, uno de los principales centros de la monótona pero prometedora tarea de la taxonomía estelar, las placas fotográficas que mostraban los colores y espectros de decenas de miles de estrellas se apilaban delante de “calculadoras”, mujeres solteras en su mayoría y, de entre ellas, Henrietta Leavitt, la investigadora pionera de las estrellas variables Cefeidas que tan útiles serían a Shapley y Hubble.

Imagen de Sirio A, la estrella más brillante del cielo tomada por el Telescopio Hubble (Créd. NASA). Sirio es la quinta estrella más cercana y tiene una edad de 300, millones de años. Es una estrella blanca de la secuencia principal de tipo espectral A1V con temperatura superficial de 10 000 K y situada a 8,6 años luz de la Tierra. Es una estrella binaria y, de ella, podríamos contar muchas historias. La estrella fue importante en las vidas de Civilizaciones pasadas como, por ejemplo, la egipcia.
Fue Cannon quien, en 1915, empezó a discernir la forma en una totalidad de estrellas en las que estaba presente la diversidad, cuando descubrió que en una mayoría, las estrellas, pertenecían a una de media docena de clases espectrales distintas. Su sistema de clasificación, ahora generalizado en la astronomía estelar, ordena los espectros por el color, desde las estrellas O blancoazuladas, pasando por las estrellas G amarillas como el Sol, hasta estrellas rojas M. Era un rasgo de simplicidad denajo de la asombrosa variedad de las estrellas.
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Las Pléyades, también conocidas por las siete hermanas
Pronto se descubrió un orden más profundo, en 1911, cuando el ingeniero y astrónomo autodidacta danés Ejnar Hertzsprung analizó los datos de Cannon y Maury de las estrellas de dos cúmulos, las Híades y las Pléyades. Los cúmulos como estos son genuinos conjuntos de estrellas y no meras alineaciones al azar; hasta un observador inexperimentado salta entusiasmado cuando recorre con el telescopio las Pléyades, con sus estrellas color azul verdoso enredadas en telarañas de polvo de diamante, o las Híades, cuyas estrellas varían en color desde el blanco mate hasta un amarillo apagado.

Las Híades
Hertzsprung utilizó los cúmulos como muestras de laboratorio con las que podía buscar una relación entre los colores y los brillos intrínsecos de las estrellas. Halló tal relación: la mayoría de las estrellas de ambos cúmulos caían en dos líneas suavemente curvadas. Esto, en forma de gráfico, fue el primer esbozo de un árbol de estrellas que desde entonces ha sido llamado diagrama Hertzsprung-Russell.
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El progreso en física, mientras tanto, estaba bloqueado por una barrera aparentemente insuperable. Esto era literal: el agente responsable era conocido como barrera de Coulomb, y por un tiempo frustró los esfuerzos de las físicos teóricos para comprender como la fusión nuclear podía producir energía en las estrellas.
La línea de razonamiento que conducía a esa barrera era impecable. Las estrellas están formadas en su mayor parte por hidrógeno. (Esto se hace evidente en el estudio de sus espectros.) El núcleo del átomo de Hidrógeno consiste en un solo protón, y el protón contiene casi toda la masa del átomo. (Sabemos esto por los experimentos de Rutherford). Por tanto, el protón también debe contener casi toda la energía latente del átomo de hidrógeno. (Recordemos que la masa es igual a la energía: E = mc2.) En el calor de una estrella, los protones son esparcidos a altas velocidades -el calor intenso significa que las partículas involucradas se mueven a enormes velocidades- y, como hay muchos protones que se apiñan en el núcleo denso de una estrella, deben tener muchísimos choques. En resumen, la energía del Sol y las estrellas, puede suponerse razonablemente, implica las interacciones de los protones. Esta era la base de la conjetura de Eddintong de que la fuente de la energía estelar “difícilmente puede ser otra que la energía subatómica, la cual, como se sabe, existe en abundancia en toda materia”.

Plasma en ebullición en la superficie del Sol
Hasta el momento todo lo que hemos repasado está bien pero, ¿Qué pasa con la Barrera de Coulomb? Los protones están cargados positivamente; las partículas de igual carga se repelen entre sí; y este obstáculo parecía demasiado grande para ser superado, aun a la elevada velocidad a la que los protones se agitaban en el intenso calor del interior de las estrellas. De acuerdo con la física clásica, muy raras veces podían dos protones de una estrella ir con la rapidez suficiente para romper las murallas de sus campos de fuerza electromagnéticos y fundirse en un solo núcleo. Los cálculos decían que la tasa de colisión de protones no podía bastar para mantener las reacciones de fusión. Sin embargo, allí estaba el Sol, con el rostro radiante, riéndose de las ecuaciones que afirmaban que no podía brillar.

Afortunadamente, en el ámbito nuclear, las reglas de la Naturaleza no se rigen por las de la mecánica de la física clásica, que tienen validez para grandes objetos, como guijarros y planetas, pero pierden esa validez en el reino de lo muy pequeño. En la escala nuclear, rigen las reglas de la indeterminación cuántica. La mecánica cuántica demuestra que el futuro del protón sólo puede predecirse en términos de probabilidades: la mayoría de las veces el protón rebotará en la Barrera de Coulomb, pero de cuando en cuando, la atravesará. Este es el “efecto túnel cuántico”; que permite brillar a las estrellas.
George Gamow, ansioso de explotar las conexiones entre la astronomía y la nueva física exótica a la que era adepto, aplicó las probabilidades cuánticas a la cuestión de la fusión nuclear en las estrellas y descubrió que los protones pueden superar la Barrera de Coulomb. Esta historia es mucho más extensa y nos llevaría hasta los trabajos de Hans Bethe, Edward Teller y otros, así como, al famoso Fred Hoyle y su efecto Triple Alfa y otras maravillas que, nos cuentan la historia que existe desde los átomos a las estrellas del cielo.
emilio silvera
















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