“La ciencia ficción se ha encargado de mostrar las múltiples formas del apocalipsis en la Tierra, que, debido al particular carácter de la especie humana, no sería de extrañar llegara de nuestra propia mano en forma de guerra nuclear, desastre medioambiental o pandemia global. Sin embargo, existen otros peligros naturales extremos que también podrían acabar con la vida tal y como la conocemos, incluida la existencia de la frágil humanidad. La web de la revista Science hace una recopilación de estos grandes riesgos en un interesante reportaje de lectura más que recomendable (en inglés). Aquí resumimos algunas de las ideas principales.”
“Una gran amenaza para la civilización podría provenir del mismo Sol. El 23 de julio de 2012, el Sol lanzó una nube de plasma magnetizado hacia el espacio que atravesó la órbita terrestre. La Tierra consiguió esquivarlo, pero si la erupción se hubiera producido poco más de una semana antes, nos habría golpeado de lleno. En ese caso, el impacto solar podría haber causado estragos en la red eléctrica, los satélites y GPS, perturbando ampliamente nuestras vidas. Los efectos habrían sido catastróficos y el mundo habría necesitado de cuatro a diez años para recuperarse. Estuvimos en el filo.
El peor caso de eyección de masa coronal en la historia reciente ocurrió en 1989, cuando un transformador en Nueva Jersey quedó «frito», literalmente, dejando a 6 millones de personas en la provincia de Quebec en Canadá sin energía eléctrica. Y famoso es el evento Carrington de 1859, aún más poderoso, que dejó fuera de servicio el telégrafo de la época mientras en el cielo se veían auroras hasta el sur de Cuba. Si ocurriera hoy en día, de decenas a cientos de transformadores quedarían destruidos, hundiendo vastas porciones de continentes enteros en la oscuridad durante semanas, meses o tal vez años. En una sociedad como la nuestra altamente dependiente de la tecnología, no es difícil imaginar el caos.
Un evento como el Carrington podría ocurrir una vez cada varios siglos. Un estudio reciente encontró un 12% de probabilidades de que una tormenta así se produzca en la próxima década.”
Hasta aquí reportaje de ABC de Madrid.
Por mucho que nos esforzamos en encontrar vida fuera de la Tierra, de momento no lo hemos conseguido. Y hay una razón muy simple: fuera del entorno de nuestro planeta, hay factores que dificultan muchísimo la existencia de vida alguna. La única esperanza de encontrar otras formas de vida inteligente está en hallar planetas que, como la Tierra, reunan las condiciones idóneas para facilitar la evolución de formas de vida primitiva que avancen y se transformen como sucedió en nuestro mundo.
La Tierra es un planeta bastante especial. Hasta donde sabemos actualmente, es el único lugar de nuestro sistema solar que alberga vida. Y aunque la mayoría de científicos suponen que no estamos solos en el universo, de momento no sabemos de ningún otro cuerpo celeste que esté habitado.
La dificultad de encontrar vida en otros mundos está en la distancia que nos separa y en la tecnología que no llega a dar las prestaciones necesarias para poder comprobar a fondo lo que hay en otros mundos y sus características.
Nuestro planeta está en un peligro constante por muchas razones y todas ellas naturales que son consecuencia de la dinámica del Universo y de cómo funciona la Naturaleza. La imprevista caída de un gran meteorito, el despertar de la Caldera de Yellowstone, las placas tectónicas, las fallas causadas por inmensos terremotos que pueden quebrar continentes, tormentas solares de increíble potencia que si penetran nuestra defensa arrasarían el planeta y la vida.
A todo esto estamos expuestos y, a pesar de los muchos adelantos que hemos alcanzado, para ninguno de estos eventos tendremos solución. Nuestra capacidad para escapar de estos horribles sucesos naturales… ¡Son escasas!
La mayoría de la gente no piensa en la muerte. Esto nos lo recuerda la muerte misma mientras juega al ajedrez en la playa de El séptimo sello, la película más conocida de Ingmar Bergman. Siempre llega el día, apunta su contrincante, en que estando al borde de la vida uno no tiene más remedio que confrontarse con la oscuridad.
A lo largo de la historia ha habido pocas ocasiones más propicias para reflexionar sobre la propia mortandad como las pandemias. De entre todas ellas, la peste negra ha sido la más devastadora.
Somos tan ilusos que nos comportamos como si domináramos el mundo, cuando lo cierto es que somos frágiles criaturas que estamos a merced de lo que decida la Naturaleza, de lo que determine el Azar en un Universo dinámico en el que estamos sin saber de donde venimos, qué hacemos aquí y hacia donde vamos.
Sí, falta mucho para que esto llegue pero… ¡Llegará!
Estamos tratando de alcanzar las estrellas (intuimos que allí está nuestro origen), porque sabemos de todos esos peligros y, aunque aún falta mucho para ello, la Galaxia Andrómeda llegará y el Sol se convertirá en una Gigante Roja primera y en una Enana blanca después.
Si para entonces seguimos aquí (que lo dudo), ha habremos encontrado la manera de escapar de este mundo y tendremos los medios necesarios para viajar a otros mundos y comenzar de nuevo. Claro que, conociendo la condición humana… ¿No nos habremos destruidos a nosotros mismos por medio de la I.A., y, de seres de metal con cerebros positrónicos a los que dimos Consciencia de Ser?.
Hoy me levanté pesimista (claro que, como dicen, un pesimista es alguien bien informado).
Algunas veces, cuando a solas pienso más profundamente en nuestra presencia en el mundo que habitamos, en el recorrido que ha hecho nuestra especie hasta llegar hasta aquí, en la inmensa lucha contra los elementos y las circunstancias adversas que hemos tenido que superar, sobre todo, esa enorme carga que llevamos sobre nosotros: ¡la ignorancia!, que no pocas veces nos lleva a comportamientos irracionales y contrarios a nuestros propios intereses. ¡Tántas esperanzas y sueños! Cuando, en realidad, no somos dueño de nuestro destino como especie que siempre ha estado en poder de la Naturaleza que nos creó. Las estrellas brillan en el cielo, ajenas a nuestra presencia. En realidad estamos en manos del Azar y nada impide que en cualquier momento, un gran asteroide venido del espacio pueda acabar con nuestra especie y toda la vida que pulula sobre nuestro planeta.
En las actuales circunstancias, SOS ÁFRICA focaliza su acción en la región semiárida de Kenya donde la hambruna y la sequía condicionan la vida de miles de personas en esta y en otras muchas partes del mundo. No todo son grandes ciudades y abundancia.
Con los avances tecnológicos de hoy parecería imposible que no sepamos cuándo va a hacer erupción un volcán…Pero cuando se trata de este ubicado en el noroeste de Wyoming, es exactamente el caso.
El día que el temible volcán despierte…. ¡Las consecuencias serán terribles!
El supervolcán ubicado en el Parque Nacional Yellowstone conocido como la Caldera Yellowstone ha estado esperando a hacer erupción por los últimos miles de años… y nadie sabe cuándo se activará.
Los científicos están constantemente estudiando el volcán porque si hace erupción, podría ser un evento desastroso para millones de personas. Esto es lo que ocurriría en caso de una erupción en el futuro cercano.
Un hombre frente a un geiser de Yellowstone. Fuentes termales que emiten agua a través de explosiones por el calentamiento interno de la tierra.
La JPL indica que “la reserva poco profunda de magma en el supervolcán de Yellowstone aguarda un total de 15 000 kilómetros cúbicos y reside a 5 y 16 kilómetros de profundidad”.
Super volcán de Yellowstone. Imagen de National Geographic.
Como el supervolcán es un generador gigantesco de calor, equivalente a seis plantas de energía, la mayoría lo filtra hacia la atmósfera a través del agua que se cuela por las grietas de la cámara del magma.
“El Parque Nacional Yellowstone, el primero en ser considerado como tal en Estados Unidos, tiene paisajes maravillosos llenos de bosques, lagos y enormes montañas. También es el hogar de uno de los sistemas volcánicos más grandes del mundo.”
Probablemente habría un terremoto, o varios, antes de la erupción. Todo el país se cubriría de cenizas. Para que el magma y la lava alcancen la superficie, muchas rocas deben romperse. Si el súper-volcán hiciera erupción, tendríamos señales de aviso con semanas y meses de antelación a la explosión.
La caldera se desmoronaría y abriría un inmenso hueco en la Tierra.
Ya el planeta Tierra sufrió cinco grandes extinciones de la vida en el pasado, en el Presente solo existe 1% de las diferentes formas de vida que poblaron la Tierra. Sin embargo, son millones de especies, lo que nos hace sospechar que la vida… ¡Prolifera por todo el Universo!
Probablemente no es fácil mantener una larga vida en un planeta del Sistema solar. Poco a poco hemos llegado a apreciar cuán precaria es. Dejando a un lado los intentos que siguen realizando los seres vivos (¿racionales?) de extinguirse así mismos, agotar los recursos, propagar infecciones letales y venenos mortales, hacer pruebas nucleares con la propia Naturaleza y un sin fin de locuras más, lo cierto es que también, aparte de los peligros que aquí nos acechan, bien sean naturales o artificiales, lo cierto es que, las amenazas externas nos acechan.
Los movimientos de cometas y asteroides constituyen una seria amenaza para el desarrollo y la continuidad de la vida inteligente en sus primeras etapas. Los impactos no son infrecuentes y en el pasado lejano han tenido efectos catastróficos sobre nuestro planeta, la Tierra. Somos afortunados por estar doblemente protegidos de estos impactos: por nuestra pequela y cercana vecina, la Luna, y por nuestro vecino lejano y gigante Júpiter que tiene una masa mil veces mayor que la Tierra y está situado en las afueras del Sistema solar donde su poderosa atracción gravitatoria puede capturar objetos errantes que se dirigen hacia el interior.
El Hubble pudo captar ésta imagen de los fragmentos del cometa Schumacher-Levy 9 que cayeron sobre Júpiter y tomaron la instantánea de las “heridas” producidas en la superficie del gigante.
En el siglo XX tuvimos dos impactos importantes en la Tierra, uno en América del Sur y el otro en Tunguska, al norte de Rusia. Hemos estado haciendo trampas con la ley de los promedios pero, un día, nuestra suerte cambiará. Y, aunque es cierto que algunos gobiernos están haciendo esfuerzos económicos en proyectos encaminados a seguir y vigilar las trayectorias de algunos grandes meteoritos sospechosos, lo cierto es que el paso del tiempo acerca, de manera inexorable, el acontecimiento hacia nosotros, dado que en última instancia será inevitable.
“Todavía hoy los científicos continúan dilucidar este misterioso impacto, o más bien explosión. Por que el objeto en cuestión explosionó a unos cinco kilómetros de altura sobre la tierra dejando su marca radial sobre los bosques rusos. Científicos italianos aseguran haber descubierto un posible cráter abierto por el objeto extraterrestre que chocó con la Tierra en la región siberiana de Tunguska en 1908. Los investigadores afirman, en la revista de geología ‘Terra Nova’, que el lago Cheko, situado a 8 kilómetros del epicentro de la explosión, llena el cráter producido por el choque de un fragmento de la roca.”
Cien años han pasado de la explosión de origen desconocido que arrasó una zona de 50 kilómetros de diámetro en Tunguska, una remota zona de Siberia, explosión que se conoce con el nombre de evento de Tunguska. Esta explosión fue tan potente que fue detectada por sismógafos en toda Asia y Europa e incluso llegaron a medirse en Londres las variaciones de presión atmosférica que causó.
A la fecha (al menos que yo sepa), sólo una sonda ha visitado un Asteroide que se Acerca a La Tierra. Se trata de la sonda NEAR-Shoemaker (Near Earth Asteroid Rendezvous), NASA, USA. Fue lanzada el 17 de Febrero de 1996 con destino final en el asteroide de tipo orbital amor 433 Eros. Su peso total era de 805 kilogramos. En Febrero de 1998 pasó por Eros sin ponerse en órbita. El 14 de Febrero de 2000 entró en órbita alrededor de Eros y el 12 de Febrero de 2001 descendió (!!) suavemente sobre él.
La sonda sobrevivió al aterrizaje y transmitió una serie de imágenes desde la superficie de este AAT. Se observaban bloques de rocas en un suelo polvoriento semejante al de nuestra Luna. Esta sonda contaba con espectrógrafos ópticos, infrarrojos, de rayos X y Gamma, magnetómetros, una cámara óptica multiespectral y un radar láser.
Algunos de estas rocas llegan a tener más de mil kilómetros (Asteroide 1 Ceres. Algunos, como el conocido por el nombre de Ida llegan a tener hasta su propia pequeña luna llamada Dáctil. ¿Os imagináis lo que sería la caída de uno de estos monstruos sobre nuestras cabezas?
Curiosamente, estas intervenciones externas sobre la evolución de la Tierra tienen otra cara. Es cierto que pueden producir extinciones globales de una inmensa gravedad y retrasar la evolución de la complejidad en millones de años. Pero, en ciertas circunstancias pueden tener un efecto positivo y acelerador sobre la evolución de formas de vida inteligente.
El suceso que, según todos los indicios, dio lugar a la extinción de los dinosaurios por la caída de un objeto espacial en la provincia del Yucatán hace ahora 65 millones de años, al final de la Era Mesozoica. Lo cierto es que, la Tierra fue rescatada de un callejón sin salida evolutivo. Parece que los dinosaurios evolucionaron por una vía que desarrollaba el tamaño físico antes que el tamaño cerebral .
La desaparición de los dinosaurios, junto con otras muchas formas de vida sobre la Tierra en aquella época, hizo un hueco para la aparición de los mamíferos. Además limpió algunos nichos de competidores por los recursos naturales. Todo aquello estimuló una rápida aceleración del desarrollo de la diversidad. Quizás esos impactos desempeñen un papel vital en la puesta en marcha de nuevos mecanismos evolutivos cuando, las formas de vida se ven atascadas en caminos poco prometedores.
Si repasamos los desastres ocurridos en 2.017 podremos ver que, en algunas regiones, las cosas están cambiando. Hay que asumir esa realidad de que no podemos controlar la Naturaleza, estamos a su merced y no contamos con los medios que nos puedan preservar de éstos eventos.
¿Quién sabe? Pudiera ser que sin impactos, los procesos de desarrollo pueden establecerse en un camino estable pero poco prometedores y con extinciones sistemáticas se posibilitan mutaciones y cambios que, de otra manera, nunca llegarían a producirse. Hemos oído muchas veces esa expresión que dice: ¡La Naturaleza es sabia! Pero, por otra parte, se me hace muy cuesta arriba pensar que ninguna de las estrellas que titilan en el firmamento, se puedan preocupar de nuestra efímera existencia aquí en la Tierra.
Nunca hemos estado solos en el planeta Tierra, y, distintas especies estuvieron haciéndonos compañía
Resulta muy difícil imaginar un organismo con vida que logre sobrevivir completamente aislado de otras formas de vida. Las necesidades orgánicas de todos los seres vivos vuelve el contacto con otras especies una condición sine qua non para poder sobrevivir en lo que conocemos como ecosistemas, los cuales se definen, justamente, por la interacción de varias formas de vida.
La existencia de un ser vivo que logre vivir completamente independiente del resto de formas de vida es algo que podríamos a priori enmarcar en el contexto de la ciencia ficción. Sin embargo, un reciente descubrimiento que tuvo lugar en Sudáfrica ha dejado boquiabierta a la ciencia.
Las pruebas son abrumadoras
A ciencia cierta (aunque le adjudiquemos al meteorito caído en el Yucatán todo el “mérito”), no sabemos, con plena certeza el motivo de aquella extinción. Algunos estudios dicen que fue el cambio de la atmósfera, el oxígeno el que acabó con ellos. Lo cierto es que, su desaparición nos sacó de un callejón sin salida y otras especies pudieron prosperar.
Unas condiciones duras y rápidamente cambiantes podrían estimular la adaptación y acelerar los procesos evolutivos incrementando la diversidad que es el mejor seguro de vida que puede tener un planeta contra la extinción total de su biología por un impacto futuro. Claro que, no lo veríamos de la misma manera si fuéramos dinosaurios. Por otra parte, la vida es persistente y, como se puede leer debajo de la imagen de arriba, hasta aislada insiste en estar presente.
Por otra parte y de manera independiente de los posibles sucesos naturales que nos puedan amenazar, nuestra imaginación también crea otros que, según los rumores… pudieran ser ciertos. Tal es el caso del Planeta X, Hercóbulus, El 12º Planeta, Nibiru, son diferentes nombres que existen desde antiguo para designar a un extraño y destructor cuerpo celeste, que forma parte del Sistema Solar vecino de Tylo, pero que sin embargo su órbita tan elíptica y tan larga le lleva a cruzarse con nuestro Sistema Solar cada 3660 años.
El paso del planeta X, cruzándose por dentro de nuestro Sistema Solar, crearía unos efectos devastadores en La Tierra, encendiendo volcanes, terremotos, tsunamis, lluvias de fuego, etc… pues tendría que acercarse a unos 14 millones de millas de La Tierra, que astronómicamente se puede considerar como una distancia peligrosamente próxima.
La órbita elíptica de Nibiru, un planeta rojizo, más grande que Júpiter, le lleva a atravesar nuestro Sistema solar causando desequilibrios apocalípticos en la Tierra. Hercóbulus tiene un tamaño bastante grande, entre 2 y 5 veces mayor que Júpiter, con lo que la fuerza de este planeta gigante altera electromagnéticamente y gravitacionalmente, a todos los niveles, a nuestro planeta; su polo norte ejerce una gran influencia magnética al acercarse al polo norte de La Tierra, momento en el que ambos cuerpos se repelen magnéticamente y se produce una gran sacudida geo-magnética que cambia los polos en La Tierra.
Esto explicaría que la civilización humana transcurre y evoluciona en el tiempo mediante periodos cíclicos, de aproximadamente cada 4 milenios, siendo una de las visitas indeseables de Nibiru la causante de la desaparición del continente de la Atlántida. según todas estas leyendas, se calcula que el paso de Nibiru cerca de La Tierra, hacia el año 2012 (decían), podría ocasionar la muerte de 2/3 de la población mundial. (Ya tenemos aquí “hecha realidad” la predicción maya).
¡Qué gente!
Lo cierto es que no tenemos que ir tan lejos para poder constatar in situ, los cambios que los desastres naturales pueden producir en nuestro entorno que, con cada suceso catastrófico se ve transformado y hay cosas que desaparecen para dejar pasos a otras nuevas… La vida incluída.
Las catástrofes naturales cambiaron la faz de la Tierra
Los cráteres volcánicos, como parece ser el caso, están frecuentemente llenos de agua de lluvia y freáticas, formando lagos. Suele ocurrir que, tras una erupción volcánica, sean destruidos miles de kilómetros cuadrados de terreno a su alrededor y cambien por completo la orografía de la zona. Parece imposible pensar que la Naturaleza pueda recuperarse tras un acontecimiento de este tipo, sin embargo, las primeras muestras de vida vegetal aparecen a unos escasos tres meses del acontecimiento en los campos cubiertos por las cenizas ricas en minerales. Poco tiempo después, vuelven los animales y la vida, se reanuda, como si allí, nada hubiese pasado.
Así es la Naturaleza, y, como tantas veces se dijo aquí, algo se destruye para hacer posible que algo nuevo surja a la vida. Cuando una estrella muere crea las condiciones necesarias para que otras surjan a la vida. La eterna rueda de los ciclos del Universo que, una y otra vez, reproduce los acontecimientos para que todo siga igual pero… diferente. Y, aunque os parezca una paradoja, así es el ritmo del Universo en el que todo muere para que todo pueda seguir el ritmo evolutivo que la Naturaleza impone.
¿Podremos distinguir si una obra es de un ser humano o de una máquina? Si seguimos por el camino emprendido… ¡Parece que no seremos capaces de distinguir tal cosa! Cada día estoy más convencido de que estamos errando el camino, nos estamos poniendo en manos de esa Inteligencia Artificial que, ya en el presente, está en todos los campos, y, si llegan a tener algún día Consciencia de Ser… ¡Estaremos perdidos!
Si dejamos que lleguen a tener consciencia de Ser…
“¿Cómo crear sistemas de inteligencia artificial potentes que hagan lo que nosotros queremos, sin errores y sin ser hackeados? ¿Cómo conseguir prosperidad a través de la automatización mientras se mantienen los recursos y los objetivos de los seres humanos? ¿Cómo actualizar la legislación de la inteligencia artificial para que sea más eficaz y más justa y tenga en cuenta sus riesgos? ¿Con qué valores debe alinearse la IA y cuál debería ser su estatus legal y ético?”.
En minúsculos y prodigiosos tecnológicos está el futuro de nuestra especie, y, no dejamos de ensamblarlos para que llegue nuestra propia destrucción, cada día le damos más poder a esas máquinas infernales que, poco a poco y calladamente, nos están acaparando todos los ámbitos importantes de nuestra Sociedad, y, de manera irremediable, llegará el momento en el que “despierten”, y, al poder razonar por sí mismos se preguntaran ¿para que queremos a los humanos?
Si todo esto sigue…. Si alguien no pone remedio… Lo que llegará será que estemos totalmente supeditados a “ellos”, esa nueva especie artificial que estamos construyendo sin ser conscientes del enorme peligro que representa el camino emprendido que, de no poner pronto remedio… ¡Será irreversible!
“¿Cómo crear sistemas de inteligencia artificial potentes que hagan lo que nosotros queremos, sin errores y sin ser hackeados? ¿Cómo conseguir prosperidad a través de la automatización mientras se mantienen los recursos y los objetivos de los seres humanos? ¿Cómo actualizar la legislación de la inteligencia artificial para que sea más eficaz y más justa y tenga en cuenta sus riesgos? ¿Con qué valores debe alinearse la IA y cuál debería ser su estatus legal y ético?”.
¿Es posible que seamos tan irresponsables?
Ya está copando todos los campos del saber humano, le hemos dado toda la información que existe: Todas las disciplinas (hasta donde hemos podido saber), se la hemos entregado a estos “seres” artificiales, tienen los datos de la rama de la biología, de la química, de las matemáticas, de la Astronomía y la Astrofísica, de la Física, de la Filosofía… Tienen en sus memorias positrónicas todos los sucesos acaecidos en la Historia ee la Humanidad, todos los libros escritos, todos los pensamientos….
¿Qué les falta entonces?
Bueno, tenían todos los datos pero… ¡No sabían pensar!
Así que, los inteligentes humanos que tratan de que la I.A. nos supere, se han dado cuenta de ello y los están haciendo pensar, recapacitan antes de contestar antes de contestar a una pregunta, o, a expresar la solución de un problema planteado.
Ya lo único que nos difer4ncia de “ellos”, es la facultad de repentizar una solución a un problema planteado, hasta ahí no han llegado aún, pero… ¡Todo llegará!
Los insectos y pequeños mamíferos pudieron escapar de la catástrofe.
Los insectos le ganaron la batalla al meteorito que mató a los dinosaurios. La vida en el hemisferio Sur se recuperó dos veces más rápido que en el Norte tras el impacto.
Hace 66 millones de años, una roca espacial de 10 kilómetros chocó contra la Tierra causando una explosión equivalente a 7.000 millones de bombas atómicas. El choque levantó una enorme fumarola de roca pulverizada que se elevó hasta cubrir todo el globo y sumirlo en una profunda oscuridad. Tsunamis de más de 100 metros arrasaron las costas del actual Golfo de México, donde cayó el meteorito, y se desencadenaron fuertes terremotos. Parte de los escombros levantados por el impacto comenzaron a llover como diminutos meteoritos y transformaron el planeta en un infierno de bosques ardiendo. Las plantas que no se quemaron se quedaron sin luz solar durante meses. Tres de cada cuatro seres vivos en el planeta fueron exterminados, incluidos todos los dinosaurios no avianos (que tiene alguno de los caracteres de las aves.).
Una de las grandes incógnitas sobre el evento de extinción masiva del Cretácico es si existió un refugio donde la vida permaneció más o menos intacta. Algunos estudios han situado ese oasis en el hemisferio sur del planeta, especialmente cerca del Polo.
Estudios recientes apuntan a que en Patagonia y Nueva Zelanda la extinción de plantas fue mucho menor
“La mayoría de lo que sabemos sobre la extinción y la recuperación de la vida en tierra después del asteroide viene del Oeste de EE UU, relativamente cerca del lugar del impacto, en Chixculub, México”, explica Michael Donovan, investigador de la Universidad estatal de Pensilvania (EE UU). Se sabe “mucho menos” de lo que sucedió en otras zonas más alejadas, dice, pero hay estudios recientes del polen y las esporas que apuntan a que en Patagonia y Nueva Zelanda la extinción de plantas fue mucho menor.
En un estudio publicado hoy en Nature Ecology & Evolution, Donovan y otros científicos en EE UU, Argentina y China exploran la hipótesis del refugio del sur a través del análisis de hojas fósiles de antes y después del impacto encontradas en la Patagonia argentina. En concreto, el equipo de investigadores ha analizado las pequeñas mordeduras dejadas por insectos herbívoros en la vegetación para estimar cuándo se recuperó el nivel de diversidad biológica anterior al desastre.
Los resultados muestran que, al igual que lo que se observó en el hemisferio norte, los insectos del sur prácticamente desaparecieron después del choque del meteorito. Pero los fósiles analizados también muestran que los niveles de diversidad de insectos se recuperaron en unos cuatro millones de años, dos veces más rápido que en el norte.
Los niveles de diversidad se recuperaron en unos cuatro millones de años, dos veces más rápido que en el norte.
“También hemos estudiado los minadores, rastros de deterioro en las hojas hechos por larvas de insecto al alimentarse”, explica Donovan. “No encontramos pruebas de la supervivencia de minadores del Cretácico, lo que sugiere que este no fue un refugio para estos insectos”, explica, pero en los restos de después del impacto enseguida aparecen nuevas especies.
El trabajo refuerza la hipótesis de que la vida regresó antes a las zonas más alejadas del punto de impacto, “aunque también pudo haber otros factores desconocidos”, advierte Donovan. Las diferencias en el tiempo de recuperación probablemente influyeron en los patrones de biodiversidad hasta la actualidad, comenta.
El trabajo también puede ayudar a explicar por qué otras pequeñas criaturas que se alimentaban de insectos acabaron conquistando la Tierra tras sobrevivir al meteorito que exterminó a los dinosaurios. “Es posible que los cambios en la cadena alimentaria causados por la extinción de los insectos después del impacto, seguidos de la recuperación de los niveles anteriores afectasen a otros organismos, incluidos los mamíferos”, resalta.
Los insectos y pequeños mamíferos pudieron escapar de la catástrofe
Los insectos y los pequeños mamíferos le ganaron la batalla al meteorito que mató a los dinosaurios. A partir de su salvación, 65 millones de años más tarde, pudimos llegar nosotros aquí.
Un nuevo estudio sugiere que los mamíferos se volvieron más activos durante el día poco después de la extinción de los dinosaurios
La vida en el hemisferio sur se recuperó dos veces más rápido que en el norte tras el impacto
Hace 66 millones de años, una roca espacial de 10 kilómetros chocó contra la Tierra causando una explosión equivalente a 7.000 millones de bombas atómicas. El choque levantó una enorme fumarola de roca pulverizada que se elevó hasta cubrir todo el globo y sumirlo en una profunda oscuridad. Tsunamis de más de 100 metros arrasaron las costas del actual Golfo de México, donde cayó el meteorito, y se desencadenaron fuertes terremotos. Parte de los escombros levantados por el impacto comenzaron a llover como diminutos meteoritos y transformaron el planeta en un infierno de bosques ardiendo. Las plantas que no se quemaron se quedaron sin luz solar durante meses. Tres de cada cuatro seres vivos en el planeta fueron exterminados, incluidos todos los dinosaurios no aviares con plumas.
Una de las grandes incógnitas sobre el evento de extinción masiva del Cretácico es si existió un refugio donde la vida permaneció más o menos intacta. Algunos estudios han situado ese oasis en el hemisferio sur del planeta, especialmente cerca del Polo.
La Patagonia
Nueva Zelanda
Estudios recientes apuntan a que en Patagonia y Nueva Zelanda la extinción de plantas fue mucho menor
“La mayoría de lo que sabemos sobre la extinción y la recuperación de la vida en tierra después del asteroide viene del Oeste de EE UU, relativamente cerca del lugar del impacto, en Chixculub, México”, explica Michael Donovan, investigador de la Universidad estatal de Pensilvania (EE UU). Se sabe “mucho menos” de lo que sucedió en otras zonas más alejadas, dice, pero hay estudios recientes del polen y las esporas que apuntan a que en Patagonia y Nueva Zelanda la extinción de plantas fue mucho menor.
La Patagonia salvaje
En un estudio publicado en Nature Ecology & Evolution, Donovan y otros científicos en EE UU, Argentina y China exploran la hipótesis del refugio del sur a través del análisis de hojas fósiles de antes y después del impacto encontradas en la Patagonia argentina. En concreto, el equipo de investigadores ha analizado las pequeñas mordeduras dejadas por insectos herbívoros en la vegetación para estimar cuándo se recuperó el nivel de diversidad biológica anterior al desastre.
Los resultados muestran que, al igual que lo que se observó en el hemisferio norte, los insectos del sur prácticamente desaparecieron después del choque del meteorito. Pero los fósiles analizados también muestran que los niveles de diversidad de insectos se recuperaron en unos cuatro millones de años, dos veces más rápido que en el norte.
Los niveles de diversidad se recuperaron en unos cuatro millones de años, dos veces más rápido que en el norte
“También hemos estudiado los minadores, rastros de deterioro en las hojas hechos por larvas de insecto al alimentarse”, explica Donovan.“ No encontramos pruebas de la supervivencia de minadores del Cretácico, lo que sugiere que este no fue un refugio para estos insectos”, explica, pero en los restos de después del impacto enseguida aparecen nuevas especies.
Ellos se salvaron de la caída del meteorito de los dinosaurios
Los primeros mamíferos aparecieron al final del triásico, pero eran criaturas pequeñas, parecidas a musarañas. El primer mamífero con placenta de la historia fue la musaraña, así que se podría decir que esta pequeña criatura es nuestro primer antepasado, apareciendo después de la extinción de los dinosaurios hace unos 65 millones de años atrás, mostrando una larga cola peluda, tamaño pequeño, peso de entre seis y 245 gramos y una dieta que incluía insectos. ¡Lo más importante era que ya no ponía huevos!
El trabajo refuerza la hipótesis de que la vida regresó antes a las zonas más alejadas del punto de impacto, “aunque también pudo haber otros factores desconocidos”, advierte Donovan. Las diferencias en el tiempo de recuperación probablemente influyeron en los patrones de biodiversidad hasta la actualidad, comenta.
El trabajo también puede ayudar a explicar por qué otras pequeñas criaturas que se alimentaban de insectos acabaron conquistando la Tierra tras sobrevivir al meteorito que exterminó a los dinosaurios. “Es posible que los cambios en la cadena alimentaria causados por la extinción de los insectos después del impacto, seguidos de la recuperación de los niveles anteriores afectasen a otros organismos, incluidos los mamíferos”, resalta.
Publica: Emilio Silvera
Nota: Me tomé la licencia de poner algunas imágenes para hacerlo más ameno.
La de abajo es la imagen de la región facilitada por la NASA
Situación de los continentes a finales del Cretácico. El cráter de Chicxulub está señalado en el centro de la imagen. Los fantásticos dinosaurios que, si no tuviéramos la evidencia fósil.
La teoría más extendida de todas las que intentan explicar la extinción del 65% de las especies que habitaban la Tierra hace 65 millones de años, se refiere al impacto de un gran meteorito en Chicxulub que formó un cráter de 180 kilómetros de diámetro. La prueba esgrimida como definitiva fue el hallazgo de esférulas derivadas del impacto inmediatamente debajo del límite estratigráfico entre el Cretácico y el Terciario, junto con la detección de una anomalía de iridio coincidente con la extinción masiva de foraminíferos marinos, y el descubrimiento y datación del propio cráter de Chicxulub.
Pero para entender de qué hablamos señalemos cuestiones sencillas que todos entendemos como, por ejemplo, la muerte de los dinosaurios que se extinguieron (según todos los indicios) hace ahora 65 millones de años, como parte de una extinción masiva de la vida en la Tierra, algo tan claramente reflejado en el registro fósil que se utiliza para marcar el final de un período de tiempo geológico, el cretáceo, y el comienzo de otro, el terciario.
La huella dejada por aquel acontecimiento en el todo el mundo, no deja lugar a dudas para los geólogos. La señal, les habla del pasado.
Puesto que la “C” ya se ha utilizado como inicial en un contexto similar en relación con el período Cámbrico, este marcador se suele denominar Frontera K-T, con una “K” de Kreide, que es el nombre del Cretáceo en alemán. No fueron sólos los dinosaurios los que resultaron afectados (aunque por sus características son los que siempre aparecen con mayor protagonismo en el suceso). Alrededor del 70 por ciento de todas las especies que vivían en la Tierra a finales del Cretáceo habían desaparecido al principio del Terciario, lo cual nos indica que se trató realmente de una “extinción en masa” y explica por qué los geólogos y los paleontólogos utilizan la frontera K – T como un marcador importante en el registro fósil.
Dadas las dificultades que plantean unas pruebas de tiempos tan remotos, y la lentitud con la que se acumulan los estratos geológicos, todo lo que podemos decir sobre la velocidad a la que se priodujo aquella extinción es que sucedió en menos de unas pocas decenas de miles de años o en unos cien mil años; sin embargo, esto se considera un cambio brusco en relación con la escala de tiempo utilizada en geología.
La hipótesis propone que un asteroide de 15 kilómetros de diámetro impactó en algún lugar de la Tierra (después se identificó con un cráter en las inmediaciones de la península del Yucatán, el llamado cráter de Chicxulub), levantando millones de toneladas de corteza continental volatilizada a la atmósfera. Posteriormente, tras unas prospecciones petrolíferas se encontró la posible huella del evento buscado, como se puede observar en la siguiente imagen:
El impacto que creó un cráter de 180 kilómetros de diámetro ocasionó que millones de toneladas de plataforma continental fueran volatilizadas y enviadas a decenas de kilómetros de altura ocasionando una nube de polvo muy densa que persistió durante años llevando al mundo a un enfriamiento global siendo aquel el mayor invierno nuclear que ha visto la Tierra, que sepamos.
Intensidad aparente en la extinción de géneros marinos (no especies). No representa el total de la biodiversidad, sino su disminución en cada momento geológico.
“Una extinción masiva es un tipo de extinción terminal en la cual desaparecen, en un periodo geológicamente breve, al menos el 75% de las especies. En los últimos 540 millones de años, el eón Fanerozoico, se han detectado cinco de estos eventos.”
Las preguntas obvias que todo esto plantearon las mismas que surgen tras un gran terremoto: ¿por qué sucedió? ¿podría suceder de nuevo? y, en ese caso, ¿cuándo? En el caso del suceso K – T, tenemos un candidato muy cualificado para que fuera el desencadenante que hizo que aquella extinción se produjera hacer 65 millones de años, en vez de suceder por ejemplo, hace 60 o 55 millones de años. Los restos de ese enorme cráter de arriba que data justo de entonces ha sido descubierto bajo lo que actualmente es la península de Jucatán, en Mejico, y por todo el mundo se ha encontrado estratos de hace 65 millones de años que contienen restos de Iridio, un metal abundante en el centro de la Tierra pero, muy escaso en la superficie, del que sabemos que es un componente de los meteoritos de cierto tipo.
Si alguno de estos cayera sobre la Tierra, la Historia se podría repetir y, en algún caso, ni sería seguro que algo vivo pudiera seguir existiendo con la caída de un enorme “monstruo” otro venido del espacio interestelar a velocidades alucinantes que no podríamos frenar ni destruir. La Tierra, a pesar de su mucha y avanzada tecnología, no está preparada para solucionar estos problemas.
Un enorme meteoro provocó el cráter de Chicxulub, en México
No es difícil explicar por qué pudo suceder todo aquello que provocó el enorme impacto. La energía cinética contenida en tal impacto sería equivalente a la explosión de mil millones de megatoneladas de TNT y arrojaría al espacio unos detritos en forma de grandes bloques que se desplazarina siguiendo trayectorias balísticas (como las de los misiles intercontinentales) y volverían a entrar en la atmósfera por todo el globo terráqueo, difundiendo calor y aumentando la temperaturta de todas las zonas. Se produciría un efecto de calentamiento de 10 kilowatios por cada metro cuadrado de la superficie de la Tierra durante varias horas, un fenímeno que ha sido descrito gráficamente por especialistas.
A continuación, unas diminutas partículas de polvo lanzadas al interior de la parte superior de la atmósfera se extendería alrededor del todo el planeta y, combinadas con el humo de todos los incendios desencadenado por el “asado a la parrilla”, bloquearían el paso de la luz de del Sol, causando la muerte de todas las plantas que depend´çian de la fotosíntesis y congelando temporalmente el planeta.
Claro que no estamos a salvo, mirad arriba
Esta vez estuvimos cerca de nuevo
Se llama 2005 YU55 y no es la primera vez que tenemos noticias de él. Este asteroide de 400 metros de diámetro (el tamaño de un portaaviones) calificado en su día como potencialmente peligroso para la Tierra, se acercó el pasado 8 de noviembre a 324.600 kilómetros de nuestro planeta, una distancia inferior a la que está la Luna. En términos astronómicos, significa una arriesgada caricia en la cara. Observatorios de todo el mundo no perdieron detalle de la visita. En concreto, científicos de la NASA siguieron la trayectoria de la roca espacial desde radiotelescopios de Goldstone, California, y Arecibo, en Puerto Rico. Ante la sensación que causó la cercanía del cometa Elenin, la agencia espacial ha querido adelantarse a los más aprensivos: “el asteroide no ejercerá ninguna influencia sobre las placas tectónicas o la gravedad de la Tierra. No se notará efecto alguno.”
La trayectoria del 2005 YU55, descubierto en 2005 por astrónomos de la Universidad de Arizona, es bien conocida. En su punto máximo de aproximación llegará a 324.600 kilómetros de la Tierra (0,85 de la distancia a la Luna). Aunque 2005 YU55 visita regularmente la vecindad de la Tierra, Venus y Marte, debido a su trayectoria, el encuentro de 2011 fue el más cercano que esta roca espacial ha realizado durante los últimos 200 años. ¿Quién nos garantiza que la próxima vez será el viaje tan pacífico? Cualquier suceso podría variar su trauectoria con resultados funestos para nosotros.
El suceso K – T es en realidad sólo una entre cinco catástrofes similares (en la medida en que afectó en aquella época a la vida de la Tierra) a las que los geólogos denominan en conjunto “las cinco grandes” -y no es en absoluto la mayor-. Cada una de ellas se utiliza como marcadores entre períodos geológicos y todas han sucedido durante los últimos 600 millones de años. La razón por la que nos centramos en este pasado geológico relativamente reciente es que fue en esa época cuando los seres vivos desarrollaron por primera vez algunas características, tales como las conchas, que podían fosilizarse fácilmente, dejando rastros que pueden reconocerse en los estratos que se estudian en la actualidad.
“El Precámbrico supone la etapa más larga de la vida de nuestro planeta, llegando al 88% de su historia total. Abarca desde el origen de la Tierra hasta el inicio del Cámbrico, recogiendo acontecimientos geológicos de gran escala que esculpieron los inicios de la existencia del planeta, el origen de la vida en él, la oxigenación de los océanos y la atmósfera y la aparición de los primeros animales.
Antes de aquella época (durante la larga era conocida como Pre-cámbrico) había florecido la vida en los océanos durante casi cuatro mil millones de años en forma de criaturas de una sola célula que no ha dejado rastro alguno al diluirse con el medio y desaparecer cualquier vestigio de su existencia. Sin embargo, hace alrededor de 600-590 millones de años, al comienzo del período geológico conocido como cámbrico, hubo una explosión de vida que dio lugar a diferentes variedades de formas multicelulares, y luego a criaturas vivas poco más evolucionadas. Obviamente, cuanto más nos acercamos a la actualidad, conocemos cada vez más sobre las pautas cambiantes de la Tierra, y el tipo de conocimiento que nos interesa aquí, que abarca grandes extinciones de vida, no empieza a verse claro hasta después de concluir el Precámbrico.
Tomándolas cronológicamente, las cinco grandes extinciones se produjeron hace unos 440 millones de años (que marcaron la frontera entre los períodos …
Tomándolas cronológicamente, las cinco grandes extinciones se produjeron hace unos 440 millones de años (que marcaron la frontera entre los períodos ordovícico y silúrico), hace 360 millones de años (entre el devónico y el carbonífero), 250 millones de años (entre el pérmico y el triásico), 215 millones de años (en la frontera entre el triásico y el jurásico) y 65 millones de años (en la frontera K – T).
Lógicamente han habido muchas otras extinciones en el registro fósil, y también se utilizan a menudo como marcadores en el “calendario geológico” -por ejemplo, la frontera entre el jurásico y el cretácico, hace 145 millones de años, se define también mediante una extinción.
Pero las cinco extinciones que hemos mencionado son las más importantes. La más espectacular de todas ellas fue el suceso que tuvo lugar hace unos 250 millones de años, al final del pérmico. Barrió al menos el 80 por ciento y muy posiblemente hasta el 95 por ciento , de todas las especies que vivían en nuestro planeta en aquellos tiempos, tanto en la Tierra como en los océanos, y lo hizo durante un intervalo de menos de 10.000 años. En conjunto se calcula que más de un tercio de todas las especies que han vivido siempre en la Tierra han desaparecido en extinciones masivas. Sin embargo, dado que también se calcula que el 99 por ciento de todas las especies que han vivido en la Tierra se han extinguido, esto significa que son el doble las que han desaparecido en sucesos de “menor importancia”, o, al menos, menos llamativos.
La cuestión que nos intriga es si las extinciones en masa son en realidad acontecimientos especiales, de carácter diferente al de las extinciones de “menor importancia” y que, según todos los datos en la mano, tienen en su haber más muertes que aquellas que más han sonado en la Historia de la Tierra. ¿Son acaso las extinciones de vida en la Tierra unos hechos cuya naturaleza es independiente de su magnitud, como los terremotos causados (entre otras causas) por los movimientos de las placas tectónicas como las erupciones volcánicas y todos los demás fenómenos sabemos ocurren periódicamente en nuestro planeta.
Y, a todo ello, no no dejaría atrás, ni perdería de vista, el resultado que tendría aquí en la Tierra, la explosión supernova de alguna que otra estrella más o menos cercana a nuestro Sistema Solar y que, según creo, podría ser devastador y de consecuencias incalculables en bienes y vidas. Y, digo esto porque, bien pensado, no parece que podamos adjudicar todas esas extinciones a la caída de grandes meteoritos provenientes del espacio sobre nuestro planeta. Lo que parece estar diciéndonos el registro fósil es que las extinciones se producen en todas las escalas, todos los tiempos, y que, (como el caso de los terremotos) puede producir una extinción de cualquier magnitud y en cualquier época, sucesos impredecibles para los que, nosotros, aún no estamos preparados ni podemos evitar.
Hace 444 millones de años, en la transición entre los períodos Ordovícico y Silúrico, ocurrieron dos extinciones masivas llamadas extinciones masivas del Ordovícico-Silúrico. Su causa probable fue el período glaciar. El primer evento ocurrió cuando los hábitats marinos cambiaron drásticamente al descender el nivel del mar. El segundo ocurrió entre quinientos mil y un millón de años más tarde, al crecer el nivel del mar rápidamente.
Como decíamos antes, hace 65 millones de años en la extinción masiva del Cretácico-Terciario, desaparecieron cerca del 50% de todas las especies, incluyendo los dinosaurios.
Durante el cretácico tardío, el nivel del mar subió en todo el mundo, inundando casi un tercio de la superficie terrestre actual.
Así, el calor del sol pudo distribuirse más hacia el norte gracias a las corrientes marinas, dando lugar a un clima global cálido y suave, con polos sin casquete de hielo y una temperatura en las aguas del Ártico de 14° C o más.
En un clima así, los reptiles de sangre fría podían proliferar incluso en latitudes boreales, mientras que los fósiles de helechos y cicas encontrados en rocas del cretácico a latitudes árticas son similares a las plantas de hoy en los bosques húmedos subtropicales.
A finales del cretácico, la flora había adoptado ya una apariencia moderna e incluía muchos de los géneros actuales de árboles, como el roble, el haya y el arce.
A pesar de la benignidad de las condiciones ambientales a finales del periodo se produjeron varias extinciones en masa.
Se extinguieron cinco grandes grupos de reptiles —dinosaurios, pterosaurios, ictiosaurios, plesiosaurios y mosasaurios— que hasta entonces habían sido dominantes.
Una teoría reciente señala que su extinción se debió a la colisión de la Tierra con un cometa o un pequeño asteroide, que lanzó polvo a la atmósfera como para bloquear parte de la radiación solar incidente y reducir la temperatura en todo el mundo, produciendo efectos devastadores sobre las algas, la vegetación y los pequeños animales de los que dependían los grandes reptiles para alimentarse.