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¡Cuidado!

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en General    ~    Comentarios Comments (0)

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¿Hasta donde podemos llegar? No dejamos de darle más y más atributos a eso que llamamos Inteligencia Artificial.  Algunos hablan de darle a estos “ingenios artificiales” hasta Consciencia de Ser. ¿Estamos locos?

¿Hasta donde llegaremos? Dejaremos que lo artificial supla lo que hacemos los seres humanos?

Habrá que poner límites, crear normas, impedir el que se puedan traspasar ciertas líneas.

¿Qué la Inteligencia Artificial puede ser muy buena para nosotros y podría venir a simplificarnos el trabajo para convertirse en una herramienta inestimable? Desde luego que sí. Sin embargo, a cada paso que podamos dar en esa dirección, habrá que medir muy detenidamente las consecuencias de cada “poder” que le estemos dando.

Existe un consenso creciente entre expertos, investigadores y organismos internacionales de que sí, la humanidad está delegando en la Inteligencia Artificial (IA) poderes y responsabilidades que, si no se gestionan con una gobernanza estricta, podrían perjudicarnos en el futuro.

La preocupación no radica únicamente en escenarios de ciencia ficción, sino en la autonomía creciente de los sistemas actuales y su integración en tareas críticas.

El mayor temor a largo plazo es que sistemas más inteligentes que los humanos desarrollen objetivos propios que no coincidan con los nuestros, haciendo imposible su desactivación. Si una IA avanzada se desalinea de los valores humanos, sus acciones podrían tener consecuencias fatales.

Se están desarrollando armas capaces de seleccionar y atacar objetivos sin intervención humana, lo que plantea riesgos de masacres o escaladas bélicas incontrolables. Asimismo, la IA aumenta la capacidad de cometer ciberataques a gran escala.

La dependencia excesiva de la IA para tomar decisiones (desde diagnósticos médicos hasta decisiones financieras) puede debilitar la capacidad de pensamiento crítico, creatividad e intuición humana.

La IA avanzada puede ser utilizada para generar campañas de desinformación masiva, manipular la opinión pública y afectar elecciones, socavando la democracia y la cohesión social.

Al entrenarse con datos históricos, la IA puede reproducir y amplificar sesgos raciales, de género o económicos, perpetuando injusticias en sistemas de contratación, justicia o préstamos.

La automatización acelerada por IA podría provocar un desplazamiento masivo de trabajadores y aumentar la desigualdad económica.

Es necesario establecer “líneas rojas”, regulaciones internacionales y marcos éticos que aseguren que la IA se mantenga bajo supervisión humana y sirva para potenciar, en lugar de reemplazar, la capacidad humana.

Aunque algunos argumentan que existe “paranoia” y que los usuarios aún mantienen control, el debate actual se centra en cómo equilibrar la innovación con la seguridad. Sin embargo, lo cierto es que se nos está escapando de las manos.

Si este es el Futuro que nos espera…

¡Nuestros abuelos, sin tantos adelantos, vivían mucho mejor y más tranquoilos!

 


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