Mar
9
Las estrellas nos trajeron aquí
por Emilio Silvera ~
Clasificado en Astrofísica ~
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Las estrellas brillan en el cielo para hacer posible que nosotros estemos aquí descubriendo los enigmas del Universo y… de la vida inteligente. Venimos y tenemos nuestro origen en las entrañas de las estrellas, allí, en sus “hornos” nucleares, se fabricaron los materiales de los que estamos hechos todos los seres vivos. Y, sin temor a equivocarnos podríamos decir que somos “materia inerte” evolucionada hasta el nivel de la conciencia.
Pero está claro que todo el proceso estelar evolutivo inorgánico nos condujo desde el simple gas y polvo cósmico a la formación de estrellas y nebulosas solares hasta los planetas, la Tierra en particular, en cuyo medio ígneo describimos la formación de las estructuras de los silicatos, desplegándose con ello una enorme diversidad de composiciones, formas y colores, asistiéndose, por primera vez en la historia de la materia, a unas manifestaciones que contrastan con las que hemos mencionado en relación al proceso de las estrellas.
Desde el punto de vista del orden es la primera vez que nos encontramos con objetos de tamaño comparables al nuestro, en los que la ordenación de sus constituyentes es el rasgo más característico.
Al mismo tiempo nos ha parecido reconocer que esos objetos, es decir, sus redes cristalinas “reales”, almacenan información (memoria) que se nos muestra muy diversa y que puede cobrar interés en ciertos casos, como el de los microcristales de arcilla, en los que, según Cairns-Smith, puede incluso llegar a transmitirse.

No es fácil decir que, esa Nebulosa, está conformada por materia inerte, toda vez que, lo que ahí está presente, interacciona y evoluciona conforme a una serie de parámetros que, como las temperaturas y otros la transforman en objetos distintos de lo que ahora son simples gases y riadas de polvo.

Porque, ¿qué sabemos en realidad de lo que llamamos materia inerte? Lo único que sabemos de ella son los datos referidos a sus condiciones físicas de dureza, composición, etc; en otros aspectos ni sabemos si pueden existir otras propiedades distintas a las meramente físicas.
¿No os hace pensar que nosotros estemos hechos, precisamente, de lo que llamamos materia inerte?

Pero el mundo inorgánico es sólo una parte del inmenso mundo molecular. El resto lo constituye el mundo orgánico, que es el de las moléculas que contienen carbono y otros átomos y del que quedan excluidos, por convenio y características especiales, los carbonatos, bicarbonatos y carburos metálicos, los cuales se incluyen en el mundo inorgánico.


Según decía en páginas anteriores, los quarks u y d se hallan en el seno de los nucleones (protones y neutrones) y, por tanto, en los núcleos atómicos. Hoy día, éstos se consideran como una subclase de los hadrones.
La composición de los núcleos (lo que en química se llama análisis cualitativo) es extraordinariamente sencilla, ya que como es sabido, constan de neutrones y protones que se pueden considerar como unidades que dentro del núcleo mantienen su identidad. Tal simplicidad cualitativa recuerda, por ejemplo, el caso de las series orgánicas, siendo la de los hidrocarburos saturados la más conocida. Recordad que su fórmula general es CnH2n+2, lo que significa que una molécula de hidrocarburo contiene n átomos de carbono (símbolo C) y (2n+2) átomos de hidrógeno (símbolo H).


El número de protones y neutrones determina al elemento, desde el hidrógeno (el más simple), al uranio (el más complejo), siempre referido a elementos naturales que son 92; el resto son artificiales, los conocidos transuránicos en cuyo grupo están el einstenio o el plutonio, artificiales todos ellos.
Los núcleos, como sistemas dinámicos de nucleones, pertenecen obviamente a la microfísica y, por consiguiente, para su descripción es necesario acudir a la mecánica cuántica. La materia, en general, aunque presumimos de conocerla, en realidad, nos queda mucho por aprender de ella.
Hablemos un poco de moléculas.

El número de especímenes atómicos es finito, existiendo ciertas razones para suponer que hacia el número atómico 173 los correspondientes núcleos serían inestables, no por razones intrínsecas de inestabilidad “radiactiva” nuclear, sino por razones relativistas. Ya antes me referiría a las especies atómicas, naturales y artificiales que son de unos pocos millares; en cambio, el número de moléculas conocidas hasta ahora comprende varios millones de especímenes, aumentando continuamente el número de ellas gracias a las síntesis que se llevan a cabo en numerosos laboratorios repartidos por todo el mundo.
Una molécula es una estructura con individualidad propia, constituida por núcleos y electrones. Obviamente, en una molécula las interacciones deben tener lugar entre núcleos y electrones, núcleos y núcleos y electrones y electrones, siendo del tipo electromagnético.
Debido al confinamiento de los núcleos, el papel que desempeñan, aparte del de proporcionar la casi totalidad de la masa de la molécula, es poco relevante, a no ser que se trate de moléculas livianas, como la del hidrógeno. De una manera gráfica podríamos decir que los núcleos en una molécula constituyen el armazón de la misma, el esqueleto, cuya misión sería proporcionar el soporte del edificio. El papel más relevante lo proporcionan los electrones y en particular los llamados de valencia, que son los que de modo mayoritario intervienen en los enlaces, debido a que su energía es comparativamente inferior a la de los demás, lo que desempeña un importante papel en la evolución.

Desde las moléculas más sencilla, como la del hidrógeno con un total de 2 electrones, hasta las más complejas, como las de las proteínas con muchos miles de ellos, existe toda una gama, según decía, de varios millones. Esta extraordinaria variedad de especies moleculares contrasta con la de las especies nucleares e incluso atómicas.
Sin entrar en las posibles diferencias interpretativas de estas notables divergencias, señalaré que desde el punto de vista de la información, las especies moleculares la poseen en mucho mayor grado que las nucleares y atómicas.
Dejando aparte los núcleos, la información que soportan los átomos se podría atribuir a la distribución de su carga eléctrica, y en particular a la de los electrones más débilmente ligados. Concretando un poco se podría admitir que la citada información la soportan los orbitales atómicos, pues son precisamente estos orbitales las que introducen diferencias “geométricas” entre los diferentes electrones corticales.


Justamente esa información es la que va a determinar las capacidades de unión de unos átomos con otros, previo el “reconocimiento” entre los orbitales correspondientes. De acuerdo con la mecánica cuántica, el número de orbitales se reduce a unos pocos. Se individualizan por unas letras, hablándose de orbitales s, p, d, f, g, h. Este pequeño número nos proporciona una gran diversidad.
La llamada hibridación (una especie de mezcla) de orbitales es un modo de aumentar el número de mensajes, esto es, la información, bien entendido que esta hibridación ocurre en tanto y en cuanto dos átomos se preparan para enlazarse y formar una molécula.

En términos electrónicos, la información se podría considerar proporcionada por un campo de densidad eléctrica, con valles, cimas, collados, etc, es decir, curvas isoelectrónicas equivalentes formalmente a las de nivel en topografía. Parece razonable suponer que cuanto más diverso sean los átomos de una molécula, más rica y variada podrá ser su información, la información que pueda soportar.

Las macromoléculas son moléculas de enorme tamaño, es decir, que están compuestas por miles o cientos de miles de años. Pueden ser de naturaleza biológica, resultado de los procesos que ocurren en los organismos vivientes, o bien sintéticas, producidas por el Ser humano en laboratorios químicos o biológicos.
La enorme variedad de formas, colores, comportamientos, etc que acompaña a los objetos, incluidos los vivientes, sería una consecuencia de la riqueza en la información que soportan las moléculas (y sus agregados) que forman parte de dichos objetos.
C
.
La inmensa mayoría de ellas contiene carbono. Debido a su tetravalencia y a la gran capacidad que posee dicho átomo para unirse consigo mismo, dichas moléculas pueden considerarse como un esqueleto formado por cadenas de esos átomos.
El carbono no es el único átomo con capacidad para formar los citados esqueletos. Próximos al carbono en la tabla periódica, el silicio, fósforo y boro comparten con dicho átomo esa característica, si bien en un grado mucho menor.
Emilio silvera V.
Mar
9
Las estrellas nos trajeron aquí 2ª parte
por Emilio Silvera ~
Clasificado en Astrofísica ~
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El título “las estrellas nos trajeron aquí” está referido a que prácticamente todos los elementos de nuestro cuerpo /excepto el hidrógeno), se forjaron en las estrellas que explotaron hacfe ahora miles de millones de años.

Cuando los átomos de Cl y Na interaccionan por aproximarse suficientemente sus nubes electrónicas, existe un reajuste de cargas, porque el núcleo de Cl atrae con más fuerza los electrones que el de Na, así uno pierde un electrón que gana el otro. El resultado es que la colectividad de átomos se transforma en colectividad de iones, positivos los de Na y negativos los de Cl. Las fuerzas electromagnéticas entre esos iones determinan su ordenación en un cristal, el Cl Na. Por consiguiente, en los nudos de la red existen, de manera alternativa, iones de Na e iones de Cl, resultando una red mucho más fuerte que en el caso de que las fuerzas actuantes fueran de Van der Waals. Por ello, las sales poseen puntos de fusión elevados en relación con los de las redes moleculares.
Hablemos de cuerpos.

Me referiré en primer lugar a los que constituyen nuestro entorno ordinario, que sería todo el entorno que abarca nuestro planeta. En segundo lugar considerare los demás cuerpos y objetos del universo. El análisis de muestras de esos diversos cuerpos ha puesto de manifiesto que, en función de la composición, los cuerpos pueden ser simples y compuestos. Los primeros son, precisamente, los llamados elementos químicos, a las que el insigne Lavoisier (conocido como padre de la química), consideró como el último término a que se llega mediante la aplicación del análisis químico.

Hoy sabemos que son colectividades de átomos isotópicos.

La mayoría de ellos son sólidos y se encuentran en la naturaleza (nuestro entorno terráqueo) en estado libre o en combinación química con otros elementos, formando los diversos minerales.
La ordenación de los iones en las redes se manifiesta externamente en multitud de formas y colores. No obstante debo señalar que, aun siendo abundante esta variedad, no es tan rica como la que corresponde a los cuerpos vivos, tanto animales como vegetales. La explicación se basa en que el número de especímenes moleculares y su complejidad son mucho mayores que en el reino inorgánico.


Sería conveniente, salir al paso de una posible interpretación errónea. Me refiero a que pudiera pensarse que los reinos que acabamos de mencionar constituyen clases disyuntas, esto es, sin conexión mutua. Y no lo digo porque esté considerando el hecho de que el carbono forma compuestos inorgánicos y orgánicos (lo que también hace el silicio), sino porque haya existido, y aún pueda existir, una conclusión, mejor conexión evolutiva del mundo inorgánico y el viviente que no se puede descartar, de hecho yo particularmente estoy seguro de ello. Estamos totalmente conectados con los ríos, las montañas y los valles, con la tierra que pisamos, el aire que respiramos y con todo el resto del universo del que formamos parte.
La teoría de Cairns Smith considera que el eslabón entre ambos mundos se halla localizado en los microcristales de arcilla. Mi teoría particular es que no hay eslabón perdido en dicha conexión, sino que es el tiempo el que pone en cada momento una u otra materia en uno u otro lugar. Ahora nos ha tocado estar aquí como ser complejo, pensante y sensitivo. El eón que viene nos puede colocar formando parte de un enorme árbol, de un monte, o simplemente estar reposando como fina arena en el lecho de un río. Sin dudarlo, J. M. y P. formarán parte de un hermoso jardín perfumado y lleno de aromas que la brisa regalará a los que pasen cerca de allí.
El granito, por ejemplo, consiste básicamente en una mezcla de tres cuerpos compuestos: cuarzo, mica y feldespato. ¿Quién puede decir hoy lo que seremos mañana?
En todos los cuerpos que hemos estado considerando hasta ahora, las moléculas, los átomos o los iones se hallan situados en los nudos de la correspondiente red, así que, los electrones de esos individuos se encuentran también localizados en el entorno inmediato de esos lugares. Podríamos decir que la densidad electrónica es una función periódica espacial, lo que significa que al recorrer la red siguiendo una determinada dirección irían apareciendo altibajos, es decir, crestas y valles de la densidad electrónica.
La estructura de los cuerpos metálicos, así como las aleaciones, merecen una consideración especial. La estructura de los metales y aleaciones difiere de la de los demás cuerpos en un aspecto muy importante que consideraré a continuación.

Me refiero a que en los cuerpos metálicos existe una deslocalización de los electrones que están menos fuertemente enlazados en los correspondientes núcleos, es decir, de los electrones de valencia.
Vamos a precisar un poco. Supongamos, para fijar las ideas, que tenemos un trozo de plata metálica pura. En los nudos de la red correspondientes los átomos han perdido su electrón de valencia, pero ocurre que cada uno de estos electrones forma una colectividad que se halla desparramada o dispersa por todo el sólido. Una primera imagen de esta situación fue establecida por el gran físico italiano Enrico Fermi, por lo que se habla de un gas electrónico, llamado también de Fermi, que llenaría los espacios libres, es decir, no ocupados por los iones metálicos.

Este gas electrónico es el responsable de las propiedades metálicas, tales como el brillo, conductibilidades eléctrica y térmica, etc. La aplicación de la mecánica cuántica a la descripción del estado metálico conduce a la obtención del mapa de la densidad electrónica, o como decía antes, a las características de la información correspondiente.
Sin entrar en detalles que desviarían nuestra atención hacia otros conceptos fuera de los límites de lo que ahora estoy pretendiendo, utilizaré el mismo lenguaje que para las estructuras de núcleos y átomos.
Recordemos que en la sociedad de los nucleones y electrones existen las relaciones verticales y las de estratificación, que se manifiestan en las capas y subcapas. En el caso de los metales tendríamos una colectividad de núcleos, arropados con sus capas cerradas, ocupando los nudos de la red; únicamente los electrones de valencia de cada átomo forman la colectividad del gas electrónico.
La pregunta que nos debemos hacer es: ¿estos electrones, en número igual por lo menos al de los átomos, se hallan estratificados? La respuesta es que sí. Existe una estratificación de estos electrones en las llamadas bandas. El concepto de banda energética resulta de la consideración simultánea de dos aspectos: la cuantización energética (o la estratificación de los niveles energéticos en los átomos) y el grandísimo número de electrones existentes. Este colectivo no podría ubicarse en un número finito y escaso de niveles. Esta dificultad queda soslayada si se admite que cada uno de esos niveles atómicos de los n átomos que forman el cuerpo se funde en otros tantos niveles de cierta anchura donde ya pueden alojarse los electrones disponibles.
Esa fusión de los niveles atómicos da lugar a las bandas. Esta imagen equivaldría a considerar un metal como un átomo gigante en el que los niveles energéticos poseyeran una anchura finita.
En cuanto a la información que puede soportar un metal, podríamos señalar que sería parecida a la del correspondiente átomo, pero mucha más extendida espacialmente. Una información puntual, la del átomo, daría paso a otra espacial, si bien vendría a ser una mera repetición periódica de aquella.
¿Y los cuerpos que pueblan el resto del universo?
Cuando un cuerpo sobrepasa unas determinadas dimensiones, aparece algo que conocemos como fuerza gravitatoria y que se deja sentir en la forma que todos conocemos y que da lugar primeramente a la fusión de los diversos materiales que forman los cuerpos.

Así, por ejemplo, en el cuerpo que llamamos Tierra, la presión crece con la profundidad, por lo que a partir de un determinado valor de ésta, aparece el estado líquido y con él una estratificación que trata de establecer el equilibrio hidrostático.
Dentro de nuestro sistema planetario se distinguen los planetas rocosos, hasta Marte y meteoritos inclusive, y el resto de ellos, desde Júpiter en adelante, incluido este. Estos últimos difieren esencialmente de los primeros en su composición. Recuérdese que la de Júpiter es mucho más simple que la de los planetas rocosos. Consta fundamentalmente de hidrógeno, helio, agua, amoniaco y metano, con un núcleo rocoso en su interior. El hidrógeno que rodea a este núcleo se encuentra en forma de hidrógeno atómico sólido.
También la composición del Sol (y todas las estrellas que brillan) es más simple que la de los planetas rocosos, su estado físico es el de plasma y su contenido está reducido (mayormente) a hidrógeno y helio. Más variedad de materiales existe en las estrellas supernovas, donde el primitivo hidrógeno ha evolucionado de la manera que expliqué en otra parte de este trabajo.

En cuanto a los derechos de la evolución estelar, enanas blancas, estrellas de neutrones y agujeros negros, señalaré que la composición de la primera es sencilla en cuanto al numero de “elementos” constituyentes; la segunda ya lo indica su propio nombre, constan de nucleones, particularmente neutrones que están fuertemente empaquetados (muy juntos) por la gravedad. Una estrella de neutrones puede tener una densidad superior a la del agua, en millones de veces y del mismo orden que la de los núcleos atómicos. El agujero negro es un fenómeno aparte, su inmensa fuerza gravitatoria es tal que ni la luz puede escapar de ella, es decir, su velocidad de escape es superior a 300.000 Km/s, y como según la relatividad nada es en nuestro universo superior en velocidad a la luz, resulta que nada podrá escapar de un agujero negro.

Menos mal que nadie ha visitado un agujero negro. No podría haber regresasdo para contarnos los que allí ocurre. Sin embargo, sabemos que…
Allí dentro, en el interior del agujero negro, no existen ni el tiempo ni el espacio; es como un objeto que estando en nuestro universo (deja sentir su fuerza gravitatoria y engulle estrellas), al mismo tiempo no está aquí.
Desde el comienzo de este trabajo estoy tratando de relacionar el universo, la materia y la consciencia, es por ello que me he entretenido en dar tantas explicaciones tratándo de hacerme comprender, si lo he conseguido o no será cuestión de que ustedes emitan su veredicto.
Emilio Silvera V.
Mar
9
Increíble plamneta Tierra
por Emilio Silvera ~
Clasificado en General ~
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Mar
9
Si nos retrotraemos en el Tiempo ¿Qué veremos?
por Emilio Silvera ~
Clasificado en General ~
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En esta región del mundo, somos lo que somos gracias a lo que nos trajeron aquellos viajeros aventureros. En mi ciudad, Huelva, se respira el mismo aire salado que se respira en Cádiz, somos dos pueblos hermanos, los más parecidos dentro de Andalucía.
Siempre he tenido la sensación de que, de alguna manera, aquellos antepasados nos dejaron insertadas en nuestras Mentes, esa manera tyranquila de mirar y entender el mundo, no es que seámos “pasotas”, es que llevamos con nosotros esa inteligencia de las muchas experiencias vividas por mnuestros encestros.

Cádiz y Huelva son, efectivamente, dos de las ciudades más antiguas de Europa occidental, cuyo desarrollo inicial estuvo estrechamente ligado a la influencia de los fenicios y, posteriormente, de los griegos, quienes impulsaron el comercio, la metalurgia y la alfarería en la región.

- Cádiz (Gadir/Gádeira): Tradicionalmente considerada la ciudad más antigua de Occidente, fue fundada por navegantes fenicios procedentes de Tiro (actual Líbano) alrededor del año 1100 a.C.. La llamaron Gádir, que significa “recinto amurallado”. Fue un enclave comercial estratégico de gran importancia, destacando su puerto y la influencia helénica posterior (Gádeira).
- Huelva (Onoba/Tartessos): Estudios recientes y hallazgos arqueológicos en el yacimiento del Cabezo de San Pedro apuntan a que Huelva podría ser, incluso, más antigua que Cádiz, con asentamientos que datan de aproximadamente el año 1000 a.C. o incluso antes, funcionando como un gran emporio comercial entre fenicios, griegos y tartésicos.

- Comercio: Los fenicios establecieron rutas comerciales estables, introduciendo la moneda y conectando el sur de la Península Ibérica con el Mediterráneo oriental.
- Alfarería y Tecnología: Estos viajeros trajeron técnicas avanzadas de alfarería (como la cerámica de barniz rojo) y metalurgia, que fueron adoptadas y adaptadas por la población autóctona, impulsando la cultura tartésica.

Si finalmente se confirma todo esto, resultasrá que, mis antepasados… ¡Son los tartessicos!

Después de todo aquello, llegaron las antiguas almadrabas de la provincia de Huelva, el atún, la fábrica de Tejero en La Rábida…



¡Cuantos recuerdos! El Estero de Domingo Rubio, por el que mi padre (viejo marinero), me llevó a navegar en aquella pequeña embarcación de vela latina de los antiguos “caballeros” (los que pescaban la caballa con destino a la fábrica de Tejero de conservas).
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En verano, mi padre nos llevaba, a mi madre y a todos mis hermanos, hasta un punto tranquilo de la costa de Punta Umbría (Huelva), donde cogíamos camgrejos y nos lo pasávamos martavoillosamente bien. ¿Qué tiempos!
Y, como me pasa siempre, me desvié del tema, me vino el recuerso del pasado lejano y… ¡Lo dejé aquí!
Repasar acontecimientos del pasado… ¡Me llenaron de nostalgia de tiempos que no volverán! Como la curiosidad nos empuja a buscar las respuestas, los recuerdos nos traen escenarios que vivimos, la imagen en nuestras Mentes de seres queridos que ya no estámn con nosotros, momentos de la niñéz que siempre estarán con nosotros.
Emilio Silvera V.
Mar
9
Una realidad aterradora
por Emilio Silvera ~
Clasificado en General ~
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Aquí se utiliza a Richard Feynman para que nos cuenta una verdad aterradora, una verdad que echa por tierra los sueños de viajr al Espacio con inmensas naves que transportan a cientos de familias hacia un nuevo comienzo, como nos han contado muchas veces en historias y poelículas de Ciencia Ficción.

Aunque Feynman no dedicó su vida a diseñar naves espaciales, su enfoque en la física fundamental y su célebre frase “no debes engañarte a ti mismo, y eres la persona más fácil de engañar” aplican perfectamente a la fantasía de viajar a las estrellas con facilidad.
- La Maldición Exponencial (La Ecuación del Cohete): Mover una nave espacial requiere combustible, pero el combustible también tiene masa. Para acelerar más combustible, necesitas aún más combustible, lo que aumenta la masa exponencialmente. Para enviar una nave con humanos a la estrella más cercana (Proxima Centauri) en un tiempo razonable (digamos, 40 años), la cantidad de combustible necesaria con cohetes químicos convencionales superaría la masa del universo observable.
- La ineficiencia interestelar: Feynman se refería a los viajes interestelares como “la definición de la ineficiencia”. Incluso con propulsión nuclear avanzada o antimateria, la masa del combustible dominaría la nave, haciendo que la idea de transportar “cientos de familias” sea físicamente inviable con la tecnología conocida.
- Velocidad vs. Tiempo: La velocidad de la luz es un límite máximo absoluto. En la escala cósmica, es extremadamente lenta. Llegar a la estrella más cercana con cohetes actuales tomaría 73,000 años, más tiempo del que ha existido la civilización humana avanzada.
- Radiación y entornos hostiles: Más allá de la propulsión, el espacio profundo está lleno de radiación cósmica y micrometeoritos que harían casi imposible la supervivencia de los pasajeros en naves de colonización durante los largos períodos de viaje.



Michel Mayor, por ejemplo argumenta que las distancias interestelares hacen imposible el viaje, mientras otros ven la exploración como un destino ineludible. La supervivencia depende de superar barreras tecnológicas, físicas y la propia naturaleza humana.

- Limitaciones Físicas: Michel Mayor sostiene que, aunque se encuentren exoplanetas, las distancias son demasiado grandes para que la especie humana viaje a ellos, incluso si se viaja a velocidades muy altas.
- La Cuna de la Humanidad: Konstantin Tsiolkovsky afirmó que “la Tierra es la cuna de la humanidad, pero la humanidad no puede quedarse en la cuna para siempre,” lo que sugiere que la expansión no es opcional, sino necesaria para la supervivencia a largo plazo.
- El destino “Posthumano”: Se plantea que si la humanidad logra llegar a las estrellas, será mediante la transformación a formas posthumanas, más que con cuerpos biológicos actuales.
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- Exploración e Ingenio: A pesar de los desafíos, existe la creencia en la capacidad humana de superar grandes retos mediante la tecnología y el trabajo colaborativo.
- Necesidad de Supervivencia: La presión por el cambio climático u otras amenazas podrían forzar a la humanidad a buscar nuevos hogares.

Imagen que solo veremos en el cine
Emilio Silvera V.
















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