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Los Misterios de la Tierra IV
por Emilio Silvera ~
Clasificado en Astronomía y Astrofísica ~
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Encuentros espaciales
En nuestro Universo todo es energía, desde el vuelo del colibrí hasta la rotación de los planetas, la luminosidad de las estrellas, el frenético giro de los púlsares que como faros cósmicos lanzan sus rayos luminosos al Espacio interestelar, o, un simple embarazo. La Energía siempre está presente.

La más destructiva intensificación temporal de los normalmente suaves flujos de energía geotectónica – erupciones volcánicas o terremotos extraordinariamente potentes – o de energía atmosférica – vientos o lluvias anormalmente intensas –, parecen irrelevantes cuando se comparan con las repetidas colisiones del planeta con cuerpos extraterrestres relativamente grandes.
Revisión: Polvo cósmico, origen, especie, composición.

El polvo cósmico es un componente fundamental del universo, compuesto por diminutas partículas sólidas que flotan en el medio interestelar e interplanetario. Estas partículas son esenciales para la formación de estrellas, planetas y, en última instancia, son la materia prima de la que estamos hechos.
Polvo cósmico y capas extrañas de tierra antigua:

El polvo cósmico y las capas extrañas de tierra antigua son componentes fundamentales para entender la formación del sistema solar y la historia de la Tierra. Este material, que cae constantemente sobre nuestro planeta, contiene información sobre el origen de las estrellas, la formación de planetas y, posiblemente, los orígenes de la vida.
El polvo cósmico en la Tierra se encuentra con mayor frecuencia en ciertas capas del fondo del océano, capas de hielo de las regiones polares del planeta, depósitos de turba, lugares inaccesibles del desierto y cráteres de meteoritos. El tamaño de esta sustancia es inferior a 200 nm, lo que hace que su estudio sea problemático.
Las corrientes de polvo cósmico atacan constantemente la superficie de la Tierra.
En un estudio publicado recientemente en la revista Geology, los expertos británicos revelaron que alrededor de 16 toneladas de meteoritos caen cada año a la Tierra en pequeños fragmentos de más de 50 gramos.
La Tierra está siendo bombardeada continuamente por invisibles partículas microscópicas de polvo muy abundantes en todo el Sistema Solar, y cada treinta segundos se produce un choque con partículas de 1 mm de diámetro, que dejan un rastro luminoso al autodestruirse en la atmósfera. También son relativamente frecuentes los choques con meteoritos de 1 metro de diámetro, que se producen con una frecuencia de, al menos, uno al año.
Pero los impactos, incluso con meteoritos mayores, producen solamente efectos locales. Esto es debido a que los meteoritos que deambulan por la región de asteroides localizada entre Marte y Júpiter están girando alrededor del Sol en el mismo sentido que la Tierra, de manera que la velocidad de impacto es inferior a 15 Km/s.
En Arizona, entre las ciudades de Winslow y Winona, muy cerca de la vieja Ruta 66, a 35 km al este de Flagstaff se encuentra el Barringer Cráter, tal vez el cráter más famoso causado por un meteorito.


El cráter de Arizona, casi perfectamente simétrico, se formó hace 25.000 años por el impacto de un meteorito que iba a una velocidad de 11 Km/s, lo que representa una potencia cercana a 700 PW. Estas gigantescas liberaciones de energías palidecen cuando se comparan con un choque frontal con un cometa típico. Su masa (al menos de 500 millones de toneladas) y su velocidad relativa (hasta 70 Km/s) elevan su energía cinética hasta 1022 J. Aunque se perdiera un diez por ciento de esta energía en la atmósfera, el impacto sería equivalente a una explosión de unas 2.500 bombas de hidrógeno de 100 megatones. Está claro que un fenómeno de estas características produciría impresionantes alteraciones climatológicas. Sin embargo, no es seguro y sí discutible que un impacto parecido fuese la causa de la extinción masiva del cretácico, siendo lo más probable, si tenemos en cuenta el periodo relativamente largo en que se produjo, que se podría explicar por la intensa actividad volcánica de aquel tiempo.
La frecuencia de impactos sobre la Tierra disminuye exponencialmente con el tamaño del objeto.
Aproximadamente, cada cincuenta o sesenta millones de años se produce una colisión con un cometa, lo que significaría que la biosfera, que ha evolucionado durante cuatro mil millones de años, ha debido superar unos cuarenta impactos de este tipo. Está claro que ha salido airosa de estas colisiones, ya que aunque haya sido modificada, no ha sido aniquilada.

Las supernovas más cercanas al Sistema solar, han incidido en la Biosfera del planeta Tierra
Igualmente, la evolución de la biosfera ha sobrevivido a las explosiones altamente energéticas de las supernovas más “cercanas”. Dado que en nuestra galaxia se produce por término medio la explosión de una supernova cada 50 años, el Sistema Solar se encuentra a una distancia de 100 parsecs de la explosión cada dos millones de años y a una distancia menor de 10 parsecs cada dos mil millones de años. En este último caso, la parte alta de la atmósfera se vería inundada por un flujo de rayos X y UV de muy corta longitud de onda, diez mil veces mayor que el flujo habitual de radiación solar, lo que implica que la Tierra recibiría, en unas pocas horas, una dosis de radiación ionizante igual a la que recibe anualmente. Exposiciones de 500 roentgens son setales para la mayoría de los vertebrados y, sin embargo, los diez episodios de esta magnitud que se han podido producir en los últimos 500 millones de años no han dejado ninguna consecuencia observable en la evolución de la biosfera.
Lo cierto es que, ni refugios lunares hemos podido construir
Si suponemos que una civilización avanzada podría preparar refugios para la población durante el año que transcurre ente la llegada de la luz y la llegada de la radiación cósmica, se encontraría con la inevitable dosis de 500 roentgens cada mil millones de años, tiempo suficiente para permitir el desarrollo de una sociedad cuyo conocimiento le sirviera para defenderse de un flujo tan extraordinario y de consecuencias letales.
La fotosíntesis:

La conocida ecuación básica que describe la reacción endotérmica por la cual se sintetiza una molécula de glucosa a partir de sus seis moléculas de CO2 y H2O, y 2’8 MJ de radiación solar, es una simplificadísima caja negra. Una caja negra más realista sería la siguiente:
106 CO2 + 90 H2O + 16 NO3 + PO4 + nutrientes minerales + 5’4 MJ de radiación = 3’258 g de protoplasma (106 C, 180 H, 46 O, 16 N, 1 P y 815 g de cenizas minerales) + 154 O2 + 5’35 MJ de calor disipado.
Los mecanismos de la Tierra para mantenerse “viva” y reciclarse periódicamente, son complejos y en ellos están presentes energías asombrosas. Y, a veces resultan engañoasos porque dan la sensación de que han venido a destruir. Sin embago, cuando con más calma estudiamos los resultados, vemos con asombro que han venido a crear.
La geotectónica


El estudio de la corteza terrestre

Las plumas de magma que perfotan la litosfera y crrean focos calientes y duraraderos asociados a los volcanes.
Los grandes accidentes de la superficie terrestre (el fondo marino, los continentes y sus cordilleras) han sido generados por el imparable movimiento de los rígidos bloques de la litosfera. Las grandes placas oceánicas divergen en las crestas dorsales oceánicas, donde surge el magma creando nueva corteza basáltica, que se desliza a lo largo de fallas hasta que finalmente chocan con los bordes continentales donde se hunden en profundas fosas, zonas de subducción, para ser recicladas en el manto. Aunque el recorrido entre la dorsal y la fosa se completa en 107 años, algunas zonas continentales permanecen muy estables, estando cubiertas por rocas cuya edad es casi veinte veces la edad de las más antiguas cortezas marinas, que a su vez, datan de unos doscientos millones de años.
Dondequiera que choquen las relativamente rápidas placas tectónicas oceánicas con las enormes placas continentales, se forman cadenas montañosas en continua elevación. Los ejemplos más espectaculares se subducción y formación montañosa son, respectivamente, la placa del Pacífico sumergiéndose en las profundas fosas del Asia oriental, y el Himalaya, que se eleva por el choque de las placas índica y euroasiática.



En otras zonas de la litosfera, la afloración de rocas calientes del mando debilita inicialmente y agrietan posteriormente la corteza continental, hasta que finalmente, formando nueva corteza oceánica, separan los continentes. Ejemplos de diversos estadios de este proceso son el Mar Rojo, el golfo de Adén y las fracturas del Valle del Rift, en el este de África.

“El Gran Valle del Rift es una gran fractura geológica cuya extensión total es de 4830 kilómetros en dirección norte-sur. Aunque generalmente se habla de este valle para referirse sólo a su parte africana, desde Yibuti a Mozambique, lo cierto es que el mar Rojo y el valle del río Jordán también forman parte de él. Comenzó a formarse en el sureste de África (donde es más ancho) hace unos 30 millones de años y sigue creciendo en la actualidad, tanto en anchura como en longitud, expansión que con el tiempo se convertirá en una cuenca oceánica (de hecho, ya lo es en la zona del mar Rojo gracias a su comunicación con el océano Índico). Los constantes temblores de tierra y emersiones de lava contribuyen a este crecimiento y, de seguir a este ritmo, el fondo del valle quedará inundado por las aguas marinas de forma total dentro de 10 millones de años.[cita requerida] Con ello, la placa somalí se habrá desgajado de la placa africana formando un subcontinente distinto que procederá a separarse más aún de África y el valle formará un nuevo mar.”
Este proceso de separación continental parece ser bastante regular. Se observan periodos de formación montañosa por compresión en el intervalo de cuatrocientos a quinientos millones de años, a los que sigue, unos cien millones de años más tarde, un resurgir de la rotura. Esta secuencia se repite en un ciclo supercontinental en el que se alterna la separación de grandes zonas continentales con su agrupamiento.

Las plumas de magma que perforan la litosfera también crean focos calientes duraderos que están asociados a los volcanes. Las islas Hawai y la cadena de montañas oceánicas que se extienden desde ellas hasta Kamchatka constituyen la manifestación más espectacular de focos calientes que surgen en medio de la veloz placa del Pacífico, entre los que actualmente se encuentran los ríos continuos de lava del volcán Kilauea y la lenta creación de la futura isla hawaiana de Loihi.
Las enormes plumas de magma que afloran desde las capas profundas del mano han dado origen a grandes superficies de lava, la mayor de las cuales es la meseta oceánica de Ontong Java, que cubre dos millones de kilómetros cuadrados, y la meseta del Decán y la siberiana, que son las mayores formaciones basálticas continentales. La generación de estas extensas formaciones afecta de manera importante a la composición de la atmósfera debido a las grandes emisiones de CO2 y SO2 que las acompañan, y que causan elevaciones de la temperatura troposférica y lluvias ácidas, con los consiguientes efectos cruciales en la biota.


Plumas de magma que poerforan la Tierra
Los procesos energéticos de la geotectónica terrestre son complejos. Incluso resulta todavía incierta la contribución relativa de las fuerzas involucradas en el movimiento de las placas tectónicas. Las dos fuerzas más importantes están asociadas a la convección del material caliente del manto y al hundimiento de las zonas frías, con flotabilidad negativa, de la litosfera oceánica en las zonas de subducción. Este último proceso es debido a diferencias de densidad, máxima a una profundidad de doscientos o trescientos kilómetros, que generan un momento de fuerzas en el manto viscoso responsable de la principal fuerza convectiva.

Las velocidades de las placas, al ser estudiadas, se observa que las que cuentan con una mayor proporción de sus bordes en zonas de subducción se mueven a velocidades de 60 a 90 kilómetros por millón de años, mientras que la velocidad de las placas en las que no hay hundimiento de bloques es inferior a 40 kilómetros por millón de años.
Sin embargo, la contribución de la emisión de material del manto no es despreciable, ya que la considerable energía potencial gravitatoria de extensas zonas de rocas calientes hace que se genere nueva corteza marina en las dorsales oceánicas con una velocidad que es, al menos, tres veces superior a la velocidad con que se genera en los planos abisales.
La combinación de ese “tirar” a lo largo de las zonas de subducción y de “empujar” en las dorsales da lugar a velocidades, para las placas más rápidas, de aproximadamente 20 cm/año durante cortos periodos de tiempo. Entre estas placas que se mueven rápidamente se encuentran no sólo los pequeños bloques como Nazca y Cocos, sino también la enorme placa del Pacífico, lo cual indica que la fuerza de arrastre del manto, proporcional al área y a la velocidad, debe ser relativamente pequeña.
La mayor parte del flujo de calor que se ha medido en la Tierra debe atribuirse a la formación de nueva litosfera oceánica.
Los terremotos
La inmensa mayoría de los terremotos se originan en los procesos geotectónicos a gran escala que crean, hacen chocar y hunden en las zonas de subducción, las placas oceánicas. No menos del 95 por ciento de todos los terremotos se concentran a lo largo de los bordes de las placas y cerca de nueve décimas partes de éstos se localizan en el cinturón Circum-Pacífico, donde las placas, que son relativamente rápidas, están colisionando o deslizándose contra las placas continentales más pesadas. La mayor parte del resto de terremotos están asociados a los puntos calientes, generalmente señalados por volcanes en actividad.

En conjunto, los terremotos representan una fracción muy pequeña de la energía liberada por los procesos tectónicos de la Tierra. Desde 1.900, en los mayores terremotos se han liberado anualmente una energía media cercana a los 450 PJ, que no supone más del 0’03 por ciento del flujo total de calor terrestre. La liberación anual de energía sísmica de todos los terremotos que se han medido alcanza unos 300 GW, que sumada a la energía de esfuerzo invertida en deformaciones irreversibles y al calor generado por fricción a lo largo de las fallas, daría un total próximo a 1 TW, lo cual representa solamente un 2’5 por ciento del flujo de calor global.
Pero este recuento total nos dice poco de la liberación de energía y de la potencia de un solo terremoto. Aunque la mayoría son tan débiles que pasan desapercibidos para las personas, cada año se producen terremotos terriblemente destructivos, que durante el siglo XX han causado más víctimas mortales que las inundaciones, ciclones y erupciones volcánicas juntas.
La energía de estos terremotos se puede calcular a partir de la energía cinética de las ondas sísmicas generadas por la energía liberada en el esfuerzo de la deformación del suelo, pero rara vez se realizan estos cálculos directamente. Lo más frecuente es deducir la energía del terremoto a partir de la medida de su magnitud o de su momento. La medida típica de la magnitud de un terremoto fue establecida por Charles Richter en 1.935, como el logaritmo decimal de la máxima amplitud (en micrómetros) registrada con un sismómetro de tensión estándar (Word-Anderson) a 100 Km de distancia del epicentro del temblor.

Desde que en 1.942, Richter publicó la primera correlación entre la magnitud de energía sísmica liberada en un temblor, su trabajo (como por otra parte, es de lógica) ha sufrido numerosas modificaciones. La conversión sigue la forma estándar log10 E = a + bM, donde E es la energía liberada en forma de ondas sísmicas (en ergios), M es la magnitud de Richter, y a y b son los coeficientes empíricos que varían entre 6’1 – 13’5 y 1’2 – 2 respectivamente. Otras conversiones alternativas permiten obtener la energía liberada a partir del momento del terremoto, que se define como el producto de la rigidez por el desplazamiento medio de la falla y por la superficie media desplazada.

“El terremoto que inició en la falla de San Andrés y que sacudió a la ciudad de San Francisco, California, el 18 de abril de 1906, continúa siendo recordado debido a la enorme magnitud de los daños que provocó. Tuvo una intensidad de entre 7.9 y 8.6 grados, y prácticamente hizo pedazos la ciudad. Los daños se debieron no sólo al movimiento telúrico, sino también a un impresionante incendio que tuvo lugar como consecuencia y que superó en pérdidas humanas al propio sismo. Luego de la catástrofe, 500 manzanas de la ciudad estaban completamente destruidas. El movimiento también afectó otras localidades, tales como San José, Santa Rosa, Los Ángeles, San Juan Bautista e incluso lugares más lejanos, como Nevada.”
Los mayores terremotos registrados tienen magnitudes Richter comprendidas entre 8 y 8’9, con liberación de energía sísmica entre 48 PJ y 1’41 EJ. Todos hemos oído en alguna ocasión algún comentario sobre el terremoto de San Francisco de 1.906, donde los cálculos basados en tres métodos utilizados en el esfuerzo dieron valores tan distintos como 9’40 y 175 PJ, y con método cinético se obtuvo 2’5 PJ.


Los terremotos, por ser a la vez de breve duración y estar limitados espacialmente, desarrollan potencias y densidades de potencia extraordinariamente altas. La potencia de un temblor de magnitud 8 en la escala de Richter que durase solamente medio minuto, sería de 1’6 PW, y si toda esta potencia estuviera repartida uniformemente en un área de 80 Km de radio, la densidad de potencia sería tan elevada como 80 KW/m2.
Obviamente, tales flujos pueden ser terriblemente destructivos, pero ni las pérdidas de vidas humanas ni los daños materiales que ocasionan los temblores están correlacionados de una manera sencilla con la energía liberada. La densidad de población o de industrias, así como la calidad de las construcciones, constituyen un factor muchísimo más importante para determinar la mortandad o el impacto económico de los mismo. Por ejemplo, el coste en vidas humanas del gran terremoto japonés que en 1.923 arrasó Tokio, donde existía una alta densidad de casas de madera, fue unas 200 veces más elevado que el terremoto de San Francisco de 1.906 en el que se liberó cuatro veces más energía. También aquí salen perdiendo, como siempre, los pobres.
Por otra parte, no podemos olvidar que la superficie del globo terrestre está dominada por las aguas, y los seres humanos viven en la Tierra seca. Sin embargo, vienen los tsunamis. La predicción de estas catástrofes continúa siendo imposible. Se tienen datos, se localizan las zonas de más frecuencia, y conocen las fallas de desgarre y las inversas, los ciclos, etc., pero el conocimiento es aún escaso para prevenir dónde y cuándo se producirán temblores.

Las olas sísmicas que se pueden provocar por terremotos submarinos se propagan durante miles de kilómetros a velocidades de 550 – 720 Km/h, perdiendo en su viaje muy poca potencia. Estas olas, prácticamente invisibles en el mar, se levantan hasta una altura de 10 metros en agua poco profundas y pueden llegar a golpear las costas con intensidades de potencia en superficie vertical de hasta 200 – 500 MW/m2, y con impactos horizontales de intensidad y potencia entre 10 – 100 MW/m2. Son, pues, mucho más potentes que los ciclones tropicales y causan grandes daños tanto materiales como en pérdida de vidas humanas.
Hemos sido acogidos por en un Ente “vivo” que llamamos Tierra, y, gracias a sucesos como los que más arriba he contado, podemos estar aquí, es nuestra “casa”, y, pensar en mudarnos a otro mundo, nos deja al descubierto una serie de imposibilidades que, nos lleva a desechar la idea casi antes de haberla tenido.
En la Serie Misterios de la Tierra que he ido publicando aquí, se cuenta como es nuestro Mundo y las leyues que lo tigen.
Emilio Silvera V.
















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el 28 de abril del 2010 a las 9:09
Es curioso comprobar como en nuestro sistema solar, pese a llevar de vida 4.500 millones de años, aún pululan por su espacio multitud de meteoritos, restos aún de la constitución del sistema.
Es fácil imaginarse a otros sistemas solares recién creados; la abundancia de meteoritos y otros cuerpos menores debe ser enorme, ya que pese a que los cuerpos grandes ideben interceptar contínuamente matereia que deambula por el espacio, es tal la cantidad que se necesitan muchos millones de años para limpiar la zona de “escombros”.
Y en esas condiciones, la posibilidad de una civilización avanzada debe ser mínima, ya que los contínuos choques contra todos los planetas haría imposible cualquier organización superior.
Esa creo que debe ser una de las razones por las que la vida avanzada debiera encontrarse únicamente en sistemas solares cuya estrella se encuentre en su secuencia principal a pleno rendimiento; de la clase enana amarilla como nuestro sol o enana naranja o blanca, todas ellas de una gran estabilidad y larga vida; en las estrellas más grandes la vida debe ser mucho más difícil de que perdure, aunque solo fuera por los meteoritos, pero también por la corta vida de esas estrellas; si bien supongo que podrían existir excepciones y poderse desarrollar una cierta civilización, que no obstante tendría sus días contados.
También esos meteoritos podrían ser un peligro añadido en futuras colonizaciones humanas, sobre todo a los gigantes gaseosos, ya que esas zonas se supone que se encuentren llenas de meteoritos atraidos por la gran masa de los planetas, y muchos de ellos podrán chocar contra las lunas.
el 28 de abril del 2010 a las 9:35
Estimado Kike, tiene razon e intuicion al ver como se pueden desarrollar los comienzos de los sistemas planetarios en los que, en verdad, el riego de caida de meteoritos de considerable tamaño es muy grande y se necesita un tiempo para que las cosas se calmen.
Recuerdo un Modelo por ordenador que se preparo en el Grupo Especializado de Astroficia de la RSEF. Se introdujeron todas las condiciones iniciales que cabian esperar al comienzo de un Sistema Solar y, desde luego, la caida de objetos venidos del espacio hacia los planetas y lunas del sistema es de un alto grado.
Nosotros, sabemos el indice de caidas en nuestro propio planeta que, al tener una atmosfera solo deja pasar aquellos de ciertta importancia. Sin embargo, las lunas de nuestra vecindad, nos enseñan las huellas dejadas en su superficie que es la mejor muestrta de lo que dices.
Por otra parte, para que la vida perdure en un planeta, aparte de que este se encuentre en la zona habitable reuniendo todas las condiciones exigidas para su emergencia biologica, es necesario (diria que imprescindible) que, la estrella que lo alumbra, sea del tipo que mencionas ya que, en otras estrellas, no tendrian tiempo suficiente para que la evolucion les llevara hasta el estadio en el que hoy nos encontramos nosotros. Ten en cuenta que la vida primitiva aparecio en la Tierra cuando esta solo tenia unos mil millones de años y, ha necesitado tres mil millones mas para que nosotros podamos estar ahora aqui, y, tal cosa, en una estrella masiva no podria ocurrir ya que, como bien dices, su ciclo de vida es mas corto y el parametro de radiacion…muy nosivo.
De ahi el empeño en buscar planetas Tierras en estrellas similares a nuestro Sol.
el 20 de marzo del 2021 a las 18:45
Sí, amigos míos, la Tierra está “Viva”, eso nos induce a pensar todos los parámetros de los que se sirve para llevar a cabo los cambios que al parecer les conviene en cada momento, y, los lleva a cabo para regularizar las cosas y que nada cambie. Es como un pequeño juego que se trae en el que prevalece lo general a lo particular, lo grande a lo pequeño.
El planeta Tierra, la Gaia de James Lovelock y de Linn Margulis, funciona como si supiera lo que hace en cada momento, y, los fenómenos naturales a los que tanto tememos y que, de manera intermitente se producen en alguna región del mundo, en realidad, si nos paramos a pensar y estudiar detenidamente los hechos, siempre ocurren por alguna razón determinada que, finalmente y a la larga, es positivo para el planeta y, de paso, para todos los seres vivos que en el se cobijan.
Los personajes que antes mencionaba, los de GAIA, decían que, el planeta Tierra en su totalidad, incluyendo seres vivos, océanos, rocas, atmósfera, temperatura interna, los polos… ¡Funciona como un super-organismo que modifica activamente su composición interna para reglar la externa y asegurar su supervivencia. Con más detalles lo podéis ver en este trabajo: