viernes, 18 de mayo del 2012 Fecha
Ir a la página principal Ir al blog

IMPRESIÓN NO PERMITIDA - TEXTO SUJETO A DERECHOS DE AUTOR




Año Internacional de la Astronomía 2009. En España (AIA-IYA2009)

Autor por Emilio Silvera    ~    Archivo Clasificado en AIA-IYA2009    ~    Comentarios Comments (0)

RSS de la entrada Comentarios Trackback Suscribirse por correo a los comentarios

Los Artículos aquí escritos para ir preparando la conmemoración del próximo Año, como el elegido por los Organismos Internacionales para celebrarlo como año Internacional de la Astronomía, están todos ellos, intentando hacer ver al gran público que, en el Universo están todas las respuestas, y, todo lo que él contiene está relacionado ( nuestra Galaxia y nuestras Mentes).

Estoy totalmente convencido de que de alguna manera, nuestras mentes están conectadas con el cosmos del que formamos parte. Estamos aquí y nos parece de lo más natural, nunca nos paramos a pensar en cómo fue eso posible, en cómo surgió el milagro. A partir de la materia “inerte” evolucionada surgen entes pensantes y vivos, ¿cómo es posible tal maravilla? Hay que pensar (lo he referido en muchas ocasiones) que el material del que estamos hechos (nitrógeno, carbono, etc) se fabricó en las estrellas a partir del elemento más simple, el hidrógeno, que evolucionado a materiales más complejos llegaron hasta nuestro Sistema Solar primitivo en formación para constituirse en parte del planeta Tierra en el que, bajo ciertas condiciones atmosféricas, presencia de agua y de radiación cósmica, dio lugar al nacimiento de aquella primera célula capaz de reproducirse, que evolucionó hasta nosotros.

Estamos hechos de energía pura fabricada en las estrellas y nuestras mentes evolucionan formando parte de un universo en constante expansión del que, sin que nos demos cuenta, recibimos continuos mensajes que nos mantiene conectados a esa fuerza invisible que nos hace pensar para descubrir su fuente.

En algún momento breve he tenido la sensación de tener en mi mente la solución a un pensamiento continuado sobre un problema científico que me preocupa y quisiera conocer. La sensación de ese saber, de tener esa respuesta deseada, es fugaz, pasa con la misma rapidez que llegó. Me deja inquieto y decepcionado, estaba a mi alcance y no se dejó atrapar. Me ocurre con cierta frecuencia con distintos temas que me rondan por la cabeza. Sin embargo, esa luz fugaz del saber aparece y se va sin dejar rastro en mi mente que me permita, a partir de una simple huella, llegar al fondo de la cuestión origen del fenómeno.

La mente humana es una maravilla. Esas sensaciones que antes he mencionado y que en mí, llegan y se van sin dejar huellas, son las mismas que sintieron Galileo, Kepler, Newton, Planck o Einstein, lo único diferente es que en ellos la sensación no fue tan fugaz; se quedó el tiempo suficiente en sus mentes como para que pudieran digerir el mensaje y comunicar al mundo lo que les había transmitido. Así, a fogonazos de luz del saber, avanza la Humanidad.

Nadie ha podido explicar nunca como llegan esos fogonazos de luz del conocimiento a unas pocas mentes elegidas.

El cerebro se cuenta entre los objetos más complicados del universo y es sin duda una de las estructuras más notables que haya producido la evolución. Hace mucho tiempo, cuando aún no se conocía la neurociencia, se sabía ya que el cerebro es necesario para la percepción, los sentimientos y los pensamientos.

En tanto que es objeto y sistema, el cerebro humano es muy especial: su conectividad, su dinámica, su forma de funcionamiento, su relación con el cuerpo y con el mundo… no se parece a nada que la conciencia conozca.  Su carácter único hace que el ofrecer una imagen del cerebro se convierta en un reto extraordinario. Aunque todavía estamos lejos de ofrecer una imagen completa del cerebro, sí podemos ofrecer retazos y datos parciales de algunos de sus complicados mecanismos. Sin embargo, carecemos de información para generar una teoría satisfactoria de la conciencia.

Estamos tratando de algo que pesa poco más de 1 Kg – aproximadamente – y que contiene unos cien mil millones de células nerviosas o neuronas, generando continuamente emociones, etc.

¡Increíble, grandioso!  ¿Pero sabemos encausarlo? De momento: NO.

Pero debemos confiar en nosotros mismos, en ese cerebro que aún no conocemos y que en abril de 2.003, por ejemplo, nos llevó a completar con éxito la secuenciación de 3.000 millones de letras de ADN presentes en el genoma humano.

Precisamente, ese conocimiento, se puede ver como un manual de instrucciones reconvertible en el libro de medicina más potente imaginable.  Parece que ahí está el futuro de la salud humana: la genética. El reto que tenemos por delante consiste en adoptar la forma correcta en que se deben leer los contenidos de todas esas páginas que contienen la secuenciación de las 3.000 letras de ADN, y comprender el modo de cómo funcionan juntas las distintas partes para encausar la salud y la enfermedad humanas.

La consecuencia más importante de todo esto es que se ha abierto la puerta a un alentador y enorme (aunque complejo) paisaje biológico nuevo.  Su exploración necesitará de pensamientos creativos y nuevas ideas.

Hace 30 años todo esto era un sueño; nadie se atrevía a pensar siquiera con que este logro sería posible algún día, ¡secuenciar 3.000 millones de grafos de ADN!

Sin embargo aquí viene la contradicción o paradoja: el cerebro que aún no conocemos lo ha hecho posible.

Lo anteriormente expuesto es un ejemplo simple que demuestra de manera inequívoca la relación existente entre todo lo que el Universo contiene. De alguna manera que aún no comprendemos, existen unos hilos invisibles que todo lo une y lo conecta mediante una seríe de Constantes y Fuerzas que todo lo rigen. Los mecanismos del Universo, como he dicho tantas veces, en cualquier región de cualquier galaxia lejana, siempre serán los mismos que rigen aquí.

Al igual que todo lo grande está hecho de cosas pequeñas, lo que entendemos por felicidad esta compuesto de efímeros momentos en los que ocurren cosas sencillas, que la mayoría de las veces ni sabemos apreciar. Si contemplo una Galaxia, cuya imagen ha tomado el Hubble, me puedo pasar horas sin sentir el pasar del tiempo, ¡hay allí tantas cosas encerradas!

Lo que llamamos inteligencia está dentro de todos nosotros, unos tienen más cantidad de ese ingrediente y otros tenemos menos. Aparece con el lenguaje, pero ya desde la cuna el niño muestra una actividad sensorial y motriz extraordinaria que a partir del primer año presenta todos los caracteres de comprensión inteligente. Con la ayuda de su entorno, el niño va realizando las adaptaciones sensoriales elementales construidas por reflejos.

Más tarde aparecerán los numerosos estadios de las adaptaciones intencionales  de libre  inclinación  que acabarán  conduciendo al  individuo a desarrollar una personalidad única, con el poder de inventar mediante la deducción o combinación mental de los hechos que ve y conoce por el mundo real y que puede dar lugar a crear situaciones y mundos de fantasía; es la creación de la mente. Con las vivencias del entorno, lo que se enseña y lo que aprende por el estudio, se forma una personalidad más o menos elevada según factores de índole diversa que nunca son los mismos, en cada caso se dan circunstancias muy individualizadas.

La mente guarda nuestra capacidad intelectual; tiene los pensamientos dormidos que afloran cuando los necesitamos, es la que guía nuestras actitudes y comportamientos, la voluntad y todos los procesos psíquicos conscientes o inconscientes, es la fuente creadora o destructora y, en definitiva, es lo que conocemos por ALMA.

Todas las cosas son, pero no de la misma manera. Hay esencia y sustancia que conviven para conformar al sujeto que ES. “Somos” parte del universo y estamos en el tiempo/espacio para desarrollar una misión que ni nosotros mismos conocemos. Vamos imparables hacia ella y actuamos por instinto. Nos dieron las armas necesarias para ello: inteligencia, instinto y curiosidad. Estos tres elementos nos transportan de manera imparable hacia el futuro inexorable que nos está reservado.

El conjunto de nuestras mentes tiene un poder infinito que, de momento, está disperso; las ideas se pierden y cuando nacen no se desarrollan por falta de medios y de apoyos. Es una energía inútil que, invisible, está vagando por el espacio sin ser aprovechada.

Estoy totalmente seguro de que nuestros cerebros ven el mundo que les rodea bajo su propia perspectiva, es decir, lo filtra y en buena medida lo crea. El cerebro no es pasivo, sino que todo lo que percibe lo transmite “a su manera”, desde su propia percepción, desde su propia realidad, desde su propio mundo físico de todos los sucesos y experiencias que tiene registrados, para conformar un entorno y un mundo de las propias ideas.

Así las cosas, el sueño de comunicarnos con otros seres vivos e inteligentes situados en otro lugar de nuestra galaxia o en otras galaxias lejanas, es eso, un sueño. No hemos sido capaces ni de comunicarnos con los seres vecinos que comparten con nosotros el planeta Tierra. Claro que estarán ahí, en algunos planetas lejanos sustentados por estrellas similares a la nuestra. Sin embargo, dependiendo de la masa y la atmósfera de esos planetas, así serán sus conformaciones físicas.

Se deduce que, como el niño pequeño que nos hace gestos y al que miramos sin entender, nuestra civilización es muy joven, está en el tiempo del balbuceo, tiene que aprender aún muchas cosas y, a nivel cósmico, eso lleva tiempo. Lo que sí es seguro es que ningún vecino cercano está por los alrededores, ya que de ser así, nuestra actual tecnología lo habría detectado. También podría ocurrir que tengamos cerca una civilización más atrasada en la que no se emiten señales que podamos escuchar, pero el estudio de los planetas situados en un radio de diez años luz no parecen idóneos para que ello sea así.

Pero el tiempo está ahí, siempre ha estado ahí, no se irá, y contando con ello podemos tener la esperanza de que creceremos, nos haremos mayores, nuestros cerebros evolucionarán y aprenderán a construir naves que nos llevarán muy lejos. Sin duda encontraremos a otros seres, y aprenderemos un lenguaje cósmico y universal que dentro de muchos eones nos permitirá esa comunicación que hoy, a muchos, les parece imposible, claro que son personas de nuestra especie con escasa visión de futuro, cortos de entendederas y, sobre todo, carentes de ilusión y fantasía.

Los hay que, cortos de mira, son incapaces de visualizar nuestro destino. No tienen una idea clara de lo que es nuestra mente, de lo que puede llegar a conseguir cuando evolucione lo necesario. En la escala del tiempo cósmico, en realidad, somos unos bebés. ¿Qué seremos capaces de hacer cuando seamos mayores? Cuando comentando sobre estos temas algunos expresan su pensamiento de la imposibilidad de ir a otros mundos habitados, no puedo evitar el recuerdo de aquel presidente de una prestigiosa Sociedad Científica de Londres, que en una conferencia multitudinaria dijo: “Ningún aparato más pesado que el aire podrá volar nunca”. Poco después remontó el vuelo el primer avión.

He dicho muchas veces que nuestro origen está en las estrellas, el único sitio donde se podía fabricar el material del que estamos hechos, y también me he cansado de decir que nuestro destino está en las estrellas; algún día, tendremos que dejar nuestro querido planeta Tierra para buscar acomodo en otros mundos más o menos lejanos.

En 1.957, el astrónomo alemán Wilhelm Gliese publicó un catálogo de estrellas cercanas al Sol. La número 581 de su lista era un astro insignificante situado a unos 20 años luz, con sólo un tercio de la masa solar y la centésima parte de su luminosidad. Una enana roja más, probablemente el tipo de estrella más común en el universo.

Medio siglo después, Gliese 581 ha saltado a la fama. En 2.005, un equipó capitaneado por los veteranos cazadores de planetas: Michel Mayor y Didier Queloz, descubrió casi pegado a la estrella un planeta (Gliese 581b) de unas 15 masas terrestres.

Recientemente, el mismo grupo ha refinado sus observaciones que han revelado la presencia de dos compañeros del anterior: a 10 millones de kilómetros de la estrella orbita Gliese 581c, de sólo unas 5 veces la masa terrestre; y a 37M kilómetros, Gliese, que pesa como 8 Tierras. Ambos son netamente mayores que nuestro planeta y menores que los gigantes de hielo (Urano y Neptuno, 14 y 17 masas terrestres). En los últimos años, este tipo de planetas inexistentes en el Sistema Solar se han venido denominando supertierras.

Nuestro planeta, como sabéis, circula a la respetable distancia de 150 millones de kilómetros del Sol, 1 Unidad Astronómica, lo que permite apreciar lo cerca que están los nuevos planetas de la estrella madre. Los tres serían bolas de fuego si orbitasen en torno a una estrella como la nuestra, pero las enanas rojas son hogueras suaves: sus descubridores han aventurado que Gliese 581c podría mantener agradables temperaturas, entre -3 y +40° C. Y la ecuación: Posibilidad de agua líquida en un planeta = a vida.

¿Existe atmósfera? Los cazadores son, naturalmente, más cautos. La temperatura dependerá del tipo (o tipos) de superficie del planeta y de la abundancia y composición de sus nubes. Los oscuros bosques y mares de la Tierra absorben hasta el 90% de la radiación solar, mientras que el hielo refleja el 80%. Pero sobre todo es la composición de la atmósfera de un planeta, su riqueza en gases de invernadero, la que rige, mucho más que la estrella, su clima. Así que, a falta de estos datos, este rango de temperatura es sólo una especulación razonable. En lo referente al agua y a la atmósfera, dadas las dimensiones de esos planetas parece un cálculo razonable y razonado.

Todo esto, el comentario, sólo es una muestra pequeña de la inquietud que tenemos en buscar sustitutos a la Tierra. En nuestro subconsciente sabemos que algún día necesitaremos nueva casa.

Sin embargo, en este punto crucial de la exploración planetaria, el descubrimiento de supertierras en sistemas planetarios sin jovianos nos lleva a un panorama nuevo y vertiginoso: quizá los mundos súper jupiterianos sean los elefantes del zoo planetario, que podría estar poblado sobre todo por animales más pequeños en números enormes. Podrían existir incontables planetas-insectos.

Esos enormes planetas tienen una enorme fuerza gravitatoria, y seres como nosotros seríamos literalmente aplastados contra la superficie; allí sólo pueden existir seres de peso ínfimo a los que la gravedad no les afecte apenas.

A 27 de abril han contabilizados 229 planetas fuera del Sistema Solar.  No tenemos amplios datos sobre ellos, pero sí podemos decir que ahí fuera existen cientos de miles de planetas que, al ser de distintas características, unos tendrán agua y atmósfera y las dimensiones idóneas para albergar la vida, ¿inteligente?, esa es otra historia que requeriría algunos cientos de miles de páginas para tratar en profundidad. Sin embargo, pensemos:

Sólo en nuestra galaxia existen 100.000 millones de estrellas. El universo está poblado por cientos de miles de millones de galaxias cuyo promedio es también de 100 mil millones de estrellas cada una.

En cada galaxia existen miles de miles de millones de soles con sus planetas, lo que supone una cantidad enorme de mundos.

¿Podemos pensar que de entre cientos y cientos de miles de millones de planetas, sólo la Tierra alberga la vida inteligente? Parece algo pretencioso, ¿no os parece?

El universo está lleno de vida que se aparece en mil formas diferentes, unas inteligentes y otras vegetativas, de distintas morfologías e incluso distintas en sus componentes básicos que, a diferencia de la nuestra basada en el carbono, aquellas podrán tener un origen vital en el silicio o vaya usted a saber de qué componentes podrían estar formadas y si han dado origen a civilizaciones inteligentes que ni podemos imaginar.

emilio silvera

 


Deja un comentario



Comentario:

XHTML

Suscribirse sin comentar