lunes, 23 de septiembre del 2019 Fecha
Ir a la página principal Ir al blog

IMPRESIÓN NO PERMITIDA - TEXTO SUJETO A DERECHOS DE AUTOR




¡El Amor! El sentimiento que nos hace mejor

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en La Mente - Filosofía, Los sentimientos    ~    Comentarios Comments (58)

RSS de la entrada Comentarios Trackback Suscribirse por correo a los comentarios

Nosotros, los seres humanos, nunca vemos a nuestros semejantes como objetos o cuerpos neutros, sino que los miramos como personas con una riqueza interior que refleja su estado de ánimo o forma de ser, y de cada uno de ellos nos llegan vibraciones que, sin poderlo evitar, nos transmiten atracción o rechazo, no todos nos sentimos atraidos por todos, hay algo especial que escoge (No, no creo que sea cupido).

Son muchos y diversos los signos sensoriales que, en silencio, nos llegan de los demás y son recogidos por nuestros sensores en una enorme gama de mensajes sensitivos que llamamos indistintamente simpatía, pasión, antipatía, odio, etc.

Está claro que cuando el sentimiento percibido es positivo, la satisfacción se produce por el mero hecho de estar junto a la persona que nos lo transmite, que con su sola presencia, nos está ofreciendo un regalo, y si apuramos mucho, a veces lo podríamos llamar incluso “alimento del alma”. Estar junto a quien nos agrada es siempre muy reconfortante, y según el grado de afinidad, amistad o amor, el sentimiento alcanzará un nivel de distinto valor.

“Donde tú vayas, iré yo. Donde tú habites, habitaré yo. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Donde tu mueras, moriré yo también, y allí seré enterrada, y que Dios me castigue si algo que no sea muerte me separa de ti.”

Libro de Rut (Biblia)

C. S. Lewis, en su ensayo de Los cuatro amores, explica cómo el afecto ignora barreras de edad, sexo, inteligencia y barreras sociales. Son muchos los casos que jalonan la historia de parejas que de muy distintas edades han sido muy felices y otras que, siendo de condición muy diferentes, también lo fueron. El Amor(entendido en forma muy amplia y en distintos contextos) como se suele decir, no tiene barreras.

Lleva toda la razón; cada uno de los afectos ubicados en su justo nivel: el banquero todopoderoso irremisiblemente atado al cariño que le uno con su niñera ya anciana; el jefe de gobierno que no puede evitar visitar (en la menor oportunidad) a su compañero de infancia, el zapatero de su pueblo; el rico hacendado, unido a su humilde secretario, 30 años a su lado, con el que comparte sus íntimos problemas; el hombre de 40 años que se ve inevitablemente enamorado de su secretaria de 20 años.

Son fuerzas irresistibles que invaden el interior de los seres humanos de toda edad o condición y les lleva a unir sus sentimientos a otras personas que, en ocasiones, parecen no tener ninguna afinidad con su situación social o cultural, pero así ocurre.

El vínculo más fuerte entre humanos es el de la familia: La madre con los hijos, los hermanos, el padre y los abuelos…Es el único grupo indestructible que hemos sabido crear…hasta el momento. Claro que, ese único grupo y su fortaleza no sería posible sin esa pareja inicial a la que el Amor ha unido, si el sentimiento es de verdad…para la eternidad de sus vidas. ¡Qué bonito!

Nacemos para amar y ser amados; ¿qué sería de nosotros si no? Todo lo malo que hacen los hombres está basado siempre en la falta de sentimiento. Cuando el amor o el afecto están presentes, nada malo podrá suceder. Por el contrario, el amor nos lleva, sin dudarlo, a sufrir y darlo todo por la persona amada. Ésa es la grandeza del amor verdadero, lo podemos dar todo sin pedir nada. Sin embargo, el mecanismo humano, en esos casos, hace que la persona que recibe tanto amor tenga también la necesidad de darlo.

El afecto es la primera forma, el primer escalón para amar, y la amistad es la segunda, un escalón más arriba. Tenemos muchos ejemplos de autores clásicos que nos hablan de la amistad: Homero, Platón, Aristóteles, Cicerón, Séneca o San Agustín.

Los amores de Paris y Helena, pintado por J.L.David

La primera literatura occidental, desde que Homero saca a pasear a Ulises por Troya y el Egeo, ya elogia esa relación que se presta entre los seres humanos y que da a sus vidas un colorido especial. La Ilíada y La Odisea, esas maravillas escritas hace casi tres milenios, son un canto a la amistad. Al leer en ellas podemos ver cómo la muerte de Patroclo es profundamente sentida por Aquiles, que gime y exclama:

“¡Oh, Patroclo! Ya que yo he de bajar después que tú a la tumba, no quiero enterrarte sin haberte traído las armas y la cabeza de Héctor…”

Sigue su bárbara perorata que, en aquellos tiempos y lugares, sólo reflejaban su sentimiento.

Dice Eurípides que cuando Dios da bienes, no hay necesidad de amigos. Pero nadie querría poseer todas las riquezas y estar solo, pues el hombre, como todos sabemos, es eminentemente un animal social, y su naturaleza le exige convivir con los otros seres de su misma condición para compartir con ellos sus logros, sus esperanzas, sus sentimientos y sus penas y alegrías. Así somos los humanos.

El cualquier tratamiento de la amistad aparecen varios rasgos comunes en todos los casos: relación entrañable y libre, recíproca y exigente, desinteresada y benéfica, nacida de una inclinación natural por atracción y simpatía de las partes implicadas y que se alimenta y acreciente del convivir compartiendo. Así, en los malos momentos, nos refugiamos en los amigos que nos ofrecen consuelo y, con ellos, nos gusta compartir también las alegrías. Sí, es una verdadera suerte contar con amigos en los que, de verdad, podamos confiar.

No soy masoquista, sin embargo, siento profundamente que, en verdad, sufrir por algo que vale la pena, es una alegría.

¿Quién no está dispuesto a sacrificarse por el bien del ser amado?

Es una de las grandezas del ser humano, el amor es el que salva la especie de tantos y tantos defectos como tiene… de momento.

¿Cómo se puede explicar el amor? El materialismo no puede hacerlo. Ni los átomos, ni las moléculas, ni las células resuelven el problema. ¿Quién está capacitado para explicar el sentir de las neuronas? ¿Qué mecanismo nos mueve al amor? ¿Cómo es ese vínculo tan fuerte? Creo que la Química nos podría dar algunas respuestas.

Podemos estar en otro mundo sin salir de este

Al igual que la fuerza invisible y poderosa del electromagnetismo y la gravedad, la del amor también está ahí, y cuando es verdadero el sentimiento, la fuerza es mayor que las cuatro fuerzas de la naturaleza juntas. Si estamos dispuestos a entregar la vida, ¿hay algo más fuerte que eso en el universo? Creo que no.

¿Qué caricia explica su turbadora resonancia espiritual? Y, desde luego… ¡la satisfacción placentera de sentirnos amados!…

emilio silvera

 

  1. 31
    emilio silvera
    el 26 de julio del 2013 a las 5:18

    Algunas veces resulta agradable dar una vuelta por el pasado.

    Responder
  2. 32
    Teresa Fuentes Sancén
    el 26 de julio del 2013 a las 18:31

    Emilio, amigo mío! Justo dando una vuelta en el pasado buscando el origen de las biopelículas bacterianas y el origen de la vida encontré el Blog de tus ideas. Y una de las que me maravillo fue la definición de amor como el “impulso irrefrenable de fusión”. Esa historia y la forma en como narraste que una mitocondria y una célula eucariote se enamoraron y siendo dos seres tan distintos  que se vieron obligados a negociar las condiciones de sus existencia… me llevó a ver más allá y  llevar a otro nivel este concepto de amor que de momento al encasillarlo en una defición de diccionario pierde algo de la magia, de originalidad, de fascinación. Sin lugar a dudas el amor en todas sus expresiones es nuestro motor. Es muy grato leerte, gracias x compartir no solo las ideas, los pensamientos…también los sentimientos =D
    Buen fin de semana!!! 

    Responder
    • 32.1
      Emilio Silvera
      el 27 de julio del 2013 a las 8:05

      Hola, amiga:
      Es cierto que a veces, cuando dejamos volar nuestra imaginación y profundizamos en los secretos del mundo, de la Naturaleza y del Universo en fin, llegamos a concluir que, el Amor, es una fuerza irrefrenable, es la fuerza que mueve nuestro mundo en el apartado de la vida, la frase que has elegido lo dice todo:

      “impulso irrefrenable de fusión”

      Es el instinto de los seres que les lleva a perpetuarse y, la “sabia” Naturaleza, sabe bien, qué mecanismos debe utilizar para que ello sea así, para que todo continúe y para que nada permanezca estático y termine por desaparecer.
      Claro que, ese Amor que lleva mucha carga del instinto animal, es superado, cuando es auténtico y se plasma en la esencia de un Amor sublime, en algo más, mucho más que el simple deseo y, sentimientos que sobrepasan el entendimiento, se hacen presentes para que, lo mejor de nosotros floresca y esté presente en esa especie de pacto silencioso y secreto en el que basta una simple mirada, una caricia, para decirlo todo.
      Es posible que sea algo semintal y algunos que me conocen me acusan de serlo en exceso, que valoro el Amor en más de lo que en realidad puede valer, que existen otras cosas a las que también, debemos dar un alto valor, toda vez que el mundo, la vida, no sólo es Amor y Felicidad, sino que, el dolor y el sufrimiento están presentes.
      ¡Pobres! No se dan cuenta de que, el Amor es el núcleo de todo eso, no sólo lleva consigo la felicidad, sino que es el centro del dolor y la más profunda pena, lo que más nos puede hacer sufrir y, no me refiero a un simple dolor físico, sino que, el dolor y el sufrimiento que el Amor nos pueda traer es insuperable y nos oprime mel corazón, nos trae la desesperación a la mente ante la frustración y la impotencia de no poder, en algún caso, remediar la situación del ser amado aquejado de una enfermedad que no podemos evitar.
      Así es la realidad del mundo, ese es el camino que tiene que recorrer nuestra especie y, sin embargo, a pesar de todo eso, ¿quién no está dispuesto? Un efímero momento de felicidad al lado del ser amado… ¡Lo vale todo! Sufrir por algo que merezca la pena… ¡Es una alegría!
      El Amor, sin duda, es el motior que mueve el mundo y, lo que una madre esté dispuesta a afrontar por un hijo, no creo que nadie ni nada lo pueda superar, es el más alto grado de Amor que en el mundo existe. Y, todo eso, es posible a que dos seres de diferente sexo, pudieron conectar y comprender que, sus vidas, estaban cionectadas para siempre y, lo que de esa unión podía surgir… ¡Lo más hermoso!
      ¿Hay algo más grande y querido para nosotros que el ser amado y los hijos? A partir de ahí, podemos llamarnos humanos, es en ese ámbito en el que más demostramos nuestra Humanidad que no siempre, cuando dejamos la familia, está a la altura de las circunstancias. Tenemos que seguir en el proceso de humanización que aún, está algo verde. Simplemente mirando los Telediarios y lo que por el mundo pasa, nos podemos dar cuenta de ello.
      En fin amiga mía, tengamos la esperanza de que, algún día, alcanzaremos la mayoría de edad y comprenderemos que todos somos uno. Ese día, cuando la expresión Amor se refiera al todo, habrá comenzado otra Era, otro Tiempo y, entonces, con todo porpiedad, sí podremos llamarnos ¡Humanidad!
      Un abrazo.

       

      Responder

Deja un comentario



Comentario:

XHTML

Subscribe without commenting