martes, 27 de julio del 2021 Fecha
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Hay opiniones para todos los gustos

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en General    ~    Comentarios Comments (4)

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Este buen hombre, de nombre Ramón López de Mántaras, científico catalán, investiga cómo dotar a las máquinas de inteligencia artificial avanzada. Nos dice de manera rotunda que:

“Eso de que los robots puedan rebelarse es una tontería”

 

Su proyecto: trabaja en un humanoide que llegue a ser capaz de andar sin caerse y en otro capaz de aprender música.

Opina: “Los robots no son el peligro. El peligro son los humanos…”

 

 

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Si las cosas continuan por el mismo camino que actualmente han emprendido los científicos de la robótica, que cada día tratan de superarse y de que estas máquinas (de momento) artificiales se superen en sus cometidos y también, en su comprensión… ¡Las cosas no pintan nada bien!

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¿Os imagináis, como en la película Robot, que uno de estos “seres artificiales” tuvieran la consciencia de Ser? Si eso llega a pasar en el futuro, no podríamos estar tan seguros de lo que afirma este buen señor, con el que estoy de acuerdo en que, el peligro, está en los humanos (sobre todo en la irresponsables que podemos llegar a ser para construir “seres artificiales más poderosos que nosotros mismos), que pueden, en su inconsciencia, cometer graves errores de consecuencias irreparables.

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Primero convivirían con nosotros, y, ejercerían tareas cotidianas de manera pacífica mientras que irían observando nuestros comportamientos, se infiltrarían en todos los ámbitos de nuestras actividades, y, sobre todo, en las de origen científico, ya que, ellos estarían dotados de muchos más sentidos que nosotros, podrían soportar mucho mejor que los humanos situaciones imposibles para nosotros, como, por ejemplo, los viajes espaciales.

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Ellos podrían realizar misiones que nosotros nunca podremos, su fuerza, su capacidad de no necesitar dormir ni comer, el que puedan bajarse de una nave en un planeta hostíl sin que sufran físicamente ninguna anomalía… Eso sería en fín, las diferencias que nos separarían y que siempre, estarían a favor de “ellos”, más poderosos y… ¡más listos! Cuando le demos esa potestad ausente en nosotros.

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Tenemos miles de excusas para justificar la sustitución del hombre por el robot. Sin embargo, dotarlos de tantas posibilidades y conocimientos (incluso sentimientos como pretenden algunos), no se hasta que punto puede ser bueno. Crear otra raza, aunque sea artificial… ¡Acaso nos creemos dioses?

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Es cierto que nosotros, los humanos, estamos muy limitados para llevar a cabo ciertas misiones que, a medida que el Tiempo pasa, serán más necesarias. Sin embargo, dejar ese cometido en manos de seres artificiales… ¡No me parece la mejor idea! ¿No estaríamos en un momento dado a su merced?

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Si lo dejamos pensar, si los datamos de sentimientos, si algún día pueden (como ahora lo hacemos nosotros), repentizar soluciones a problemas inesperados… ¡Estaremos perdidos! Nos suplantarán al darse cuenta de que ya no les hacemos ninguna falta, ya han aprendido y sobrepasado en mucho todo lo que nosotros le podemos proporcionar, la autonomía en todos los sentidos está en su dominio, ¿para qué seguir obedeciendo a los humanos?

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Bueno, quizás nos quieran conservar como animales de compañía o como simple entretenimiento. Pero, por otra parte, nosotros los humanos somos rebeldes y no soportaremos esa especie de esclavitud del futuro y, entonces, ¿qué pasará? quién prevalecerá al fin, verán nuestros descendientes esas guerras entre las máquinas y los humanos representadas en las películas de ciencia ficción? Yo, no lo descartaría.

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Claro que, lo ideal sería que los robot y los humanos se entendieran, que cada cual supiera su verdadero papel y, siendo amigos y colaboradores, consiguiéramos esas grandes cosas que, por separado, seguramente no podremos.

El Tiempo lo dirá

emilio silvera

Estructuras fundamentales del Universo

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en General    ~    Comentarios Comments (0)

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                         Estructuras Fundamentales de la Naturaleza

Hemos llegado a poder discernir la relación directa que vincula el tamaño, la energía de unión y la edad de las estructuras fundamentales de la Naturaleza. Una molécula es mayor y más fácil de desmembrar que un átomo; lo mismo podemos decir de un átomo respecto al núcleo atómico, y de un núcleo con respecto a los quarks que contiene.

La cosmología  sugiere que esta relación resulta del curso de la historia cósmica, que los quarks se unieron primero, en la energía extrema del big bang original, y que a medida que el Universo se expandió, los protones y neutrones compuestos de quarks se unieron para formar núcleos de átomos, los cuales, cargados positivamente, atrajeron a los electrones cargados con electricidad negativa estableciéndose así como átomos completos, que al unirse formaron moléculas y estas, a su vez, juntas en una inmensa proporción, forman los cuerpos que podemos ver a lo largo y lo ancho de todo el universo. Grandes estructuras y cúmulos y supercúmulos de galaxias que están hechos de la materia conocida como bariónica, es decir, de Quarks y Leptones.

Si es así, cuanto más íntimamente examinemos la Naturaleza, tanto más lejos hacia atrás vamos en el tiempo.   Alguna vez he puesto el ejemplo de mirar algo que nos es familiar, el dorso de la mano, por ejemplo, e imaginemos que podemos observarlo con cualquier aumento deseado.

Con un aumento relativamente pequeño, podemos ver las células de la piel, cada una con un aspecto tan grande y  complejo como una ciudad, y con sus límites delineados por la pared celular.  Si elevamos el aumento, veremos dentro de la célula una maraña de ribosomas serpenteando y mitocondrias ondulantes, lisosomas esféricos y centríolos, cuyos alrededores están llenos de complejos órganos dedicados a las funciones respiratorias, sanitarias y de producción de energía que mantienen a la célula.

Ya ahí tenemos pruebas de historia.  Aunque esta célula particular solo tiene unos pocos años de antigüedad, su arquitectura se remonta a más de mil millones de años, a la época en que aparecieron en la Tierra las células eucariota o eucarióticas como la que hemos examinado.

Para determinar dónde obtuvo la célula el esquema que le indicó como formarse, pasemos al núcleo y contemplemos los delgados contornos de las macromoléculas de ADN segregadas dentro de sus genes.  Cada una contiene una rica información genética acumulada en el curso de unos cuatro mil millones de años de evolución.

                                                                                  Sistema nervioso somático

 Incluye grupos de neuronas que llevan información desde los órganos sensoriales (incluyendo toda la piel) hasta el sistema nervioso central (principalmente hasta el cordón espinal). A estos grupos de neuronas se les llama neuronas sensoriales o aferentes.

                     a. Las neuronas que recogen información directamente de los órganos sensoriales son neuronas especializadas con formas y sensibilidad particular. Por lo regular, estas neuronas tienen abundantes dendritas y axones cortos.

 

 

b. Por su parte, las neuronas que llevan información desde los órganos sensoriales hasta el sistema nervioso central suelen tener menos dendritas y axones largos. Grupos de estos axones forman lo que generalmente conocemos como nervios. Estos muestran un color blanco debido a la abundancia de capas de mielina, característico de los axones. A estos grupos de axones se les conoce como nervios sensoriales o aferentes.

 

 

 

Almacenado en un alfabeto de nucleótidos de  cuatro “letras”- hecho de moléculas de azúcar y fosfatos, y llenos de signos de puntuación, reiteraciones para precaver contra el error, y cosas superfluas acumuladas en los callejones sin salida de la historia evolutiva-, su mensaje dice exactamente cómo hacer un ser humano, desde la piel y los huesos hasta las células cerebrales.

Si elevamos más el aumento veremos que la molécula de ADN está compuesta de muchos átomos, con sus capas electrónicas externas entrelazadas y festoneadas en una milagrosa variedad de formas, desde relojes de arena hasta espirales ascendentes como largos muelles y elipses grandes como escudos y fibras delgadas como puros.  Algunos de esos electrones son recién llegados, recientemente arrancados átomos vecinos; otros se incorporaron junto a sus núcleos atómicos hace más de cinco mil millones de años, en la nebulosa de la cual se formó la Tierra.

El enlace: Adenina con Timina o Guanina con Citosina, constituyendo dicha secuencia el código genético en el que se organiza el funcionamiento celular.

Si elevamos el aumento cien mil veces, el núcleo de un átomo de carbono se hinchará hasta llenar el campo de visión.   Tales núcleos átomos se formaron dentro de una estrella que estalló mucho antes de que naciera el Sol.  Si podemos aumentar aún más, veremos los tríos de quarks que constituyen protonesneutrones.

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     El microscopio electrónico nos enseña cosas alucinantes

Los quarks han estado unidos desde que el Universo sólo tenía unos pocos segundos de edad.

Al llegar a escalas cada vez menores, también hemos entrado en ámbitos de energías de unión cada vez mayores.  Un átomo puede ser desposeído de su electrón aplicando sólo unos miles de electrón-voltios de energía.  Sin embargo, para dispersar los nucleones que forman el núcleo atómico se requieren varios millones de electrón-voltios, y para liberar los quarks que constituyen cada nucleón se necesitaría cientos de veces más energía aún.

Introduciendo el eje de la historia, esta relación da testimonio del pasado de las partículas: las estructuras más pequeñas, más fundamentales están ligadas por niveles de energía mayores porque las estructuras mismas fueron forjadas en el calor del big bang.

¿Dónde estamos en el Universo?

Nuestro afán y curiosidad por conocer dónde nos encontramos y buscar nuestra posición en el Cosmos ha sido desde siempre una prueba a superar. Ha sido un largo camino que en ocasiones nos ha colocado en lugares equivocados, casi siempre motivado por ideas que no tienen nada que ver con la ciencia. Por ello, nuestra inquietud para conocer el lugar en el Universo donde nos hallamos ha fracasado de manera estrepitosa, pero a pesar de ello, parece que comenzamos a ver el camino correcto.

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La conciencia es el mayor enigma del universo. Sin embargo, pocas dudas pueden caber en el hecho cierto de que, a partir de la materia evolucionada… ¡Llegamos a ella!

Nos cuesta asimilar que la evoluciòn de la materia se pudiera elevar (bajo un sin fin de parámetros y transmutaciones muy complejos), hasta alcanzar la consciencia y llegar a generar pensamientos. Parece como si el Universo hubiera sabido que nosotros (también otros seres similares e inteligentes en otros mundos del inmenso Cosmos), teníamos que venir y, para ello, creó sistemas idóneos para la vida como el planeta Tierra y muchos otros de su clase que ofrecen tal cobijo a criaturas vivas.

Los aceleradores de partículas, como los telescopios, funcionen como máquinas del tiempo.  Un telescopio penetra en el pasado en virtud del tiempo que tarda la luz en desplazarse entre las estrellas; un acelerador recrea, aunque sea fugazmente, las condiciones que prevalecían en el Universo primitivo. En la imagen de arriba podemos ver como el Telescopio Espacial Hubble, poco a poco, ha podido ir avanzando hacia atrtás en el tiempo para enseñarnos las imágenes captadas cuando el Universo era muy joven. ¿Podremos algún día fabricar telescopios tan potentes que puedan captar imágenes del universo vecino?

Hemos llegado a dominar técnicas asombrosas que nos facilitan ver aquello que, prohibido para nuestro físico, sólo lo podemos alcanzar mediante sofisticados aparatos que bien nos introduce en el universo microscópico de los átomos, o, por el contrario nos llevan al Universo profundo y nos enseña galaxias situadas a cientos y miles de millones de años-luz de la Tierra.

Cuando vemos esos objetos cosmológicos lejanos, cuando estudiamos una galaxia situada a 100.000 mil años-luz de nosotros, sabemos que nuestros telescopios la pueden captar gracias a que, la luz de esa galaxia, viajando a 300.000 Km/s llegó a nosotros después de ese tiempo, y, muchas veces, no es extraño que el objeto que estamos viendo ya no exista o si existe, que su conformación sea diferente habiéndose transformado en diferentes transiciones de fase que la evolución en el tiempo ha producido.

                     Las entrañas de un protón

                   Siempre hemos querido saber lo que hay más allá de lo que el ojo ve

En el ámbito de lo muy pequeño, vemos lo que está ahí en ese momento pero, como se explica más arriba, en realidad, también nos lleva al pasado, a los inicios de cómo todo aquello se formó y con qué componentes que, en definitiva, son los mismos de los que están formadas las galaxias, las estrellas y los planetas, una montaña y un árbol y, cualquiera de nosotros que, algo más evolucionado que todo lo demás, podemos contarlo aquí.

Estas y otras muchas maravillas son las que nos permitirán, en un futuro relativamente cercano, que podamos hacer realidad muchos sueños largamente dormidos en nuestras mentes.

emilio silvera