Mar
20
Predicar con el buen ejemplo
por Emilio Silvera ~
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Si todos hiciéramos lo mismo… ¡El Mundo sería mucho mejor!
Que mayor satisfacción que ayudar al que no tiene. No pocas criaturas, por una u otra causa, se ven en situaciones de precariedad que no deberíamos consentir, y, con que cada uno pongamos un granito de arena en esa desgracia, la podremos erradicar.
El Mundo está muy deteriorado, y vemos a gobernantes que se aprovechan de situaciones de precariedad de su pueblo para llenarse los bolsillos. No podemos consentir que esta gentuza dirija nuestras vidas.
A los que entran en el Gobierno habría que hacerle alguna prueba que probara su honradez.
Recuerdo aquel Rey que tenía que nombrar a un tesorero y, el consejo de ancianos les propuso a tres aspirantes:
- Los convocó a la misma hora y, uno a uno les hacía pasar por un túnel que estaba lleno de sacas de monedas de oro y joyas preciosas.
- A l final del túnel les hacía bailar.
- Solo uno lo hizo y fue nombrado Tesorero del Rey.
- Los otros dos, por temor a que se le salieran las monedas y sonaran al bailar se negaron, por lo que, una ves registrados y comprobado su robo, fueron a la cárcel.
- Aquí habría que hacer lo mismo y, más de medio Parlamento estaría preso.
Emilio Silvera V.
Mar
20
Desde los átomos hasta las estrellas: Un largo viaje
por Emilio Silvera ~
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“Pues yo he sido a veces un muchacho y una chica,
Un matorral y un pájaro y un pez en las olas saladas.”

Esto nos decía Empédocles, el padre de aquellos primitivos elementos formados por Agua, tierra, aire y fuego que, mezclados en la debida proporción, formaban todas las cosas que podemos ver a nuestro alrededor. Claro que, él no podía llegar a imaginar hasta donde pudimos llegar después en la comprensión de la materia a partir del descubrimiento de las partículas “elementales” que formaban el átomo. Pero sí, con sus palabras, nos quería decir que, la materia, una veces está conformando mundos y, en otras, estrellas y galaxias.

Sí, hay cosas malas y buenas pero todas deben ser conocidas para poder, en el primer caso aprovecharlas, y en el segundo, prevenirlas.
Pero demos un salto en el tiempo y viajemos hasta los albores del siglo XX cuando se hacía cada vez más evidente que alguna clase de energía atómica era responsable de la potencia del Sol y del resto de las estrellas que más lejos, brillaban en la noche oscura. Ya en 1898, sólo dos años más tarde del descubrimiento de la radiactividad por Becquerel, el geólogo americano Thomas Chrowder Chamberlin especulaba que los átomos eran “complejas organizaciones y centros de enormes energías”, y que “las extraordinarias condiciones que hay en el centro del Sol pueden…liberar una parte de su energía”. Claro que, por aquel entonces, nadie sabía cual era el mecanismo y cómo podía operar, hasta que no llegamos a saber mucho más sobre los átomos y las estrellas.

Conseguimos tener los átomos en nuestras manos
El intento de lograr tal comprensión exigió una colaboración cada vez mayor entre los astrónomos y los físicos nucleares. Su trabajo llevaría, no sólo a resolver la cuestión de la energía estelar, sino también al descubrimiento de una trenza dorada en la que la evolución cósmica se entrelaza en la historia atómica y la estelar.
La Clave: Fue comprender la estructura del átomo. Que el átomo tenía una estructura interna podía inferirse de varias líneas de investigación, entre ellas, el estudio de la radiactividad: para que los átomos emitiesen partículas, como se había hallado que lo hacían en los laboratorios de Becquerel y los Curie, y para que esas emisiones los transformasen de unos elementos en otros, como habían demostrado Rutherford y el químico inglés Frederick Soddy, los átomos debían ser algo más que simples unidades indivisibles, como implicaba su nombre (de la voz griega que significa “imposible de cortar”).
El átomo de Demócrito era mucho más de lo que él, en un principio intuyó que sería. Hoy sabemos que está conformado por diversas partículas de familias diferentes: unas son bariones que en el seno del átomo llamamos nucleones, otras son leptones que giran alrededor del núcleo para darle estabilidad de cargas, y, otras, de la familia de los Quarks, construyen los bariones del núcleo y, todo ello, está, además, vigilado por otras partículas llamadas bosones intermedios de la fuerza nuclear fuerte, los Gluones que, procuran mantener confinados a los Quarks.


Pero no corramos tanto, la física atómica aún debería recorrer un largo camino para llegar a comprender la estructura que acabamos de reseñar. De los trs principales componentes del átomo -el protón, el neutrón y el electrón-, sólo el electrón había sido identificado (por J.J. Thomson, en los últimos años del siglo XIX). Nadie hablaba de energía “nuclear” pues ni siquiera se había demostrado la existencia de un núcleo atómico, y mucho menos de sus partículas constituyentes, el protón y el neutrón, que serían identificados, respectivamente, por Thomson en 1913 y James Chawick en 1932.

De importancia capital resultó conocer la existencia del núcleo y que éste, era 1/100.000 del total del átomo, es decir, casi todo el átomo estaba compuesto de espacios “vacíos” y, la materia así considerada, era una fracción inifintesimal del total atómico.
Rutherford, Hans Geiger y Ernest Marsden se encontraban entre los Estrabones y Tolomeos de la cartografía atómica, en Manchester , de 1909 a 1911, sonderaron el átomo lanzando corrientes de “partículas alfa” subatómicas -núcleos de helio- contra delgadas laminillas de oro, plata, estaño y otros metales. La mayoría de partículas Alfa se escapaban a través de las laminillas, pero, para sombro de los experimentadores, algunas rebotaban hacia atrás. Rutherford pensó durante largo tiempo e intensamente en este extraño resultado; era tan sorprendente, señalaba, como si una bala rebotase sobre un pañuelo de papel. Finalmente, en una cena en su casa en 1911, anunció a unos pocos amigos que había dado con una explicación: que la mayoría de la masa de un átomo reside en un diminuto núcleo masivo. Ruthertford pudo calcular la carga y el diámetro máximo del núcleo atómico. Así se supo que los elementos pesados eran más pesados que los elementos ligeros porque los núcleos de sus átomos tienen mayor masa.

Todos sabemos ahora, la función que desarrollan los electrones en el átomo. Pero el ámbito de los electrones para poder llegar a la comprensión completa, tuvo que ser explorado, entre otros, por el físico danés Niels Bohr, quien demostró que ocupaban órbitas, o capas, discretas que rodean al núcleo. (Durante un tiempo Bohr consideró el átomo como un diminuto sistema solar, pero ese análisis, pronto demostró ser inadecuado; el átomo no está rígido por la mecánica newtoniana sino por la mecánica cuántica.)
Entre sus muchos otros éxitos, el modelo de Bohr revelaba la base física de la espectroscopia. El número de electrones de un átomo está determinado por la carga eléctrica del núcleo, la que a su vez se debe al número de protones del núcleo, que es la clave de la identidad química del átomo. Cuando un electróncae de una órbita externa a una órbita interior emite un fotón. La longitud de onda de este fotón está determinada por las órbitas particulares entre las que el electrón efectúa la transición. E esta es la razón de que un espectro que registra las longitudes de onda de los fotones, revele los elementos químicos que forman las estrellas u otros objetos que sean estudiados por el espectroscopista. En palabras de Max Planck, el fundador de la física cuántica, el modelo de Bohr del átomo nos proporciona “la llave largamente buscada de la puerta de entrada al maravilloso mundo de la espectroscopia, que desde el descubrimiento del análisis espectral (por Fraunhoufer) había desafiado obstinadamente todos los intentos de conocerlo”.
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El Cinturón de Orión formado por las trs estrellas: Alnitak, Alnilam y Mintaka
Es curioso que, mirando en la oscura noche como brillan las estrellas del cielo, nos atrae su titilar engañoso (es la atmósfera terrestre la que hace que lo parezca) y su brillo, Sin embargo, pocos llegan a pensar en lo que verdaderamente está allí ocurriendo. Las transformaciones de fase por fusión no cesan. Esta transformación de materia en energía es consecuencia de la equivalencia materia-energía, enunciada por Albert Einstein en su famosa fórmula E=mc2; donde E es la energía resultante, m es la masa transformada en energía, y c es la velocidad de la luz (300 000 kilómetros por segundo). La cantidad de energía que se libera en los procesos de fusión termonuclear es fabulosa. Un gramo de materia transformado íntegramente en energía bastaría para satisfacer los requerimientos energéticos de una familia mediana durante miles de años.
Es un gran triunfo del ingenio humano el saber de qué, están confomadas las estrellas, de qué materiales están hechas. Recuerdo aquí a aquel Presidente de la Real Society de Londres que, en una reunión multitudinaria, llegó a decir: “Una cosa está clara, nunca podremos saber de qué están hechas las estrellas”. El hombre se vistió de gloria con la, desde entonces, famosa frase. Creo que nada, con tiempo por delante, será imposible para nosotros.
Pero, por maravilloso que nos pueda parecer el haber llegado a la comprensión de que los espectros revelan saltos y tumbos de los electrones en sus órbitas de Bohr, aún nadie podía hallar en los espectros de las estrellas las claves significativas sobre lo que las hace brillar. En ausencia de una teoría convincente, se abandonó este campo a los taxonomistas, a los que seguían obstinadamente registrando y catalogando espectros de estrellas, aunque no sabían hacia donde los conduciría esto.
En el Laboratorio de la Universidad de Harvard, uno de los principales centros de la monótona pero prometedora tarea de la taxonomía estelar, las placas fotográficas que mostraban los colores y espectros de decenas de miles de estrellas se apilaban delante de “calculadoras”, mujeres solteras en su mayoría y, de entre ellas, Henrietta Leavitt, la investigadora pionera de las estrellas variables Cefeidas que tan útiles serían a Shapley y Hubble.

Imagen de Sirio A, la estrella más brillante del cielo tomada por el Telescopio Hubble (Créd. NASA). Sirio es la quinta estrella más cercana y tiene una edad de 300, millones de años. Es una estrella blanca de la secuencia principal de tipo espectral A1V con temperatura superficial de 10 000 K y situada a 8,6 años luz de la Tierra. Es una estrella binaria y, de ella, podríamos contar muchas historias. La estrella fue importante en las vidas de Civilizaciones pasadas como, por ejemplo, la egipcia.
Fue Cannon quien, en 1915, empezó a discernir la forma en una totalidad de estrellas en las que estaba presente la diversidad, cuando descubrió que en una mayoría, las estrellas, pertenecían a una de media docena de clases espectrales distintas. Su sistema de clasificación, ahora generalizado en la astronomía estelar, ordena los espectros por el color, desde las estrellas O blancoazuladas, pasando por las estrellas G amarillas como el Sol, hasta estrellas rojas M. Era un rasgo de simplicidad denajo de la asombrosa variedad de las estrellas.
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Las Pléyades, también conocidas por las siete hermanas
Pronto se descubrió un orden más profundo, en 1911, cuando el ingeniero y astrónomo autodidacta danés Ejnar Hertzsprung analizó los datos de Cannon y Maury de las estrellas de dos cúmulos, las Híades y las Pléyades. Los cúmulos como estos son genuinos conjuntos de estrellas y no meras alineaciones al azar; hasta un observador inexperimentado salta entusiasmado cuando recorre con el telescopio las Pléyades, con sus estrellas color azul verdoso enredadas en telarañas de polvo de diamante, o las Híades, cuyas estrellas varían en color desde el blanco mate hasta un amarillo apagado.

Las Híades
Hertzsprung utilizó los cúmulos como muestras de laboratorio con las que podía buscar una relación entre los colores y los brillos intrínsecos de las estrellas. Halló tal relación: la mayoría de las estrellas de ambos cúmulos caían en dos líneas suavemente curvadas. Esto, en forma de gráfico, fue el primer esbozo de un árbol de estrellas que desde entonces ha sido llamado diagrama Hertzsprung-Russell.
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El progreso en física, mientras tanto, estaba bloqueado por una barrera aparentemente insuperable. Esto era literal: el agente responsable era conocido como barrera de Coulomb, y por un tiempo frustró los esfuerzos de las físicos teóricos para comprender como la fusión nuclear podía producir energía en las estrellas.
La línea de razonamiento que conducía a esa barrera era impecable. Las estrellas están formadas en su mayor parte por hidrógeno. (Esto se hace evidente en el estudio de sus espectros.) El núcleo del átomo de Hidrógeno consiste en un solo protón, y el protón contiene casi toda la masa del átomo. (Sabemos esto por los experimentos de Rutherford). Por tanto, el protón también debe contener casi toda la energía latente del átomo de hidrógeno. (Recordemos que la masa es igual a la energía: E = mc2.) En el calor de una estrella, los protones son esparcidos a altas velocidades -el calor intenso significa que las partículas involucradas se mueven a enormes velocidades- y, como hay muchos protones que se apiñan en el núcleo denso de una estrella, deben tener muchísimos choques. En resumen, la energía del Sol y las estrellas, puede suponerse razonablemente, implica las interacciones de los protones. Esta era la base de la conjetura de Eddintong de que la fuente de la energía estelar “difícilmente puede ser otra que la energía subatómica, la cual, como se sabe, existe en abundancia en toda materia”.

Plasma en ebullición en la superficie del Sol
Hasta el momento todo lo que hemos repasado está bien pero, ¿Qué pasa con la Barrera de Coulomb? Los protones están cargados positivamente; las partículas de igual carga se repelen entre sí; y este obstáculo parecía demasiado grande para ser superado, aun a la elevada velocidad a la que los protones se agitaban en el intenso calor del interior de las estrellas. De acuerdo con la física clásica, muy raras veces podían dos protones de una estrella ir con la rapidez suficiente para romper las murallas de sus campos de fuerza electromagnéticos y fundirse en un solo núcleo. Los cálculos decían que la tasa de colisión de protones no podía bastar para mantener las reacciones de fusión. Sin embargo, allí estaba el Sol, con el rostro radiante, riéndose de las ecuaciones que afirmaban que no podía brillar.

Afortunadamente, en el ámbito nuclear, las reglas de la Naturaleza no se rigen por las de la mecánica de la física clásica, que tienen validez para grandes objetos, como guijarros y planetas, pero pierden esa validez en el reino de lo muy pequeño. En la escala nuclear, rigen las reglas de la indeterminación cuántica. La mecánica cuántica demuestra que el futuro del protón sólo puede predecirse en términos de probabilidades: la mayoría de las veces el protón rebotará en la Barrera de Coulomb, pero de cuando en cuando, la atravesará. Este es el “efecto túnel cuántico”; que permite brillar a las estrellas.
George Gamow, ansioso de explotar las conexiones entre la astronomía y la nueva física exótica a la que era adepto, aplicó las probabilidades cuánticas a la cuestión de la fusión nuclear en las estrellas y descubrió que los protones pueden superar la Barrera de Coulomb. Esta historia es mucho más extensa y nos llevaría hasta los trabajos de Hans Bethe, Edward Teller y otros, así como, al famoso Fred Hoyle y su efecto Triple Alfa y otras maravillas que, nos cuentan la historia que existe desde los átomos a las estrellas del cielo.
emilio silvera
Mar
19
Viaje con nosotros por el Tiempo
por Emilio Silvera ~
Clasificado en La Ciencia Fiscción ~
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Recordando
Llega el auge de novelas sobre viajes en el Tiempo, subgénero creado por un olvidado autor español.
Unos
viajeros en el tiempo, con la máquina ideada por Gaspar en 1887, vistos por el ilustrador gallego Pinturero. / Pinturero.
El Festival Celsius 232 lleva la fantasía y el terror a las calles de Avilés
Tic-tac, tic-tac. Suenan los relojes en Avilés. Bien
sea con el frío e inaudible latido digital para
los prácticos o con el potente vibrar de un reloj de leontina para
los románticos, el constante fluir del tiempo se percibe en la ciudad asturiana, capital de la literatura fantástica mundial por su festival Celsius 232, que se despide hoy sábado. La importancia del reloj (y el calendario) la da una nueva
ola de novelas —muchas, de nuevo
cuño y con firma española; otras, reediciones de clásicos en el olvido— con el mismo leitmotiv: los viajes en el tiempo como pilar central de la trama.
El caso es que los autores de estos paseos temporales, Félix J. Palma y su venidera El mapa del caos (Plaza y Janés), Vladímir Voinóvich y su clásico Moscú 2042 (Automática editorial), Tim Powers y sus reeditadas Las puertas de Anubis (Gigamesh), Nerea Riesco y su Tempus (Minotauro), Nina Allan y sus Máquinas del tiempo (Nevsky), tienen
en la boca un solo
padre al que venerar: H.G. Wells, que escribió su inmortal La máquina del tiempo en 1895 y del que la editorial Sportula prepara una reedición con nueva traducción del ganador del Minotauro Rodolfo Martínez. Pero resulta que el verdadero colonizador de este subgénero de lo fantástico fue, como
pasó con las Américas, un español: Enrique Lucio Eugenio Gaspar y Riambau (Madrid, 1842 – Olorón, 1902). Diplomático, dramaturgo y autor de la primera novela de la historia de la literatura que inventa una máquina para viajar en el tiempo: El Anacronópete (1887).

Gaspar era un trotamundos. Grecia, Francia, China… Vida de diplomático que le costó caro
a su prestigio literario al estar lejos de los círculos de influencia (periódicos y tertulias) de la época. Así las cosas, se planteó arrumbar por una vez su producción dramatúrgica y escribir la primera novela que inventaba una máquina del tiempo y planteaba este subgénero dentro de la naciente ciencia ficción, después de las célebres fantasías de Dickens (Un cuento
de navidad, 1843) o Poe (Un cuento de montañas escabrosas, 1844). ¿Cómo es esta
máquina que inventa? Pues algo así como una casa voladora con unas “cucharas” que le permiten cambiar el giro de la esfera terrestre y con ello retroceder en el tiempo. María de los Ángeles Ayala (Alicante, 1950), profesora de literatura en la Universidad de Alicante y experta en el siglo XIX, señala que además de pionera la novela merece la pena: “Su calidad literaria es muy alta. Como era un gran dramaturgo, construye unos diálogos y personajes estupendos”. Eso sí, no se moja al compararla con la archiconocida de Wells: “Las dos tienen
grandes méritos”.

Portada original de ‘El anacronópete’, primera novela de la historia con una máquina del tiempo escrita por el español Enrique Gaspar. / Francesc Soler
La obra ahora mismo se encuentra descatalogada. Pero sus semillas inverosímilmente han arraigado en jóvenes autores españoles. Al menos en uno. Francisco Miguel Espinosa (Alicante, 1990), de 24 años, y que presenta en Avilés su Cabeza de ciervo (Dolmen, 2014), es ferviente admirador de esta novela y tiene hasta escrita una segunda parte: “Se titula El Anacrónopete conquista el futuro. Me encontré con las cartas de rechazo de editores que nada sabían de la obra original: ‘No podemos publicar la continuación de algo que nadie conoce’. España es de esos lugares que se vanaglorian en olvidar sus logros”.
Pero aparte de quién fue el primero, el viaje en el tiempo literario tiene por pregunta esencial el cómo. Varios cómo. El primero es el teorema/ingenio/magia que permite el viaje. La máquina del tiempo es el ejemplo estrella: aparatosa, acompañada de luz y rayos y un probable estallido en blanco. Pero se puede viajar en el tiempo haciendo click en una cámara de fotos, como sucede en Legión (Brandon Sanderson, Fantascy), donde un científico consigue retratar el pedazo del pasado que elija. Solo con conocer el instante y el lugar preciso, ¡voilà!, Cristo ascendiendo el Gólgota, Julio César y los puñales, la cabeza de María Antonieta… Pero puede ser algo tan abstracto como una enfermedad: “Cronotenia, una enfermedad que te hace saltar en el tiempo”, confiesa, entusiasmado, Félix J. Palma (Cádiz, 1968), único best-seller español de género fantástico en el Top del The New York Times que cerrará en octubre su ambiciosa trilogía de ciencia ficción decimonónica con El mapa del caos. “El tejido del tiempo se resiente con estos saltos. Y claro, hay que enviar a unos cyborgs para que eliminen a los infectados antes que la realidad se colapse”.
Segundo cómo: ¿Cómo es el tiempo? ¿Es reversible? ¿Es inmutable? ¿Es infinito? Tres teorías se han planteado en la ficción como respuesta. Uno: que no puede cambiar, como han sostenido autores como Tim Powers en su clásico Las puertas de Anubis. Dos: que sí cambia pero que altera irreversiblemente la historia y así el hogar del viajero nunca existió/existirá; o aún peor, el propio viajero, como ocurría en la inolvidable Regreso al futuro con Michael J. Fox viendo cómo su carne se volvía translúcida.
Nina Allan
Tres, que por cada decisión que tomamos, tan banal como pedir una coca cola en vez de una caña, creamos un nuevo universo. Y el conjunto de todos ellos, que jamás se tocan, se llamaría multiverso. En este último paradigma se mueven la mayoría de novelas contemporáneas, como sucede en las sugerentes Máquinas del tiempo de Nina Allan (Londres, 1966), donde un reducido elenco de personajes va reencontrándose en distintas hebras del tiempo: “Me gusta pensar que el viaje en el tiempo no es algo épico, sino algo del día a día. Que lo hacemos cada vez que tomamos una decisión, de una manera natural, sin pensar en ello”.
Los efectos secundarios de viajar en el tiempo en ‘Regreso al futuro’.
¿Y qué dice la ciencia de todo esto? Pues poco menos que: “¡Paparruchas!”. Luis Álvarez Gaume (1955, Madrid), director durante seis años del departamento de Física Teórica del CERN, el hogar más ilustre de la cuántica mundial, ve entre los que se toman en serio del multiverso y los que creían en el espiritismo pocas diferencias: “Es literatura barata, paradojas psicolingüísticas. Que sepamos, solo se puede viajar en el tiempo hacia delante”. Gaume arranca de raíz cualquier escapatoria fantasiosa a ese “que sepamos”. Algunos son complejos y tienen que ver con que no se puede entender el mundo cuántico más que como una sopa de energía, de interacciones constantes que no permiten aislar un suceso concreto de su entorno y juguetear con él para sacarlo de su espacio-tiempo. Otras, de lógica aplastante: “La primera paradoja la sabemos todos: ¿Qué pasaría si mato a mi abuelo? Pero hay otra: Si alguna vez fuera posible, entonces, ¿Dónde están los turistas del futuro?”.

Portada de ‘Una aventura en el tiempo’ (Nevsky), el viaje de dos académicas de Oxford al Versalles de María Antonieta.
Para los que quieren seguir soñando, hay historias capaces de fascinar a espíritus como el de Jean Cocteau. El polifacético artista firma el prólogo de Una aventura en el tiempo, gema singular que rescata la editorial Nevsky y que narran en primera persona Charlotte Morby y Eleanor Jourdain, directora y subdirectora de Oxford a finales del siglo XIX y principios del XX que creyeron sufrir un viaje en el tiempo al Versalles de María Antonieta. Es más, el manuscrito ensayístico, prolijo hasta lo enfermizo en los detalles y análisis de la experiencia que afirman vivir, describe un encuentro con la mismísima reina el 5 de octubre de 1789, cuatro años antes de su muerte y el mismo día en que una horda de mujeres marchaba a palacio para ajustar cuentas con el Viejo Régimen. Mapas, testimonios y un dédalo de notas bibliográficas que abruman para corroborar unos hechos increíbles.
El viaje en el tiempo, sin embargo, no necesita de tantas alharacas. Basta con un plan de urbanismo benévolo. Por ejemplo aquí, en Avilés, el festival se celebra en el casco antiguo. Y así en un vértice de la Plaza Álvarez Acebal tenemos la Iglesia de San Nicolás de Bari, del siglo XII. Una cuesta más abajo y unos cuantos escalones está el Palacio de Ferrera, del XVII, ahora un cinco estrellas de la cadena NH. En resumen, logotipos aparte, el pasado existe en el presente. Tim Powers (Buffalo, 1952), una de las estrellas del festival, así lo cree: “Piensa en el Cairo, en las Pirámides. Tener esas obras de hace milenios nos permite hacer verosímil lo imposible. Hacer creer al lector que sí, se puede viajar en el tiempo”.
Fuente: El País.
Mar
19
¿Otras Tierras?
por Emilio Silvera ~
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La Tierra ya tiene sustituto: el descubrimiento de los científicos que te dejará sin palabras
El descubrimiento de los científicos ha dejado al mundo sin palabras, la Tierra ya tiene sustituto. La ciencia intenta colocar nuestro planeta en un lugar del universo, a través de los sistemas que tiene de exploración que cada vez son más precisos.

Parece ciencia ficción, pero se ha descubierto un planeta muy parecido al nuestro con unas cualidades que podrían hacer que albergue vida en el presente o en un futuro. Un sustituto que podemos tener en cuenta en una futura y lejana exploración espacial. Este descubrimiento abre la puerta a un lugar en el que quizás la humanidad pueda asentarse.
Ya tiene sustituto la Tierra
El planeta Tierra ya tiene sustituto según los expertos. Mirar más allá de nuestro planeta es algo que hemos hecho durante la parte final del siglo XX con una serie de dispositivos y técnicas primerizas. La exploración espacial parecía el siguiente paso cuando ya tenemos muy claro cómo es nuestro planeta y que nos espera.

La imagen de arriba es un añadido al reportaje para hacerlo más atractivo (al final se adjunta un Video anexo a esta imagen)
El futuro del lugar en el que vivimos parece que está sentenciado. Como el resto de los planetas que vemos, tiene un inicio y un final, pero lo peor de esta secuencia es el papel de los humanos. La facilidad con la que nos reproducimos ha hecho que el planeta se quede sin recursos en muy poco tiempo.

Imagen que se añade fuera de contexto para dar más comprensión al artículo: El Será una gigante roja
En algún momento, se convertirá en insostenible, aunque antes quizás el ser humano se haya destruido a sí mismo, a través de las distintas guerras. Existen varias posibilidades, además del curso natural de la Tierra o también una de las catástrofes que ya extinguió a los dinosaurios, la llegada de un meteorito que ponga en riesgo la vida en este planeta.

Por lo que, saber si hay otros lugares en los que el ser humano pudiera establecerse es fundamental. Especialmente si tenemos en cuenta que estamos ante una cuenta atrás o final que quizás todo el mundo anticipa y debemos tener en mente. Este final de ciclo se relaciona especialmente con una posible salida a tiempo del planeta.
Lo que parece ciencia ficción podría ser una necesidad hacia una dirección que nos asegurará un futuro distinto. La humanidad mira a las estrellas y gracias a este lugar que ha descubierto la ciencia, podría tener un rumbo fijo al que mirar, un destino soñado en todos los sentidos.
El descubrimiento de los científicos que te dejará sin palabras

El descubrimiento de nuevos planetas está en el orden del día. Vivimos en un universo que quizás sea más grande de lo que nos imaginamos, con lo cual, miremos adonde miremos, puede haber vida. Esas estrellas que vemos brillar a millones de kilómetros pueden esconder un sistema como el nuestro.
Un lugar en el que quizás nos refugiaremos en un futuro o será una puerta de entrada para un nuevo inicio. O rizando más el rizo puede ser el origen de los primeros extraterrestres con quienes se realice un primer contacto. Algo que quizás nos sorprenda, pero la NASA ya ha dejado muy claro que tiene restos biológicos que proceden de fuera de nuestro planeta.

Científicos descubren un nuevo planeta que podría ser un reemplazo de la Tierra
Este 2024 ha empezado con este sorprendente descubrimiento que según los expertos: “Un planeta de 1,55 R zona habitable albergado por TOI-715, una estrella M4 cercana the ecliptic South Pole”. Esta novedad que tenemos en el universo se ha publicado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.
Para el resto de los mortales es solo unos números y unas letras, pero para los expertos, tiene todo el significado y abre la puerta a la esperanza. Un giro de guion que podría dejar una serie de elementos que son claves y que podría acabar de dar ese empujón que necesitamos hacia el futuro.
Situado en la zona habitable de su estrella
Así es la “Súper Tierra”, el planeta que encontró la NASA y que podría ser habitable
Este nuevo exoplaneta, denominado TOI-715 b, que se encuentra a tan solo 137 años luz de distancia de la Tierra,
Llegan noticias lejanas, aunque no se puede comprobar in situ. Este planeta que puede llegar a tener vida, debido a la distancia de una estrella similar al sol y unas cualidades que le permitirán ser muy similar a nuestro planeta azul. Pero no se pueden comprobar otros factores que son claves.
Quizás nunca sepamos qué o quién vive en él, pero quizás acabe siendo el mejor sustituto de la Tierra que podemos tener. Una opción que tendremos en la retaguarda, cuando nuestra vida aquí empiece una cuenta atrás que puede ser verdadera en cuestión de años.
Nunca se sabe qué puede pasar, pero lo que es seguro es que tendremos que esperar para ver qué es lo que nos depara el futuro. De momento el tiempo es el que marca la diferencia y quizás nos empuje a tener en mente una serie de alternativas que acabará siendo lo que marque una importante diferencia. El destino de la humanidad quizás acabe siendo incierto, aunque nunca se sabe hasta dónde tenemos que llegar.
Fuente: Ok Diario
Fuera de contexto:
Como tantas veces dijimos aquí, solo en la Vía Láctea serán decenas de miles los planetas habitables
Mar
18
El Modelo Estándar
por Emilio Silvera ~
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