domingo, 15 de diciembre del 2019 Fecha
Ir a la página principal Ir al blog

IMPRESIÓN NO PERMITIDA - TEXTO SUJETO A DERECHOS DE AUTOR




¿Estamos seguros? ¡De ninguna manera!

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en Los cráteres de la Tierra    ~    Comentarios Comments (1)

RSS de la entrada Comentarios Trackback Suscribirse por correo a los comentarios

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/e3/Acraman.jpg

Este archivo es de dominio público porque fue creado por la NASA y,  «el material de la NASA no está protegido con copyright a menos que se indique lo contrario». Lo que veis está situado a unos doscientos kilómetros de Port Augusta en Australia del Sur, dentro de la accidentada región interior y en el límite de la llanura de Nullarbor, hay un gran lago seco.

De forma aproximadamente circular, el lago Acraman tiene un diámetro de unos treinta kilómetros. Aunque se parece a otras muchas cuencas saladas en esa parte de Australia, el Lacraman no es un lecho lacustre ordinario. Hace unos seiscientos millones de años un meteoro gigante cayó del cielo y abrió un enorme agujero en lo que ahora es la península Eyre. El agujero original media al menos noventa kilómetros de diámetro y varios kilómetros de profundidad. El lago Acraman de hoy es todo lo que queda de aquella monstruosa cicatriz, un testigo mudo de un antiguo cataclismo de proporciones inimaginables.

La erosión del cráter no ha permitido a los científicos calcular su diámetro exacto aunque las cifras que se manejan hablan de entre 85 y 90 kilómetros. En cuanto a su antigüedad, el impacto se data hace 590 millones de años. Estamos tranquilos en nuestros quehaceres del día a día, o, en nuestras casas ocupados en los más variados menesteres: una lectura, una película, charlando mientras nos tomamos un café… Y, pocas veces pensamos que, estamos expuestos a situaciones que, como la de arriba, pudiera acabar con nuestras esperanzas de futuro.


Crater Flagstaff

 

Hubo un tiempo en que la superficie de la Tierra, en lenta y progresiva formación, fue ametrallada por una lluvia de meteoritos de todo tipo de tamaño, peso y composición. Muchos vestigios de aquella época turbulenta han desaparecido, pero podemos aún ver las huellas que dejaron en la superficie de nuestro planeta.

He aquí una muestra de algunos de los cráteres más grandes de la Tierra.

En la foto superior podemos ver un cráter que se ubica a poco mas de media hora de coche de la ciudad de Flagstaff en Arizona (Estados Unidos). Pueden verse unos pequeños puntitos sobre su borde izquierdo. Son personas. Así podemos tomar conciencia de la dimensión real de esta herida provocada hace 50.000 años. Se estima que el cuerpo que impactó sobre el terreno medía unos 100 metros de diámetro, pesaba unos 300.000 kilos de hierro y niquel.

Crater Australia

Este enorme crater irregular, de unos 3 kilómetros de diámetro es el Glosses Bluff, en Australia. Se calcula su edad en unos 140 millones de años y su presencia ha despertado sentimientos mágicos en los pueblos originarios de la zona. Hoy está protegido dentro de la Reserva Natural de Tnorala y es un sitio sagrado para el pueblo Arrernte.

Hubo un tiempo en que la superficie de la Tierra, en lenta y progresiva formación, fue ametrallada por una lluvia de meteoritos de todo tipo de tamaño, peso y composición. Muchos vestigios de aquella época turbulenta han desaparecido, pero podemos aún ver las huellas que dejaron en la superficie de nuestro planeta.

En la foto superior podemos ver un cráter que se ubica a poco mas de media hora de coche de la ciudad de Flagstaff en Arizona (Estados Unidos). Pueden verse unos pequeños puntitos sobre su borde izquierdo. Son personas. Así podemos tomar conciencia de la dimensión real de esta herida provocada hace 50.000 años. Se estima que el cuerpo que impactó sobre el terreno medía unos 100 metros de diámetro, pesaba unos 300.000 kilos de hierro y niquel.

 

 

Este enorme cráter irregular, de unos 3 kilómetros de diámetro es el Gosses Bluff, en Australia. Se calcula su edad en unos 140 millones de años y su presencia ha despertado sentimientos mágicos en los pueblos originarios de la zona. Hoy está protegido dentro de la Reserva Natural de Tnorala y es un sitio sagrado para el pueblo Arrernte.

El mayor impacto sobre la tierra que se tenga conocimiento, sucedió hace 2.000 millones de años a poco más de 100 kilómetros de la actual ciudad de Johannesburgo (Sudáfrica). Se le llama Vredefort y es tan grande que no puede abarcarse en una sola mirada: 300 kilómetros de diámetro. La ciudad que le da nombre está en su interior, así como bosques, un río y carreteras. Desde el año 2005 es Patrimonio Natural de la Humanidad.

Otros cráteres provocados por impactos de meteoritos son:

 

 

                          El Cráter Popigai en Siberia (Rusia) y el 4to. más grande del mundo, con un yacimiento de diamantes en su interior.

El Cráter  Kebira En el Desierto de Sahara en Libia que originalmente era 25 veces más grande que el de Arizona, pero la erosión y la arena lo han desdibujado.

                                                         El Cráter Manicouagan al norte de Canadá, con más de 210 millones de años de edad.

El Cráter Chicxulub en la Península de Yucatán. Se supone que su impacto en la Tierra hace 65 millones de años, pudo haber auspiciado la desaparición de muchas especies, entre ellas los dinosaurios y otras muchas especies que dieron la posibilidad a los pequeños mamíferos para que resurgieran con fuerza.

Son muchos más los cráteres que jalonanla superficie terrestre y, menos mal que, todos se refieren a épocas muy lejanas. Hasta el momento, hemos tenido la gran suerte de que, alguno de esos episodios no se repitiera en épocas recientes. El daño físico causado por un gran impacto cósmico supera todo lo imaginable. El cuerpo incidente, típicamente de varios kilómetros de diámetro, podría pesar unos cien mil millones de toneladas. Viajando a una velocidad (más o menos) de veinte o treinta kilómetros por segundo, provoca una explosión equivalente a al menos cien millones de megatones TNT, muy superior a todas las armas nucleares del mundo juntas.

Cuando entra en la atmósfera, el objeto desplaza una enorme columna de aire, lo que crea una potente onda de choque que viaja alrededor de la Tierra. Al golpear el suelo, el bólido, junto con gran parte del material circundante, se evapora intantáneamente. Enormes cantidades de rocas son extraídas de la zona afectada y proyectadas con extrema violencia hacia el aire, incluso al espacio exterior tal es la velcidad que alcanzan, y, detrás, dejan un cráter gigantesco.

Los grandes fragmentos rocosos expulsados caen de nuevo atraídos por la fuerza de gravedad del planeta, y van a parar a centenares o miles de kilómetros, e inflaman la vegetación con su violenta incandescencia. El temblor producido por el impacto primario supera a los terremotos más violentos y produce aún más daño. Si el bólido cae en el mar, produce Tsunamis de muchos kilómetros de altura que devastan las riberas del océano e inundan inmensas franjas de tierra.

El polvo levantado por todo el horrible acontecimiento llega a cubrir a todo el planeta; la luz del Sol queda oculta al ser bloqueada durante meses y hasta años, y, algunas especies vivas, sobre todo las vegetales,  por la falta de luz, languidecen y mueren, con lo cual, desaparece el sustento de otro montón de espcies que dependen de las plantas para vivir. La lluvia ácida es el siguiente acontecimiento que se deriva de todo esto y, ante estas perspectivas, muchas especies vivan no pueden evitar que les llegue la extinción.

Es nuestra casa, nuestro habitad, nuestro refugio y, como tal, la debemos tratar con el esmero que se le debe a quien nos ha proporcionado toda clase de elementos y materiales que nos son necesarios para vivir y, por ello, siempre estaremos con ella en deuda. Sin embargo, como hemos visto a lo largo de este pequeño reportaje, son otros muchos los factores que la amenazan a ella y, de paso, a nosotros. Son situaciones que no podemos controlar y que, en el paso, fueron frecuentes.

Nuestras mentes, máquinas perfectas que están preparadas para inducirnos en todo momento lo mejor para nosotros, nos tiene alejados de esta realidad que pende sobre nuestras cabezas, ya que, aunque estuvi`´eramos pensando todo el tiempo en la posibilidad de que un meteoro gigante nos venía envima, poco podríamos hacer aparte de estar preocupados, o, algo más.

Llegados a este punto, me vienen a la memoria aquellas palabras enardecidas del poeta-filósofo romano Lucrecio que, llevaban la intención de convencernos de que no estamos sólos en el universo. Lucrecio argumentaba que si el universo estaba hecho de átomos idénticos y sujetos a leyes universales de la naturaleza, entonces los mismos procesos que dieron lugar a la vida en la Tierra deberían también dar lugar a la vida en otros mundos. El argumento, que se remonta al atomista griego Epicuro, es convincente. Pero, algunos preguntan ¿Es correcto?

Naturalmente que Sí, es tan correcto como el hecho de que, también en esos otros mundos, pueden caer meteoros enormes que acabe con sus especies como, de hecho, sucedio aquí, en la Tierra.

emilio silvera

 

  1. 1
    emilio silvera
    el 16 de febrero del 2012 a las 12:54

    Una flota de asteroides se dirige a la Tierra

    Así lo decían en un artículo de prensa del 29 de junio de 2010.

    “7000 mil meteoritos se dirigen a la Tierra. Con este titular nos alegraba el día la edición digital del ABC en su sección de ciencia. La noticia que va sobrada de sensacionalismo ansioso de captar atención, viene avalada por el Instituto de Astronomía de la Academia de las Ciencias de Rusia.

    Ya está aquí el fin del mundo. 2012, sí, -dirán muchos-. De esta no nos salvan ni los arcángeles de Raticulí.

    Para darle más bombo al asunto, debajo del titular se destaca que la mayoría de estos asteroides (exactamente 6960) superan los 100 metros de diámetro, tamaño que es más del doble del cometa o meteorito que explotó en Tunguska hace más de un siglo (comparación, con dibujito catastrófico incluido, que termina por dejar claro al lector que el fin del mundo está cerca).  La noticia nos da un leve respiro al cifrar en sólo 806 asteroides los que llegan al kilómetro de diámetro. Además a la lista de los posibles asesinos de la humanidad se suman los 82 cometas QUE SE DIRIGEN HACIA LA TIERRA.   Como para reirse de la crisis ya que con la que nos va  a caer encima…
    La información continúa con otro párrafo tranquilizador. Los americanos y los rusos se preparan para protegernos de tan grande amenaza y para eso se harán reuniones lo antes posible entre expertos y se lanzarán nuevas sondas. Ya estamos todos pensando en la película “Armagedon” con Bruce Willis a bordo de un transbordador de la NASA, que total para el uso que le van a dar…
    ¿Y cómo es que han aparecido éstos?
    Con esta noticia han pulverizado al terrible y polémico asteroide Apophis, que hasta ahora ha sido catalogado como el NEO (objeto cercanos a la Tierra)  más peligroso, que podría chocar con nuestro planeta allá por el 2035-2036 (con una probabilidad muy baja 1/12 millones) y que a penas llega al grado uno en la escala de Turín (va del 1 al 10 y clasifica a los posibles objetos que pueden impactar contra la Tierra por su peligrosidad debida tanto a su tamaño como a la probabilidad de impacto). 
    Por otro lado, el número de asteroides de los que tenemos una información detallada es escaso, aunque en los últimos  años se ha disparado exponencialmente la lista de los conocidos.  Una de estas grandes rocas siderales tiene que ser lo suficientemente grande como para ser observada por un telescopio ( por ejemplo asteroides de dimensiones considerables como Ceres) o pasar muy cerca de la Tierra. Los que no cumplen estas características, que deben ser la inmensa mayoría, permanecen invisibles y desconocidos.
    Me da a mi que aquí hay algo que huele a huevo podrido. No encajan los datos, si casi 7000 enormes y terribles pedruscos  se acercan a la Tierra ¿cómo es que han quedado sin catalogar? ¿Qué extraños instrumentos de observación habrán usado los rusos para detectarlos?”

    Bueno, lo peor del caso es, que sino una flota, si se podría dejar caer por aquí alguno de esos mastodontes pétreos y hacernos la puñeta. Mejor que se queden donde estén. 

    Responder

Deja un comentario



Comentario:

XHTML

Subscribe without commenting