lunes, 27 de enero del 2020 Fecha
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El misterio de nuestras Mentes

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en El Universo y... ¿nosotros?    ~    Comentarios Comments (1)

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Lo cierto es que, hemos llegado a saber que todo el Universo es uniforme y en todas partes ocurren las mismas cosas y se producen los mismos sucesos: La materia resulta estar hecha de Quarks y Leptones que hacen estrellas y mundos que conforman grandes galaxias, que todo nace y todo muere en un periplo de vida durante el que, cada “cosa” desarrolla el “trabajo que el Universo le encomendó”, las estrellas transmutan elementos sencillos en complejos, las supernovas riegan grandes regiones de materiales pesados como el oro y el platino, en las Nebulosas se forman moléculas a partir de ese material creado por las estrellas que, miles de años más tarde, vienen a caer en algún mundo del que surgirán formas de vida y, en ocasiones, se hacen presentes esos misteriosos “sucesos” que dan lugar a que existan mentes que generan los pensamientos y esté presente eso que nos ha dado en llamar espíritu para significar un estado superior de las cosas que trasciende a lo simplemente material

Nosotros creemos que existe un mundo real que, etá descrito por las leyes de la física que es lo que aplicamos siempre a lo que vemos que ocurre a nuestro alrededor, es la única manera que tenemos para explicar las cosas, las interacciones, el movimiento del mundo y los comportamientos que observamos en las estrellas o en los planetas. Sin embargo, ¿cómo explicar la Mente, el espíritu y los pensamientos? Como humanos, debemos seguir esas leyes que a través de la observación primero y del expimento después reconocimos como ciertas para describir el “mundo” y así, mediante la evolución en el tiempo, hemos llegado a un estadio que nos aleja de aquellos principios animales de nuestros orígenes.

 

Desde que tenemos memoria, siempre hemos tenido dudas al respecto de lo que la Mente, el espíritu y los pensamientos puedan ser y cómo llegamos a poder generar, a partir de lo físico, algo que trasciende, incorpóreo que nace de un sin fin de conexiones de cuya complejidad sabemos poco pero que, hace posible el surgir de puntos luminosos que, en forma de pensamientos e ideas, conforman un “mundo” rico y poderoso que, sin ser tangible, es lo que realmente tiene el poder de todas las acciones que desarrollamos a lo largo de nuestras vidas.

Si tratamos de profundizar en el por qué de la Conciencia, nos adentramos en un campo en el que comienzan los límites de los pensamientos filosóficos y que tratan de llegar a esas preguntas últimas del por qué de las cosas. Dos de las grandes ramas de la filosofía son la metafísica, que trata de ocuparse de los fundamentos últimos de la realidad y la otra parte trata de justificar los fundamentos del conocimiento, las creencias… Ambas están ligadas en cierta manera y relacionan valores humanos como la ética, la moral e incluso la estética en los comportamientos sociales.

No pocas veces, los filósofos, han tratado de llevar todo esto hasta la ciencia al relacionar ciertos aspectos filosóficos y metafísicos con aspectos científicos que podrían, en parte, dar alguna explicación de todo aquellos fenómenos y comportamientos surgidos de una Mente humana “física” que eran guiados por pensamientos “metafísicos” incorpóreos y etéreos de profundo significado físico en sus resultados.

 

 

 

 

Como sistemas vivos surgidos de la materia creada en las estrellas, hemos podido evolucionar y llegar a discernir entre la diferencia de las cosas materiales pero, también, hemos llegado a desarrollar esa parte misteriosa que nos lleva a ser creadores de pensamientos más altos como la poesía y la música que elevan al ser humano a un estadio superior (también la pintura y otras artes lo hacen) en el que se ven mezclados dos mundos, el material y el espiritual, ambos unidos en una incompresible simbiosis de lo tangible y lo intangible pero que, lo uno sin lo otro… sería imposible, ya que, las ideas y los pensamientos por sí mismos, nunca podrían existir y necesitan de una mente física para poder surgir al mundo.

En tanto que sistemas vivos, estamos sujetos además a limitaciones evolutivas que no han sido consideradas por las leyes de la física. La conciencia, aunque especial en sí misma, no cabe duda que surgió como resultado de innovaciones evolutivas en la morfología del cerebro y del cuerpo. Es decir, la Mente surgió del cuerpo y de su desarrollo, está corporeizada y es, por tanto, parte de la Naturaleza que la creó.

 

 

Inmersos en el inmenso Universo hemos llegado a evolucionar hasta que en nosotros llegaron a surgir ideas y pensamientos, una forma de energía que se extiende por el mundo y que llegará hasta los confines mismos del Cosmos en nuestro de deseo de saber de nosotros y de otros posibles seres pensantes que, como en la Tierra, pueblen otros mundos lejanos en el espacio y en el Tiempo. Porque, ¿quién puede decirme que son los pensamientos? ¿cómo han llegado a poder generarse en una parte de nuestro cuerpo en el que se aloja el cerebro y la mente? ¿No es acaso la Mente, eso que llamamos espíritu? Hay en nosotros un algo superior que no llegamos a comprender… del todo.

¿Debemos rechazar la suposición cartesiana del dualismo cuerpo-mente, así como cualquier forma de idealismo? Así que sería contrario o negativo aceptar la posición aceptada por aquellos que abrazan una metafísica materialista combinada con una epistemología dualista, racionalista o idealista y, por otro lado, debemos mostrarnos escepticos respecto a las explicaciones reduccionistas extremas que pretenden explicar la conciencia sobre la base de la mecánica cuántica al tiempo que desatienden los hechos de la evolución y la neurología. El mismo escepticismo atañe a los intentos por imbuir el mundo entero de propiedades de la conciencia – el pan-psiquismo (” es un término que designa aquellas doctrinas filosóficas y religiosas que sostienen que toda realidad tiene una naturaleza psíquica y es de algún modo anímica, y que las cosas “materiales” solo son manifestaciones de la psique.”)

 

 

Siempre nos costó entender lo que es la Psique, y, aunque hemos representado en imágnes alegóricas (Eros y Psique), lo que era ese algo más sublime que, estaba -en esta ocasión- representado por el Amor, lo cierto es que nunca llegamos a entender muy bien ese concepto que subyace en lo que entendemos por Mente, por espíritu e incluso… por Alma, algo que quiere significar lo superior, lo más alto que en nosotros anida y que nos hace algo más que simple materia animada.

Tenemos que convenir que, la Conciencia, es una propiedad dinámica de un tipo “especial” de morfología -como una malla de reentrada del sistema talamocortical- (según explican Tedelman y Tanoni) en su  interacción con el entorno. Nuestro conocimiento del mundo real es el resultado de esas interacciones físicas, psicológicas y sociales  de nuestra mente y nuestro cuerpo con el mundo.

 

 

Hemos llegado a ser conscientes del mundo que nos rodea y, naturalmente, a medida que hemos ido desarrollando la capacidad del lenguaje para comunicarnos en el seno de una cultura que pudo alcanzar una capacidad conceptual de riqueza extraordinaria que se traduce en lo que entendemos por lógica, en el entendimiento del mundo por medio de la geometría y las matemáticas que nos llevaron, de manera inexorable, hasta el mundo de la física que nos explica todo lo material que podemos ver o intuir que existe. Ese salto cualitativo nos transportó de un mundo de miedo y asombro, a ese otro en el que estamos situados de sucesos extraordinarios y descubrimientos maravillosos en esos lugares que abarcan desde el micromundo de lo muy pequeño hasta ese otro de lo inconmensurable, situado en el espacio “infinito” de un Universo por explorar.

GALEX: la galaxia de Andrómeda

Una galaxia es simplemente una parte pequeña del universo, nuestro planeta es una mínima fracción infinitesimal de esa galaxia, y nosotros mismos podríamos ser comparados -todo es relativo- en relación a la inmensidad del cosmos, con una colonia de bacterias pensantes e inteligentes. Sin embargo, todo forma parte de lo mismo, y aunque pueda dar la sensación engañosa de una cierta autonomía, en realidad todo está interconectado y el funcionamiento de una cosa incide directamente en las demás. Recuerdo aquella película de Travolta: Fenomenón, en la que, en una escena hacía una demostración de poder mental: movía unas gafas de sol que se elevaban en el aire venciendo la gravedad. Al ser preguntado,  ¿Cómo puede hacer eso? Él contestó:

“Es sencillo, simplemente es cuestión de relacionarse, de entenderse con el objeto que al fin y alcabo, está hecho de las mismas cosas que nosotros y existe una cierta afinidad que debemos encontrar”.

Ya sabeis: “Todas las cosas son” y, con esas simples palabras el sabio, elevó a todas las cosas a la categoría de ser.

  Gases, estrellas y mundos: todo materia

Sí, todas las cosas son, pero no de la misma manera y, la materia, en cada tiempo y lugar, estará conformada en un estado que puede comenzar en los simples objetos elementales que todo lo conforman y, en otros, podrá estar evolucionada hasta límites tan incríbles que de ella, pueden llegar a surgir los pensamientos y los sentimientos también.

   Siempre hemos querido expresar los pensamientos de nuestro sentir al mundo

Es tanto lo que llevamos ahí dentro que, de momento, nos cuesta racionalizarlo todo de una manera coherente y que se pudiera considerar, como un todo lógico y controlado. No, no es así y, desde nuestro más profundo yo, a veces, surgen emociones y decisiones que más tarde, a nosotros mismos nos pueden  sorprender. ¿Cómo es posible eso? ¿Acaso llevamos dentro otro yo que en ocasiones excepcionales decide por nosotros? Nadie sabe como puede reaccionar ante situaciones inesperadas.

No, no será fácil llegar a dominar ese poder que nuestra intuición nos dice que tenemos…”dormido”. Puede ser que algún día lejos aún en el futuro, podamos despertar y llegar a comprender ese inmenso “universo” de complejidad que nuestra Mente es. Entonces, y sólo entonces, podremos hablar de cuestiones más profundas y podremos comprender que la Naturaleza y nosotros son la misma cosa. Desaparecerán los misterios y no tendremos que hacer preguntas, todas las respuestas estarán ante nosotros.

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Si pensamos en las fuerzas y energías en las que nos encontramos inmersos, pocas dudas pueden caber a estas alturas, el simple hecho de poder estar hablando de estas cuestiones… ¡es un milagro en sí mismo! Desmenuzar los componente del átomo, saber lo que ocurre en el interior profundo de las estrellas, conocer cómo la materia más simple se pueden transmutar, bajo ciertas condiciones, en otros más complejos que dispuestos en la debida proporción darán lugar a la bioquímica de la vida. El camino recorrido ha sido largo y hasta dramático, sin embargo,  hemos llegado más lejos de lo que podría haber pensado un observador inteligente que, desde la segura lejanía, hubiera podido seguir todo el proceso evolutivo desde que nacieron las primeras estrellas hasta que, diez mil millones de años más tarde, surgieron los mundos y la vida.

Después de miles de millones de años de evolución, en este planeta que llamamos Tierra, surgío la complejidad del protoplasma vivo que dio lugar al surgir de aquella primera célula replicante. Mucho, mucho tiempo después, se formaron las consciencias primarias que surgieron en los animales con ciertas estructuras cerebrales de alta complejidad, que podían ser capaces de construir una escena mental, pero con capacidad semántica o simbólica muy limitada y careciendo de un verdadero lenguaje. Todo lo demás llegaría más tarde, el paso del tiempo, la convivencia, las necesidades, la supervivencia y tener que vencer las dificultades que el mundo ponía ante aquellos seres, hizo que sus sentidos se agudizaran y crecieran hasta llegar a comprender, de manera limitada primero y más amplia después, dónde estaban y, posiblemente, hacia dónde se dirigían.

Nosotros, la Mente y el Mundo

La consciencia de orden superior (que floreció en los humanos y presupone la coexistencia de una conciencia primaria) viene acompañada de un sentido de la propia identidad y de la capacidad explícita de construir en los estados de vigilia escenas pasadas y futuras. Como mínimo, requiere una capacidad semántica y, en su forma más desarrollada, una capacidad lingüística.

Los procesos neuronales que subyacen en nuestro cerebro son en realidad desconocidos, y aunque son muchos los estudios y experimentos que se están realizando, su complejidad es tal que de momento los avances son muy limitados. Estamos tratando de conocer la máquina más compleja y perfecta que existe en el universo (al menos de lo que conocemos).

Si eso es así, resultará que después de todo no somos tan insignificantes como en un principio podría parecer, y sólo se trata de tiempo. En su momento y evolucionadas, nuestras mentes tendrán un nivel de conciencia que estará más allá de las percepciones físicas tan limitadas. Para entonces sí estaremos totalmente integrados y formando parte, como un todo, del universo que ahora presentimos.

El carácter especial de la conciencia me hace adoptar una posición que me lleva a decidir que no es un objeto, sino un proceso, y que desde este punto de vista puede considerarse un ente digno del estudio científico perfectamente legítimo. Y, todo eso, a veces, me lleva a pensar en el hecho de que, en lo más profundo de la materia, subyace la memoria que, de manera inexorable, la hace evolucionar hasta llegar a la vida que, no debe ser algo excepcional en el universo, sino que es, lo natural. Si no es así, ¿para qué tánta inmensidad?

La conciencia plantea un problema especial que no se encuentra en otros dominios de la ciencia. En la física y en la química se suelen explicar unas entidades determinadas en función de otras entidades y leyes. Podemos describir el agua con el lenguaje ordinario, pero podemos igualmente describir el agua, al menos en principio, en términos de átomos y de leyes de la mecánica cuántica. Lo que hacemos es conectar dos niveles de descripción de la misma entidad externa (uno común y otro científico de extraordinario poder explicativo y predictivo, ambos niveles de descripción), el agua líquida, o una disposición particular de átomos que se comportan de acuerdo con las leyes de la mecánica cuántica (se refiere a una entidad que está fuera de nosotros y que supuestamente existe independientemente de la existencia de un observador consciente).

En el caso de la conciencia, sin embargo, nos encontramos con una simetría. Lo que intentamos no es simplemente comprender de qué manera se puede explicar las conductas o las operaciones cognitivas de otro ser humano en términos del funcionamiento de su cerebro, por difícil que esto parezca. No queremos simplemente conectar una descripción de algo externo a nosotros con una descripción científica más sofisticada. Lo que realmente queremos hacer es conectar una descripción de algo externo a nosotros (el cerebro), con algo de nuestro interior: una experiencia, nuestra propia experiencia individual, que nos acontece en tanto que somos observadores conscientes.

Ya sabemos (o creemos saber)  qué se siente al ser nosotros mismos, qué significa ser nosotros mismos pero, queremos explicar por qué somos conscientes, saber qué es ese “algo” que nos hace ser como somos, explicar, en fin, cómo se generan las cualidades subjetivas experienciales. En suma, deseamos explicar ese “Pienso, luego existo” que Descartes postuló como evidencia primera e indiscutible sobre la cual edificar toda la filosofía.

  ¿Nos deja la Conciencia cuando dormimos?

Lo hemos comentado alguna vez: “Ninguna descripción, por prolija que sea, logrará nunca explicar claramente la experiencia subjetiva. Muchos filósofos han utilizado el ejemplo del color para explicar este punto. Ninguna explicación científica de los mecanismos neuronales de la discriminación del color, aunque sea enteramente satisfactoria, bastaría para comprender cómo se siente el proceso de percepción de un color. Ninguna descripción, ninguna teoría, científica o de otro tipo, bastará nunca para que una persona daltónica consiga experimentar un color.

Pensemos por un momento que tenemos un amigo ciego al que contamos lo que estamos viendo un día soleado del mes de abril: El cielo despejado, limpio y celeste, el Sol allí arriba esplendoroso y cegador que nos envía su luz y su calor, los árboles y los arbustos llenos de flores de mil colores que son asediados por las abejas, el aroma y el rumor del río, cuyas aguas cantarinas no cesan de correr transparentes, los pajarillos de distintos plumajes que lanzan alegres trinos en sus vuelos por el ramaje que se mece movido por una brisa suave, todo esto lo contamos a nuestro amigo ciego que, si de pronto pudiera ver, comprobaría que la experiencia directa de sus sentidos ante tales maravillas nada tiene que ver con la pobreza de aquello que le contamos, por muy hermosas palabras que para hacer la descripción empleáramos.”

Si pidiéramos a varias personas que, nos hicieran un sencillo relatom de todo lo que en la imagen de arriba están viendo, pocas de las opiniones serían coincidentes. Y, algunas… ¡Ni serían! La mente humana es tan compleja que no todos ante la misma escena vemos lo mismo. Nos enseñan figuras y dibujos y nos piden que expresemos (sin pensarlo) la primera idea que nos sugieren. De entre diez personas, sólo coinciden tres, los otros siete divergen en la apreciación de lo que el dibujo o las figuras les traen a la mente.

Esto nos viene a demostrar la individualidad de pensamiento, el libre albedrío para decidir (al menos en cierto ámbito restringido). Sin embargo, la misma prueba realizada en grupos de conocimientos científicos similares y específicos: físicos, matemáticos, químicos, etc, hace que el número de coincidencias sea más elevado; más personas ven la misma respuesta al problema planteado. Esto nos sugiere que la mente está en un estado virgen que cuenta con todos los elementos necesarios para dar respuestas pero que necesita experiencias y aprendizaje para desarrollarse.

¿Debemos concluir entonces que una explicación científica satisfactoria de la conciencia queda para siempre fuera de nuestro alcance? ¿O es de alguna manera posible, romper esa barrera, tanto teórica como experimental, para resolver las paradojas de la conciencia?

No creo que mirando en el fondo de la bola de cristal encontremos las respuestas que todos buscamos. Todas las respuestas están a nuestro alrededor, en la Naturaleza de la que tenemos que aprender. Muchas estarán dentro de nosotros mismos pero, como no nos conecemos… no podemos encontrar lo que con tanto anhelo buscamos.

En lo más profundo de nuestro ser, todos deseamos la misma cosa. Sin embargo, por una desconocida razón que nunca he llegado a comprender, no todos buscamos esa “cosa” de la misma manera. Los seres humanos, tenemos comportamientos inadmisibles que debemos erradicar y, mientras que no seámos conscientes de que ¡todos somos uno!, será difícil alcanzar los objetivos comunes que eviten desigualdades inagmisibles, injusticias que nos rebajan como seres inteligentes y nos quitan esa humanidad que pretendemos poseer.

La respuesta a esta y otras preguntas, en mi opinión, radica en reconocer nuestras limitaciones actuales en este campo del conocimiento complejo de la mente, y como en la física cuántica, existe un principio de incertidumbre que, al menos de momento (y creo que en muchos cientos de años), nos impide saberlo todo sobre los mecanismos de la conciencia, y aunque podremos ir contestando a preguntas parciales, alcanzar la plenitud del conocimiento total de la mente no será nada sencillo, entre otras razones está el serio inconveniente que suponemos nosotros mismos, ya que con nuestro quehacer podemos, en cualquier momento, provocar la propia destrucción.

La libertad es una ficción cerebral

Estamos determinados, como el resto del Universo, por las leyes naturales

 

 

 

Sí, todo el Universo está en nuestras Mentes pero…

 

La libertad es una ficción cerebral, según confirman las últimas investigaciones sobre neurociencias. Estas investigaciones han determinado que la actividad cerebral previa a un movimiento, realizado por el sujeto en un tiempo por él elegido, es muy anterior (hasta 10 segundos) a la impresión subjetiva del propio sujeto de que va a realizar ese movimiento. Y aunque la falta de libertad es algo contraintuitivo, los experimentos indican que estamos determinados por las leyes de la Naturaleza. Por eso en Alemania algunos especialistas están reclamando la revisión del código penal para adecuarlo a los resultados de la neurociencia. Y aunque sigamos encarcelando a los que violen las leyes, cambiará la imagen que tenemos tanto de esos criminales como de nosotros mismos.

 

       No siempre podemos dominar los impulsos de la mente

No pocas veces, nuestras mentes se ven abocadas a tener que retener, ese primer impulso, esa iniciativa de libertad, o, de libre albedrío. La complejidad en la que estamos inmersos nos prohibe, en la mayor parte de las ocasiones, poder desarrollar y poner en práctica ese “estado de libertad” que ¿nos fue dado? pero que, en realidad, podría ser una ficción de la mente. Decidir lo que se dice decidir, como todo en el universo, es algo limitado.

Contornos de machos y hembras de overlaping en condiciones de servidumbre por la llama de la vela  Foto de archivo - 7483891

Claro que pretender que la llama de una vela ilumine nuestra ignorancia…, no será posible y necesitaremos algo más. La evolución de nuestra especie (llevamos cientos de miles de años evolucionando), es lenta, y, hasta alcanzar el estadio de “visión” perfecta del mundo, nos queda un largo camino por recorrer.

Sabemos (casi) de que está hecha la materia que podemos ver y detectar, suponemos y sospechamos que otra materia (más abundante) pulula por todo el Universo sin que podamos encontrarla, sospechamos de otras dimensiones, de otros universos y, desde luego, de otra Física. Sí, es verdad, todas son sospechas y, las sospechas en Física…tienen que ser demostradas, ya que, en caso contrario, se quedan en nada, en pensamientos vacíos.

Sospecho que, nuestros conocimientos de la mente…son muy limitados y que, todo esto, nos viene grande. Mientras sigamos preguntándo: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Estamos sólos en el Universo? Estamos dejando al descubierto nuestra gran ignorancia pero, el simple hecho de preguntar y de querer saber…nos pone en el camino correcto.

emilio silvera

El enigma maravilloso de los cuantos

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Física Cuántica    ~    Comentarios Comments (2)

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Podríamos decir sin temor a rquivocarnos que la Física del siglo XX empezó exactamente en el año 1900, cuando el físico Max Planck propuso, en un artículo de ocho páginas, una posible solución a un problema que había estado intrigando a los físicos durante muchos años. Es el problema de la luz que emiten los cuerpos calentados a una cierta temperatura, y también la radiación infrarroja emitida, con menos intensidad, por los objetos más fríos.

Estaba bien aceptado entonces que esta radiación tenía un origen electromagnético y que se conocían las leyes de la Naturaleza que regían estas ondas electromagnéticas. También se conocían las leyes para el frío y el calos, la así llamada “termodinámica”, o al menos eso parecía. Pero si usamos las leyes de la termodinámica para calcular la intensidad de la radiación, el resultado no tiene ningún sentido. Los cálculos nos dicen que se emitiría una cantiodad infinita de radiación en el ultravioleta más lejano, y, desde luego, esto no es lo que sucede. Lo que se observa es que la intensidad de la radiación muestra un pico a una cierta longitud de onda característica, y que la intensidad disminuye tanto para longitudes mayores como para longitudes menores.

Esta longitud característica es inversamente proporcional a la temperatura absoluta del objeto radiante (la temperatura absoluta se define por una escala de temperatura que empieza a 273 ºC bajo cero). Cuando a 1.000 ºC un objeto se pone al “rojo vivo” (arriba en la imagen), el objeto está radiando en la zona de la luz visible.

Lo que Planck propuso fue simplemente que la radiación sólo podía ser emitidas en paquetes de un tamaño dado. La cantidad de energía de uno de esos paquetes, o cuantos, es inversamente proporcional a la longitud de onda y, por lo tanto, proporcional a la frecuencia de la radiación. la fórmula es

                                                                              E = h x ν,

dinde E es la energía del paquete, ν es la frecuencia y h es una nueva constante fundamental de la naturaleza, la Constante de Planck. Cuando Planck calculó la intensidad de la radiación térmica imponiendo esta nueva condición, el resultado coincidió perfectamente con las observaciones.

A partir de aquello se comenzó a hablar de la ley de radiación de Planck que proporciona la distribución de energía radiada por un cuerpo negro (cuerpo hipotético que absorbe toda la radiación qye incide sobre él. Teine, por tanto, una absortancia y una emisividad de 1. Mientras que un auténtico cuerpo negro es un concepto imaginario, un pequeño agujero en la pared de un recinto a temperatura uniforme es la mejor aproximación que se puede tener de él en la práctica).

Planck introdujo en la Física el concepto novedoso de que la energía es una cantidad que es radiada por un cuerpo en pequeños paquetes discretos, en vez de en una emisión continua. estos paquetes que se conocieron como cuantos y la ley formulada fue la base de la Teoría cuántica.

Poco tiempo después, en 1905, Einstein formuló esta teoría de una forma más tajante: él sugirió que los objetos calientes no son los únicos que emiten radiación en paquetes de energía, sino que toda la radiación consiste en múltiplos del paquete de energía de Planck. El príncipe francés Louis- Victor de Broglie, dándole otra vuelta a la teoría, que no sólo cualquier cosa que oscila tiene una energía, sino que culaquier cosa con energía se debe comportar como una “onda” que se extiende en una cierta región del espacio, y que la frecuebncia, ν, de la oscilación verifica la ecuación de Planck. Por lo tanto, los cuantos asociados con los rayos de luz deberían verse como una clase de partículas elementales: el fotón. Todas las demás clases de partículas llevan asociadas diferentes ondas oscilatorias de campos de fuerza.

Muchas veces hemos hablado del electrón que rodea el núcleo, de su carga eléctrica negativa que complementa la positiva de los protones y hace estable al átomo; tiene una masa de solamente 1/1.836 de la del núcleo más ligero (el del hidrógeno). La importancia del electrón es vital en el universo.

 

El curioso comportamiento de los electrones en el interior del átomo descubierto y explicado por el famoso físico danés Niels Bohr, se pudo atribuir a las ondas de Broglie. Poco después, en 1926, Erwin Schrödinger descubrió como escribir la teoría ondulatoria de De Broglie con ecuaciones matemáticas exactas. La precisión con la cual se podían realizar cálculos era asombrosa, y pronto quedó claro que el comportamiento de todos los objetos pequeños quedaba exactamente determinado por las recien descubiertas “ecuaciones de ondas cuánticas”.

Está bien comprobado que la mecánica cuántica funciona de maravilla…, pero, sin embargo, surge una pregunta muy formal: ¿qué significan realmente estas ecuaciones?, ¿qué es lo que están describiendo? Cuando Isaac Newton, allá en 1867 formuló cómo debían moverse los planetas alrededor del Sol, estaba claro para todo el mundo qué significaban sus ecuaciones: que los planetas estaban siempre en una posición bien definida des espacio y que sus posiciones y sus velocidades en un momento concreto determinan inequívocamente cómo evolucionarán las posiciones y las velocidades en el tiempo.

Pero para los electrones todo es diferente. Su comportamiento parece estar envuelto en misterio. Es como si pudieran “existir” en diferentes lugares simultáneamente, como si fueran una nube o una onda, y esto no es un efecto pequeño. Si se realizan experimentos con suficiente precisión, se puede determinar que el electrón parece capaz de moverse simultáneamente a lo largo de trayectorias muy separadas unas de otras. ¿Qué puede significar todo esto?

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“Proyecta lo dificil partiendo de donde aún es fácil, realiza lo grande partiendo de donde aún es pequeño, todo lo dificil comienza siempre facil, todo lo grande comienza siempre pequeño, por eso el sabio nunca hace nada grande y realiza lo grande sin embargo, el arbol de ancho tronco esta ya en el pequeño brote, un gran edificio se basa en una capa de tierra, el camino hacia lo eterno comienza ante tus pies” (Lao Tsé)

Niels Bohr consiguió responder a esta pregunta de forma tal que con su explicación se pudo seguir trabajando, y muchos físicos siguen considerando su respuesta satisfactoria. Se conoce como la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica.

Las leyes de la mecánica cuántica han sido establecidas con mucha precisión; permite cómo calcular cualquier cosa que queramos saber. Pero si queremos “interpretar” el resultado, nos encontramos con una curiosa incertidumbre fundamental: que varias propiedades de las partículas pequeñas no pueden estar bien definidas de manera simultánea. Por ejemplo, podemos determinar la velocidad de una partícula con mucha precisión, pero entonces no sabremos exactamente dónde se encuentra; o a la inversa, podemos determinar la posición con precisión, pero entonces su velocidad queda mal definida. Si una partícula tiene espín (rotación alrededor de su eje), la dirección alrededor de la cual está rotando (la orientación del eje) no puede ser definida con gran precisión.

No es fácil explicar de forma sencilla de dónde viene esta incertidumbre, pero existen ejemplos en la vida cotidiana que tienen algo parecido. La altura de un tono y la duración en el tiempo durante el cual oímos el tono tienen una incertidumbre mutua similar. Para afinar un instrumento musical se debe escuchar una nota durante un cierto intervalo de tiempo y compararla, por ejemplo, con un diapasón que debe vibrar también durante un tiempo. Notas muy breves no tienen bien definido el tono.

Para que las reglas de la mecánica cuántica funcionen, es necesario que todos los fenómenos naturales en el mundo de las cosas pequeñas estén regidos por las mismas reglas. Esto incluye a los virus, bacterias e incluso a las personas. Sin embargo, cuando más grande y más pesado es un objeto, más difícil es observar las desviaciones de las leyes del movimiento “clásicas” debidas a la mecánica cuántica. Me gustaría referirme a esta exigencia tan importante y tan peculiar de la teoría con la palabra “holismo”. Esto no es exactamente lo mismo que entienden algunos filósofos por holismo, y que podría definir como “el todo es más que la suma de sus partes”. Si la física nos ha enseñado algo es justo lo contrario. Un objeto compuesto de un gran número de partículas puede ser entendido exactamente si se conocen las propiedades de sus partes (partículas); basta que sepamos sumar correctamente (¡y esto no es nada fácil en mecánica cuántica!). Lo que entiendo por holismo es que, efectivamente, el todo es la suma de las partes, pero sólo se puede hacer la suma si todas las partes obedecen a las mismas leyes. Por ejemplo,  la constante de Planck, h, que es igual a 6’626075… × 10-34 Julios segundo, debe ser exactamente la misma para cualquier objeto en cualquier sitio, es decir, debe ser una constante universal.

La plegaria, la afirmación metafísica, la oración científica, la meditación y la visualización creativa son funciones elevadas de la conciencia humana, y estas funciones interactúan con la realidad de manera específica en el mundo cuántico que es la matriz del mundo material, ya que es aquí donde la energía se convierte en materia. En el preciso instante en que pensamos “estoy contento”, un mensajero químico traduce nuestras emociones, todas las células de nuestro cuerpo entienden nuestro deseo de felicidad y se suman a él.

Las reglas de la mecánica cuántica funcionan tan bien que refutarlas resulta realmente difícil. Los trucos ingeniosos descubiertos por Werner Heisemberg, Paul Dirac y muchos otros mejoraron y completaron las reglas generales. Pero Einstein y otros pioneros como Erwin Schrödinger siempre presentaron serias objeciones a esta interpretación. Quizá funcione bien, pero ¿dónde está exactamente el electrón?, ¿en el punto x o en el punto y? En pocas palabras, ¿dónde está en realidad?, y ¿cuál es la realidad que hay detrás de nuestras fórmulas? Si tenemos que creer a Bohr, no tiene sentido buscar tal realidad. Las reglas de la mecánica cuántica, por sí mismas, y las observaciones realizadas con detectores son las únicas realidades de las que podemos hablar.

La mecánica cuántica puede ser definida o resumida así: en principio, con las leyes de la naturaleza que conocemos ahora se puede predecir el resultado de cualquier experimento, en el sentido que la predicción consiste en dos factores: el primer factor es un cálculo definido con exactitud del efecto de las fuerzas y estructuras, tan riguroso como las leyes de Isaac Newton para el movimiento de los planetas en el Sistema Solar; el segundo factor es una arbitrariedad estadística e incontrolable definida matemáticamente de forma estricta. Las partículas seguirán una distribución de probabilidades dadas, primero de una forma y luego de otra. Las probabilidades se pueden calcular utilizando la ecuación de Schrödinger de función de onda (Ψ) que, con muchas probabilidades nos indicará el lugar probable donde se encuentra una partícula en un momento dado.

Muchos estiman que esta teoría de las probabilidades desaparecerá cuando se consiga la teoría que explique, de forma completa, todas las fuerzas; la buscada teoría del todo, lo que implica que nuestra descripción actual incluye variables y fuerzas que (aún) no conocemos o no entendemos. Esta interpretación se conoce como hipótesis de las variables ocultas.

Albert Einstein, Nathan Rosen y Boris Podolski idearon un “Gedankenexperiment”, un experimento hipotético, realizado sobre el papel, para el cual la mecánica cuántica predecía como resultado algo que es imposible de reproducir en ninguna teoría razonable de variables ocultas. Más tarde, el físico irlandés John Stewar Bell consiguió convertir este resultado en un teorema matemático; el teorema de imposibilidad.

Como probablemente algunos de ustedes sospechen, yo todavía creo en la hipótesis de las variables ocultas. Seguramente, nuestro mundo debe estar construído de una forma tan ingeniosa que algunas de las suposiciones que Eisntein y otros encontraron tan naturales terminen siendo erróneas. Lo que no puedo imaginar es cómo sucedera esto. En cualquier caso, tener las “variables ocultas” para sostén de mi ignorancia acerca de la mecánica cuántica…, resulta un alivio, ya que, son muchos los teoremas de imposibilidades que nos podemos encontrar por el camino de las cosas que no copmprendemos.

emilio silvera

¡Estamos aquí de prestado? ¿Es la vida un accidente?

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Catástrofes Naturales    ~    Comentarios Comments (2)

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Algunas veces, cuando a solas pienso más profundamente en nuestra presencia en el mundo que habitamos, en el recorrido que ha hecho nuestra especie hasta llegar hasta aquí, en la inmensa lucha contra los elementos y las circunstancias adversas que hemos tenido que superar, sobre todo, esa enorme carga que llevamos sobre nosotros: ¡la ignorancia!, que no pocas veces nos lleva a comportamientos irracionales y contrarios a nuestros propios intereses. ¡Tántas esperanzas y sueños! Cuando, en realidad, no somos dueño de nuestro destino como especie que siempre ha estado en poder de la Naturaleza que nos creó. Las estrellas brillan en el cielo, ajenas a nuestra presencia. En realidad estamos en manos del Azar y nada impide que en cualquier momento, un gran asteroide venido del espacio pueda acabar con nuestra especie y toda la vida que pulula sobre nuestro planeta.

Probablemente no es fácil mantener una larga vida en un planeta del Sistema solar. Poco a poco hemos llegado a apreciar cuán precaria es. Dejando a un lado los intentos que siguen realizando los seres vivos (¿racionales?) de extinguirse así mismos, agotar los recursos, propagar infecciones letales y venenos mortales, hacer pruebas armamentisticas con la propia Naturaleza y un sin fin de locuras más, lo cierto es que también, aparte de los peligros que aqui nos acechan, bien sean naturales o artificiales, lo cierto es que, las amenazas externas nos acechan.

Los movimientos de cometas y asteroides constituyen una seria amenaza para el desarrollo y la continuidad de la vida inteligente en sus primeras etapas. Los impactos no son infrecuentes y en el pasado lejano han tenido efectos catastróficos sobre nuestro planeta, la Tierra. Somos afortunados por estar doblemente protegidos de estos impactos: por nuestra pequela y cercana vecina, la Luna, y por nuestro vecino lejano y gigante Júpiter que tiene una masa mil veces mayor que la Tierra y está situado en las afueras del Sistema solar donde su poderosa atracción gravitatoria puede capturar objetos errantes que se dirigen hacia el interior.

                       El Hubble pudo captar ésta imagen de los fragmentos del cometa Schumacher-Levy 9 que cayeron sobre Júpiter

En el siglo XX tuvimos dos impactos importantes en la Tierra, uno en América del Sur y el otro en Tunguska, al norte de Rusia. Hemos estado haciendo trampas con la ley de los promedios pero, un día, nuestra suerte cambiará. Y, aunque es cierto que algunos gobiernos están haciendo esfuerzos económicos en proyectos encaminados a seguir y vigilar las trayectorias de algunos grandes meteoritos sospechosos, lo cierto es que el paso del tiempo acerca, de manera inexorable, el acontecimiento hacia nosotros, dado que en última instancia será inevitable.

Cien años han pasado de la explosión de origen desconocido que arrasó una zona de 50 kilómetros de diámetro en Tunguska, una remota zona de Siberia, explosión que se conoce con el nombre de evento de Tunguska. Esta explosión fue tan potente que fue detectada por sismógafos en toda Asia y Europa e incluso llegaron a medirse en Londres las variaciones de presión atmosférica que causó.

ASTEROIDES QUE SE ACERCAN A LA TIERRA A la fecha (al menos que yo sepa), sólo una sonda ha visitado un Asteroide que se Acerca a La Tierra. Se trata de la sonda NEAR-Shoemaker (Near Earth Asteroid Rendezvous), NASA, USA. Fue lanzada el 17 de Febrero de 1996 con destino final en el asteroide de tipo orbital amor 433 Eros. Su peso total era de 805 kilogramos. En Febrero de 1998 pasó por Eros sin ponerse en órbita. El 14 de Febrero de 2000 entró en órbita alrededor de Eros y el 12 de Febrero de 2001 descendió (!!) suavemente sobre él.

La sonda sobrevivió al aterrizaje y transmitió una serie de imágenes desde la superficie de este AAT. Se observaban bloques de rocas en un suelo polvoriento semejante al de nuestra Luna. Esta sonda contaba con espectrógrafos ópticos, infrarrojos, de rayos X y Gamma, magnetómetros, una cámara óptica mulitespectral y un radar láser.

 

Algunos de estas rocas llegan a tener más de mil kilómetros (Asteroide 1 Ceres. Algunos, como el conocido por el nombre de Ida llegan a tener hasta su propia pequeña luna llamada Dáctil. ¿Os imaginais lo que sería la caída de uno de estos monstruos sobre nuestras cabezas?

Curiosamente, estas intervenciones externas sobre la evolución de la Tierra tienem otra cara. Es cierto que pueden producir extinciones globales de una inmensa gravedad y retrasar la evolución de la complejidad en millones de años. Pero, en ciertas circunstancias pueden tener un efecto positivo y acelerador sobre la evolución de formas de vida inteligente.

El suceso que, según todos los indicios, dio lugar a la extinción de los dinosaurios por la caída de un objeto espacial en la provincia del Yucatán hace ahora 65 millones de años, al final de la Era Mezosoica. Lo cierto es que, la Tierra fue rescatada de un callejón sin salida evolutivo. Parece que los dinosaurios evoluciopnaron por una vía que desarrollaba el tamaño físico antes que el tamaño cerebral .

La desaparición de los dinosaurios, junto con otras muchas formas de vida sobre la Tierra en aquella época, hizo un hueco para la aparición de los mamíferos. Además limpió algunos nichos de competidores por los recursos naturales. Todo aquello estimuló una rápida aceleración del desarrollo de la diversidad. Quizás esos impactos desempeñen un papel vital en la puesta en marcha de nuevos mecanismos evolutivos cuando, las formas de vida se ven atascadas en caminos poco prometedores.

¿Quién sabe? Pudiera ser que sin impactos, los procesos de desarrollo pueden establecerse en un camino estable pero poco prometedores y con extinciones sitemáticas se posibilitan mutaciones y cambios que, de otra manera, nunca llegarían a producirse. Hemos oído muchas veces esa expresión que dice: ¡La Naturaleza es sabia! Pero, por otra parte, se me hace muy cuesta arriba pensar que ninguna de las estrellas que titilan en el firmamento, se puedan preocupar de nuestra efímera existencia aquí en la Tierra.

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Resulta muy difícil imaginar un organismo con vida que logre sobrevivir completamente aislado de otras formas de vida. Las necesidades orgánicas de todos los seres vivos vuelve el contacto con otras especies una condición sine qua non para poder sobrevivir en lo que conocemos como ecosistemas, los cuales se definen, justamente, por la interacción de varias formas de vida.

La existencia de un ser vivo que logre vivir completamente independiente del resto de formas de vida es algo que podríamos a priori enmarcar en el contexto de la ciencia ficción. Sin embargo, un reciente descubrimiento que tuvo lugar en Sudáfrica ha dejado boquiabierta a la ciencia.

Unas condiciones duras y rápidamente cambiantes podrían estimular la adaptación y acelerar los procesos evolutivos incrementando la diversidad que es el mejor seguro de vida que puede tener un planeta contra la extinción total de su biología por un impacto futuro. Claro que, no lo veríamos de la misma manera si fuéramos dinopsaurios. Por otra parte, la vida es persistente y, como se puede leer debajo de la imagen de arriba, hasta aislada insiste en estar presente.

 

 

 

Recreación del área estudiada por las 'Voyager' antes y después del hallazgo. | NASA la nueva y la antigua visión | NASA

Por otra parte y de manera independiente de los posibles sucesos naturales que nos puedan amenazar, nuestra imaginación también crea otros que, según los rumores… pudieran ser ciertos. Tal es el caso del Planeta X, Hercóbulus, El 12º Planeta, Nibiru, son diferentes nombres que existen desde antiguo para designar a un extraño y destructor cuerpo celeste, que forma parte del Sistema Solar vecino de Tylo, pero que sin embargo su órbita tan elíptica y tan larga le lleva a cruzarse con nuestro Sistema Solar cada 3660 años.

El paso del planeta X, cruzándose por dentro de nuestro Sistema Solar, crearía unos efectos devastadores en La Tierra, encendiendo volcanes, terremotos, tsunamis, lluvias de fuego, etc… pues tendría que acercarse a unos 14 millones de millas de La Tierra, que astronómicamente se puede considerar como una distancia peligrosamente próxima.

La órbita elíptica de Nibiru, un planeta rojizo, más grande que Júpiter, le lleva a atravesar nuestro Sistema solar causando desequilibrios apocalípticos en la Tierra. Hercóbulus tiene un tamaño bastante grande, entre 2 y 5 veces mayor más que Júpiter, con lo que la fuerza de este planeta gigante altera electromagnéticamente y gravitacionalmente, a todos los niveles, a nuestro planeta; su polo norte ejerce una gran infuencia magnética al acercarse al polo norte de La Tierra, momento en el que ambos cuerpos se repelen magnéticamente y se produce una gran sacudida geo-magnética que cambia los polos en La Tierra.

Esto explicaría que la civilización humana transcurre y evoluciona en el tiempo mediante periodos cíclicos, de aproximadamente cada 4 milenios, siendo una de las visitas indeseables de Nibiru la causante de la desaparición del continente de la Atlántida. según todas estas leyendas, se calcula que el paso de Nibiru cerca de La Tierra, hacia el año 2012, podría ocasionar la muerte de 2/3 de la población mundial. (Ya tenemos aquí “hecha realidad” la predicción maya).

¡Qué gente!

Lo cierto es que no tenemos que ir tan lejos para poder constatar in situ, los cambios que los desastres naturales pueden producir en nuestro entorno que, con cada suceso catastrófico se ve transformado y hay cosas que desaparecen para dejar pasos a otras nuevas… La vida incluída.

Los cráteres volcánicos, como parece ser el caso, están frecuentemente llenos de agua de lluvia y freáticas, formando lagos. Suele ocurrir que, tras una erupción volcánica, sean destruidos miles de kilómetros cuadrados de terreno a su alrededor y cambien por completo la orografía de la zona. Parece imposible pensar que la Naturaleza pueda recuperarse tras un acontecimiento de este tipo, sin embargo, las primeras muestras de vida vegetal aparecen a unos escasos tres meses del acontecimiento en los campos cubiertos por las cenizas ricas en minerales. Poco tiempo después, vuelven los animales y la vida, se reanuda, como si allí, nada hubiese pasado.

Así es la Naturaleza, y, como tantas veces se dijo aquí, algo se destruye para hacer posible que algo nuevo surja a la vida. Cuando una estrella muere crea las condciones necesarias para que otras surjan a la vida. La eterna rueda de los ciclos del Universo que, una y otra vez, reproduce los acontecimientos para que todo siga igual pero… diferente. Y, aunque os parezca una paradoja, así es el ritmo del Universo en el que todo muere para que todo pueda seguir el ritmo evolutivo que la Naturaleza impone.

emilio silvera