viernes, 17 de agosto del 2018 Fecha
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¿Quiénes somos? ¿De donde venimos? II

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en ¿Quiénes somos? ¿De donde venimos?    ~    Comentarios Comments (9)

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No pocas veces contemplamos escenas que son dignas del mayor asombro. Parece mentira que el felino, no sólo esté mirando al desvalido pajarillo con curiosidad, sino que, da la impresión de que en su mirado y gestos, está presente la ternura. ¿Es posible que hasta los animales tengan más sensibilidad que muchos jumanos?

En la entrada que deje ayer rferida a las Nebukosas, se pudo dar un amplio repaso a su variedad, formar y las distintas muestras que de ellas tenemos en el espacio interestelar. A partir de estas inmensas Nubes de gas y Polvo nacen las estrellas y surgen los mundos por aglomeración del material ahí presente, los elementos fabricados en los núcleos de las estrellas están espacirdos por estas Nebulosas para, con el tiempo, cumplir su destino de que nuevas estrellas de segunda o tercera generación puedan calentar planetas que, como el nuestro, podrían tener posibilidad de albergar alguna clase de vida.

 

                 Repasemos (hasta donde sabemos) de donde venimos y quiénes somos

En aquellas selvas, los simios se encontraban en su paraíso. Las condicione climatológicas eran las más adecuadas: siempre reinaba la misma temperatura cálida, y la lluvia que con frecuencia caía, era también caliente. Apenas tenían enemigos peligrosos, ya que, ante la menor amenaza, en dos saltos estaban en refugio seguro entre las ramas de los árboles, hasta donde ningún depredador podía perseguirles. En este escenario, en el que había poco riesgo, alimentos abundantes y las condiciones más favorables para la reproducción, surgieron nuestros antepasados.

Hace unos cinco millones de años, a comienzos del Pleistoceno, el período que siguió al Mioceno, en los bosques que entonces ocupaban África oriental, más concretamente en la zona correspondiente a lo que hoy es Kenia, Etiopía y Nigeria, habitaba una estirpe muy especial de monos hominoideos: Los Ardipithecus ramidus. Éstos, como el resto de primates, estaban adaptados a vivir en zonas geográficas en las que no existían variaciones estacionales. Porque los monos, en general, no pueden soportar largos periodos en los que no haya frutas, hojas verdes, tallos, brotes tiernos o insectos de los que alimentarse: por eso solo viven en zonas tropicales, salvo muy contadas excepciones.

Los fósiles de quien hoy se considera uno de nuestros primeros antepasados, el Ardipithecus ramidus, han aparecido siempre junto a huesos de otros mamíferos cuya vida estaba ligada al bosque. Se puede suponer, por lo tanto, que habitaba un bosque que aún era espeso, con algunos claros, y abundante en frutas y vegetales blandos, aunque el enfriamiento progresivo que se venía produciendo en esos últimos miles de años y las catastróficas modificaciones geológicas tuvieron que reducir la disponibilidad de los alimentos habituales de estos simios.

El Ardipithecus ramidus no abandonaba nunca sus selvas. Como los monos antropomorfos de hoy, debía tratarse de una especie muy poco tolerante a los cambios ambientales. Todo apunta a que se auto-confinaban en la búsqueda de la comodidad fresca y húmeda y la fácil subsistencia que les proporcionaba sus bosques y nunca traspasaban los límites: en la linde se encontraba, para él, el fin del mundo, la muerte.

Estos antepasados nuestros son, de entre todos los homínidos fósiles, los que más se parecen a los monos antropomorfos que viven en la actualidad. Su cerebro era como el de un chimpancé actual: de una capacidad de 400 cm3 aproximadamente. Sus condiciones físicas estaban totalmente adaptadas al medio, con piel cubierta de pelo fuerte y espeso, impermeable, adaptadas al clima lluvioso y la humedad ambiental, en donde el sudor era totalmente ineficaz para refrigerar el cuerpo.

El equipo sensorial de estos antepasados nuestros debía de ser como el de todos los primates. Predominaba el sentido de la vista más que el del olfato: en el bosque, el hecho de ver bien es más importante que el de tener una gran capacidad olfativa. Una buena visión de los colores les permitía detectar las frutas multicolores en las umbrías bóvedas de la selva. El sentido del oído tampoco debía de estar muy desarrollado: contaban con orejas de pabellones pequeños que no tenían la posibilidad de modificar su orientación. En cambio, poseían un refinado sentido del gusto, ya que en su dieta tenían cabida muchos sabores diferentes; de ahí deriva el hecho de que cuando nos resfriamos y tenemos la nariz atascada los alimentos pierdan su sabor.

A pesar de su escasa capacidad cerebral, es posible que en ocasiones se sirviera de algún utensilio, como alguna rama para defenderse, y de un palito para extraer insectos de sus escondites, y hasta utilizara piedras para partir semillas. El uso de estas herramientas no era premeditado, sino que acudían a él de manera instintiva en el momento que lo necesitaban y luego no conservaba el utensilio, sencillamente los abandonaban para buscar otro nuevo en la próxima ocasión.

Con el paso de los años fueron evolucionando y transformándose físicamente, perdiendo sus enormes colmillos, el pelo, la forma simiesca de desplazarse. El cambio climático introdujo una modificación ecológica y trajeron dificultades para encontrar alimentos lo que hizo que los individuos de esa especie de simios estuvieran permanentemente amenazados de muerte. En consecuencia, las ventajas genéticas de adaptación al medio les trajeron variaciones como la ya mencionada reducción de los caminos, se convertían en algo decisivo para que llegaran a hacerse adultos con un óptimo desarrollo y que se reprodujeran más y con mayor eficacia.

La existencia dejó de ser idílica para estar rodeada de riesgos que, constantemente, amenazaban sus vidas por los peligrosos depredadores que acechaban desde el cielo, desde el suelo o desde las propias ramas de los árboles en los que el Ardipithecus ramidus pasaba la totalidad de su existencia.

Pasaron un par de millones de años, el planeta continuó evolucionando junto con sus pobladores y, según los indicios encontrados en las sabanas del este de África, allí vivieron unos homínidos que tenían el aspecto y el cerebro de un chimpancé de hoy. Caminaban sobre dos pies con soltura, aunque sus brazos largos sugieren que no despreciaban la vida arbórea; eran los Australopithecus. De una hembra de Austrolopithecus aferensis que se paseaba por la actual Etiopía hace tres millones de años poseemos un esqueleto completo: Lucy.

Sabemos que la selección natural sólo puede producirse si hay variación. La variación supone que los descendientes, si bien pueden tener muchos caracteres comunes con sus padres, nunca son idénticos a ellos. La selección natural actúa sobre estas variaciones favoreciendo unas y eliminando otras, según si proporcionan o no ventajas para la reprodución; las que sobreviven y se reproducen son las que están mejor dotados y mejor se adaptan al entorno. Estas variaciones vienen dadas por mutación (inapreciable en su momento) y por recombinación de genes y mezclas enriquecedoras de la especie. Ambos procesos, en realidad se rigen exclusivamente por el azar, es decir, ocurren independientemente de que los resultados sean o no beneficiosos para los individuos, cuando se producen.

Los cambios ecológicos y climáticos progresivos, junto con la aparición casual de unas afortunadas mutaciones, permitieron que unos simios como los antes mencionados Ardipithecus ramidus se transformaran a lo largo de miles de años en los Australopithecus afarensis. El segundo peldaño en la escalera de la evolución del hombre se había superado: la bipedestación. Esta ventaja evolutiva les permitió adaptarse a sus nuevas condiciones ambientales, no solo proporcionándoles una mayor movilidad por el suelo, sino liberando sus manos para poder acarrear alimentos y consumirlos en un lugar seguro. Hay que tener en cuenta que, al desplazarse erguidos, estos homínidos regulaban mejor su temperatura corporal en las sabanas ardientes porque exponían menos superficie corporal al sol abrasador. También podían percibir con mayor antelación el peligro. Por supuesto, estos cambios positivos, también incidieron en el despetar de sus sentidos.

                                                  Australopithecus afarensis

Correr para salvarse desarrolló sus pulmones y el corazón, los peligros y la necesidad agudizó su ingenio y su mente se fue desarrollando, apareció la extrañeza por lo desconocido, lo que mucho más tarde sería curiosidad.

El tiempo siguió transcurriendo miles de años, los siglos se amontonaban unos encima de otros, cientos de miles de años hasta llegar al año 1.500.000 antes de nuestra era, y seguiremos en África.

Al iniciar la época denominada Pleistoceno, hace un millón ochocientos mil años, el mundo entró en un periodo aún más frío que los anteriores en el que comenzaban a sucederse una serie de periodos glaciales, separados por fases interglaciares más o menos largas. Cerca de los polos de la Tierra, los periodos glaciales ocasionaron la acumulación de espesas capas de hielo a lo largo de los miles de años en que persistió el frío más intenso; luego, en los miles de años siguientes que coincidieron con una fase más calida, los hielos remitieron algo, aunque no desaparecieron por completo.

En las latitudes más bajas, como en el este africano, la mayor aridez del clima favoreció que prosperara un tipo de vegetación hasta entonces desconocido, más propio de las zonas desérticas. También se incrementaron las sabanas de pastos, casi desprovistas de árboles, semejantes a las praderas, las estepas o las pampas actuales.

A lo largo del millón y medio de años transcurridos desde que Lucy se paseaba por África habían surgido numerosas especies de homínidos, algunas de las cuales prosperaron durante cientos de miles de años y luego desaparecieron.

Por aquellos tiempos habitaba la zona del este de África el primer representante del género Homo:

El Homo habilis, un antecesor mucho más próximo a nosotros que cualquiera de las anteriores especies, con una capacidad craneal de entre 600 y 800 cm3 y que ya era capaz de fabricar utensilios de piedra, aunque muy toscos. Es conveniente tener en cuenta que la aparición de una nueva especie no tiene por qué coincidir necesariamente con la extinción de la precedente. En realidad, muchas de estas especies llegaron a convivir durante miles de años.

Las peripecias de estos personajes por sobrevivir llenarían varios miles de libros como este y, desde luego, no es ese el motivo de lo que aquí queremos explicar, más centrado en hacer un repaso desde los orígenes de nuestros comienzos hasta nuestros días y ver que la evolución del conocimiento es imparable, desde las ramas de los árboles y los gruñidos, hemos llegado hasta la Mecánica Cuántica y la Relatividad General que, mediante sofisticadas matemáticas nos explican el mundo en el que vivimos, el Universo al que pertenecemos, y las fuerzas que todo lo rigen para crear la materia.

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                                                                             Aquí reside el mayor misterio del Universo

Pero continuemos. En dos millones de años de evolución se dobló el volumen cerebral desde los 450 cm3 del Australopithecus aferensis hace cuatro millones de años hasta los 900 cm3 del Homo ergaster. Es un misterio cómo se llegó a desarrollar nuestro cerebro con una capacidad de 1.300 cm3 y una complejidad estructural tan sorprendente como se comentaba en las primeras páginas de este trabajo.

Pero también resulta un misterio cómo fue posible que nuestro cerebro evolucionara a la velocidad a la que lo hizo: en apenas tres millones de años el volumen cerebral pasó de 450 a 1.300 cm3. Esto representa un crecimiento de casi 30 mm3 por siglo de evolución. Si consideremos una duración media de treinta años para cada generación, han pasado unas cien mil generaciones desde Lucy hasta nosotros, lo que supone un crecimiento medio de 9 mm3 de encéfalo por cada generación.

El aumento del volumen del cerebro es una especialización como la de cualquier otro órgano, y la selección natural favoreció el crecimiento encefálico porque proporcionó ventajas de supervivencias y reproducción en el nicho ecológico de los homínidos. Tradicionalmente, a la hora de abordar la cuestión de la evolución del cerebro se plantean grandes cuestione: ¿Para qué necesitaron nuestros antecesores un cerebro grande ? ¿Por qué la evolución desarrolló una estructura que permite sembrar una huerta, componer una sinfonía, escribir una poesía o inventar un tensor métrico que nos permita operar con dimensiones curvas del espacio ?

¿Qué puede suceder en lugares como éste para que desde ahí puedan surgir las ideas, los pensamientos, los sentimientos?

Estas y otras muchas preguntas, nunca tienen una respuesta científica convincente. Eso sí, sabemos que nuestro cerebro es un lujo evolutivo, la herramienta más delicada, compleja y precisa jamás creada en la biología.

El cerebro es un órgano que consume mucha energía y posee una elevada actividad metabólica. El cerebro humano tiene una actividad metabólica varias veces mayor de lo esperado para un primate de nuestro mismo peso corporal: consume entre un veinte y un veinticinco por 100 del gasto energético en reposo (metabolismo basal), en comparación con el ocho a diez por 100 de consumo energético para los primates. Además, el cerebro es exquisito y muy caprichoso en cuanto al combustible que utiliza para producir energía; no le sirve cualquier cosa. En situaciones normales el cerebro sólo consume glucosa y utiliza 100 gr. de este azúcar cada día, la cual procede de los hidratos de carbono ingeridos con los alimentos vegetales. Sólo en casos extrema necesidad, por ejemplo cuando llevamos varios días sin comer hidratos de carbono, el cerebro recurre a su combustible alternativo, un sucedáneo, que son los cuerpos cetónicos que proceden de las grasas.

A causa de estas peculiaridades metabólicas del tejido cerebral, su funcionamiento entraña un importante consumo de recursos y gasta una notable cantidad de combustible metabólico. Estos valores aumentan si consideramos el precio del desarrollo del cerebro; el cerebro de un recién nacido representa el doce por 100 del peso corporal y consume alrededor del sesenta por 100 de la energía del lactante. Una gran parte de la leche que mama un niño se utiliza para mantener y desarrollar su cerebro.

Está claro que el cerebro necesita energía. Sin embargo, no quiere decir que cuanto más comamos más crecerá y más inteligentes seremos. El cerebro crece porque se ejercita, es el órgano pensante de nuestro ser, allí se elaboran todas las ideas y se fabrican todas las sensaciones, y, su mecanismo se pone en marcha para buscar soluciones a problemas que se nos plantean, para estudiar y comprender, asimilar nuevos conceptos, emitir teorías y plantear cuestiones complejas sobre múltiples problemas que el ser humano maneja en los distintos ámbitos del saber científico y técnico o simplemente de conocimientos especializados de la actividad cotidiana. Todo esto, hace funcionar al cerebro, a veces al límite de sus posibilidades, exigiéndole más de lo que es capaz de dar y exprimiendo su energía hasta producir agotamiento mental.

podermental

Esta actividad, sobre todo en las ramas de las matemáticas, la física, y la química (está comprobado), es lo que hace crecer más a nuestro cerebro que, en el ejercicio de tales actividades, consumen, de manera selectiva la energía necesaria para tal cometido de una máxima exigencia intelectual que requiere manejar conceptos de una complejidad máxima que no todos los cerebros están capacitados para asimilar, ya que, se necesita una larga y cuidada preparación durante años y, sobre todo, que el cerebro esté capacitado para asimilarla.

Así que, el cerebro crece por que lo hacemos trabajar y lo educamos, no porque nos atraquemos de comer. Hay animales que consumen enormes cantidades de alimentos y tienen cerebros raquíticos.

                                            El deseo de saber, eso sí que agranda el cerebro, hacerlo trabajar

En 1.891, sir Arthur Seit enunció que en los primates existe una relación inversa entre el tamaño del cerebro y el del intestino: “Un primate no puede permitirse tener a la vez un sistema digestivo grande y un cerebro también grande”.

En 1.995, L. Aiello y P.Wheeler, completaron este principio formulando la llamada “Hipótesis del órgano costoso”. En ella se establece que, dado que el cerebro es uno de los órganos más costosos desde el punto de vista metabólico, un aumento del volumen cerebral sólo sería posible a cambio de reducir el tamaño y la actividad de otro órgano con similar consumo de energía. ¿Pero cuál es este órgano ? El otro sistema que consume tanta energía como el cerebro es el aparato digestivo. El intestino puede reducirse a lo largo de la evolución porque su tamaño, en una determinada especie, depende de la calidad de la alimentación que esa especie ingiera. Una alimentación de alta calidad es la que se digiere con facilidad y libera mayor cantidad de nutrientes y energía por unidad de trabajo digestivo invertido.

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La alimentación a base de plantas es de más baja calidad que la dieta a base de carne, por eso una forma de aumentar la calidad dietética de una alimentación es incrementar la cantidad de comida de procedencia animal (huevos, carne, insectos, pescados, reptiles, etc.

Cuando se comparan las proporciones de volumen de cerebro y de aparato digestivo en humanos y en chimpancés en términos energéticos se obtiene un resultado concluyente: la energía ahorrada por la reducción del tamaño del intestino en humanos es aproximadamente del mismo orden que el coste energético adicional de su mayor cerebro.

Así, según estas teorías, la expansión cerebral que se produjo durante la evolución desde nuestros antecesores hasta el hombre sólo fue energéticamente posible mediante una reducción paralela del tamaño del aparato digestivo y el aumento del cerebro. Lo que nos lleva al dicho:

Hay que comer para vivir, no vivir para comer.

emilio silvera

 

  1. 1
    emilio silvera
    el 9 de febrero del 2015 a las 9:46

    Uno de los más complejos Enigmas que el Universo nos plantea, es precisamente ese: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Somos acaso una especie elegida, o, por el contrario, simplemente somos una más de las muchas especies que pueblan el complejo conglomerado de galaxias y mundos sostenidos por estrellas que les presta su luz y su calor para, la vida, pueda estar presente en ellos? Sabemos que las fuerzas fundamentales y las constantes universales que rigen el Universo, son las que hace posible que el universo, sea el que conocemos y nos permita estar aquí. Sabemos que si la constante de estructura fina, por ejemplo, variara tan solo en una diez millonésima, la vida no sería posible el el Universo y, desde luego, no sabemos la totalidad de la Historia que nos trajo aquí.
    Se habla de Panspermia, de evolución de la “materia inerte” en un planeta adecuado para que, los elementos necesarios, mezclados en la debida proporción y en presencia de unas condiciones idóneas para ello, pudieran formar lo que se conoce como Protoplasma Vivo, esa sustancia de la vida de la cual surgío, hace más de 2.800 millones de años (al menos aquí en la Tierra), aquella primera célula replicante que comenzó a escribir la historia fascinante de lo que conocemos como vida.
    La Vida aquí en nuestro planeta, se presenta con una diversa y rica variedad que, desde siempre, ha fascinado a los estudiosos de la Biología terrestre: Formas y colores, grados de inteligencia, ámbitos inimaginbables como habitats para las distintas especies que pueblan éste mundo de belleza sin par.
    Hemos podido seguir las pistas que la Naturaleza, con el transcurrir del Tiempo, no ha destruido, y, en ellas, hemos obtenido información y sacado consecuencias que, aunque no siempre han sido acertadas, sí (a veces) nos acercó a la posible verdad.
    La Vida, amigos, es la materia evolucionada hasta su más alto nivel, y, una vez asentada en ese nivel primero de una vida primigenia sin más, comenzó a evolucionar aprendiendo del entorno, y, el cerebro se agrandó y comenzó a “ver” mucho más allá del entorno, captó y fue consciente de que estaba en un “mundo” mucho mayor que la Tierra… ¡El Universo! Y, con asombro, comenzó a plantear preguntas que poco a poco, ha podido ir contestando. Sin embargo, la mayoría de ellas, han quedado aún sin respuestas y, la que más difícil resulta de contestar es: ¿Qué es la vida? Y, de nosotros, el origen y el destino.
    Ninguna duda me puede caber de que no estamos sólos en tan vasto Universo, y, la Naturaleza que es sabia, ha hecho las cosas de tal manera que, al menos de momento, no nos podamos encontrar, toda vez que, el resultado de dicho encuentro, podría ser problemático e incierto.

    Responder
  2. 2
    Marta Balbi
    el 11 de febrero del 2015 a las 13:19

    Digo que estamos aquí con lucidez, poder de reflexión, inteligencia indagatoria, pero sin ninguna posibilidad de respondernos a las preguntas fundamentales, entonces “inventamos respuestas”, y esa respuestas inventadas nos dan posibilidad de construirnos un estilo de vida, un proyecto de vida, un propósito de vida, de otro modo nos sofocaría la angustia. Nos aferramos con tanto afán a alguna de esas respuestas que somos capaces de matar y de morir por ella, y de ensalzar o defenestrar a los otros que piensen igual o diferente de nosotros.
    Igual que todos, no sé de dónde provenimos, pero somos una máquina de hacer pavadas y de deciir pavadas, eso sí, de manera muy categórica.

    Responder
    • 2.1
      Emilio Silvera
      el 12 de febrero del 2015 a las 5:44

      Amiga mía:

      No se podría decir más acertadamente lo que somos por muchas palabras que pudiéramos emplear, has dejado un reflejo muy cercano a la ralidad en la que estamos inmersos que, poco más, se podría añadir para escenificar el “mundo” en el que nos movemos y el escenario que nosotros mismos hemos creado para vivir en sociedad e interrelacionarnos los unos con los otros.

      Lo cierto, estimada amiga es, que pocas veces nos mostramos como en realidad somos, y, todos, vivimos en un doble yo, que hemos creado para vivcir en un mundo irreal que es el que conviene o es el más adecuado para no herir los sentimientos de otros, para estar más cómodo en el ámbito en el que nos movemo, o, simplemente para no diferenciarnos… mucho, de los demás.

      Claro que, de la realidad que llevamos dentro, de lo que rrealmente somos, surge esa dualidad, esa doble personalidad creativa de una irrealidad que tiene mil caminos que nos lleva desde la vida cotidiana hasta los confines del universo. Esa irrealidad está creada por la realidad misma y, su fuente, es la imaginación que muchas veces está dictada por la convivencia, otras por la agudeza de observación y, no pocas, por la ensoñación que nos inventamos para ser un poco más felices en este mundo despiadado que no suele dar siempre lo que cada uno quiere y, es entonces, cuando entra en juego esa irrealidad imaginativa que nos sirve de medicina, que nos reconforta al imaginar sobre todo aquello que deseamos y no podemos tener: Aquel Amor, el logro de unos conocimientos que nunca pudimos alcanzar, el poder constatar una teoría sin tener la posibilidad real de hacerlo…

      Es cierto que tenemos ese punto de lucidez que nos lleva a investigar sobre las cuestiones que nos interesa y, también es cierto que, cuando no comprendemos alguna cosa, nos inventamos “lo que es”, “el por qué es así” “su origen y su presencia aquí o cometido natural” poco importa que, mucho después, encontremos la verdadera respuesta a lo que aquello es, cual es su verdadero significado y origen, porque, mientras tanto, hemos convivido tan aquella irrealidad que nos proporcionó la comodidad que en aquel momento se necesitaba (el caso de la materia oscura es un buen ejemplo de lo que digo). 

      Claro que, nosotros, los Seres Humanos, somos “entes” muy complejos que estamos inmersos en una dualidad de personalidades, una es la que todos ven y con aquella que suelen tratar en sus vidas cotidianas, la otra, la más desconocida, está oculta dentro del yo y vive una doble vida secreta, oculta a los demás, una vida más rica y de ensoñación, en la que, la imaginación, nos hace crear “mundos” que no están en este mundo nuestro, es un mundo particular de cada cual que solo existe en el interior, que no se refleja hacia el exterior y que nadie puede contemplar excepto el interesado que tiene la exclusividad de “vivencias” que, la mayoría de las veces, se llevan a la tumba y nunca comparten con los demás.

      Nos creamos nuestro propio escenario, no todos podemos ver el mundo como en realidad es y, cada cual, se crea el suyo aunque para cumplir ese pacto social (no firmado) de convivencia, todos nos podamos mostrar más o menos convencionales en adecuación a las Normas. Lo cierto es que, ese otro yo que todos llevamos dentro (unos con más intensidad que otros), hace muy real que la realidad que mostramos, no lo sea tanto como pretendemos hacer saber a los demás.

      Claro que, no pocas cosas positivas han salido de “ese mundo irreal”: Teorías cintíficas, obras literarias, fantásticas obras de poesía, inventos que cambiaron el mundo… Y, si todo eso es así (que lo es), tendremos que concluir que, esa irrealidad nuestra, a veces, se convierte en una auténtica y positiva realidad. Es decir, tenemos que concluir admitiendo que las dos partes de las que estamos conformados “realidad e irrealidad” conforman un conjunto necesario para que podamos ser como somos y que, el mundo en el que vivimos, sea como es.

      Estimada amiga, en cuanto a que somos una máquina de “hacer y decir pavadas”, ninguna duda nos puede caber y, lo más asombroso del caso es que, como bien apuntas, es que las decimos y hacemos de una manera tan categórica que, incluso puede dar la sensación de que son necesarias y ciertas, cuando la realidad es que, nos equivocamos más de lo que sería necesario, ya que, sabemos mucho menos de lo que creemos saber.

      Un saludo cordial.

       

       

       

      Responder
  3. 3
    amadeo arce mata
    el 2 de marzo del 2015 a las 3:29

    No se nos olvide, que la aventura humana apenas comienza.

    Responder
    • 3.1
      wmilio silvera
      el 2 de marzo del 2015 a las 6:01

      Cierto, amigo Amadeo. Sabiendo que en relación al Tiempo que tiene nuestro Universo (13.,750 millones de años), la Humanidad sólo lleva en el planeta Tierra el Tiempo que dura un parpadeo, habrá que convenir que, el camino recorrido ha sido largo y penoso. Sin embargo, nuestra curiosidad nos hizo mirar hacia las estrellas y preguntarnos por los fenómenos naturales que a nuestro alrededor podíamos ver, así, pasados algunos siglos, hemos podido conseguir conocimientos relacionados con los átomos y con las galaxias. También, poco a poco, hemos tratado de saber sobre la vida, sobre nosotros.
      Un cordial saludo.

      Responder
  4. 4
    arturo kortazar azpilikueta martikorena
    el 23 de mayo del 2018 a las 12:19

    Los orígenes lo marcan todo, son determinantes para lo que se pueda tener y desempeñar en el futuro. Unos nacen para vivir de lo que ya tienen y aumentarlo especulando con ello, ya sea patrimonio, dinero o valores, y contactos, otros para trabajar para los que viven muy bien de sus posibles heredados, y otros pocos para observar la vida y reflexionar para luego escribir, como hago yo. Mi papel es ser espectador, escudriñar el comportamiento de los demás, y ahora veo imposible salirme de mi papel, y liberarme de él. Cada uno tiene su cometido prácticamente inamovible, los papeles ya están repartidos de partida, como las cartas que te reparten cuando juegas a los naipes, aunque nos repitan continuamente que somos libres para elegir nuestro futuro, y el éxito y la riqueza está solamente en nuestras manos, pero únicamente unos pocos son capaces de escapar de sus orígenes. Si tus progenitores son pobres y asalariados de un escaso nivel económico, lo más probable es que acabes siendo lo mismo que ellos, igual con un poco suerte y currándotelo mucho, te puedes hacer con un sueldo un poco más alto y un piso un poco más grande y algo mejor situado que tus padres.
    El futuro de una persona depende en un porcentaje alto de lo que ya tiene de orígen como he dicho, pero también de su salud, de sus capacidades, y luego de la suerte, y el factor trabajo y valía, son facetas secundarias, en este sistema totalmente manipulado. Nunca tanto como ahora, y durante toda la historia de la humanidad, se teme tanto la pobreza como en la actualidad, porque es sinónimo de vasallaje, es decir de falta de libertad y de enajenación, en el que se creó mucho empleo pero en precario, por el crecimiento económico especulativo del ladrillo, con unos puestos de trabajo que en una crisis tan profunda, han desaparecido expeditamente, como estamos viendo en la actualidad. Pero es a través un crecimiento productivo sano y no especulativo, donde se puede garantizar una mejor y mayor redistribución de la riqueza lucrativa por medio del trabajo. Porque la pobreza significa en todo caso, marginación, abstinencia afectiva y sexual, rechazo, marginación, frustración, soledad, inestabilidad, enfermedad mental, desesperación y una muerte prematura. Ser pobre es vivir condenado a ser un juguete manipulable que cae en manos de los más opulentos. Ya no hay altruismo en ser un desgraciado, no existe nobleza por ello. Pero si lo analizas la pobreza, es como un duro aprendizaje para preservar la salud, un estímulo para superarte, en esos intentos muchas veces estériles para dejar de serlo, porque cuando no se tiene un futuro por delante, ni tampoco posibilidades de progresar, se tiene que utilizar mucho la imaginación para poder sobrevivir.
    Hay excepciones de quienes logran salirse de su camino marcado de nacimiento, y la única posibilidad de lograrlo es a través de la función política con vínculos muy directos dentro del poder. Porque el móvil fundamental de la actividad política, es el agradecimiento por haber recibido dinero o trabajo a cambio, que es lo que les permiten a los dirigentes de cualquier formación u organización ideológica el apoyo ajeno para mantenerse en sus puestos, por una decisión que permite a sus afiliados conseguir lo que tienen de trabajo y de sueldos óptimos, debido a que sería de canallas no ser agradecidos o no mostrar gratitud por ello. Es lo que provoca que personas que no tenían previsto por sus principios o inicios llevarse algo más de dinero de lo que tenían predestinado, logren de esa manera cobrar una cantidad superior que les permita situarse en un escalón social un poco superior al de su familia de procedencia inicial.
    La mayor parte de la gente no es libre de verdad, porque está sujeta lo primero a sus necesidades, y hace y consigue lo que le quieren dar en la mayor parte de los casos. Si no te dan nada por ahí porque no conoces a nadie, lo más lógico es que tengas que montar un bar y además endeudándote hasta las cejas, y si curras 15 horas al día, dejándote la salud y la vida, lo mismo tienes suerte y te puedes forrar, pero lo normal es que la mayoría fracase en un negocio así, con la crisis cerraron más de cien mil bares. No hay alternativas donde elegir, todo es sota, caballo y rey… Es el dinero lo que te da capacidad de elegir, y millones de personas carecen de él o tienen muy escasos recursos, luego no pueden elegir gran cosa más que el plato de comida que se toman todos los días, y a veces ni eso siquiera pueden hacer.
    Así que no es solamente la educación la que nos permite escalar social y económicamente, que no tiene que ver nada con la equidad de promoción y la igualdad de salario, si no con la política. Con el poder, compras a los demás con el dinero de todos los ciudadanos para tus propios fines o necesidades personales, y con el mismo dinero compras circunstancialmente la voluntad ajena, para el amor, la compañía, y el sexo, pero lo haces coyunturalmente hasta que se termina, lo que dure, nada es para siempre, porque el precio va subiendo con el pasar del tiempo, pero siempre tiene que ser tuyo el poder para poder hacer cosas.
    Por lo tanto, no depende nuestro destino exclusivamente de nosotros mismos, sino de lo que nos vamos encontrando de forma imprevista y aleatoria. Vamos teniendo encuentros no planificados con ese porvenir incierto e ignoto, como inconscientes descabezados. Además la vida no tiene manual de instrucciones que nos enseñe el camino a seguir en cada momento, en ninguna escuela te enseñan cómo vivir, ni el hilo conductor a aplicar en toda ocasión, te lo que tienes que crear tú mismo. Como decía muy bien el todavía actual poeta sevillano Antonio Machado, “caminante no hay camino, se hace camino al andar…”, algo necesario para dar conciencia, concordancia y significado a los hechos vividos y para poder explicarlos y digerirlos. Dime de dónde procedes y te diré lo que eres… Somos de donde venimos.
    ARTURO KORTAZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA©

    Responder
    • 4.1
      Emilio Silvera
      el 24 de mayo del 2018 a las 4:37

      Y todavía algunos se atreven de hablarnos del “Libre Albedrío” ¿Qué es eso? ¿Donde está? ¿Desde cuando podemos hacer lo que nos plazca. Lo cierto es que cada cual, hace y tiene lo que sus posibilidades le permiten Ser y hacer.

      ¡Qué Mundo éste!

      Responder
  5. 5
    kike
    el 24 de mayo del 2018 a las 14:59

    Ya dijo Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”

     Ese pensamiento quizás no fue valorado suficientemente en la época en que lo dijo, pero ahora a ver quien lo rebate,,,

     Muy bueno el comentario de Arturo Kortazar; tiene la habilidad de hacer entender claramente ideas bastante profundas y complicadas.

    Responder
    • 5.1
      Emilio Silvera
      el 25 de mayo del 2018 a las 4:58

      Totalmente de acuerdo

      Responder

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