Sep
24
Nuestro cerebro ¡Ese gran desconocido!
por Emilio Silvera ~
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Respecto a las funciones cognitivas que desempeña cada parte, se sabe en los últimos años que es un error atribuir cualquier función del cerebro a una sola región, debido a que el procesamiento cognitivo se produce en red y la plasticidad neuronal puede contribuir a que distintas regiones se encarguen de diversas funciones. Sin embargo, es cierto que hay áreas, en especial las primarias, que se encar86.000 millones de neuronas, cientos dee miles de fogonasos, sinapsis sin fin que crean ideas, pensamientos y sentimoientosgan de forma general de determinadas funciones. Por ello, los neurocientíficos como la Dra. Nancy Kanwisher, profesora en el Department of Brain and Cognitive Sciences en el McGovern Institute for Brain Research, llevan años trabajando en el retrato neuronal de la mente humana.
86.000 millones de neuronas, cientos dee miles de fogonasos, sinapsis sin fin que crean ideas, pensamientos y sentimientos. Es ain ninguna duda la estructura más compkleja del Universo, algo tam asombroso que, a partir de materia convertoida en un conglomerado de células, es lo que conocemos como la materia viva (o materia orgánica) es el conjunto de sustancias que conforman a los seres vivos y que se distingue de la materia inerte por su capacidad de realizar funciones vitales como la nutrición, la relación y la reproducción.
Es verdaderamente asombroso que, todos lo llevamos con nosotros, es el centro de nuestra personalidad, el salón de máquinas donde se fragua todo lo que concierne a nuestros destinos, ahí están los pensamientos, los recuerdos, las dudas, las buenas y las malas decisiones, nuestras dudas, nuestros viajes mentales al pasado para rtecrearnos de aquel momento inovidable, el poder de la Mente que emerge del cerebro es… Infinito, nada se le puede comparar. Sin embargo, pocos de nosotros piensa en todas esas maravillas, las tenemos pero no sabemos apreciar el mayor de los tesores, ahí se fragua el amor por nuestro Ser querido, y, acosados por los problemas cotidianos (El trabajo, las facruras de fin de mes, esa inspección de Hacfienda que no nos deja dormir, la tiranía del Jefe, la hipoteca, el novio de la niña no acaba de gustarnos, el hijo mayor que no estudia…), dejamos de lado las posibilidades que tenemos de tenerlo todo, solo hay que estudiar y sacrificarse, trabajar por aquello que deseamos. Lo cierto es que no sabemos sacar partido de lo que tenenos.

El carácter especial de la conciencia me hace adoptar una posición que me lleva a decidir que no es un objeto, sino un proceso y que, desde este punto de vista, puede considerarse un ente digno del estudio científico perfectamente legítimo.
La conciencia plantea un problema especial que no se encuentra en otros dominios de la ciencia. En la Física y en la Química se suele explicar unas entidades determinadas en función de otras entidades y leyes. Podemos describir el agua con el lenguaje ordinario, pero podemos igualmente describir el agua, al menos en principio, en términos de átomos y de leyes de la mecánica cuántica. Lo que hacemos es conectar dos niveles de descripción de la misma entidad externa (uno común y otro científico de extraordinario poder explicativo y predictivo. Ambos niveles de descripción) el agua líquida, o una disposición particular de átomos que se comportan de acuerdo con las leyes de la mecánica cuántica (se refiere a una entidad que está fuera de nosotros y que supuestamente existe independientemente de la existencia de un observador consciente.)

En el caso de la conciencia, sin embargo, nos encontramos con una simetría. Lo que intentamos no es simplemente comprender de qué manera se puede explicar las conductas o las operaciones cognitivas de otro ser humano en términos del funcionamiento de su cerebro, por difícil que esto parezca. No queremos simplemente conectar una descripción de algo externo a nosotros con una descripción científica más sofisticada. Lo que realmente queremos hacer es conectar una descripción de algo externo a nosotros (el cerebro), con algo de nuestro interior: una experiencia, nuestra propia experiencia individual, que nos acontece en tanto que observadores conscientes. Intentamos meternos en el interior o, en la atinada ocurrencia del filósofo Tomas Negel, saber qué se siente al ser un murciélago. Ya sabemos qué se siente al ser nosotros mismos, qué significa ser nosotros mismos, pero queremos explicar por qué somos conscientes, saber qué es ese “algo” que nos hace ser como somos, explicar, en fin, cómo se generan las cualidades subjetivas experienciales. En suma, deseamos explicar ese “Pienso, luego existo” que Descartes postuló como evidencia primera e indiscutible sobre la cual edificar toda la filosofía.
Ninguna descripción, por prolija que sea, logrará nunca explicar cabalmente la experiencia subjetiva. Muchos filósofos han utilizado el ejemplo del color para explicar este punto. Ninguna explicación científica de los mecanismos neuronales de la discriminación del color, aunque sea enteramente satisfactorio, bastaría para comprender cómo se siente el proceso de percepción de un color. Ninguna descripción, ninguna teoría, científica o de otro tipo, bastará nunca para que una persona daltónica consiga experimentar un color.
En un experimento mental filosófico, Mary, una neurocientífica del futuro daltónica, lo sabe todo acerca del sistema visual y el cerebro, y en particular, la fisiología de la discriminación del color. Sin embargo, cuando por fin logra recuperar la visión del color, todo aquel conocimiento se revela totalmente insuficiente comparado con la auténtica experiencia del color, comparado con la sensación de percibir el color. John Locke vio claramente este problema hace mucho tiempo.

Por muy bien que le queramos describir a nuestro amigo ciego este paisaje, nunca lo pondrá sentoir como si realmente lo pudiera ver
Pensemos por un momento que tenemos un amigo ciego al que contamos lo que estamos viendo un día soleado del mes de abril: El cielo despejado, limpio y celeste, el Sol allí arriba esplendoroso y cegador que nos envía su luz y su calor, los árboles y los arbustos llenos de flores de mil colores que son asediados por las abejas, el aroma y el rumor del río, cuyas aguas cantarinas no cesan de correr transparentes, los pajarillos de distintos plumajes que lanzan alegres trinos en sus vuelos por el ramaje que se mece movido por una brisa suave, todo esto lo contamos a nuestro amigo ciego que, si de pronto pudiera ver, comprobaría que la experiencia directa de sus sentidos ante tales maravillas, nada tiene que ver con la pobreza de aquello que le contamos, por muy hermosas palabras que para hacer la descripción empleáramos.
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¿Cómo poder comprender un gran Amor sin haberlo vivido?
La mente humana es tan compleja que, no todos ante la misma cosa, vemos lo mismo. Nos enseñan figuras y dibujos y nos piden que digamos (sin pensarlo) la primera cosa que nos sugiere. De entre diez personas solo coinciden tres, los otro siete divergen en la apreciación de lo que el dibujo o la figura les sugiere.
Esto nos viene a demostrar la individualidad de pensamiento, el libre albedrío para decidir. Sin embargo, la misma prueba, realizada en grupos de conocimientos científicos similares y específicos: Físicos, matemáticos, químicos, etc., hace que el número de coincidencias sea más elevada, más personas ven la misma respuesta al problema planteado. Esto nos sugiere que, la mente está en un estado virgen que cuenta con todos los elementos necesarios para dar respuestas pero que necesita experiencias y aprendizaje para desarrollarse.

¿Debemos concluir entonces que una explicación científica satisfactoria de la conciencia queda para siempre fuera de nuestro alcance?
¿O es de alguna manera posible, romper esa barrera, tanto teórica como experimental, para resolver las paradojas de la conciencia?
La respuesta a estas y otras preguntas, en mi opinión, radica en reconocer nuestras limitaciones actuales en este campo del conocimiento complejo de la mente, y, como en la Física cuántica, existe un principio de incertidumbre que, al menos de momento (y creo que en muchos cientos de años), nos impide saberlo todo sobre los mecanismos de la conciencia y, aunque podremos ir contestando a preguntas parciales, alcanzar la plenitud del conocimiento total de la mente no será nada sencillo, entre otras razones está el serio inconveniente que suponemos nosotros mismos, ya que, con nuestro que hacer podemos, en cualquier momento, provocar la propia destrucción.
Una cosa si está clara: ninguna explicación científica de la mente podrá nunca sustituir al fenómeno real de lo que la propia mente pueda sentir.
Es verdaderamnebnte asombroso que todo eso esté preswente en nosotros y que no le prestemos atención.
Emilio Silvera V.
















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el 2 de septiembre del 2023 a las 16:34
Es cierto que, nuestro cerebro, es una estructura tan compleja que, ha costado muchos años el poder saber (aunque no todo lo que nos gustaría), alguna cosa de él.
Simplemente tenemos que retrotraernos en el Tiempo, y, mirar hacia nuestros ancestros que, hace tan solo unos pocos miles de años se acinaban en grandes grutas despavoridos por el rayo y la tormenta y huyendo de los peligros de la noche.
En relativamente poco Tiempo, hemos avanzado muchísimo en el conocimiento de nuestros cuerpos, las distintas disciplinas médicas, la neurología, la genética… Han dado un gran paso hacia el conocimiento de esa complejidad que somos y, sobre todo, del cerebro que genera las ideas y los pensamientos.
Si miramos la obra del Ser Humano en todas las materias del saber, es verdaderamente asombroso lo lejos que hemos podido llegar, la Física, la Química, la Astrofísica, las avanzadas tecnologías y nano-fotónicas, y, si a todo ello sumamos los avances en matemáticas… ¡Lo conseguido es verdaderamente grandioso, increíble, asombroso!
Más asombroso todavía es pensar en cómo pudo, la Naturaleza, a partir de la “materia inerte” hacer que evolucionara hasta la Consciencia.
Si nos detemos a pensar en la cantidad de parámetros que se han tenido que cumplir para que nuestra presencia aquí sea un hecho… ¡No lo podemos creer! Y, sin embargo, aquí estamos.
Seres conscientes de Ser, la vida llena de sentimientos, de ideas, de pensamientos que tratan de desvelar secretos profundamente escondidos.
Cierto es que, a pesar de todo eso, las preguntas siguen siendo mucho más que las respuestas, y, también es cierto que nos creemos saber mucho más, de lo que en realidad sabemos. No todo lo que nos creemos saber es un “retrato” fidedigno de la realidad, y, a medida que transcurre el inexorable Tiempo, aparecen nuevas verdades que nos obligan a re-finar nuestras Teorías.
A pesar de nuestros errores (que no son pocos), hay que reconocer que no lo hicimos mal del todo en lo que al aprendizaje se refiere, ya que, en otros ámbitos… ¡Dejamos mucho que desear!
Todavía, la carga de egoísmo que llevamos dentro es muy grande (seguramente por instinto de conservación), no hemos avanzado lo suficiente en proceso de humanización, y, todavía, “el otro”, no es hermano nuestro. Sin embargo, hasta que el dolor ajeno no lo sintamos como propio…
Así seguimos adelante y, sin saberlo, tenemos nuestras Mentes en las estrellas, allí está nuestro origen, de ellas salieron los materiales de los que estamos hechos, y, finalmente, a ellos tendremos que volver cuando hallamos dejado de ser lo que aún somos, nuestro Ser está hecho de luz, de materia bariónica y radiante que, todavía, sigue en el proceso de alcanzar su más alto grado para llegar a comprender.