martes, 24 de marzo del 2026 Fecha
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¿La Vida? Una vez que surgió en nuestro Universo… ¡Estará...

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en El Universo y la Vida    ~    Comentarios Comments (0)

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Sistemas planetarios formándose en Orión

El Hubble flota en libertad

 

El Hubble, el Telescopio Espacial que orbita la Tierra, se ha fijado en los nuevos Sistemas planetarios que se forman en la Gran Nube de Orión. Dentro de unos pocos miles de millones de años, cuando las estrellas centrales estén en la secuencia principal brillando al fusionar Hidrógeno en Helio, las planetas se irán enfriando a medida que sus atmósferas cambian y, en algunos de ellos se forman océanos al haber tenido “la suerte” de caer en la zona habitable de su estrella. Algunos miles de millones de años más tarde, la vida que posiblemente habrá surgido en esos planetas afortunados, comenzará a evolucionar hasta que, con suerte, alcance la consciencia.

Es cierto que, con mucha frecuencia, aparecen aquí trabajos que versan sobre la vida, ese misterio que nos lleva a querer buscar sus orígenes y a saber, cómo y para qué surgió aquí en el Planeta Tierra. Nos interesamos por cada uno de pasos evolutivos y nos llama la atención ese larguísimo ciclo que llevó la vida desde aquella célula replicante hasta los seres humanos. Pero, ¿hay algo más interesante que la Vida para poder estudiarlo? Seguramente con la Física, la Química y la Astrofísica, sean las cuestiones más interesantes para el ser humano. ¡Ah! sin olvidarnos de las matemáticas.

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En algún momento del pasado de la Tierra, estimado en aproximadamente 2.500 – 3.500 millones de años, tuvo lugar lo que denominamos revolución oxigénica, durante la cual las cianobacterias produjeron tanto oxígeno que la atmósfera y los océanos quedaron literalmente saturados de este nuevo compuesto químico. Tal producción de oxígeno afectó drásticamente a la biósfera del planeta. Antes de la revolución oxigénica, pocos organismos estaban adaptados para vivir en presencia de oxígeno abundante; las moléculas de oxígeno actuaban como un veneno, reaccionando con las moléculas orgánicas complejas y degradándolas. Debido a esto, la mayor parte de la vida existente en ese momento debió quedar exterminada; las cianobacterias serían responsables de una gran extinción masiva.

Por otro lado, los elevados niveles de oxígeno que se acumularon en la atmósfera dieron como resultado una capa de ozono, de vital importancia para la vida como la conocemos. El ozono filtra los perniciosos rayos ultravioletas, que tienen un efecto especialmente perjudicial para los ácidos nucleicos, impidiendo que lleguen a la superficie de la Tierra. Si lo miramos desde esa perspectiva, es muy probable que el desarrollo de la vida fuera de los océanos y más aún, de toda la vida como la conocemos, incluso la nuestra, haya sido posible solo gracias a la capa de ozono, y por ende, a las cianobacterias que aportaron el abundante oxígeno para generarla.

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El consenso es que la vida apareció en el planeta hace entre 3.900 y 3.800 millones de años. Los primeros organismos fueron procariotas, células muy simples que carecen de núcleo. Los procariotas que mejor conocemos son las bacterias, semejantes a la  imagen que se muestra.

La segunda imagen es el árbol filogenético que muestra cómo están relacionados los genomas de los procariotas con los demás seres vivos del planeta que, de una u otra manera, son todos ellos parientes más o menos lejanos y que, en definitiva, están todos hechos de la misma cosa. En su fuente primera, Quarks y Leptones que forman los átomos de carbono que son la base de nuestro sistema junto a otros elementos que nos conforman y, el agua, es la presencia principal.

Se cree que el último eslabón del desarrollo humano, apareció en el planeta hace sólo 160.000 años. Hablamos del Homo Sapiens.Los homo antecessor eran individuos fuertes, altos y con rostros de rasgos modernos, con una mandíbula bastante parecida a la del homo erectus. Sin embargo, la orientación facial es muy parecida a la del Homo sapiens. Se acepta la teoría de que el Homo antecessor proviene de África, aunque se ha discutido debido a su parecido con el Homo erectus (Hombre de Pekín), lo que para algunos sugiere un origen asiático.

Desgraciadamente, no se han encontrado aún fósiles en África de la misma antigüedad que podrían hacer seguir la pista de esta especie, y los de Asia contemporáneos a ella se refieren únicamente al Homo Erectus. Se podría decir que es el eslabón que une al Homo ergaster y enlaza con formas más cercanas a nosotros. A pesar de todos los estudios realizados, esta nueva especie está aún muy cuestionada por paleontólogos y especialistas, los cuales opinan que se trata en realidad de Homo Heidelbergensis. Estas luchas dialécticas son muy comunes entre los especialistas y hasta que no hay una evidencia abrumadora (y a veces ni eso) no se ponen de acuerdo en las afirmaciones que realizan.

Mientras en Asia Homo Ergaster evolucionaba a Homo erectus, en África siguió un camino diferente pero evolutivamente paralelo, dando lugar a una nueva especie, de rasgos craneales aún más modernos, aunque todavía con parecido a la especie anterior; será una especie crucial, el Homo antecessor, ya que será la que origine definitivamente al Homo sapiens.

Un hecho común por lo que vemos en la historia del universo es la unión. Las partículas elementales se unen formando átomos, que se unen para formar moléculas que se unen creando la materia macroscópica que conocemos. El mundo está formado por átomos y moléculas que conforman la materia de los mundos y de los seres vivos.

No siempre le damos la impportancia que tiene el líquido elemento, esencial para la vida de todas las especies. Este hecho es factible también en la materia orgánica, creando una rama del arbol de la boda universal de la que colgamos nosotros. La unión de diversos componentes químicos, la teoría de la sopa prebiótica y un buen salto de años, con alguna chispa de originalidad, se formaron las células primitivas.

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Esto ya surgía de la unión de múltiples compuestos. Algo tan complejo y a la vez tan modular. Pero esto no acaba aquí ni mucho menos..

La evolución y unión de más componentes llega a dar otras células más complejas, las eucariotas, que con su unión y evolución dan lugar a seres vivos superiores, como los conocemos ahora.

En este nivel, podemos ver como la unión en la mayoría de las especies da lugar a frutos muy diversos. Las manadas sirven de protección entre sí a la par que da ventajas añadidas. Las tribus más de lo mismo. En esencia, todas estas formas de unión tienen algo común, el trasvase de información y la prueba y error. Así se llega a la actualidad. Un mundo dominado por la unión de una especie dominante que ha sabido trabajar para llegar mucho más lejos de donde estaba hace años.

Todos hemos leído alguna vez sobre el famoso experimentio de Miller, el químico y biólogo que, en 1953 realizó un experimento que asombró a todos los expertos del mundo. Montó un sistema de tubos de vidrio imitó la primera atmósfera, el océano y las tormentas eléctricas. Al cabo de pocos días se habían formado complejos compuestos orgánicos, tales como aminoácidos y azúcares. Parecía que se había resuelto el origen de la vida. Se había inventado el término “sopa prebiótica”. Claro que, aquello sirvió para tener una idea más aproximada a lo que pudo pasar, el total de la historia es muicho más complejo y, desde luego, enn ese largo túnel de la vida, son muchos los rincones oscuros que aún, no hemos sido capaces de alumbrar. El misterio continúa.

 

No digamos de la variedad de elementos encontrados en las Nubes moleculares gigantes, en las que se han detectado elementos necesarios para la vida que, según mi modesto parecer, en nuestro Universo… ¡Es imparable! Millones de mundos estarán latiendo llenos de vida que, alumnbrada y calentada por otras estrellas, repetirán los ciclos que se dieron en la Tierra.

Lo cierto es que, no podemos ni afirmar ni negar que la vida pudiera venir del espacio exterior. Algunos dicen que los Cometas trajeron las semillas de la vida al Planeta Tierra. Sin embargo, nadie lo puede asegurar. También se puedo desarrolar en el hielo o en los océanos primordiales…¡La vida! el misterio persiste. Así que, fumarolas negras, cianobacterias, bacterias, procariotas y eucariotas. Las primeras células capaces de replicarse. La Panspermia, y tantas otras fuentes posibles para que, la vida, llegara y surgiera en la Tierra. Todo ello, esa diversidad de ideas y teorías, nos llevan de manera directa e inequívoca a una realidad: nuestra infinita ignorancia.

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Nubes como esa contienen la materia primigenia para la formación de nuevas estrellas y planetas. Los científicos saben que, mediante complejos procesos químicos, se forman moléculas prebióticas en tales nubes, mucho antes de que las estrellas y los planetas se formen. Por eso, es factible que algunas de estas moléculas interestelares acaben alcanzando la superficie de planetas jóvenes, antes de que en éstos se desarrollen de manera autóctona moléculas de esa clase.
Nosotros, la especie humana, somos seres vivos y podríamos hacer una descripción de nuestras características, de lo que nos diferencia de todo aquello que no son seres vivos; estamos capacitados para diferenciar el mundo vivo del mundo no vivo, pero sin embargo hay algo que no podemos hacer, y es explicar qué es la vida: en el ámbito científico no existe, hoy por hoy, una definición de vida; sabemos quién tiene vida y quién no, pero no sabemos qué es ese soplo que nos diferencia de lo no vivo.
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Siempre nos ha asombrado el poder constatar cómo pudimos evolucionar, desde la materia inerte hasta los más profundos pensamientos
Una explosión, ocurrida hace miles de millones de años, de una estrella masiva, al final de su ciclo en la secuencia principal, hizo que se produjera aquella explosión de Supernova. El material exterior de la estrella primitiva salió eyectado al espacio interestelar a una velocidad apreciable y formó una Nebulosa de incluso años luz de diámetro. Los materiales sencillos y simples se convierten, en un preceso lento de condensación ayudado por la fuerza de gravedad,  en vórtices que giran y crean un centro más caliente, el material allí presente se comprime más y más, las temperaturas aumentan y surege una protoestrella que, tiempo después sería nuestro Sol y, a su alrededor, masas más pequeñas de materia desprendidas en sus giros, se alejan y sitúan a diferentes distancias y, cuando se enfrían, se convierten en los planetas y lunas que, por el mismo sistema, se formaron alrededor de algunos planetas para formar el Sistema Solar en el que, la Tierra, ocupa el tercer lugar a partir del Sol, es decir, la zona habitable, la distancia ideal.
De la misma manera que las estrellas se transforman, también ocurre, de forma similar, con la materia inerte que, bajo ciertas condiciones y con el paso del tiempo, evoluciona y puede llegar a transformarse en materia viva. El salto es descomunal. Como siempre me gusta decir:  ¡Desde la materia inerte a los pensamientos!
                                   Es cierto, llegar hasta aquí…, no ha sido nada fácil
A veces, no puedo dejar de preguntarme si con tan enorme cantidad de circuitos neuronales, ¿no vamos a ser capaces de descifrar todos los secretos de nuestro universo? ¿De qué seremos capaces si la Naturaleza, nos da tiempo suficiente para seguir evolcuionando? Algunas veces hemos oido comentar: “Sólo utilizamos un diez por ciento del cerebro…” En realidad, la frase no refleja lo que se quiere expresar , se refiere al hecho de que, aunque utilizamos el cerebro en su totalidad, se estima que está al diez por ciento de su capacidad real que estará totalmente disponible a medida que evolucione y, en el futuro, esa capacidad de hoy, será mucho mayor.
Entonces… ¿Dónde está el límite? ¡No existen límites!
emilio silvera

 

 

¡La Vida! ¿Será igual en todas partes?

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Uno de los supuestos implícitos en pro de la inevitabilidad de un Universo grande y frío es que cualquier vida es muy parecida a la nuestra. Los biólogos parecen admitir sun problemas la posibilidad de otras formas de vida, pero no están seguros de que sea probable que se desarrollen espontáneamente, sin un empujón de formas de vida basadas en el Carbono. La mayoría de las estimaciones de la probabilidad de que haya inteligencia extraterrestre en el Universo se centran en formas de vida similares a nosotros que habiten en planetas y necesiten agua, atmósferas gaseosas y todo lo demás. Merece la pena abrir un poco nuestra imaginación para pensar a qué podría parecerse la vida si radicara en el espacio en lugar de radicar en un planeta.

Buscando indicios de la vida, Rosetta estudia la composición del polvo y gas que lanza un cometa.

Debido a que es un fenómeno que por el momento permanece esencialmente fuera del alcance de la ciencia (al no disponer de datos, y por tanto de la posibilidad de experimentar y refutar las hipótesis), no existe una disciplina “formal” que estudie la vida extraterrestre, ni ningún currículo académico que forme expertos en ello. Aquellos que se han aproximado al tema de manera científica son por lo general expertos en áreas diversas, que por interés meramente personal han elaborado hipótesis sobre las posibilidades de vida en otros mundos, y han compartido sus puntos de vista a través de algún medio. Pese a ello, ha surgido una enorme cantidad de trabajos y publicaciones serias sobre el tema, de modo que puede hablarse de una cuasi-ciencia dedicada a estudiar y teorizar sobre este fenómeno, a pesar de la ausencia de evidencias. La proto-ciencia que estudia la vida extraterrestre se llama exobiología o astrobiología, y esencialmente se dedica a especular sobre los límites en los que, según nuestro conocimientos científicos, podría darse la vida.

Herschel es un telescopio espacial que posee un impresionante espejo de 3,5 metros de diámetro (el mayor en telescopios espaciales de imagen). Fue lanzado al espacio en el 2007. Una de sus características es que puede “ver” un tipo de radiación que no ha sido detectado hasta ahora. Esta radiación cae dentro del espectro del infrarrojo lejano y de la luz con longitud de onda menor al milímetro, que son exactamente las radiaciones que es necesario detectar cuando se buscan compuestos químicos complejos como los de las moléculas orgánicas.

En las últimas décadas los científicos y el público en general han imaginado que se podría encontrar vida inteligente en el universo. Es probable que no seamos la única civilización en esta galaxia, que incluso podría contener docenas o centenares de civilizaciones dispersas entre sus 200.000 millones de estrellas. Si recibiéramos un mensaje complejo y detallado surgido de una de estas civilizaciones, o tuviésemos otra forma de contacto con ella, los efectos sobre nuestra civilización podrían ser intensos y profundos.

  Muchos astrónomos, biólogos, filósofos, a los que se agrega ahora otra gente, creen que la existencia de la diversidad de la vida en el universo es un valor supremo. Es decir, en el universo entero, nada es de mayor valor, importancia o significación que las civilizaciones avanzadas y las especies inteligentes, incluyendo la nuestra, por supuesto. Si se preguntara “¿qué cosa o idea tiene más importancia o valor que la diversidad de la vida en el universo, incluyendo la civilización humana?” mucha gente contestaría: “Nada; el ser humano y cualquier otra vida inteligente son la cosa más importante del universo.

¿Cuán extensa y diversa es la vida inteligente que se ha desarrollado en nuestra galaxia? Se ha escrito una cantidad enorme de literatura científica sobre estas dos cuestiones. Estamos pensando aquí en las especies naturalmente desarrolladas que han alcanzado por lo menos nuestro nivel de inteligencia, penetración, conocimiento y cultura. Entre los científicos que han estudiado esta cuestión, el consenso general es que se deben haber desarrollado muchas especies inteligentes a través de nuestra galaxia, ahora y en otros tiempos, y que algunos de ellas pueden estar vivas hoy.

El revoltijo de complejidad que está presente en el Universo, nos lleva a pensar que, todo se ha fraguado a través de más de 13 mil millones de años, el tiempo necesartio de evolución de la materia en las estrellas y en el propio universo para que, la vida, pueda surgir en sistemas con las adecuadas condiciones para acogerla. Hasta el momento, que sepamos, es el Carbono el material que la hace posible y la alñternativa química sería el silicio que forma cadenas moleculares parecidas, pero por desgracia, tienden a ser , como el cuarzo y la arena, rígidas y poco interesantes como ladrillos para la biología.

Urónicamente, la revolución informática está demostrando que es la física del silicio más que la química del silicio la que constituye la mayor promesa como alternativa para la vida. Pero tales formas de vida e inteligencias no evolucionan espontáneamente como las nuestras sino que, deben ser fabricada por organismos basados en el Carbono para construir configuraciones altamente organizadas que, es probable quen un día de nuestro futuro, lleguen a poder auto-replicarse y, será entonces cuando podremos decir que ha nacido una nueva especie.

Está claro que hasta el momento (aunque no todos), el pensamiento sobre la vida inteligente ha sido provinciano y lo demuetran pensamientos como este:

“Un Universo tan vasto y complejo como el que sabemos que existe a nuestro alrededor, quizá haya sido absolutamente necesario…para producir un mundo que se adaptase de forma precisa en todo detalle al desarrollo ordenado de la vida que culmina con el hombre.”

Hoy no podemos hacernos eco de ese sentimiento que resulta de la cortedad de pensamientos, de mirarnos el ombligo y, de no ver más allá de nuestras propias narices. El gran tamaño del Universo observable, con sus 1080 átomos, permite un enorme número de lugares donde puedan tener lugar las variaciones estadísiticas de combinaciones químicas necesarias para el surgir de la vida. ¿Cómo la nuestra? ¿Quién puede saber eso?

Por mi parte creo que, en lo esencial, seres vivos organizados, donde quiera que puedan existir en el universo, deben ser fundamentalmente, y en su naturaleza esencial, también iguales y, si eso fuese así, creo que, sería muy beneficioso para nosotros cuando tengamos que tener encuentros futuros con la vida surgida en otros planetas de nuestra propia galaxia o de otras…¿quién lo puede saber?

emilio silvera

¿Quiénes somos? ¿Lo sabremos alguna vez?

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Somos el Producto de Mensajes Genéticos

En julio de 1997, un grupo de científicos de una Universidad norteamericana, distribuyeron fotografías de una guitarra no mayor que un glóbulo rojo humano. Sus cuerdas apenas tenían cien átomos de grosor. Este instrumento liliputiense estaba esculpido en silicio cristalino, utilizando una técnica de gravado que utiliza un haz de electrones. Pretendía ser un reclamo publicitario, pero ilustraba espectacularmente un desarrollo tecnológico importante: ahora pueden hacer máquinas que son demasiado pequeñas para que puedan verse a simple vista. Los científicos han fabricado engranajes invisibles, motores del tamaño de una cabeza de alfiler, y conmutadores electrónicos tan minúsculos como moléculas individuales.

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Como físico teórico hecho así mismo, algo ingenuo y con un enorme grado de fantasía en mis pensamientos, cuando pienso acerca de la vida a nivel molecular, la pregunta que se me viene a la mente es: ¿Cómo saben lo que tienen que hacer todos estos átomos estúpidos? La complejidad de la célula viva es inmensa, similar a la de una ciudad en cuanto al grado de su elaborada actividad. Cada molécula tiene una función específica y un lugar asignado en el esquema global, y así se manufacturan los objetos correctos. Hay mucho ir y venir en marcha. Las moléculas tienen que viajar a través de la célula para encontrarse con otras en el lugar correcto para llevar a cabo sus tareas de forma adecuada.

Todo esto sucede sin un jefe que dé órdenes a las moléculas y las dirija a sus posiciones adecuadas. Ningún supervisor controla sus actividades. Las moléculas hacen simplemente lo que las moléculas tienen que hacer: moverse ciegamente, chocar con las demás, rebotar, unirse. En el nivel de los átomos individuales, la vida es una anarquía: un caos confuso y sin propósito. Pero, de algún modo, colectivamente, estos átomos inconscientes se unen y ejecutan, a la perfección, el cometido que la Naturaleza les tiene encomendados en la danza de la vida y con una exquisita precisión.

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Una célula es la unidad morfológica y funcional de todo ser vivo. De hecho, la célula es el elemento de menor tamaño que puede considerarse vivo. De este modo, puede clasificarse a los organismos vivos según el número de células que posean: si sólo tienen una, se les denomina unicelulares (como pueden ser los protozoos o las bacterias, organismos microscópicos); si poseen más, se les llama pluricelulares En estos últimos el número de células es variable: de unos pocos cientos, como en algunos nematodos, a cientos de billones (1014), como en el caso del ser humano.. Las células suelen poseer un tamaño de 10 μm y una masa de 1 ng, si bien existen células mucho mayores.

¡Hombre! Algo más que simples células eucariotas sí que somos después de algunos de miles de millones de años de evolución desde aquella lejana primera célula replicante. Si pensamos en nuestra aparición, aquí en nuestro mundo, al que irremediablemente venimos desnudos, caemos en la cuenta de que todos, sin excepción, traemos con nosotros una herramienta que podrá ser, más o menos poderosa, en función de muchas circunstancias. ¡La Mente! que, desde muy pronto,  comienza a situarnos en el mundo a través de los sentidos y va evolucionando con las experiencias que, del entorno, van siendo acumuladas mediante las conexiones de cientos de miles de neuronas que mediante impulsos eléctricos envían información para que, en fracciones de segundo, podamos tomar la decisión más conveniente (aunque no siempre es así).

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Habiendo sido un curioso de todo lo relacionado con la vida, siempre me llamó la atención los comienzos y la evolución que en la misma se produce en los distintos seres vivos que hemos llegado a “conocer”, y, me ha llamado poderosamente la atención que, en nosotros, los humanos, cuando llegamos a una cierta edad, nuestra mente rememora más los hechos del pasado que aquellos que se podrían producir en el futuro, y, tal hecho cierto, nos habla de una especie de decadencia en la que, el ser humano (no siempre consciente), ve como se acerca su final y, de forma intuitiva, regresa a su pasado para repasar su vida, ya que, de alguna manera,  sabe que lo que le queda por vivir no será mucho y, el futuro, será el futuro de otros y no el suyo, de ahí su falta de interés por él.

Observar, aprender, trabajar, adquirir experiencias, estudiar e interesarnos por las cosas importantes de la Naturaleza y, sobre todas las cosas… Sentir ese impulso que la Naturaleza nos impone y que nos lleva a conocer el Amor, creo que, lo más sublime que nos podemos llevar con nosotros cuando partamos. Pero, ¿que pasa con la memoria?

La Memoria, intenta situar el pasado conectándolo con el presente y llevándolo hasta un futuro no muy lejano que, en conjunto, dibuja “toda una vida” de la que, cada cual, hace balance y valora si mereció o no la pena haberla vivido. Somos conscientes (aunque no hablemos de ello) de lo efímero que es nuestro tiempo aquí.

             Sí, ahora estamos y…ahora dejamos de estar

A todo esto, no podemos dejar de lado el “Tiempo” que, acompañado por su inseparable compañera “La Entropía”, no deja de hacer estragos en nosotros y en todo lo que en el Universo está presente, sin importar que esté en la fase de “inerte” o de “vida”.

Nuestra capacidad cognitiva se desarrolla en la edad temprana y, desde niños captamos rápidamente todos los mensajes que nuestro entorno nos envía. De tal manera es así que, pronto aprendemos a pedir la comida cuando tenemos hambre y, al no saber hablar, utilizamos el llanto. De estas tretas que nos valemos cuando somos muy pequeñitos para avisar a nuestros mayores de que no olviden sus obligaciones, utilizamos un sinfín en las distintas situaciones. Y, pudimos llegar a discernir misterios presentes, como por ejemplo,  en las llamadas partículas Brownianas, entre otras muchas cosas complejas.

                      Trayectoria irregular que siguen las partículas brownianas

Hasta no hace mucho tiempo, la mayoría de la gente no consideraba la mente como una parte del ser biológico sujeta, por tanto, a examen médico. Esto es, naturalmente, una idea errónea que hemos heredado del dualismo cuerpo-mente cartesiano. En la actualidad, la mayoría de las personas educadas están familiarizadas con la idea de que la mente pertenece al cerebro, por tanto al cuerpo.

Algunos como Alejandro Jodorowsky piensan que: “Si tenemos un cuerpo imaginario, es también necesario que nos demos cuenta que tenemos una mente imaginaria. Tenemos pensamientos inconscientes, percepciones olfativas, audiciones, tactos, visiones, sabores mucho más desarrollados que los que creemos “reales”. Vemos más de lo que creemos ver, oímos más de lo que creemos oír, gustamos más de lo que creemos gustar, olfateamos más de lo que creemos olfatear, percibimos con el tacto mucho más de lo que creemos percibir, pensamos más de lo que creemos pensar. No sentimos por completo nuestras sensaciones, tenemos pensamientos de los que no nos damos cuenta, vivimos dentro de limites perceptivos, provocados desde que nacemos por nuestra familia y luego por la sociedad. Nos sumergen en prejucios y concepciones anquilosadas de la realidad y de nosotros mismos. Debemos aprender a pensar con libertad, (no digo con “inteligencia”, digo con “libertad”). El trabajo mágico consiste en disolver los límites de nuestra inteligencia y de nuestras percepciones. Estos limites nos encierran en calabozos irreales que nos impiden acceder a la conciencia suprema. La llave para lograr esto es la atención.”

Siempre ha despertado mi curiosidad las distintas etapas que, los seres humanos recorremos en nuestro deambular por el mundo. Cuando somos jóvenes nos empuja el deseo por lo desconocido, por lo inalcanzable, conseguir aquello que nadie pudo lograr, la aventura y el riesgo. Nos sentimos (dentro de nuestra poca experiencia) superiores, imbatibles, poderosos y capaces de realizar cualquier empresa por muy dura o difícil que esta pueda ser. Más tarde, el ánimo se calma y, con el paso de los años, se buscan otras cosas, como, por ejemplo, la estabilidad. Y, no pocas veces me he preguntado: ¿No equivale esa estabilidad al estancamiento? Si conseguimos la estabilidad ¿no dejamos de ser creativos? ¿de arriesgarnos y de perder posibilidades de hacer cosas que de otra manera haríamos? Posiblemente, pero así resultan ser las cosas.

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Navegar sin rumbo fijo, juguetes de las olas y a merced de los vientos. No pocas veces rota su arboladura como consecuencia de la lucha contra los elementos. Sin embargo, se insistía una y otra vez, a pesar de los riesgos, con la idea en la mente de alcanzar aquel lugar soñado, ese tesoro incalculable que, en nuestra juventud,  todos perseguimos. Viajando en un barco fantasma que, según pensamos, nos llevará hasta el puerto deseado.

 

Antes, para dominar el Mundo, teníamos que hacer grandes viajes, realizar grandes empresas aventureras de las que nunca sabíamos como podríamos salir. El riego y la ventura era el pan de cada día para aquellos que perseguían los sueños que, la mayoría de las veces no se cumplían. Hoy día, las cosas han cambiado. No debemos descartar la posibilidad de que seamos capaces de utilizar las unidades de Planck-Stoney para clasificar todo el abanico de estructuras que vemos en el universo, desde el mundo de las partículas elementales hasta las más grandes estructuras astronómicas. Este fenómeno se puede representar en un gráfico que recree la escala logarítmica de tamaño desde el átomo a las galaxias. Y, cualquier joven, sentado tranquilamente en su casa, con un potente ordenador, puede realizar “aventuras” que antes, eran imposibles.

Sí, ahora los jóvenes sin moverse de sus casas, llegan a cualquier lugar del mundo. ¿Quién podría pensar en mi juventud que esto fuera posible? Eso sí, habrá que procurar que el mundo, no se les atragante y que, lo puedan ir digiriendo con calma. Si les llega tanta información se podrían ver perdidos e inundados de datos que no sabrían colocar en sus debidos compartimentos. Claro que, el mundo hoy, corre a una velocidad que…

Es cierto que, casi siempre y salvo excepciuones, las grandes cosas se hacen a edades muy tempranas (Newton, Einstein, Riemann, Ramanujan y muchos otros), después el personaje decae, se estaciona y acomoda y, su inspiración primera, aquel fuego creador, se apaga. Claro que, el conjunto de esas mentes no es que sean más débiles ni menos fuertes, simplemente son diferentes y, las cosas, pasan a ser de otra manera, se sitúan en un plano distinto donde las prioridades son más profundas y menos arriesgadas…incluso, menos creadoras. Se pierde la chispa y se deja de ser tan bueno en, por ejemplo, hacer cálculos laboriosos que necesitan de profundos procesos de resolución y, en su lugar, se acude al reconocimiento de patrones que no requieren una alta concentración para la que, hemos dejado de estar capacitados.

Todo lo contrario que les ocurre a los jovenes. Recordemos aquí un simple pasaje referido a Ramanujan: En 1913 escribe a Hardy la carta, a la que acompaña alrededor de 120 teoremas. Según algunos autores, había escrito a otros matemáticos europeos, pero sólo Hardy reconoció la valía del autor de la misiva. Hardy comentó:

“Quisiera que comenzaran por tratar de reconstruir la reacción inmediata de un matemático profesional corriente que recibe una carta como ésta de un contable hindú desconocido.”

 

Una de las fórmulas que acompañaban la carta que, Ramanujan, envió a Hardy

Tras comentar algunos de los teoremas, añade, refiriéndose entre otras, a la fórmula anterior:

“… Nunca había visto antes nada, ni siquiera parecido a ellas.”

 

 

 Todo en nuestras vidas, tiene su momento. Si lo dehamos pasar…

Con esto, simplemente me vengo a referir al hecho cierto de que, todo tiene su momento. Cuando se tiene poco más de veinte años, muchos se vanaglorian (con cierta frivolidad) de ser capaces de seguir una clase sobre algún obstruso tema de matemáticas avanzadas sin necesidad de tomar apuntes, y de aprobar un examen sobre el tema meses más tarde. Muchos, pasados los años, no pueden repetir proezas así, han perdido esa capacidad de entender y retener en la memoria lo que más tarde, tendrá que utilizar. Sin apuntes y archivos, son incapaces de recordar cuestiones de cierta complejidad.

Claro que, la experiencia ayuda, y, ayudando con ciertos parámetros mentales cuestiones complejas, finalmente se consigue llegar a la resolución deseada y correcta que aparece, ante nuestros ojos como si de arte de magia se tratara. Con la edad se ha perdido la capacidad para trabajar dura y mentalmente hablando en un plano de voracidad acumulativa de datos, de información para guardar y utilizar. Sin embargo, todo eso se suple por la comprensión instantánea de cuestiones que, antes, necesitaban una profunda enseñanza y elaboración y que ahora, nos llega desde el fondo de la mente que, en realidad, tiene todas las respuestas acumuladas de aquellos temas y disciplinas que, en su momento, fueron allí guardados.

Paul Dirac que hizo un trabajo sobre el electrón que nada tiene que envidiar a la Teoría de Einstein, y, predijo la existencia del Positrón, además de otras cuestiones, fue un físico-matemático puro y, atesoró tanta experiencia que, en sus últimos años como profesor, podríamos decir, sin lugar a equivocarnos, que sus alumnos estaban contemplando la imagen de un hombre sabio.

Eso amigos, no es otra cosa que el saber acumulado que se ha convertido en eso que nos ha dado en llamar: “Sabiduría”, la sabiduría del viejo, del que sabe, del que deambuló por todos los caminos, del que de nada se sorprende ya, aquel que de joven conoció el miedo y ahora, ha llegado a comprender que es algo que sólo existe de manera virtual y aparece en nuestras mentes cuando no sabemos. Siempre hemos temido a lo desconocido.

Ahora, la experiencia nos lleva a no expresarnos con vehemencia sobre lo primero que se nos viene a la mente en relación a una cuestión determinada. La prudencia está con nosotros y, antes de emitir un dictamen sobre este o aquel tema, lo pensamos y recapacitamos, hacemos un compendio de todo lo que aquello implica, los factores y parámetros que están involucrados y, finalmente, emitimos un veredicto que, siempre tratará de ajustarse lo más posible a la realidad que tratamos de comentar en relación a ese asunto concreto.

Hemos llegado a saber que, utilizar el cerebro es sacarle un mayor partido. En el cerebro nacen células nerviosas (neuronas) durante toda la vida. El nacimiento de nuevas neuronas y el lugar que irán a ocupar en el cerebro están regulados por la actividad mental. Cuanto más usamos nuestro cerebro, más neuronas creamos, y estas nuevas neuronas van a parar a las partes del cerebro que más utilizamos. A medida que vamos envejeciendo utilizamos cada vez más nuestro hemisferio izquierdo, lo que a su vez lo protege frente al deterioro. Así que, sin lugar a ninguna duda, sabemos que, ejercitando nuestro cerebro lo estamos protegiendo contra el deterioro. Nadie que con 72 años se pase los días hablando de Física y Astronomía (como es mi caso), verá mermado los poderes de su mente, sus rápidos reflejos, su capacidad de repentizar soluciones instantáneas a problemas surgidos inesperadamente siguen ahí y, con la ventaja que antes hemos mencionado, “la sabiduría” puede estar presente presente (que no digo que sea mi caso).

Claro que, la Sabiduría, como todo en el Universo, tiene un precio: la vejez inexorable que nos trae el tiempo que pasa acompañado de la “maldita entropía” (¿denominación egoista?), esa que deteriora todas las cosas, y, nuestros cerebros también. Así, los que saben, con la edad llegan a alcanzar la imagen “del sabio” que fue (y lo sigue siendo) reverenciada en todas las culturas. Tras la fascinación de la juventud, la vejez comienza a ser respetada (no siempre) de nuevo en nuestra impaciente y engreída cultura.

Sabemos que el “Sabio” no nace “Se hace” con mucho trabajo, estudio y sacrificio y, no pocas veces, con experiencias vitales que, se produjeron en circunstancias límites o de escasez y carencias y en condiciones no siempre propicias y, ese periplo, dura toda una vida. Es el periplo que la mente tiene que recorrer hasta llegar a la Sabiduría. Así que, el precio que tenemos que pagar, es el envejecimiento. Claro que, la Sabiduría en sí… ¡no tiene precio!

Ya más recientemente, evolucionistas tales como el inglés Richard Dawkins, han destacado el paradigma del “gen egoista”, una imagen poderosa que pretende ilustrar la idea de que los genes son el objetivo último de la selección natural. Los teóricos como Stuart Kauffman, asociado desde hace tiempo al famoso Instituto de Santa Fe, donde los ordenadores crean la llamada vida artificial, insisten en la “autoorganización” como una propiedad fundamental de la vida.

¿Puede la ciencia llegar a explicar un proceso tan magníficamente autoorquestado? Muchos son los científicos que lo niegan al estimar que, la Naturaleza, nunca podrá ser suplantada ni tampoco descubierta en todos sus secretos que, celosamente nos oculta. Sin embargo…Tengo mis dudas. Ellos piensan que la célula viva es demasiado elaborada, demasiado complicada, para ser el producto de fuerzas ciegas solamente y, que debajo de esa aleatoriedad y de un falso azar, deben estar escondidas otras razones que no llegamos a alcanzar. La Ciencia podrá llegar a dar una buena explicación de esta o aquella característica individual, siguen diciendo ellos, pero nunca explicará la organización global, o cómo fue ensamblada la célula original por primera vez.

Claro que, negar el poder de la Ciencia es, ir demasiado lejos. La Ciencia debe ofrecer, finalmente, una explicación convincente del origen de la vida. Al menos eso es, lo que todos esperamos.

De lo único que de momento estamos seguros es de que, ¡no sabemos quiénes somos!

emilio silvera

Aclaración: Además de la propia…varias fuentes.

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Un comentario del contertulio Adolfo en el trabajo titulado ¿Nos arrepentiremos de crear la I.A.?,  me ha llevado a mirar por ahí y, encuentro cosas como éstas:

Finalmente, llegará el día en que se extinga completamente la vida en la Tierra. Puede ser mañana o dentro de millones de años, pero ocurrirá. Dejando las especulaciones de lado, hasta donde sabemos, es el único sitio del Universo que posee vida. Pero existe la posibilidad de sembrar las semillas de la vida terrestre en el espacio, para que se desarrolle en planetas jóvenes de sistemas solares ubicados a muchos años luz de distancia. Si dicha empresa fuese realmente posible, ¿tenemos la obligación moral de hacerlo, para proporcionar a nuestra línea evolutiva la oportunidad de continuar de manera indefinida?

Creo que son muchos los que piensan que, hasta dónde nuestras posibilidades lo permitan, sí debemos expandir la vida por otros mundos y dejar abierta la posibilidad de que, cuando el Sol llegue a su fin (si es que antes no ocurre algún trágico suceso), debemos intentarlo al menos.

Michael Mautner, Profesor Investigador de Química en la Universidad de Virginia Commonwealth, dice que: “…sembrar el universo con vida no es sólo una opción, es nuestra obligación moral.”

Por otra parte, cuando pensamos en la posinble caída de cometas sobre nuestro planeta, en lo primero que pensamos en en nuestra propia seguridad pero, no nos paramos a pensar en que, dichos impactos, pueden producir grandes levantamientos de material terrestre que, son expulsados de manera violenta al espacio y llevando material biológico, llegar a otros sistemas planetarios y sembrar la vida en ellos.

Con esto, simplemente quiero considerar la posibilidad de que, el Universo tenga sus propios mecanismos para que la vida, no se extinga. Si lo pensamos bien, le ha llevado mucho tiempo (al menos hasta donde sabemos) traerla aquí al planeta Tierra. Se han necesitado miles de años para que las estrellas transmutaran los elementos necesarios para que, la vida, hiciera acto de presencia.

La teoría de la evolución química y celular: Mantiene que la vida apareció, a partir de materia inerte, en un momento en el que las condiciones de la Tierra eran muy distintas a las actuales y se divide en tres. Evolución química. Evolución prebiótica. Evolución biológica.

Todo eso está bien pero…,  la aparición del protoplasma vivo que dio lugar a todo eso… ¿Cómo se pudo formar?

Todos sabemos de las muchas cosas que no sabemos. Sin embargo, eso no impide que incluso pensemos en sembrar la vida por el Universo. ¿Quiénes nos creemos que somos? ¿Nos sentimos moralmente portadores de una misión tan grande como la de procurar conservar la vida en el Universo? ¿Acaso no es el propio Universo el que tiene que hacer su trabajo y expandirla por todos los lugares que sean idóneos para ello? ¿Cómo podemos arrogarnos una misión de tal envergadura?

Personalmente creo que, la idea es innecesaria y que, la Vida, surge por sí misma en todos aquellos lugares que, como aquí en la Tierra, tengan las condiciones necesarias para ello. Incluso es posible que existan formas de vida que, ni podamos imaginar. Claro que, como humanos que somos, tendemos a exaltar lo nuestro y, cuando decimos que tenemos la obligación moral de llevar la vida a otros mundos situados en otros sistemas solares, en lo que en realidad estamos pensando es, en que “nuestra forma de vida, nuestra especie”, no se extinga.

Claro que, no creo que sembrar la vida por el Universo sea algo parecido a sembrar árboles en un jardín. La vida, amigos míos, es simplemente un estado de la materia evolucionada, es ese estado máximo en el que la materia, genera pensamientos y…sentimientos.

    Hasta llegar aquí, nos ha costado miles de millones de años

Lo cierto es que, nuestra imaginación no tiene límites y está en función de los conocimientos que vamos adquiriendo. A mayor saber, mayor imaginación para poder leer artículos en el que se digan cosas como ésta:

“La panspermia es un mecanismo para la dispersión del material orgánico a través de la galaxia, pero los efectos destructivos de los rayos cósmicos y la luz ultravioleta tienden a que la mayor parte de los organismos sean destruidos, o lleguen a un nuevo mundo rotos y muertos. Ahora, Paul S. Wesson, investigador visitante en el Instituto Herzberg de Astrofísica en Canadá, sugiere que la información contenida dentro del material orgánico dañado, podría ser la semilla de la nueva vida. Llama a este proceso necropanspermia.”

Como veréis, por imaginar que no quede. Lo cierto es que, el Universo nos ha demostrado tener sus propios mecanismos para generar la vida y, siendo eso así (que lo es), no creo que tengamos que inmiscuirnos nosotros en tal empresa que, por otra parte y aunque no sea de manera intencionada, ya estamos realizando al enviar ingenios contaminados de microbios a otros lugares del espacio. ¿Cómo sabemos las consecuencias que, finalmente puedan tener esas sondas y naves espaciales que mandamos a investigar el espacio y los objetos que en él están presentes.

Quién sabe lo que no habremos hecho ya con nuestras actividades espaciales que, no siempre están limpias de sospechas y…de bacterias. El mismo planeta Marte tiene ya una larga lista de maquinas terrestres sobre su superficie y, si no había vida propia en aquel planeta… ¿Quién puede afrimar que no la hayamos llevado nosotros?

¡La Actividad Humana! Es a veces tan criticable que, percibe uno la sensación de que aún, no hemos madurado lo suficiente para ocupar el lugar que, en el contexto del Universo tendríamos que tener. La misma idea de sembrar vida en otros mundos puede parecer algo pretenciosa y, si me apuráis mucho, hasta escandalosa.

Desde el supuesto Big Bang…, la perspectiva que del Universo tenemos, nos lleva a pensar que la Vida es algo natural, un estado de la materia que ha pasado por uno y un millón de pruebas hasta surgir contra todo pronóstico en los lugares más insospechados. Y, nosotros, sabiendo eso, queremos ser los responsables de llevarla a otros lugares del Cosmos. ¡Se habrá visto mayor osadía!

                         Moléculas y reacciones químicas

En la Tierra, la mayoría de los átomos no existen por sí mismos, sino que se unen con otros átomos en forma de moléculas. O usando una terminología diferente, podemos decir que la mayoría de los elementos se combinan para formar compuestos. La química se trata acerca de las reacciones que forman y reorganizan los enlaces entre los átomos.

La química orgánica se concentra en el carbono, el cual puede formar una mayor variedad de compuestos que cualquier otro elemento. Las moléculas más importantes para la vida, las proteínas y el ADN, se basan en largas cadenas de átomos de carbono unidos a otros elementos, particularmente hidrógeno, oxígeno y nitrógeno.

     Como todos saben, en las Nebulosas están presentes muchas moléculas necesarias para la vida. En comentarios anteriores, ya nos referimos a los elementos más abundantes del Universo: carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno (CHON). Las estrellas convierten unos elementos más sencillos en algo como el CHON y arroja esos materiales al espacio, en explosiones supernovas que forman nebulosas en las que están los materiales complejos para formar nuevas estrellas, nuevos mundos y…¿Por qué no? nuesvas formas de vida.

Todas las reacciones químicas implican un cambio en la energía. La mayoría de ellas liberan energía, usualmente en forma de calor; nuestros cuerpos son calentados por las reacciones orgánicas basadas, en última instancia, en la oxidación de los alimentos que comemos. (Algunas pocas reacciones liberan energía en forma de luz en lugar de calor, una propiedad que ha sido explotada por las luciérnagas y los gusanos brillantes). Por otro lado, las reacciones “endotérmicas” absorben energía del ambiente. De la misma manera. En las Nebulosas, están presentes fuertes emisiones de energías que emergen de las estrellas nuevas para ionizar el material circundante. ¿Qué efectos, tendrá realmente esas fuertes energías sobre el materia allí presente? ¿Qué cambios se producirán? En Nubes como esas, han sido descubiertos más de 100 moléculas distintas y, algunas, son las que se necesitan para que la química-biológica haga su aparición en los mundos.

La mayoría de las reacciones químicas necesitan un empujón para iniciarse. Este es proporcionado por un “catalizador”, una sustancia que acelera las reacciones sin ser consumida por éstas. Por ejemplo, las enzimas son catalizadores biológicos de los cuales depende la vida.

Claro que nosotros, aunque no sea conscientemente, podemos enviar las semillas de la vida a otros lugares. Nuestros experimentos y misiones extraterrestres conllevan esa posibilidad que, aunque nunca la podamos constatar, ciertamente está ahí. Sin embargo, sigo apostando por la otra forma. La manera natural de que la Vida se genere en el Universo es, el Universo mismo, el que la tiene que determinar.

Insisto: ¿Quiénes somos nosotros para subrogarnos una misión tan importante?

emilio silvera

Otros Tipos de Vida

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en El Universo y la Vida    ~    Comentarios Comments (4)

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El universo y la vida

Uno de los supuestos impliocitos en pro de la inevitabilidad de un universo grande y frío es que cualqueir vida es muy parececida a la nuestra. Los Biólogos parecen admitir sin problemas la posibilidad de que existan otras formas de vida fuera de nuestro mundo. Pero no están seguros de que sea probable de que se desarrllen espontáneamente, sin un empujón de forma de vida basada en el carbono, La mayoría de las estimaciones de la probabilidad de que haya inteligencia estratrerrestre en el Universo se centran en formas de vida similares a nosotros que habitan en planetas y necesitenm aguam, atmósfera gaseosa, y todo lo demás. Vale la pena abrir un poco nuestra imaginación para pensar en que podría parecerse a la vida situada en el espacio en lugar de en los planetas.Acordaos de cuando Fred Hoyle, en su ocra de ficción, nos decía que la vida era posible enn una Nebulosa que el llamó “La Nube Negra”. Su obra, de 1967, tuvo un gran éxito y unos pocos años después se descubnrieron coincidencias de los valores de las constantes de la Naturalezaq que tienen importantes consecuencias para la posible existencia de Carbono y Oxígeno, y con ello para la vida en el Universo.

¿Un cierto miedo ancestral nos lleva a imaginarlos pequeños?

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