martes, 24 de noviembre del 2020 Fecha
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El misterio de nuestras Mentes

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en El Universo y... ¿nosotros?    ~    Comentarios Comments (1)

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Lo cierto es que, hemos llegado a saber que todo el Universo es uniforme y en todas partes ocurren las mismas cosas y se producen los mismos sucesos: La materia resulta estar hecha de Quarks y Leptones que hacen estrellas y mundos que conforman grandes galaxias, que todo nace y todo muere en un periplo de vida durante el que, cada “cosa” desarrolla el “trabajo que el Universo le encomendó”, las estrellas transmutan elementos sencillos en complejos, las supernovas riegan grandes regiones de materiales pesados como el oro y el platino, en las Nebulosas se forman moléculas a partir de ese material creado por las estrellas que, miles de años más tarde, vienen a caer en algún mundo del que surgirán formas de vida y, en ocasiones, se hacen presentes esos misteriosos “sucesos” que dan lugar a que existan mentes que generan los pensamientos y esté presente eso que nos ha dado en llamar espíritu para significar un estado superior de las cosas que trasciende a lo simplemente material

Nosotros creemos que existe un mundo real que, etá descrito por las leyes de la física que es lo que aplicamos siempre a lo que vemos que ocurre a nuestro alrededor, es la única manera que tenemos para explicar las cosas, las interacciones, el movimiento del mundo y los comportamientos que observamos en las estrellas o en los planetas. Sin embargo, ¿cómo explicar la Mente, el espíritu y los pensamientos? Como humanos, debemos seguir esas leyes que a través de la observación primero y del expimento después reconocimos como ciertas para describir el “mundo” y así, mediante la evolución en el tiempo, hemos llegado a un estadio que nos aleja de aquellos principios animales de nuestros orígenes.

 

Desde que tenemos memoria, siempre hemos tenido dudas al respecto de lo que la Mente, el espíritu y los pensamientos puedan ser y cómo llegamos a poder generar, a partir de lo físico, algo que trasciende, incorpóreo que nace de un sin fin de conexiones de cuya complejidad sabemos poco pero que, hace posible el surgir de puntos luminosos que, en forma de pensamientos e ideas, conforman un “mundo” rico y poderoso que, sin ser tangible, es lo que realmente tiene el poder de todas las acciones que desarrollamos a lo largo de nuestras vidas.

Si tratamos de profundizar en el por qué de la Conciencia, nos adentramos en un campo en el que comienzan los límites de los pensamientos filosóficos y que tratan de llegar a esas preguntas últimas del por qué de las cosas. Dos de las grandes ramas de la filosofía son la metafísica, que trata de ocuparse de los fundamentos últimos de la realidad y la otra parte trata de justificar los fundamentos del conocimiento, las creencias… Ambas están ligadas en cierta manera y relacionan valores humanos como la ética, la moral e incluso la estética en los comportamientos sociales.

No pocas veces, los filósofos, han tratado de llevar todo esto hasta la ciencia al relacionar ciertos aspectos filosóficos y metafísicos con aspectos científicos que podrían, en parte, dar alguna explicación de todo aquellos fenómenos y comportamientos surgidos de una Mente humana “física” que eran guiados por pensamientos “metafísicos” incorpóreos y etéreos de profundo significado físico en sus resultados.

 

 

 

 

Como sistemas vivos surgidos de la materia creada en las estrellas, hemos podido evolucionar y llegar a discernir entre la diferencia de las cosas materiales pero, también, hemos llegado a desarrollar esa parte misteriosa que nos lleva a ser creadores de pensamientos más altos como la poesía y la música que elevan al ser humano a un estadio superior (también la pintura y otras artes lo hacen) en el que se ven mezclados dos mundos, el material y el espiritual, ambos unidos en una incompresible simbiosis de lo tangible y lo intangible pero que, lo uno sin lo otro… sería imposible, ya que, las ideas y los pensamientos por sí mismos, nunca podrían existir y necesitan de una mente física para poder surgir al mundo.

En tanto que sistemas vivos, estamos sujetos además a limitaciones evolutivas que no han sido consideradas por las leyes de la física. La conciencia, aunque especial en sí misma, no cabe duda que surgió como resultado de innovaciones evolutivas en la morfología del cerebro y del cuerpo. Es decir, la Mente surgió del cuerpo y de su desarrollo, está corporeizada y es, por tanto, parte de la Naturaleza que la creó.

 

 

Inmersos en el inmenso Universo hemos llegado a evolucionar hasta que en nosotros llegaron a surgir ideas y pensamientos, una forma de energía que se extiende por el mundo y que llegará hasta los confines mismos del Cosmos en nuestro de deseo de saber de nosotros y de otros posibles seres pensantes que, como en la Tierra, pueblen otros mundos lejanos en el espacio y en el Tiempo. Porque, ¿quién puede decirme que son los pensamientos? ¿cómo han llegado a poder generarse en una parte de nuestro cuerpo en el que se aloja el cerebro y la mente? ¿No es acaso la Mente, eso que llamamos espíritu? Hay en nosotros un algo superior que no llegamos a comprender… del todo.

¿Debemos rechazar la suposición cartesiana del dualismo cuerpo-mente, así como cualquier forma de idealismo? Así que sería contrario o negativo aceptar la posición aceptada por aquellos que abrazan una metafísica materialista combinada con una epistemología dualista, racionalista o idealista y, por otro lado, debemos mostrarnos escepticos respecto a las explicaciones reduccionistas extremas que pretenden explicar la conciencia sobre la base de la mecánica cuántica al tiempo que desatienden los hechos de la evolución y la neurología. El mismo escepticismo atañe a los intentos por imbuir el mundo entero de propiedades de la conciencia – el pan-psiquismo (” es un término que designa aquellas doctrinas filosóficas y religiosas que sostienen que toda realidad tiene una naturaleza psíquica y es de algún modo anímica, y que las cosas “materiales” solo son manifestaciones de la psique.”)

 

 

Siempre nos costó entender lo que es la Psique, y, aunque hemos representado en imágnes alegóricas (Eros y Psique), lo que era ese algo más sublime que, estaba -en esta ocasión- representado por el Amor, lo cierto es que nunca llegamos a entender muy bien ese concepto que subyace en lo que entendemos por Mente, por espíritu e incluso… por Alma, algo que quiere significar lo superior, lo más alto que en nosotros anida y que nos hace algo más que simple materia animada.

Tenemos que convenir que, la Conciencia, es una propiedad dinámica de un tipo “especial” de morfología -como una malla de reentrada del sistema talamocortical- (según explican Tedelman y Tanoni) en su  interacción con el entorno. Nuestro conocimiento del mundo real es el resultado de esas interacciones físicas, psicológicas y sociales  de nuestra mente y nuestro cuerpo con el mundo.

 

 

Hemos llegado a ser conscientes del mundo que nos rodea y, naturalmente, a medida que hemos ido desarrollando la capacidad del lenguaje para comunicarnos en el seno de una cultura que pudo alcanzar una capacidad conceptual de riqueza extraordinaria que se traduce en lo que entendemos por lógica, en el entendimiento del mundo por medio de la geometría y las matemáticas que nos llevaron, de manera inexorable, hasta el mundo de la física que nos explica todo lo material que podemos ver o intuir que existe. Ese salto cualitativo nos transportó de un mundo de miedo y asombro, a ese otro en el que estamos situados de sucesos extraordinarios y descubrimientos maravillosos en esos lugares que abarcan desde el micromundo de lo muy pequeño hasta ese otro de lo inconmensurable, situado en el espacio “infinito” de un Universo por explorar.

GALEX: la galaxia de Andrómeda

Una galaxia es simplemente una parte pequeña del universo, nuestro planeta es una mínima fracción infinitesimal de esa galaxia, y nosotros mismos podríamos ser comparados -todo es relativo- en relación a la inmensidad del cosmos, con una colonia de bacterias pensantes e inteligentes. Sin embargo, todo forma parte de lo mismo, y aunque pueda dar la sensación engañosa de una cierta autonomía, en realidad todo está interconectado y el funcionamiento de una cosa incide directamente en las demás. Recuerdo aquella película de Travolta: Fenomenón, en la que, en una escena hacía una demostración de poder mental: movía unas gafas de sol que se elevaban en el aire venciendo la gravedad. Al ser preguntado,  ¿Cómo puede hacer eso? Él contestó:

“Es sencillo, simplemente es cuestión de relacionarse, de entenderse con el objeto que al fin y alcabo, está hecho de las mismas cosas que nosotros y existe una cierta afinidad que debemos encontrar”.

Ya sabeis: “Todas las cosas son” y, con esas simples palabras el sabio, elevó a todas las cosas a la categoría de ser.

  Gases, estrellas y mundos: todo materia

Sí, todas las cosas son, pero no de la misma manera y, la materia, en cada tiempo y lugar, estará conformada en un estado que puede comenzar en los simples objetos elementales que todo lo conforman y, en otros, podrá estar evolucionada hasta límites tan incríbles que de ella, pueden llegar a surgir los pensamientos y los sentimientos también.

   Siempre hemos querido expresar los pensamientos de nuestro sentir al mundo

Es tanto lo que llevamos ahí dentro que, de momento, nos cuesta racionalizarlo todo de una manera coherente y que se pudiera considerar, como un todo lógico y controlado. No, no es así y, desde nuestro más profundo yo, a veces, surgen emociones y decisiones que más tarde, a nosotros mismos nos pueden  sorprender. ¿Cómo es posible eso? ¿Acaso llevamos dentro otro yo que en ocasiones excepcionales decide por nosotros? Nadie sabe como puede reaccionar ante situaciones inesperadas.

No, no será fácil llegar a dominar ese poder que nuestra intuición nos dice que tenemos…”dormido”. Puede ser que algún día lejos aún en el futuro, podamos despertar y llegar a comprender ese inmenso “universo” de complejidad que nuestra Mente es. Entonces, y sólo entonces, podremos hablar de cuestiones más profundas y podremos comprender que la Naturaleza y nosotros son la misma cosa. Desaparecerán los misterios y no tendremos que hacer preguntas, todas las respuestas estarán ante nosotros.

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Si pensamos en las fuerzas y energías en las que nos encontramos inmersos, pocas dudas pueden caber a estas alturas, el simple hecho de poder estar hablando de estas cuestiones… ¡es un milagro en sí mismo! Desmenuzar los componente del átomo, saber lo que ocurre en el interior profundo de las estrellas, conocer cómo la materia más simple se pueden transmutar, bajo ciertas condiciones, en otros más complejos que dispuestos en la debida proporción darán lugar a la bioquímica de la vida. El camino recorrido ha sido largo y hasta dramático, sin embargo,  hemos llegado más lejos de lo que podría haber pensado un observador inteligente que, desde la segura lejanía, hubiera podido seguir todo el proceso evolutivo desde que nacieron las primeras estrellas hasta que, diez mil millones de años más tarde, surgieron los mundos y la vida.

Después de miles de millones de años de evolución, en este planeta que llamamos Tierra, surgío la complejidad del protoplasma vivo que dio lugar al surgir de aquella primera célula replicante. Mucho, mucho tiempo después, se formaron las consciencias primarias que surgieron en los animales con ciertas estructuras cerebrales de alta complejidad, que podían ser capaces de construir una escena mental, pero con capacidad semántica o simbólica muy limitada y careciendo de un verdadero lenguaje. Todo lo demás llegaría más tarde, el paso del tiempo, la convivencia, las necesidades, la supervivencia y tener que vencer las dificultades que el mundo ponía ante aquellos seres, hizo que sus sentidos se agudizaran y crecieran hasta llegar a comprender, de manera limitada primero y más amplia después, dónde estaban y, posiblemente, hacia dónde se dirigían.

Nosotros, la Mente y el Mundo

La consciencia de orden superior (que floreció en los humanos y presupone la coexistencia de una conciencia primaria) viene acompañada de un sentido de la propia identidad y de la capacidad explícita de construir en los estados de vigilia escenas pasadas y futuras. Como mínimo, requiere una capacidad semántica y, en su forma más desarrollada, una capacidad lingüística.

Los procesos neuronales que subyacen en nuestro cerebro son en realidad desconocidos, y aunque son muchos los estudios y experimentos que se están realizando, su complejidad es tal que de momento los avances son muy limitados. Estamos tratando de conocer la máquina más compleja y perfecta que existe en el universo (al menos de lo que conocemos).

Si eso es así, resultará que después de todo no somos tan insignificantes como en un principio podría parecer, y sólo se trata de tiempo. En su momento y evolucionadas, nuestras mentes tendrán un nivel de conciencia que estará más allá de las percepciones físicas tan limitadas. Para entonces sí estaremos totalmente integrados y formando parte, como un todo, del universo que ahora presentimos.

El carácter especial de la conciencia me hace adoptar una posición que me lleva a decidir que no es un objeto, sino un proceso, y que desde este punto de vista puede considerarse un ente digno del estudio científico perfectamente legítimo. Y, todo eso, a veces, me lleva a pensar en el hecho de que, en lo más profundo de la materia, subyace la memoria que, de manera inexorable, la hace evolucionar hasta llegar a la vida que, no debe ser algo excepcional en el universo, sino que es, lo natural. Si no es así, ¿para qué tánta inmensidad?

La conciencia plantea un problema especial que no se encuentra en otros dominios de la ciencia. En la física y en la química se suelen explicar unas entidades determinadas en función de otras entidades y leyes. Podemos describir el agua con el lenguaje ordinario, pero podemos igualmente describir el agua, al menos en principio, en términos de átomos y de leyes de la mecánica cuántica. Lo que hacemos es conectar dos niveles de descripción de la misma entidad externa (uno común y otro científico de extraordinario poder explicativo y predictivo, ambos niveles de descripción), el agua líquida, o una disposición particular de átomos que se comportan de acuerdo con las leyes de la mecánica cuántica (se refiere a una entidad que está fuera de nosotros y que supuestamente existe independientemente de la existencia de un observador consciente).

En el caso de la conciencia, sin embargo, nos encontramos con una simetría. Lo que intentamos no es simplemente comprender de qué manera se puede explicar las conductas o las operaciones cognitivas de otro ser humano en términos del funcionamiento de su cerebro, por difícil que esto parezca. No queremos simplemente conectar una descripción de algo externo a nosotros con una descripción científica más sofisticada. Lo que realmente queremos hacer es conectar una descripción de algo externo a nosotros (el cerebro), con algo de nuestro interior: una experiencia, nuestra propia experiencia individual, que nos acontece en tanto que somos observadores conscientes.

Ya sabemos (o creemos saber)  qué se siente al ser nosotros mismos, qué significa ser nosotros mismos pero, queremos explicar por qué somos conscientes, saber qué es ese “algo” que nos hace ser como somos, explicar, en fin, cómo se generan las cualidades subjetivas experienciales. En suma, deseamos explicar ese “Pienso, luego existo” que Descartes postuló como evidencia primera e indiscutible sobre la cual edificar toda la filosofía.

  ¿Nos deja la Conciencia cuando dormimos?

Lo hemos comentado alguna vez: “Ninguna descripción, por prolija que sea, logrará nunca explicar claramente la experiencia subjetiva. Muchos filósofos han utilizado el ejemplo del color para explicar este punto. Ninguna explicación científica de los mecanismos neuronales de la discriminación del color, aunque sea enteramente satisfactoria, bastaría para comprender cómo se siente el proceso de percepción de un color. Ninguna descripción, ninguna teoría, científica o de otro tipo, bastará nunca para que una persona daltónica consiga experimentar un color.

Pensemos por un momento que tenemos un amigo ciego al que contamos lo que estamos viendo un día soleado del mes de abril: El cielo despejado, limpio y celeste, el Sol allí arriba esplendoroso y cegador que nos envía su luz y su calor, los árboles y los arbustos llenos de flores de mil colores que son asediados por las abejas, el aroma y el rumor del río, cuyas aguas cantarinas no cesan de correr transparentes, los pajarillos de distintos plumajes que lanzan alegres trinos en sus vuelos por el ramaje que se mece movido por una brisa suave, todo esto lo contamos a nuestro amigo ciego que, si de pronto pudiera ver, comprobaría que la experiencia directa de sus sentidos ante tales maravillas nada tiene que ver con la pobreza de aquello que le contamos, por muy hermosas palabras que para hacer la descripción empleáramos.”

Si pidiéramos a varias personas que, nos hicieran un sencillo relatom de todo lo que en la imagen de arriba están viendo, pocas de las opiniones serían coincidentes. Y, algunas… ¡Ni serían! La mente humana es tan compleja que no todos ante la misma escena vemos lo mismo. Nos enseñan figuras y dibujos y nos piden que expresemos (sin pensarlo) la primera idea que nos sugieren. De entre diez personas, sólo coinciden tres, los otros siete divergen en la apreciación de lo que el dibujo o las figuras les traen a la mente.

Esto nos viene a demostrar la individualidad de pensamiento, el libre albedrío para decidir (al menos en cierto ámbito restringido). Sin embargo, la misma prueba realizada en grupos de conocimientos científicos similares y específicos: físicos, matemáticos, químicos, etc, hace que el número de coincidencias sea más elevado; más personas ven la misma respuesta al problema planteado. Esto nos sugiere que la mente está en un estado virgen que cuenta con todos los elementos necesarios para dar respuestas pero que necesita experiencias y aprendizaje para desarrollarse.

¿Debemos concluir entonces que una explicación científica satisfactoria de la conciencia queda para siempre fuera de nuestro alcance? ¿O es de alguna manera posible, romper esa barrera, tanto teórica como experimental, para resolver las paradojas de la conciencia?

No creo que mirando en el fondo de la bola de cristal encontremos las respuestas que todos buscamos. Todas las respuestas están a nuestro alrededor, en la Naturaleza de la que tenemos que aprender. Muchas estarán dentro de nosotros mismos pero, como no nos conecemos… no podemos encontrar lo que con tanto anhelo buscamos.

En lo más profundo de nuestro ser, todos deseamos la misma cosa. Sin embargo, por una desconocida razón que nunca he llegado a comprender, no todos buscamos esa “cosa” de la misma manera. Los seres humanos, tenemos comportamientos inadmisibles que debemos erradicar y, mientras que no seámos conscientes de que ¡todos somos uno!, será difícil alcanzar los objetivos comunes que eviten desigualdades inagmisibles, injusticias que nos rebajan como seres inteligentes y nos quitan esa humanidad que pretendemos poseer.

La respuesta a esta y otras preguntas, en mi opinión, radica en reconocer nuestras limitaciones actuales en este campo del conocimiento complejo de la mente, y como en la física cuántica, existe un principio de incertidumbre que, al menos de momento (y creo que en muchos cientos de años), nos impide saberlo todo sobre los mecanismos de la conciencia, y aunque podremos ir contestando a preguntas parciales, alcanzar la plenitud del conocimiento total de la mente no será nada sencillo, entre otras razones está el serio inconveniente que suponemos nosotros mismos, ya que con nuestro quehacer podemos, en cualquier momento, provocar la propia destrucción.

La libertad es una ficción cerebral

Estamos determinados, como el resto del Universo, por las leyes naturales

 

 

 

Sí, todo el Universo está en nuestras Mentes pero…

 

La libertad es una ficción cerebral, según confirman las últimas investigaciones sobre neurociencias. Estas investigaciones han determinado que la actividad cerebral previa a un movimiento, realizado por el sujeto en un tiempo por él elegido, es muy anterior (hasta 10 segundos) a la impresión subjetiva del propio sujeto de que va a realizar ese movimiento. Y aunque la falta de libertad es algo contraintuitivo, los experimentos indican que estamos determinados por las leyes de la Naturaleza. Por eso en Alemania algunos especialistas están reclamando la revisión del código penal para adecuarlo a los resultados de la neurociencia. Y aunque sigamos encarcelando a los que violen las leyes, cambiará la imagen que tenemos tanto de esos criminales como de nosotros mismos.

 

       No siempre podemos dominar los impulsos de la mente

No pocas veces, nuestras mentes se ven abocadas a tener que retener, ese primer impulso, esa iniciativa de libertad, o, de libre albedrío. La complejidad en la que estamos inmersos nos prohibe, en la mayor parte de las ocasiones, poder desarrollar y poner en práctica ese “estado de libertad” que ¿nos fue dado? pero que, en realidad, podría ser una ficción de la mente. Decidir lo que se dice decidir, como todo en el universo, es algo limitado.

Contornos de machos y hembras de overlaping en condiciones de servidumbre por la llama de la vela  Foto de archivo - 7483891

Claro que pretender que la llama de una vela ilumine nuestra ignorancia…, no será posible y necesitaremos algo más. La evolución de nuestra especie (llevamos cientos de miles de años evolucionando), es lenta, y, hasta alcanzar el estadio de “visión” perfecta del mundo, nos queda un largo camino por recorrer.

Sabemos (casi) de que está hecha la materia que podemos ver y detectar, suponemos y sospechamos que otra materia (más abundante) pulula por todo el Universo sin que podamos encontrarla, sospechamos de otras dimensiones, de otros universos y, desde luego, de otra Física. Sí, es verdad, todas son sospechas y, las sospechas en Física…tienen que ser demostradas, ya que, en caso contrario, se quedan en nada, en pensamientos vacíos.

Sospecho que, nuestros conocimientos de la mente…son muy limitados y que, todo esto, nos viene grande. Mientras sigamos preguntándo: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Estamos sólos en el Universo? Estamos dejando al descubierto nuestra gran ignorancia pero, el simple hecho de preguntar y de querer saber…nos pone en el camino correcto.

emilio silvera

 

  1. 1
    Emilio Silvera
    el 8 de noviembre del 2013 a las 4:13

    Cuando se expuso aquí parte de este trabajo, el contertulio Giordano nos decía:

     

    “parece existir una paradoja…el discernimiento en el ámbito de lo fenoménico se fundamenta en el conocimiento …en re-elaborar la memoria para trascenderla cuando los by Savings Wave” href=”../../../07/31/%C2%A1la-mente-siempre-misteriosa/”>datos de mejores instrumentos muestran nuevas evidencias…

    el discernimiento en el ámbito de la conciencia parece  fundamentarse en el silencio de la mente pensante….
     lo que que diferentes sabios (investigadores de la conciencia…)de todas las épocas llaman mente contemplativa.. .

    lo segundo no excluye  lo primero …lo engloba…lo pone en su justo valor para el ser humano..”

    Como veréis, de vez en cuando conseguimos que los visitantes lectores piensen sobre los temas que aquí comentamos y que tratan de despertar las mentes, algunas veces dormidas, de aquellos que por no tener la oportunidad de haber podido aprender sobre las cuestiones tratadas, disfrutan y sienten como la comprensión les llega y se unen a ese todo que explica la Naturaleza, el mundo que nos rodea y, a veces, también parte de nosotros mismos.

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