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   Estamos en un planeta lleno de vida y tal maravilla se nos olvida con frecuencia

Nuestro planeta, la Tierra, forma parte del Universo, y, es una prueba indiscutible de que sus componentes biológicos y físicos forman parte de una única red que funciona de un modo autorregulado, y, de esa forma, mantiene las condiciones que son ampliamente adecuadas para la existencia de vida, pero que sufren fluctuaciones a todas las escalas (incluidos los ritmos de alternancia de glaciaciones y periodos interglaciales, así como las extinciones masivas). En un sentido real, la Tierra es el lugar que alberga una red de vida multiforme, y la existencia de esta red (Gaia) sería visible para cualquier forma de vida inteligente que hubiera en Marte o en cualquier otro planeta y que fuera capaz de aplicar la prueba conocida de Lovelock y buscar señales de reducción de la entropía.

                La vida es un signo de entropía negativa cuando se replica

Ni la NASA, tomó nunca la prueba de Lovelock lo suficientemente en serio como para aplicarla a la búsqueda de vida en el Sistema Solar; pero si se lo tomó en serio para buscar vida más allá del Sistema Solar. Ahora, parece que han recapacitado y han enviado a Marte y otros lugares de nuestro entorno, una pléyade de ingenios que ya nos han enviado datos de imágenes de cómo son otros mundos y de las posibilidades que en ellos pueden existir de que la vida esté presente. De momento han encontrado hielo de agua, han diluido porciones de la tierra marciana en agua y debidamente tratada, han hallado la presencia de magnesio, sodio, potasio y cloruros.  En algunos lugares, como Titán, por ejemplo,  hay más que evidencia de agua porque las sales están allí con otros elementos esperanzadores y una atmósfera prometedora. Además han encontrado los compuestos químicos necesarios para la vida como la conocemos. y, lo sorprendente de estos lugares (también Marte) es que no son un mundos extraños, sino que, en muchos aspectos, son iguales que la Tierra fue en el pasado o podrá ser en el futuro. Por eso es importante que los estudiémos.

                                                           En alguna ocasión me he referido al comentario que hizo Darwin:

“… los materiales primigenios… en alguna pequeña charca caliente, tendrían la oportunidad de hacer el y organizarse en sistemas vivos…”

 

Hasta que supimos que existían otros sistemas planetarios en nuestra Galaxia, ni siquiera se podía considerar esta posibilidad como una prueba de que la vida planetaria fuera algo común en la Vía Láctea. Pero ahora se sabe que más de cien estrellas de nuestra zona de la galaxia tienen planetas que describen órbitas alrededor de ellas. Casi todos los planetas descubiertos hasta ahora son gigantes de gas, como Júpiter y Saturno (como era de esperar, los planetas grandes se descubrieron primero, por ser más fáciles de detectar que los planetas pequeños), sin embargo,  es difícil no conjeturar que allí, junto a esos planetas, posiblemente estarán también sus hermanos planetarios más pequeños que, como la Tierra, pudieran tener condiciones para generar la vida en cualquiera de sus millones de formas, incluso desconocidas para nosotros como ocurre aquí mismo en nuestro planeta.

Supertierras que son fáciles de detectar por su inemnsas masas pero, los planetas terrestres también están por ahí, orbitando a miles y miles de estrellas y a la distancia adecuada poder contener la vida. Los elementos más abundantes del Universo: carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno (CHON). Están ahí, dispersos por las Nebulosas que forman sus materiales en estrellas y mundos.

Lee Smolin, de la Universidad de Waterloo,  Ontario, ha investigado la relación existente entre, por una parte, las estrellas que convierten unos elementos más sencillos en algo como el CHON y arroja esos materiales al espacio, y, por otra parte, las nubes de gas y polvo que hay en éste, que se contrae para formar nuevas estrellas y mundos.

Nuestro hogar dentro del espacio, la Vía Láctea, es una entre los cientos de miles de millones de estructuras similares dispersas por todo el Universo visible, y parece ser una más, con todas las características típicas – de tipo medio en cuanto a tamaño, composición química, etc.- La Vía Láctea tiene forma de disco plano, con alrededor de cien mil años luz de diámetro, y está formada por doscientos mil millones de estrellas que describen órbitas en torno al centro del disco.

El Sol, en realidad, sólo es importante para nosotros al ser el cuerpo central de nuestro Sistema Solar, y con mucho, la estrella más cercana al planeta Tierra y la única que se puede estudiar con todo lujo de detalles. Se clasifica como una estrella G2V: una estrella amarilla con una temperatura efectiva de 5.770 K ( espectral G2) y una enana de la secuencia principal (clase de luminosidad V). Los detalles de su composición son sobradamente sabidos por todos y cabe destacar su abundancia de hidrógeno – 71% en masa- y de helio el 27% y elementos más pesados hasta completarlo. Por lo tanto, nuestro Sol no destaca por nada entre esa multitud de de cientos de miles de millones de estrellas.

Recorre su órbita a una distancia del centro que viene a ser más o menos dos tercios del diámetro. En el centro de la Galaxia las estrellas forman una protuberancia, de tal modo que desde el exterior daría la sensación de estar viendo un enorme huevo frito, en el que la protuberancia sería la yema. Sin embargo, el modo en que este disco gira revela que todo el material brillante (materia bariónica) que compone la parte visible de la Vía Láctea queda sujeto por el tirón gravitatorio que la propia masa galáctica genera. Otros hablan de una materia invisible que no brilla ni emite radiación y que viene a ser más o menos diez veces mayor que la materia visible de la Galaxia y que suponen diseminada en un halo situado alrededor de ella, extendiéndose mucho más allá del borde del disco de estrellas brillantes.

Descubrir qué es realmente esta materia oscura (si existe, yo prefiero llamarla no luminosa o materia escondida) constituye un tema de crucial interés para los astrónomos, pero no entraremos en eso, ya que, para lo que estamos tratando, no tiene importancia. Muchas galaxias en forma de disco se caracterizan por una especie de serpentinas que se alejan en espiral desde su centro, lo que hace que se les aplique el nombre de galaxias espirales. Es fácil estudiar las pautas que siguen los llamados “brazos espirales”, porque las galaxias se encuentran relativamente cerca unas de otras, si comparamos estas distancias con sus tamaños.

Una fuerza misteriosa hace que las figuras se repitan en las formas de los objetos

Andrómeda (que no es la que arriba vemos), la galaxia espiral más cercana comparable a la Vía Láctea, se encuentra con respecto a nosotros a una distancia de poco más de dos millones de años luz; parece una gran distancia, pero la galaxia de Andrómeda es tan grande (un poco mayor que la Vía Láctea) que, incluso a esa distancia, vista desde la Tierra cubre un trozo de cielo del tamaño de la Luna, y puede observarse a simple vista en una noche despejada y sin luz lunar, si nos situamos lejos de las ciudades y de otras fuentes de emisión de luz.

Los brazos espirales, que son una característica tan llamativa en galaxias como la nuestra, son visibles porque están bordeados por estrellas calientes de gran masa que relucen con mucho brillo. Esto significa que también son estrellas jóvenes, ya que no hay estrellas viejas que tengan gran cantidad de masa.

 [M42 - La Gran Nebulosa de Orión]

                                                                                                                    La hermosa Orión

No hay misterio alguno en cuanto al modo en que mantienen esa forma espiral. Se debe exclusivamente a un fenómeno de retroalimentación.  Las nubes gigantescas a partir de las cuales se forman las estrellas pueden contener hasta un millón de veces la masa del Sol cuando empieza a contraerse gravitatoriamente para formar estrellas. Cada nube que se contrae produce, no una sola estrella de gran tamaño, sino todo un conglomerado de estrellas, así como muchas estrellas menores. Cuando las estrellas brillantes emiten luz, la energía de esta luz estelar (especialmente en la parte ultravioleta del espectro) forma una burbuja dentro de la nube, y tiende a frenar la formación de más estrellas. Sin embargo, una vez que las estrellas de gran masa han recorrido sus ciclos vitales y han explotado, sembrando además el material interestelar con elementos de distintos tipos, la onda expansiva ejerce presión sobre las nubes interestelares cercanas y hace que éstas comiencen a contraerse.

Las ondas procedentes de distintas supernovas, al entrecruzarse unas con otras, actúan mutuamente barrer el material interestelar y formar nuevas nubes de gas y polvo que se contraen produciendo más estrellas y supernovas, en un ejemplo clásico de interacción que se mantiene por sí sola en la que intervienen una absorción de energía (procedentes de las supernovas) y una retroalimentación.

Si la nube es demasiado densa, su interna se contraerá gravitatoriamente de manera rápida, formando unas pocas estrellas grandes que recorren sus ciclos vitales rápidamente y revientan la nube en pedazos antes de que puedan formarse muchas estrellas. Esto significa que la generación siguiente de estrellas nace de una nube más delgada, porque ha habido pocas supernovas que barrieran material formando pedazos densos. Si la nube es tan delgada que su densidad queda por debajo de la densidad óptima, nacerán muchas estrellas, y habrá gran cantidad de explosiones supernovas, lo cual producirá gran número de ondas de choque que barrerán el material interestelar, acumulándolo en nubes más densas.

Sí, siento debidlidad por esta Nebulosa que, para los astrónomos, es un gran laboratorio espacial

De esta manera, por ambas partes, las retroalimentaciones operan para mantener un equilibrio aproximadamente constante entre la densidad de las nubes y el de supernovas (y estrellas de tipo Sol) que se producen en cada generación. La propia pauta espiral resulta del hecho de que la galaxia realiza movimiento de rotación y está sometida al tirón gravitatorio que crea la fuerza de marea proveniente de esa materia no luminosa.

Claro que, la materia interestelar es variada. Existen nubes de gas y polvo fríos, que son ricas en interesantes moléculas y se llaman nubes moleculares gigantes; a partir de estas nubes se forman nuevas estrellas (y planetas). Hay nubes de lo que consideraríamos gas “normal”, formadas por átomos y moléculas de sustancias tales como el hidrógeno, y quizá tan caliente como una habitación cerrada toda la noche y con la temperatura de dos cuerpos dormidos y emitiendo calor. Además, hay regiones que se han calentado hasta temperaturas extremas mediante la energía procedente de explosiones estelares, de tal modo que los electrones han sido arrancados de sus átomos formar un plasma cargado de electricidad.

La densidad de materia entre las estrellas es escasa, dado que estas la obsorbieron y la que había están convertidas en cuerpos homogéneos que brillan y generan calor transformando el material más sencillo en otro más complejo y pesado. También, alrededor de estas estrellas se forman los mundos.

Dentro del medio interestelar las densidades varían. En la modalidad más común, la materia existente las estrellas es tan escasa que sólo hay un átomo por cada mil centímetros cúbicos de espacio: en la modalidad más densa, las nubes que están a punto de producir nuevas estrellas y nuevos planetas contienen un millón de átomos por centímetro cúbico. Sin embargo, esto es algo muy diluido si se compara con el aire que respiramos, donde cada centímetro cúbico contiene más de diez trillones de moléculas, pero incluso una diferencia de mil millones de veces  en densidad sigue siendo un contraste espectacular.

La cuestión es que, pocos investigadores destacaron allá por 1.990 en que todos estos aspectos –composición, temperatura y densidad- en el medio interestelar dista mucho de ser uniforme. Por decirlo de otra manera más firme, no está en equilibrio, y parece que lo que lo mantiene lejos del equilibrio son unos pocos de procesos asociados con la generación de las pautas espirales.

Esto significa que la Vía Láctea (como otras galaxias espirales) es una zona de reducción de la entropía. Es un sistema auto-organizador al que mantienen lejos del equilibrio, por una parte, un flujo de energía que atraviesa el sistema y, por otra, como ya se va viendo, la retroalimentación. En este sentido, nuestra Galaxia supera el test de Lovelock para la vida, y además prestigiosos astrofísicos han argumentado que las galaxias deben ser consideradas como sistemas vivos.

Creo que llevan toda la razón. También la Tierra, como sistema cerrado, es “un sistema vivo” (Gaia) que, se recicla y renueva mediante los fenómenos naturales que podemos ahora contemplar y, hasta comprender.

emilio silvera

 

  1. 1
    Fandila
    el 1 de mayo del 2014 a las 8:48

    Pese a todo, a lo que decimos entropía, parte de la energía que ya no es aprovechable para un sistema cerrado,no lo será del todo o toda la materia del Universos, sus sistemas grandes o pequeños irían disminuyendo lentamente con el tiempo hasta extinguirse. Y en lo que sabemos no suele ocurrir de esa forma.
    Aunque la energía de desecho o aniquilada, no sirva para para el sistema como tal con sus características, es de suponer que sí sea válida para ella misma, y de una forma u otra dará lugar a subsistemas de otro orden, por las mismas o equivalentes normas que el sistema principal de donde se deshechan. De no ser así negaríamos el reciclaje de la materia. El nacimiento de nuevos sistemas puede que tenga su origen, en esas pérdidas de entropía debida a otros, en largos períodos de tiempo.
    Qué ocurre con lo aniquilado, dejará de existir o de él partirá una nueva “recombinación” Pues lo que el uno ya no lo requiere otro le aprovecha. Lo aniquilado no significa la nada sino energía que por sus condiciones menores los sistemas ya no pueden aprovechar. O mejor que se diga, son el tributo que han de pagar al estado del Universo, para no sucumbir. O algo así por el estilo.
    Un abrazo.

    Responder
    • 1.1
      emilio silvera
      el 1 de mayo del 2014 a las 11:05

      Sí, cuando hablamos de entropía lo estamos haciendo en relación a la disponibilidad de energía de un sistema para producir trabajo de mil maneras que, conocidas o no, está posibilitado por esa energía que la entropía aún no destruyó. Está claro que en los sistemas cerrados la entropía está acompañada por un descenso en la energía disponible.
      Cuando un sistema desarrolla un cambio reversible, la entropía (S) cambia en una cantidad igual a la energía transferida al Sistema en gortma de calor (Q) dividida por la temperatura termodinámica a la cual tiene lugar el proceso (T), es decir ΔS = Q/T. Sin embargo, todos los procesos reales son en un cierto grado cambios irreversibles y en cualquier sistema cerradoun cambio irrreversible siempre está acompañado por un aumento de la entropía.
      De todas las maneras y, a pesar de la explicación que de la entropía aquí estoy dejando, no dejaría caer en el “baul del olvido” las consioderaciones que nos hace el amigo Fandila que, apunta a que, esa
      En un sentido más amplio la entropía puede ser interpretada como una medida del desorden; cuanto mayor es la entropía, mayor es el desorden. Lo vemos a nuestro alrededor, el paso del tiempo lleva de acompañante a la entropía que todo, sin excepción, lo deteriora.
      Como cualquier cambio real en un sistema cerrado tiende siempre a una ,mayor entropía, y por tanto a un mayor desorden, se deduce que si la entropía del universo está aumentando, la energía disponible estará decreciendio y, su resultado final será, la muerte térmica del universo, si lo consideramos como un sistema cerrado en su nconjunto.
      Este aumento de entropía en el Universo, es una manera de formular el segundo principio de la termodinámica. 
      De todas las maneras no dejaría caer en “saco roto” ni echaría en el ·baul del olvido” las consideraciones que nos hace el amigo Fandila, porque, en últi,ma instancia, esas energías menores que la entropía pueda generar, quizá, ¿quién sabe? pueden ser utilizadas por sistemas menores que también, operan en su propio “universo”.
      Saludos.

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  2. 2
    José Luis
    el 1 de mayo del 2014 a las 14:52

    Estimado Emilio, Considero que en la naturaleza no exista ningún proceso reversible, no será la entropia el “permiso” para que la energía pueda transitar desde una temperatura mayor hacia otra menor en forma natural o viceversa cuando exista un empuje que lo origine, en mi concepto todos los procesos de la naturaleza generan entropia, y efectivamente las energías desechadas por un sistema, abierto o cerrado pueden ser utilizadas por otro subsistema,recordando que el universo tiene una temperatura cercana al cero absoluto, con lo que la temperatura del universo siempre irá en aumento, las cuatro leyes que rigen la termodinámica son muy claras y precisas y aplicables a todos los procesos naturales, si bien la energía no puede crearse ni destruirse, solo conservarse , la entropia puede generarse más no destruirse, en mi concepto no existe entropia negativa, o tal ves por debajo del cero absoluto, pero eso violaría una ley termodinámica . La vida misma es generación de entropia, necesaria para su continuación.
    Reciban un fuerte abrazo Fandila y Tu

    Responder
  3. 3
    Fandila
    el 2 de mayo del 2014 a las 0:10

    Si consideramos los llamados agujeros negros, si es que son lo que parecen, esos pozos sin fondo atraparían todo aquello que se encuentre bajo su influencia gravitoria: masas de todo tipo, radiaciones y hasta la luz, porque más allá no no es posible “visualizar” nada. ¿Porqué no también los detritus inservibles de los sistemas que engulle, es decir sus perdidas de entropía? Será lo lógico. No sabemos qué ocurre en el supuesto agujero negro, pero de ser, es seguro que su compactación o implosión contraria a la expansión, sea como un regreso a dimensiones menores. Una inversión de la flecha del tiempo en relidad. ¿Hasta que punto o límite en sus dimensiones ocurriría esto? Sería imposible de determinar..
    Como fuere significará una vuelta hacia atrás, una reversión en el tiempo más o menos equilibrada, de la materia-energía normal de cada presente. Es de suponer que la cuantificación para la ocurrencia de tal reversión sea generalizado, y que incluso existiese una cuantificación total para nuestro universo Universo (¿?)
    Un abrazo amigos.

    Responder
  4. 4
    kike
    el 2 de mayo del 2014 a las 0:11

    En mi manifiesta ignorancia no acabo de comprender muy bien lo de la 2ª Ley de la Termodinámica; seguramente esos principios, que en su forma más insignificante vemos todos los días, significará la total destrucción a la larga, muy a la larga.

     Tengo claro no obstante que debido principalmente al componente temporal, a la cuarta dimensión de lo que conocemos, todo tiende a descomponerse por el simple hecho del paso del tiempo, lo que ayuda a la teoría del caos.

     Pero hete aquí, que en un pequeño planeta perdido en el espacio profundo, en el brazo de Orión de una galaxia de tamaño  medio, de repente, por aún ignorados sistemas, surgieron unos pequeñísimos seres VIVOS, que para poder perdurar idearon no se sabe como ni porqué la cualidad de replicarse.

     Esa replicación creo que va en contra de todos los principios de las leyes del caos y de la  2ª termodinámica, pues si bien es cierto que esos seres al llegar a la vida cumplen inexorablemente esos principios de desorden, con su rara habilidad de multiplicación pudieran encontrarse con la posibilidad de al menos retardar notablemente ese caos.

     Y ello, no solo por su habilidad de multiplicarse en nuevos individuos que rompen el desorden, sino por esa inteligencia que demuestran, que esa si que podría romper el caos universal, pues quien puede asegurar o más bien negar que el hombre pueda alguna vez conseguir tal poder tecnológico que revierta esos principios tan deterministas y consiga de alguna manera por ejemplo ciclos evolutivos de la materia que obvien el desorden como consecuencia temporal?

     Posiblemente no, pero no puedo dejar de opinar que los seres vivos somos por esencia contrarios a la entropia, y contra ella luchamos con denuedo, tanto que hasta sería posible vencerla, y ello sin romper la flecha del tiempo. 

     …O quizás no….. 

    Responder
  5. 5
    emilio silvera
    el 2 de mayo del 2014 a las 6:34

    ” …O quizás no….. ”

    Bueno, amigo Kike… ¡O quizás sí! Como bien dices, el simple hecho de replicarse significa Entropía negativa, es decir, es la manera que tenemos los de nuestra especie (otras también), de generar esa clase de entropía y, cuando en las galaxias nacen nuevas estrellas, también se está produciendo ese fenómeno que va contra la entropía y el Caos final, toda vez que, algo nuevo surge para que todo siga igual.
    Lo cierto es que sí existe la entropía negativa y, continuamente la podemos contemplar a nuestro alrededor, hay procesos que son cíclicos y reversibles como, por ejemplo y para no ir más lejos… ¡el de la vida! ¿Queson otras vidas? Sí, cierto, otras vidas con los genes de la que se fue y, de esa manera, continúa la aventura que comenzó hace algunos cientos de miles de años en nuestra especie. Si eso no es entropía negativa…
    Por otra parte, en cosas más simples y simplemente mecánicas, hay cosas que se repiten una y otra vez y, en nuestro entorno, la Naturaleza lo hace con las estaciones, las mareas y un sin fín de fenómenos naturales que, desde que pòdamos recordar, están aquí con nosotros.
    Por otra parte, no es cierto que la temperatura del universo esté siempre en aumento, el hecho de que las galaxias se estén alejando las unas de las otras como consecuencia de la expansión, hace que cada vez sea más frío y, de hecho, se cree que la muerte térmica del universo llegará cuando alcance el cero absoluto, es decir, -273,16º Celsius, a esa temperatura ni en los átomos habrá movimiento alguno.
    Es cierto que cuanto mayor sea la entropía de un sistema mayor también será el desorden y la energía disponible disminuirá. El propio universo, considerado como un sistema cerrado se verá abocado a ese escenario final, ya que, de manera irremisible, su entropía aumenta más y más y lo está llevando ahacia su muerte térmica.
    Existe una energía interna de la que habla la ciencia que estudia las leyes que gobiernan la conversión de una forma de energía en otra, la dirección en la que fluye el calor y la disponibilidad de energía para que siga produciéndose trabajo. Se basa en el principio de que en un sistema aislado en cualquier lugar del universo hay una cantidad medible de energía, llamada la energía interna (U) del sistema. Esta es la suma de la energía potencial y cinética total de los átomos y moléculas del sistema que pueden ser transferida directamente como calor; excluye, por tanto, la energía nuclear y química. El valor de U sólo puede cambiar si el sistema deja de estar aislado, toda vez que, si deja de estar aislado y se junta con otro, habrá transferencia de masa, energía, calor.
    En ese caso, tenemos que pensar en cómo se fusionan las galaxias y, a menor escala, también nosotros, de alguna manera, lo hacemos para generar nueva sabia, nueva energía y nueva vida que, de alguna manera, viene a contrarrestar los efectos de la entropía destructora que no puede impedir que esa nueva vida surja, y, de la misma manera, en las galaxias, nacen nuevas estrellas y nuevos mundos.
    Todo esto nos puede llevar a pensar que, si nuestro universo es considerado un sistema cerrado, al final del camino, la entropía se saldrá con la suya pero… ¡Siempre hay un pero! ¿Y si nuestro universo no está sólo y se está acercando, de manera inexorable, a otro universo vecino para fusionarse con él? En ese caso, se producirán fenómenos termodinámicos que darán lugar a un escenario nuevo. No es ninguna tonteria pensar en esa posibilidad, de estudios recientes ha salido el resultado asombroso de que nuestro universo parece tener vecinos.
    Es cierto que los procesos naturales obeden a la primera ley de la termodinámica (el principio de conservación de la energía). Sin embarego, aunque todos los procesos naturales obedecen a esta ley, no todos los procesos que la obedecen pueden ocurrir en la naturaleza. La mayoría de los procesos son irreversibles, es decir, solo pueden ocurrir en una dirección y la dirección que un proceso natural puede tomar es el objeto del segundo principio de la termodinámica al que antes Kike se refería y que puede ser formulado en una gran variedad de formas:

    “El calor no puede ser transferido desde un cuerpo a un segundo cuerpo a temperatura mayor sin producirse ningún efecto, y, la entropía de un sistema sistema cerrado aumenta con el tiempo.”

    Esos conceptos introducen la Temperatura y la Entropía, los parámetros que determinan la dirección en la que un proceso irreversible puede ocurrir. Como decíamos antes, si se llega al cero absoluto, el valor de la entrop´çia sería cero, es decir, el cambio de la entroìa sería nulo, como se cree que pasaría si el universo llega a ese final que algunos vaticinan de su muerte térmica.
    Claro que, yo no soy tan agorero y parto de una base muy cierta: No lo sabemos todo y, lo poco que sabemos está sujeto a cambios (como nuestras teorías) a medida que vamos evolucionando y adquiriendo nuevos conocimientos. Ahora, podemos tener la impresión de que estamos a merced de esa Entropía que nos lleva al Caos y hacia la destrucción pero… (de nuevo un pero), ¿son inamovibles nuestros conocimientos actuales?
    Creo en la generación de entropía negativa (por llamarla de alguna manera), y, el ejemplo de las estrellas nuevas que nacen continuamente y también, de nuestra propia descendencia… ¡Es una prueba irrefutable! De todas las maneras y, como siempre digo:

    “Sabemos tan poco”

    Un abrazo amigos.
     
     
     

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