Sep
22
Los apacibles últimos siglos en la vida de la Tierra
por Emilio Silvera ~
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Desde una perspectiva histórica y geológica, sí se podría argumentar que la humanidad ha tenido una suerte extraordinaria en los últimos 2000 años, al menos en términos de evitar eventos de extinción total o impactos de asteroides de nivel civilizatorio.

- Impactos de Meteoritos: Si bien ha habido caídas de meteoritos (como el caso registrado en 1888 en lo que hoy es Irak), en los últimos dos milenios no hemos sufrido el impacto de un asteroide grande (capaz de causar devastación regional o global). Aunque los impactos cósmicos son una amenaza, la Tierra ha esquivado colisiones mayores durante este periodo.
- Glaciaciones: Los últimos 2000 años se encuentran dentro del período interglaciar actual (el Holoceno), lo que significa que la humanidad ha disfrutado de un clima relativamente estable y cálido, en lugar de sufrir una edad de hielo devastadora.
- Supervivencia a Pandemias: A pesar de eventos catastróficos como la Peste Negra o la gripe de 1918, la civilización humana no solo ha sobrevivido, sino que ha crecido exponencialmente en población y tecnología.
- Catástrofes humanas: Si bien hemos evitado la extinción por causas naturales, la humanidad ha sufrido inmensamente debido a guerras, hambrunas y enfermedades, muchas veces impulsadas por el consumismo y la mala gestión de recursos.
- Cambio climático: Aunque no hemos tenido una glaciación, el cambio climático inducido por el hombre presenta un desafío sin precedentes que pone en riesgo la estabilidad lograda.

Sep
22
¿Un Futuiro aterrador, o, una terrible realidad?
por Emilio Silvera ~
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La existencia de miles dee millones de estrellas como el Sol (en la Vía Láctea unos 30.000 millones), y, sabiendo que un gran porcentaje de ellas tienen planetas situados en la zona habitable, ¿Cómo podemos preguntas si existirá, alguna clase de vida en el Universo?
La observación anterior es el núcleo de lo que los científicos llaman la Paradoja de Fermi: con miles de millones de estrellas y planetas potencialmente habitables (unas 300 millones de posibilidades solo en la Vía Láctea según estimaciones de la NASA), la lógica sugiere que el universo debería estar lleno de vida.
Sin embargo, nos preguntamos si existe porque, hasta la fecha, no hemos encontrado pruebas directas. Lo que nos lleva a la situación que señalço un gran cosmólogo: “La ausencia de pruebas, no es prueba de audencia-“

- Distancias astronómicas: Incluso si la vida es común, las estrellas están a años luz de distancia. La galaxia es inmensa (más de 100,000 años luz de diámetro), lo que hace que la comunicación o el viaje sean extremadamente difíciles.
- El factor tiempo: La vida inteligente podría surgir y extinguirse constantemente. Es posible que civilizaciones avanzadas hayan existido hace millones de años o existan millones de años en el futuro, sin solaparse con la nuestra.
- Zona habitable no significa habitada: Que un planeta sea rocoso y esté a la distancia correcta de su estrella (zona habitable) no garantiza que tenga agua, una atmósfera estable, o que la vida química haya comenzado, un proceso que podría ser extremadamente raro.
- La complejidad de la vida: Pasar de moléculas orgánicas simples a vida compleja o inteligente puede requerir una serie de coincidencias biológicas excepcionalmente fortuitas (la hipótesis de la “Tierra Rara”).
En resumen, la pregunta persiste porque, aunque las matemáticas sugieren que debería haber vida, las observaciones actuales nos muestran un universo silencioso, lo que implica que la vida, especialmente la inteligente, podría ser mucho más rara o difícil de detectar de lo que pensamos inicialmente. Recientes descubrimientos con telescopios como el James Webb están empezando a encontrar biofirmas, lo que podría cambiar esta perspectiva pronto.
Emilio Silvera V.
Sep
22
Somos parte del Universo: ¡La parte que piensa!
por Emilio Silvera ~
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El título del trabajo, nos concede un mérito que no tenemos (al menos en exclusiva)
Otros muchos “seres” toemem la facuoltad de pensar, son variadas las especiaes que lo hacen y conviven con nosotros
“A primera vista el edificio de la ciencia aparenta estar erigido sobre suelo firme y profundos cimientos, como una unidad congruente, monolítica, dando fe de una sola realidad. Sin embargo, la ciencia es un constructo dinámico, cambiante. Según Thomas Kuhn, “Parece más bien una estructura destartalada con escasa coherencia”. Es producto de la observación, del razonamiento y también de muchas pasiones, siempre de seres humanos.”
Pero… ¡Vayamos mucho más atrás!
Los ladrillos del cerebro: Es evidente que el estímulo para la expansión evolutiva del cerebro obedeció a diversas necesidades de adaptación como puede ser el incremento de la complejidad social de los grupos de homínidos y de sus relaciones interpersonales, así como la necesidad de pensar para buscar soluciones a problemas surgidos por la implantación de sociedades más modernas cada vez. Estas y otras muchas razones fueron las claves para que la selección natural incrementara ese prodigioso universo que es el cerebro humano.
Claro que, para levantar cualquier edificio, además de un estímulo para hacerlo se necesitan los ladrillos específicos con las que construirlo y la energía con la que mantenerlo funcionando.
La evolución rápida del cerebro no solo requirió alimentos de una elevada densidad energética y abundantes proteínas, vitaminas y minerales; el crecimiento del cerebro necesitó de otro elemento fundamental:
Un aporte adecuado de ácidos grasos poliinsaturados de larga cadena, que son componentes fundamentales de las membranas de las neuronas, las células que hacen funcionar nuestro cerebro.

Nuestro organismo, como ya he señalado, es incapaz de sintetizar en el hígado suficiente cantidad de estos ácidos grasos; tiene que conseguirlos mediante la alimentación. Estos ácidos grasos son abundantes en los animales y en especial en los alimentos de origen acuático (peces, moluscos, crustáceos). Por ello, algunos especialistas consideran que la evolución del cerebro no pudo ocurrir en cualquier parte del mundo y, por lo tanto, requirió un entorno donde existiera una abundancia de estos ácidos grasos en la dieta: un entorno acuático.
El cerebro humano contiene 600 gramos de estos lípidos tan especiales imprescindibles para su función. Entre estos lípidos destacan los ácidos grasos araquidónico (AA, 20:4 W-6) y docosahexaenoico (D H A, 22:6 W-3); entre los dos constituyen el noventa por 100 de todos los ácidos grasos poliinsaturados de larga cadena en el cerebro humano y en el resto de los mamíferos.
Una buena provisión de estos ácidos grasos es tan importante que cualquier deficiencia dentro del útero o durante la infancia puede producir fallos en el desarrollo cerebral.
El entorno geográfico del este de África donde evolucionaron nuestros ancestros proporcionó una fuente única nutricional, abundante de estos ácidos grasos esenciales para el desarrollo cerebral. Esta es otra de las circunstancias extraordinarias que favoreció nuestra evolución.

Las evidencias fósiles indican que el género Homo surgió en un entorno ecológico único, como es el formado por los numerosos lagos que llenan las depresiones del valle del Rift, el cual, en conjunto y desde un punto de vista geológico, es considerado un “proto-océano”. El área geográfica formada por el mar Rojo, el golfo de Adén y los grandes lagos del Rift forman lo que en geología se conoce como “océano fallido”. Son grandes lagos algunos de una gran profundidad (el lago Malwi tiene 1.500 metros y el lago Tanganika 600 m.) y de una enorme extensión (el lago Victoria, de casi 70.000 km2, es el mayor lago tropical del mundo). Se llenaban, como hacen hoy, del agua de los numerosos ríos que desembocan en ellos; por eso sus niveles varían según las condiciones climatológicas regionales y estaciónales.


Muchos de estos lagos son alcalinos debido al intenso volcanismo de la zona. Son abundantes en peces, moluscos y crustáceos que tienen proporciones de lípidos poliinsaturados de larga cadena muy similares a los que componen el cerebro humano. Este entorno, en el que la especie Homo evolucionó durante al menos dos millones de años, proporcionó a nuestros ancestros una excelente fuente de proteínas de elevada calidad biológica y de ácidos grasos poliinsaturados de larga cadena, una combinación ideal para hacer crecer el cerebro.
Ésta es otra de las razones en las que se apoyan algunos para sugerir que nuestros antecesores se adaptaron durante algunos cientos de miles de años a un entorno litoral, posiblemente una vida lacustre, en el “océano fallido” de los grandes lagos africanos y que nuestra abundante capa de grasa subcutánea es la prueba de esta circunstancia de nuestra evolución.
La realidad es que este entorno lacustre proporcionó abundantes alimentos procedentes del agua, ricos en proteínas de buena calidad y en ácidos grasos poliinsaturados. Estos alimentos completaban la carroña incierta o la caza casi imposible. Durante cientos de miles de años evolucionaron los homínidos en este entorno entre la sabana ardiente y las extensiones interminables de aguas someras por las que vagaban los clanes de nuestros antepasados chapoteando a lo largo de kilómetros en busca de alimento. Este entorno único no solo garantizó los nutrientes necesarios para desarrollar el cerebro, sino que aceleró numerosos cambios evolutivos que confluirían en el Homo sapiens.
Nuestra especie es muy homogénea en sus características: somos muy similares a pesar de lo que pudiera parecer a causa de las diferencias del color en la piel o en los rasgos faciales de las diferentes poblaciones. Tanto los datos de la genética homo los de la paleantropología muestran que los seres humanos, como especie, procedemos de un grupo pequeño de antepasados que vivían en África hace unos cuatrocientos mil años.
Hemos logrado determinar con precisión nuestros orígenes como especie mediante precisos análisis genéticos; por ejemplo, los estudios llevados a cabo sobre los genes de las mitocondrias pertenecientes a individuos de todas las poblaciones del mundo y de todas las razas.
Estudiando el A D N mitocondrial de miles de personas se ha llegado a formular la llamada “Teoría de la Eva Negra”, según la cual todos nosotros, los Homo sapiens, procedemos de una hembra que vivió en algún lugar de África hace ahora unos tres cientos mil años. Otros estudios se han realizado mediante el análisis del polimorfismo del cromosoma Y.
Pero tanto unos estudios como otros han dado el resultado similar. Los estudios del material genético del cromosoma Y confirman que la Humanidad tuvo un antepasado varón que vivió en África hace unos doscientos mil años. Seria la “Teoría del Adán Negro”. Estudios del Gen de la hemoglobina ratifican que todas las poblaciones humanas modernas derivan de una población ancestral africana de hace unos doscientos mil años compuesta por unos seiscientos individuos.
Los hallazgos paleoantropológicos ratifican el origen único y africano de nuestra especie. Se han encontrado en diversa regiones de África algunos fósiles, de características humanas modernas, con una antigüedad de entre tres cientos mil y cien mil años; estos incluyen: el cráneo de kabwe (en Zambia), de 1.285 c.c.; el fósil KNM-ER-3834 del lago Turkan, en Kenia, de casi litro y medio; los fósiles encontrados en los yacimientos de Border Cave y Klassies River Mouth, de África del sur; y los esqueletos y cráneos encontrados en los enterramientos de la Cueva de Qafzeh y del abrigo de Skhul, ambos en Israel y datados en unos cien mil años.
En 1.968 se descubrieron en Dordoña el cráneo y el esqueleto de uno de nuestros antepasados, al que se denominó Hombre de Cro-Magnon. Hoy sabemos que hace unos cuarenta mil años aparecieron en Europa unos inmigrantes de origen africano, que eran los primeros representantes de la especie Homo sapiens sapiens que alcanzaban estos territorios. Llegaron con unas armas terribles e innovadoras, conocían el modo de dominar el fuego y poseían una compleja organización social; y por lo que se refiere a las otras especies de homínidos que habitaban por aquel entonces Europa, concretamente los Homo neandertales, al parecer, los eliminaron por completo.

Los cromañones poseían las características de los pobladores de las regiones próximas al ecuador: poco macizos, muy altos y de brazos y piernas largas; sus huesos eran muy livianos por aumento del canal medular, dentro de la diáfisis. Los huesos que formaban las paredes del cráneo eran más finos, que los de sus predecesores. Habían sufrido una reducción de la masa muscular. El desarrollo de armas que podían matar a distancia con eficacia y sin requerir gran esfuerzo, como los propulsores, las hondas y, más tarde, el arco y las flechas, hicieron innecesarias una excesiva robustez. En general, eran muy parecidos a nosotros y, hasta tal punto es así que, si cogiéramos a uno de estos individuos, lo lleváramos a la peluquería, le pusiéramos un buen traje, y lo sacáramos de paseo, se confundiría con el resto de la gente sin llamar a atención.
Llegados a este punto, no merece la pena relatar aquí las costumbres y forma de vida de esas poblaciones que, en tantos y tantos escritos hemos podido leer y conocemos perfectamente. El objeto de todo esto era esbozar un perfil de lo que fuimos, de manera que dejemos ante nosotros la evolución por la que hemos pasado hasta llegar aquí, y, a partir de ahora, pensar en la evolución que nos queda hasta convertirnos en los seres del futuro que, seguramente, regirán en el Universo.
Lo cierto es que es una lástima que no tuviéramos aquí un cronista que, en aquellos tiempos en los que apareció sobre la Tierra el Ser Humano, hubiera recogido todos los datos de nuestra intrincada historia y, nos tengamos que conformar con los fósiles que vamos encontrando en las profundidades del terreno, antes lechos oceánicos y grandes montañas que, esconden los secretos del pasado que necesitamos desvelar para saber… ¡Quiénes somos!
Hemos hecho un largo camino, hemos aprendido muchas cosas, hemos soportado toda clase de inclemencias naturales, hemos construidos ciudades y monumentos, hemos llegado a dominar la materia para con ella construir maravillas, hemos sabido construir una serie de saberes divididos en disciplinas científicas, que en su conjunto lo reúne todo (al menos lo hemos pretendido), hemos enviado máquinas de alta tecnología al Espacio para que nos digan lo que allí existe y como funcionan… En fin, hemos logrado mucho más pero, ¡No sabemos quiénes somos, ni de donde venimos, ni que hacemos aquí, ni hacia donde nos dirigimos!.
Y, mirando hacia atrás en el Tiempo, y contemplando todo lo pasado, nos podemos preguntas: ¿Habrá valido la pena tanto dolor y sufrimiento? Lo cierto es que, sabiendo de la “muerte” del Sol, de que Andrómeda se nos echa encima, de que el mismo Universo morirá… De que nuestro paso y nuestra presencia en esta burbuja que llamamos universo, será borrada y no dejará vestigios, ni habrá nadie que pueda saber de nosotros y lo que hicimos…
¡Da mucho en que pensar!
Emilio Silvera V.
Sep
21
Filosofía y Ciencia. ¡Para poder saber!
por Emilio Silvera ~
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Hipatia de Alejandría es la primera mujer matemática de la que se tiene conocimiento razonablemente seguro y detallado. Escribió sobre geometría, álgebra y astronomía. Mejoró y construyó instrumentos astronómicos como el astrolabio o el planisferio.

“El símbolo más reconocido de la Filosofía es el Búho de Atenea (o lechuza), representando la sabiduría y la razón, pero también se usa frecuentemente la letra griega Phi (Φ) (la primera letra de philosophía en griego), y otras representaciones icónicas incluyen a El Pensador de Rodin o conceptos como el Logos. “

Según una definición sencilla, no en pocas ocasiones he podido leer que la Filosofía era la ciencia del pensamiento aplicado a conocer y resolver los fenómenos universales en los que, la Humanidad, se ha visto inmersa a través de los tiempos. Desde que el hombre formuló su primer “por qué”, encendió la llama para que hiciera posible el surgir de esa hoguera que llamamos Filosofía, y, que podríamos entender como una ciencia unida a nosotros y a nuestra manera de pensar, hasta tal punto es así que lo podríamos llamar “hija de nuestros pensamientos”.
La Filosofía siempre ha tenido una gran importancia para la Ciencia
Nuestro caminar por el ya largo sendero de la Filosofía, nos lleva siempre en una misma dirección en busca de esa “única verdad” que, en realidad, está ramificada en muchos “saberes” que, como la Física, la Astronomía y otras disciplinas, obligaron a la Filosofía a profundizar en nuestro interior (fuerzas cósmicas, energías, átomo…el hombre se involucró con el poder universal para así poder llegar al estudio de su propio SER.) La metafísica es una rama de la filosofía que se encarga de estudiar la naturaleza, estructura, componentes y principios fundamentales de la realidad que buscamos y, en su último y más alto nivel, aspira a saber lo que es el Ser, sus propiedades, principios, causas y fundamentos esenciales de su existencia, es decir, la metafísica enfoca su atención hacia todo aquello que trasciende lo meramente físico.
Si sobrepasamos lo meramente físico… ¡Hallaremos la Luz!
Es estudio y la especulación sobre las cosas substanciales que no estaban a nuestro alcance, nos empujó hacia la Metafísica y, el estudio de los poderes y de las fuerzas ocultas que rigen el Universo originó la Cosmología. Todo parecía surgir de un principio único enmarcado por varias disciplinas:
Astronomía
Física
Biología
Química
Que, desde luego, iban precedidas por otras más profundas o fundamentales que fueron impulsoras de la evolución posterior de “las Ciencias” a través de ramas de la filosofía características: La Música, la Escritura, las Matemáticas que, en realidad, nos llevó hacia una auténtica relación entre los pueblos del mundo posibilitando así, el auténtico desarrollo de la Humanidad.
Por la imagen no se ven diferencias. Estas están bien aposentadas en el cerebro que crea la Mente. Son los 86.000 millones de neuronas que llevamos con nosotros para crear ideas y pensamientos. Buenos… ¡Sentimientos también!
Surgió la idea “del bien pensar”, es decir, mediante procedimientos propios el hombre llegó a pensar y discernir mejor y, todo aquello, desembocó en una serie de Principios o ramificaciones de Escuelas:
Del bien pensar, de la crítica del pensamiento, de la lógica…
El hombre siempre ha tratado de relacionarse con el Universo al que pertenece y, sus pensamientos le llevaron a filosofías del Instinto, del razonamiento, de la Intuición, de la Ética, o Moral, religiones y estéticas (entre otras).

Le ponemos nombre, hablamos de ellas, pero no sabemos, a ciencia cierta, lo que pueda Ser
¿Qué es el Alma? Nadie la ha visto nunca, tampoco la podemos tocar. Sin embargo… ¿No la sentimos de vez en cuando? A veces pienso que el Alma fue aquel invento de la religión que, al ver como los cuerpos muertos se descomponían y salían gusanos, trajeron aquella novedad llamada Alma y que ellos prometían salvar a cambio de prebendas.
Claro que, no sería justo que aquí, nos olvidáramos del “Alma”, a través del pensamiento, en relación con el Cosmos, buscó tener cada vez mayor caudal de fuerza mental, para captar, con la mente humana otros niveles de comprensión situados más allá de éste mundo, incluso en el plano místico intangible y desconocido que, alejándose de la Ciencia, nos introduce en el terreno de la fe. En definitiva, siempre nos hemos situado en ese plano en el que, la búsqueda de lo desconocido, es, lo que perseguimos sin desmayo para tratar de conocer la Naturaleza y los secretos que tan celosamente esconde a nuestras “miradas” del conocimiento.

Pero, Qué es el Alma? Acaso un invento de los hombres para tener la esperanza de que, todavía pueden salvar algo. Su relación con la “otra vida”, con la divinidad y, en especial, con el clero, permitió a las autoridades religiosas ejercer un poder extraordinario.
No se puede negar que, la idea del Alma, enriqueció inmensamente la mente de los seres humanos a lo largo de los siglos, pero tampoco se puede negar que también es cierto que durante ese mismo tiempo mantuvo a raya el pensamiento y la libertad. ¿Os acordáis de Giordano Bruno y Galileo? Aquello retrasó el progreso y contribuyó a mantener el pueblo (en su mayor parte) ignorante y sometido al clero educado y culto.
Sí, es posible que existe una realidad última en la que todos seamos pura LUZ. También decimos que existe la “materia oscura”, “otros universos”, “el Hiperespacio”, “los viajes en el Tiempo!” “Que toda la materia está formada en realidad por cuerdas vibrantes”…
Está claro que, debe existir una realidad última que todo lo unifica. Debe ser la esencia del Universo: “todo está conexionado y en interacción por los hilos invisibles de las fuerzas y energías que todo lo rigen”. Está claro que nosotros, no hemos podido (aún) llegar a comprender como se producen esas conexiones unificadoras que nos lleva a una simetría donde todo se complementa y compensa. En nuestro Universo, todo funciona a través de fuerzas contrapuestas que, finalmente, hace posible el equilibrio y la “serenidad” que podemos contemplar a nuestro alrededor. El Sol nos calienta y alumbra, los mundos giran a su alrededor, y, nosotros, criaturas surgidas a partir de la evolución de la “materia inerte”, podemos observar esos procesos para tratar de sondear en la esencia de un Universo “infinito” al que pertenecemos y de cuyas actividades físicas depende nuestro futuro.
Claro que, esas fuerzas y energías de las que hablo, aún no hemos podido llegar a ese nivel de comprensión que nos sitúe en un plano de igualdad con ese Universo “infinito” que, al contrario de lo que pasa con nuestras vidas, nunca parece tener prisas. Somos nosotros los que sí, denotamos una cierta ansiedad por descubrir, por saber y desvelar sus misterios, dado que nuestra vida es corta, no pocas veces nos invade la sensación de no poder finalizar la tarea encomendada.

El Tiempo, imparable fluye hacia el futuro que solo podremos imaginar
Claro que el Universo no tiene prisas, él parece ser Eterno. Cuando digo Eterno, me refiere al Tiempo que, metafóricamente hablando pudiéramos decir que, impasible, mira a su alrededor y contempla los sucesos que acontecen: Materia que se transforma, estrellas que nacen, galaxias que surgen a partir de bloques enormes de materia, mundos que giran alrededor de una estrella que le suministra luz y calor y hace posible el surgir, en su superficie de entes vivos que, pasados los años pueden llegar a comprender, a tener consciencia de su SER.
Muchos, han relacionado el Tiempo con el Alma. Algunos han llegado a decir que lo verdadero es eso, lo Eterno que silencioso no se manifiesta de manera estruendosa y que, sin embargo, siempre, desde el comienzo del Universo, ha estado ahí, presente como testigo de todos los acontecimientos y sucesos desde hace 13.700 millones de años. ¿Es posible que, fuera del tiempo todo sea ilusión? Bueno, como no conocemos lo Eterno, es posible que no conozcamos la verdadera realidad que tan incansablemente perseguimos. ¿Todo es, en el Universo, Eterno e Ilusorio?
Bueno, para nosotros, sólo el pensamiento puede darnos la llave de la liberación, lo único que, en realidad, nos lleve hacia el conocimiento liberador de la inmensa ignorancia que arrastramos desde los confines del mundo y que, desde siempre, hemos tratado de sacudirnos para poder otear, aunque sea parcialmente, un poco de esa verdad que difícilmente podemos alcanzar.

Alma, Mente, Conciencia ¿No serán tres aspectos de la misma cosa?
Aquí lo tenéis: Sustancia y espíritu algo que todos llevamos en nuestras Mentes, en nuestros cerebros. La materia viva que, creadora de ideas y profundos pensamientos, se transporta al campo filosófico y metafísico que trasciende a lo puramente material, y, conformado en esos dos niveles que hacen posible ir conocimiento el mundo que nos rodea, seguimos avanzando para conocer mejor a la Naturaleza y, como consecuencia a nosotros que también… ¡Somos Naturaleza!
Por otra parte, es tanta nuestra complejidad que, conocernos, no resultará fácil. ¿Será verdad que existen dos fuerzas en nosotros?: El “espíritu” y la “sustancia” que es dignificada por éste a través de la Mente como expresión del “espíritu”.
El hombre surgido del microcosmos terrestres, a través de sus ideas ha sido capaz de comprender su conexión con el microcosmos, al ser consciente de que, al igual que cualquier estrella situada en la galaxia más lejana, también forma parte de ese todo al que llamamos Universo, y, según hemos podido llegar a comprender, somos los observadores de los que el Universo se vale para poder conocerse así mismo.
Las etapas se sucedieron y las Ciencias (como todo en el Universo) evolucionaron a través de las ramas de la Filosofía características (antes decía que: la Música, la Escritura, o, las Matemáticas hicieron el “milagro” de unir a los pueblos).
No debemos soslayar que, una cierta filosofía quiso eliminar las vibraciones mentales producidas por las emociones y sentimientos que, en distintas circunstancias, el hombre podía sentir. Las emociones mentales (decían), nublaban la razón e impedía “ver” la verdad. Había que analizar el Amor, el Crimen, la Muerte o, la felicidad, desde la tranquila imparcialidad que nos diera una visión objetiva y exenta de estímulos positivos o negativos que nos aleje de los hechos. Sin embargo, si pudiéramos seguir tales consejos, ¿qué clase de humanos seríamos? ¿Es posible desprendernos de los sentimientos de Amor y de Odio que, son intrínsecos de nuestro SER?
Es verdad que la Filosofía nos llevó hacia la Ciencia y que el hombre se está pudiendo acercar a la sombra de lo “Eterno” y, de ese mensaje que subyace en la voz del Universo, de cuyo lenguaje, aún no hemos alcanzado a traducir lo esencial. La conquista de la razón y del saber, nos permitirá desprendernos de teorías pasadas que prevalecen en la actualidad y que, no pocas veces, nos alejan de lo cierto, de lo real que tenemos delante y que no podemos ver por la ceguera que nos causa tanta incomprensión.
Todo el Universo está en nosotros, somos parte de el, estamos hechos de polvo de estrellas
Es posible que la Mente del Hombre sea de un poder ilimitado pero, únicamente podrá llegar a ese “poder” en plenitud de comprensión creadora si es capaz de unirse y comprender lo “infinito”, y, cuando digo Infinito o Eterno, no me estoy refiriendo a ninguna divinidad. Sin embargo, habrá que saber encausar ese “poder ilimitado” que, posiblemente nos adorna, para que sólo haga la andadura del camino positivo que nos aleje de la propia destrucción.
Siempre hemos perseguido nuestro YO, ese gran desconocido. No pocas veces nos asombramos de cosas que hemos llegado a poder hacer y de las que nos creíamos incapaces (tanto buenas como malas), y, claro está, debemos aprender a discernir donde está lo que sí nos conviene y lo que no. Todas nuestras ideas forman parte de la Filosofía a la que, tratar de encerrar en pensamientos únicos, la desvirtúa y la empobrece. Nuestra amplitud de miras posibilitará el camino para el descubrimiento.
Sí, es posible que la ¡Vida! Sea, en realidad, una combinación de “espíritu”, mente, materia, y energía pero, entre todas esas cosa, ¿Cuántas ramificaciones están presentes, con diversos nombres, en un Ser Humano?



El camino de la vida ha sido largo, muy largo y fueron necesarios miles de millones de años para que pudieran surgir en el universo los pensamientos, que generan el nivel más alta de vida que podemos conocer. Es un camino sin fin, ya que, la Vida, es algo intrínseco del Universo, de la Naturaleza que tiene ese objetivo como fin último para dejar de ser materia “inerte” y poder, al fín contemplar su obra. Arriba, en una de las imágenes, esas dos galaxias se asejan a dos enormes ojos que ven, como la vida, camina por uno de sus muchos mundos.
Muchas veces he mencionado en mis escritos la palabra Humanidad y, podéis estar seguros de que lo hago de una manera extensa y no limitada. No estoy haciendo única referencia a la formada en nuestro pequeño mundo dentro del Sistema Solar, sino que, mi Humanidad está referida a cualquier cadena humana que en cualquier parte del Universo, haya alcanzado o esté por alcanzar, el equilibrio entre “espíritu” y “materia” y, cuando digo espíritu, pienso en la mente, en el conocimiento que hace posible llegar a una consciencia de sí mismo y del mundo que nos rodea.
Tengo la convicción de que, si en realidad existen otros seres en múltiples planetas dispersos por el ancho Universo, todos, como nosotros, estarán basados en el Carbono, y, lo único que podrá diferenciarlos de nosotros, serán otras costumbres, otros pensamientos y, ¿Qué duda cabe? Incluso otras morfologías distintas a la nuestra pero, si son conscientes de SER, en lo más básico, son iguales a nosotros y, por supuesto, parte de la Humanidad del Universo.

Desde bien pequeños hemos empezado a filosofar
Emilio Silvera Vázquez
Sep
21
“Herbarios” y “Bestiarios”
por Emilio Silvera ~
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Nunca dejará de asombrarme los hallazgos que podemos efectuar si buceamos en el fondo de nuestra biblioteca. Allí, en la más profundo, detrás de otra hilera de libros que los están tapando, se encuentran obras olvidadas que, de vez en cuando, nos gusta repasar y, aunque ya nos son conocidas por haberlas leído en su momento, no por ello dejan de causarnos “nueva sorpresa” sus contenidos.
Una de ellas, la encontré ayer por la tarde mientras buscaba una obra “perdida” de Gerard ´t Hofft (cualquiera sabe dónde la puse la última vez que la leí), su título: Los Descubridores de la Naturaleza. En la portada, grabado con letras doradas nos dice: “Para descubrir la Naturaleza, la Ciencia no avanzó dando cuenta de la experiencia cotidiana, sino aferrándose a la paradoja, aventurándose en lo desconocido…
Al abrir la tapa y después de una breve presentación, me doy de bruces con una cita de Thomas Henry Huxley (1871) que nos dice:
La investigación de la naturaleza es un campo de pastoreo infinito, de donde todos pueden nutrirse, y cuanto más comen, más abundante crece la hierba, su sabor es más dulce, y es más alimenticia.
En los lugares más remotos e impensables, si observamos con atención, nos podemos llevar sorpresas inesperadas que nos llevaran directamente al asombro. En esa imagen de arriba, donde todo parece estar muerto, hay mucho, muchísimo más de lo que el ojo puede ver. Si pudiéramos mirar al microscopio, gritaríamos con asombro: ¿De dónde salieron esos infinitesimales seres vivos?
La segunda cita del libro es de Víctor Hugo, en Los miserables (1862), que nos dice
Allí donde termina el telescopio, comienza el microscopio.
¿Cuál de los dos proporciona una visión más amplia?
Sin un microscopio nunca podríamos ver el “universo” de lo muy pequeño. Arriba, alucinante lo que hace un microscopio electrónico de barrido. Y, por otro lado, lo que nos han traído los grandes telescopios que nos han llevado a viajar por todo el Universo… ¡Nunca lo podríamos haber pensado!¡
El telescopio también nos lleva lejos, al “universo” de lo muy grande.

Seguimos ojeando el libro encontrado y, simplemente con leer el título de sus capítulos, hacemos un viaje fascinante, toda vez que, sin leer sus contenidos, por el simple enunciado del comienzo, nuestra imaginación, se desboca y construye un “mundo” a partir de esas primeras palabras. Veamos los que son:
- En “Las brumas de las paradojas”
- La evidencia del ojo desnudo
- Una visión angustiosa y sorprendente
- Atrapado en un fuego cruzado
- Nuevos mundos interiores
- Galileo en China
- Dentro de Nosotros mismos
- Un Profeta demente señala el Camino
- La Tiranía de Galeno
- De los animales al hombre
- Corrientes interiores invisibles…
Y, así, continúan capítulo tras capítulo que, simplemente con el título, ya te prometen que podrás sumergirte en fantásticos mundos que, en ocasiones, ni podías pensar que pudieran existir. De entre todos ellos, esta vez me quedé con este que aquí os dejo (parcialmente), y que comienza diciendo:
Aprender a mirar
Durante mil quinientos años, la Europa culta que deseaba saber cosas sobre la naturaleza recurría a los “bestiarios”, autoridades textuales cuya tiranía era equiparable a la de Galeno en medicina, y cuyas delicias poéticas tentaban a los lectores y los apartaban del mundo real de las plantas y los animales. En la actualidad, al leer esas guías, comprendemos por qué los europeos medievales tardaron tanto en aprender a mirar. Las páginas de los herbarios y bestiarios ilustrados nunca han sido superadas, tanto por su encantadora fantasía como por las recopilaciones de remedios caseros.
Estas fuentes de la botánica medieval, los herbarios, eran el legado de Dioscórides, cirujano griego que había viajado por todo el Mediterráneo con los ejércitos del emperador Nerón. Su De materia médica (c. 77) presentaba la botánica como un tipo de farmacología. Los médicos intentaron con toda seriedad y durante largo tiempo hacer coincidir la descripción de las plantas que Dioscórides había visto en las orillas del tibio Mediterráneo con las que ellos mismos encontraban en Alemania, Suiza o Escocia.
Dioscórides
Al igual que Galeno, Dioscórides había estudiado la Naturaleza, pero los discípulos de Dioscórides estudiaron a Dioscórides. Él esperó en vano que sus lectores “no sólo prestaran atención a la fuerza de las palabras sino también al trabajo y la experiencia que he aplicado al asunto”. Los escritores anteriores mediante una clasificación alfabética, habían separado “tanto los tipos como los funcionamiento de las cosas que están íntimamente relacionadas, de modo que son así más difíciles de recordar”. En cambio, el estudio dónde crecían las plantas, cuándo y cómo debían recogerse, e incluso los tipos de recipientes en que debían almacenarse. Al igual que otros autores clásicos, tuvo pocos discípulos y muchos exégetas. Éstos atesoraban sus palabras pero olvidaron su ejemplo. Dioscórides, a medida que dejaba de ser un maestro, se transformaba en un texto.
Sin embargo, para las mentes prácticas de la época medieval Dioscórides era deliciosamente atractivo, ya que no perturbaba a sus lectores con teorías ni taxonomías. El herbario de Dioscórides estaba escrito en griego e incluía más de seiscientas plantas agrupadas bajo encabezamientos prácticos. ¿Cuáles debían buscarse para obtener aceites, ungüentos, grasas o perfumes? ¿Cuáles curaban el dolor de cabeza o quitaban las manchas de la piel? ¿Qué frutas, verduras o raíces eran comestibles? ¿Cuáles eran las especias locales? ¿Qué plantas eran venenosas y cuáles eran sus antídotos? ¿Qué medicinas podían hacerse a base de plantas?

La obra originaria de Dioscórides nos ha llegado con dificultad; particularmente notable es el códice denominado Costantinopolitanus, creado en el 512 d.C., obra manuscrita con preciosas ilustraciones conservadas en la Nationalbibliothek de Viena.
Los numerosísimos manuscritos de «Dioscórides» que nos han quedado dan testimonio de su popularidad durante la Edad Media. Cuanto más leemos los textos menos nos sorprende su popularidad, la supervivencia de su nomenclatura. Por ejemplo, ésta es la primera entrada del apartado de «plantas aromáticas», en la traducción de John Goodyer (1665):
El iris se llama así por su parecido con el arco iris del cielo… Sus raíces son nudosas, fuertes, de sabor dulce, y después de cortarlas deben dejarse secar a la sombra, y así (atadas con un hilo de lino) guardarse. Pero el mejor es el de Iliria y Macedonia… El segundo de Libia… Todos tienen la facultad de calentar y aliviar, atenúan la tos y los humores mucosos difíciles de evacuar. Actúan contra los humores espesos y la bilis; si se beben en hidromiel en la cantidad de siete dragmas también causan el sueño, provocan las lágrimas y curan los tormentos del estómago. Pero bebidos con vinagre ayudan a los que han sido mordidos por bestias venenosas, a los que han sido mordidos por bestias venenosas, a los que están tiesos de frío y a los que no retienen la comida.

A este herbario, como reporta Plinio en el siglo I d.C., le siguieron otros muchos, desgraciadamente perdidos en los avatares del tiempo, de autores menos conocidos como Crateo y Diocle, que pasaron el tiempo enriqueciéndose con ensayos de ilustraciones a color.
La baya del enebro es «buena para el estómago y en infusión es buena para las enfermedades del tórax, la tos, las inflamaciones, los retortijones y los venenos de los animales. También es diurética y por consiguiente buena tanto para las convulsiones como para las hernias y para las que tienen estrangulamiento de útero». El rábano común «también provoca ventosidades y calienta, es bueno para la boca pero no para el estómago tomado después de comer, pues ayuda a la digestión, pero si se toma antes interrumpe la comida; por tanto es bueno para los que desean vomitar tomarlo antes de comer». La raíz de la mandrágora puede prepararse par servir de anestesia «para aquellos que van a ser cortados o cauterizados»… Pues no perciben el dolor porque les embarga un sueño de muerte… Pero si se usa mucho puede hacer perder el habla a los hombres».

Mil años de manuscritos de «Diocórides» nos demuestran nos demuestran lo que significaba estar a merced de los copistas. Con los copistas. Con los siglos, las ilustraciones se apartan cada vez más de la realidad. Las copias de las incluyen hojas imaginarias para hacer lo dibujos simétricos y raíces aumentadas de tamaño para llenar el espacio sobrante. Los caprichos de los copistas se convirtieron luego en convenciones.



Le Livre des simples médecines, (El Libro de los medicamentos simples), de la Biblioteca Nacional de Rusia, en San Petersburgo, es un códice singular, no solo por la gran belleza de sus ilustraciones, sino porque corresponde a la culminación de los saberes medievales europeos acerca de las sustancias de los tres reinos de la naturaleza que sirven para curar o aliviar las enfermedades.
Tiene un texto de 220 páginas dividido en cinco partes: hierbas y flores, árboles y sus gomas y resinas, metales y minerales, productos animales y otras materias.


A finales de la Edad Media, príncipes y poderosos aprendían las reglas de salud e higiene de la medicina racional en el Tacuinum Sanitatis, un tratado sobre el bienestar y la salud muy difundido durante los siglos XIV y XV.
El tratado fue escrito en árabe por Ububchasym de Baldach, también conocido como Ibn Butlân, médico cristiano nacido en Bagdad y muerto en 1068. Propone seis elementos necesarios para el mantenimiento cotidiano de la salud: la comida y la bebida, el aire y el ambiente, el movimiento y el reposo, el sueño y la vigilia, las secreciones y excreciones de los humores, los movimientos o afectos del ánimo (la alegría, la ira, la vergüenza…). Según Ibn Butlân, las enfermedades surgen de la alteración en el equilibrio de alguno de estos elementos, por lo que aconseja la vida en armonía con la naturaleza para conservar o recuperar la salud.

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Manuscritos ilustrados
Los escribas fantasiosos tomaban ideas tanto de los nombres como de las propiedades de las plantas, convirtiendo de este modo la botánica en una rama de la filología. De las flores del narciso salían pequeñas figuras humanas, que recordaban al desafortunado que miraba y amaba su imagen reflejada en todas partes. El «el árbol» de la vida llevaba enroscada una serpiente de cabeza femenina, el grosello silvestre llevaba unas conchas que se abrían y expulsaban ocas berniclas típicas del norte de Escocia. Cuando apareció la imprenta en Europa, la información botánica más útil se encontraba todavía en los antiguos herbarios, ampliados y «mejorados» por generaciones de escribas. Los impresores, que habían hecho grandes inversiones en las planchas de madera o de cobre, no se mostraban muy dispuestos a desecharlas simplemente porque las ilustraciones no se correspondiesen con las palabras del texto. Incluso los eruditos que podían haber sentido la tentación de mirar las plantas con sus propios ojos encontraban más cómodo comparar los manuscritos y glosar los textos.

Los herbarios se convirtieron pronto en artículos indispensables. El Liber de propietatiibus rerum (c. 1470), obra de un monje inglés que vivió en el siglo XII, fue reeditado veinticinco veces antes del fin del siglo XV. Las lenguas vernáculas permitieron la llegada de datos nuevos de toda Europa. Pero los herbarios tenían unos límites evidentes. A cada planta se le hacía siempre la misma pregunta: ¿Cómo puedes divertirme, alimentarme, salvarme o curarme?
A fines del siglo XVI, el catedrático de botánica de la universidad de Bolonia todavía era descrito como el «lector de Dioscórides». Dado que cada generación había hacho sus pequeñas aportaciones, que no se distinguían del original casi nunca, los botánicos y farmacólogos eran meros comentaristas. El herbario era un catálogo de medicinas «simples», cada una de las cuales tenía un componente único que por lo general procedía de una sola planta.
El médico italiano Pier Andrea Mattioli (1501-1577) hizo la primera traducción de Dioscórides a una lengua vernácula europea.
Sus comentarios en italiano se convirtieron en un acontecimiento editorial al vender treinta mil ejemplares (Venecia, 1544). Luego, traduciendo a Dioscórides al latín y añadiendo sinónimos de los nombres de las plantas en varias lenguas, contribuyó a popularizar la obra por toda Europa. Más de cincuenta ediciones en alemán, francés, checo, y otras lenguas europeas hicieron del Dioscórides revisado de Mattioli el rey de la botánica en todo el continente.


Los herbarios significaron para la botánica lo mismo que los bestiarios para la para la zoología. También estos derivaban de un original antiguo único, embellecido a lo largo de los siglos. Durante la Edad Media sólo la Biblia era más popular que estos libros. En nuestra época el bestseller impreso atraviesa rápidamente el espacio pero raras veces viaja mucho en el tiempo. En la época de los manuscritos, el poder de un único autor clásico era imperecedero. El imperio de los cultos estaba gobernado por una oligarquía de unos pocos «autores camaleón». Los nombres clásicos se volvían útiles para las generaciones posteriores después de incontables revisiones, y el autor original se convertía en un espectro. La mano del escriba derrocaba al autor.

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El primero de los bestiarios recibió su nombre de un griego, Fisiólogo («naturalista»), del cual sabemos muy poco. Su obra, probablemente escrita antes de mediados del siglo II, parece haber estado dividida en cuarenta y ocho capítulos, cada uno de ellos relacionado con un texto de la Biblia. Unos pocos datos, embellecidos con abundante teología, moral, folklore, mitología, rumores y fábulas, constituyeron la zoología durante varias generaciones. En el siglo v existían ya traducciones, aparte del latín, al armenio, árabe y etíope. Posteriormente, se encontró entre los primeros libros traducidos a las lenguas vernáculas europeas, incluido el antiguo alto-alemán, el anglosajón, el inglés antiguo, el inglés medio, el francés antiguo, el provenzal y el islandés.

La versión griega incluía unos cuarenta animales en un delicioso revoltillo. Como es natural, el león, rey de las bestias, era el primero, y sobre él se cuentan tres hechos destacados: usa la cola para borrar sus huellas, de modo que los cazadores no puedan seguirlo; duerme con los ojos abiertos, y el cachorro recién nacido permanece muerto durante tres días hasta que el león padre le da el aliento de la vida. De igual manera, el cuerpo de Cristo estuvo muerto y, como el león recién nacido, permaneció despierto esperando la resurrección al tercer día.
Los animales restantes- lagarto, cuervo nocturno, fénix, abubilla y treinta y pico más-llevan una gran carga moral. Ninguno es más vivaz que el «león hormiguero», nacido de la anti- natural unión de un león y una hormiga, que está condenado a morir de hambre porque la naturaleza de la hormiga no le permite comer carne, y la naturaleza del león hace que se abstenga de comer plantas. Y al igual que esta bestia, nadie que pretenda servir a Dios y al diablo podrá sobrevivir.
En aquellos tiempos, auténticos artistas, a mano y de manera artesanal, editaban libros en miniatura que eran únicos y en ellos, reproducían las recetas de Dioscórides que eran muy populares y todos acudían a ellas para sanar esta o aquella enfermedad.
El capítulo es tan largo que lo he tenido que dejar aquí por falta de tiempo para transcribirlo entero.
Que os guste recordar aquel pasado que, como tantos otros, nos trajeron aquí.
¿Mi gran pasión aparte de los sentimientos? ¡La Lectura! Una carga pesada que llevo dentro de mí, me empuja a tratar de saber todo lo misterioso que la Naturaleza esconde. Nunca podremos saberlo todo. Sin embargo, cada nuevo descubrimiento que llega a nuestras mentes nos hace más grande, más natural, más autico y nos enseña que, lo que realmente vale en esta vida es el amor de la familia, poder dormir con los pensamientos en paz. no equivocar el camino dejando de lado lo realmente valioso para sumergirnos en un “mundo” de valores ficticios de simples cosas materiales.
Mientras me queden fuerzas, seguiré buscando respuestas.
Emilio Silvera Vázquez
















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